lunes, 31 de agosto de 2015

Temores



Por Cristina Pacheco

Domingo, 30 de agosto de 2015

 En la familia hay preocupación por el comportamiento de la abuela Guillermina. Se ha vuelto muy susceptible, hace cosas raras y ha cambiado sus hábitos: sale menos cada día, no contesta el teléfono y si lo hace pide toda clase de informes para cerciorarse de que le habla una persona conocida. Mina, como le decimos de cariño, desconfía de todo el mundo, hasta de mí que soy su nieta.

Procuro visitarla cada quince días, pero antes la llamo por si tiene algún compromiso. Un martes, Mina no me contestó y, sin decir mi nombre, le dejé un mensaje pidiéndole que se comunicara conmigo. Esperé hasta la noche y la abuela no me llamó. Entonces marqué su número. “¿Quién habla?” No reconocí la voz al otro lado del teléfono y pregunté lo mismo: “¿Quién habla?” En vez de responder me pidió el nombre. Creí haberme equivocado y volví a preguntar: “¿Es Mina?” “¿Qué Mina? ¿Quién eres?” “Karla”. Después de una pausa escuché un suspiro de alivio: “Niña, por ahí hubieras empezado”, dijo mi abuela con su tono grave de siempre. Al día siguiente me ofreció disculpas: “Perdona, hija, pero es que a cada rato llaman desconocidos que me ofrecen cosas y me preguntan datos... Para deshacerme de ellos finjo la voz y digo que la señora, o sea yo, no está en la casa.”

II

Todo el mundo dictamina. Mi madre piensa que los cambios en el comportamiento de la abuela son consecuencia de su edad. Mi tía Delfina coincide con ella y dice que es hora de recurrir a un geriatra para que le recete alguna pastilla. Por Eduardo, su segundo marido, sabe que pueden aliviarlo todo: desde insomnio, ansiedad, inapetencia, migraña, taquicardia, desmemoria, hasta falta de vigor.

Mi primo Rafael considera que mi mamá y la tía Delfi se preocupan demasiado y están viendo moros con tranchetes: en estos tiempos, ¿quién no es desconfiado? Por otra parte, ¿qué tiene de malo que la abuela salga menos que antes? ¡Nada! Es su gusto y punto. Hay que respetarla. Como siempre, mi hermana Yareli suscribe lo que dice Rafael. Emita, la pedicurista que atiende a Mina desde hace años, recomienda que le demos vitamina B12, que tanto fortalece el cerebro y los nervios.

A mí, como soy la menor, jamás me piden opinión. Si lo hicieran les diría que las personas cambian. No podemos pretender que Mina sea la misma de antes ahora que está a punto de cumplir un montón de años. La tía Josefina tiene un punto de vista mucho más drástico: ve en las actitudes de la abuela señales de un mal aterrador: demencia senil.

III

Según mi tía, a qué otra cosa puede atribuirse el hecho de que el domingo pasado, cuando le preguntaron qué deseaba como regalo para su cumpleaños, Mina haya pedido lo que menos imaginamos y nos hizo reír tanto que hasta lloramos.

Todo habría seguido en paz si a mi hermana Yareli no se le hubiera ocurrido decirle a Mina: “Ay, bebé lindo, si mi abuelo Mateo supiera lo que se te antojó para tu cumpleaños diría que estás bien, pero bien loquita.” Por el cambio en la expresión de la abuela era evidente que Yareli acababa de meter la pata. Rafael fingió disgustarse con mi hermana, le preguntó qué clase de bromitas eran esas y la amenazó con darle pamba.

Comprendí que el intento de mi primo por salvar la situación había sido inútil cuando vi que a Mina se le llenaban los ojos de lágrimas. Sin decir nada, se levantó de la mesa y fue por la bolsa que había dejado en la sala. Aunque imaginé lo que iba a decir, le pregunté qué estaba haciendo. “Me voy. No pienso quedarme en una casa donde creen que estoy loca”. Eduardo, con su tonito pegajoso de siempre, la previno: “Señora, cálmense; no vaya siendo que se nos ponga mala”. Mi tía Josefina le lanzó una mirada reprobatoria a mi hermana y el primo Ángel, que nunca dice nada, abrió la boca para empeorar las cosas: “Yareli: ¿ves lo que hiciste?”

Mi madre nos pidió calma y se acercó a la abuela: “Por favor, no te vayas. Necesitamos que estés con nosotros porque vamos a darte una sorpresa que ni te imaginas”. La abuela apretó su bolsa contra el pecho y se encaminó a la puerta: “Mientras no sea que van a llevarme a un manicomio...” Sus palabras me dolieron y le reclamé: “No es justo que nos hables así. Además, ¿de dónde sacas eso?” La abuela se volvió hacia Yareli: “Pregúntaselo a ella”.

Desconcertada, Yareli nos hizo testigos de que su intención no había sido ofenderla y se echó a llorar. Esperanza, la mayor de mis tías, intervino: “Madre: no te vayas. Urge que hagamos planes para tu cumpleaños. Falta muy poco. Queremos celebrártelo como cuando vivía papá Mateo, ¿te acuerdas?” Mi abuela se puso a la defensiva: “Claro que sí, o qué ¿también piensas que estoy loca?”

Rafael dijo que la situación era insoportable y que mejor se iba. Mi tía Delfi le pidió ayuda a su esposo Eduardo y él le gritó a mi primo que se largara de una vez. Rafael lo llamó imbécil pendejo. Estaban a punto de los golpes, pero mi madre lo impidió diciéndoles que si querían pelear se fueran a la calle, porque en su casa no toleraba escándalos. A partir de ese momento todo fue confusión.

Yareli, histérica, tomó a la abuela de las manos y la obligó a mirarla: “Bebé, no vas a ofenderte sólo porque dije que si mi abuelo te hubiera escuchado decirnos: ‘de regalo quiero una pistola y una computadora’, habría creído que te volviste loquita.”

Mina, sonriente, negó con la cabeza: “Te equivocas. Mateo habría pensado otra cosa: que tengo miedo por cuanto está sucediendo en el mundo y que deseo conocer, aunque sea a través de la pantalla, los lugares a donde soñábamos con ir y en los que jamás estaremos.”

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/08/30/sociedad/032o1soc
Tomado Del Blog Segunda Cita.


El círculo vicioso del maltrato







Todos, sin importar nuestra profesión, nivel académico o características personales, formamos parte de un amplio espectro llamado sociedad, donde interactuamos con nuestros semejantes. En ese medio, pasamos indistintamente por dos estados: en determinados momentos necesitamos de los demás y al mismo tiempo, los demás necesitan de no­so­tros. Es una cadena interminable, que nos acompaña durante toda la vida.
Sin embargo, en ese proceso lógico de nuestro decursar por este mundo, deben primar ciertas fórmulas para proveer equilibrio a las relaciones entre seres humanos. Aunque esas vías, sencillas y harto conocidas debieran formar parte del actuar cotidiano, a veces cometemos el error de pensar de un modo egoísta, y tratar a quienes nos ro-dean del mismo modo en que fuimos o somos tratados. Esa premisa resultaría magnífica si se aplicara solo de forma positiva, pero, lamentablemente, no es así.
Lo cierto es que cada vez con más frecuencia se observa el principio de que si alguien te maltrata, debes hacerle lo mismo a otra persona. Si hablas con alguien y no te presta atención, pues tú dejarás de escuchar a quienes se dirijan a ti. Si no fuiste bien atendido en un determinado lugar, actuarás del mismo modo cuando visiten tu casa o centro de trabajo. Ahí, comienza lo que pudiera llamarse círculo vicioso del maltrato, una cierta rebeldía que impide ver con claridad, y por lo tanto, juzgar a justos por pecadores.
Este tipo de actitudes son mucho más frecuentes de lo que pudiera pensarse y deterioran las normas de educación formal, los principios de la comunicación y peor aun, nuestra condición de seres humanos. Es precisamente la capacidad de pensar lo que nos diferencia de los animales, entonces ¿por qué no explotarla al máximo, antes de dar lugar a un comportamiento instintivo?
Miles de cosas buenas o malas nos suceden a diario. Componentes naturales de la cotidianidad, por los que no podemos culpar a nadie. Por eso, si tenemos un día difícil, es preferible aislarse hasta que se aclaren las ideas y no descargar sentimientos encontrados y frustraciones con quienes no la deben ni la temen. Tampoco podemos olvidar, que tanto en el hogar como en el trabajo, la escuela o la calle, somos seres sociales y por lo tanto, hay normas que no debiéramos violar.
Pensemos por un instante, ¿tiene acaso que pagar el cliente la desavenencia de una dependienta con su hijo?, ¿debe una mujer recibir un golpe de su esposo, solo porque este no supo entenderse con su jefe en la oficina? De ejemplos como estos pudiéramos escribir todo un libro, pero la moraleja es la misma: quienes nos rodean merecen respeto y consideración. Cuando seamos capaces de entender esa verdad, nos ahorraremos mu­chos malos ratos.
Uno de los fragmentos que más aprecio del concepto de Revolución emitido por nuestro Comandante en Jefe, es precisamente aquel en el que habla de ser tratados y tratar a los demás como seres humanos. Esas palabras, más allá de lo que significan para nuestro sistema social, constituyen una lección para todos los hombres y mujeres del planeta, pues la violencia solo genera violencia y el maltrato, solo genera maltrato.
Somos un pueblo culto, pero debemos ha­cer mejores galas de ese privilegio. Apren­damos a escucharnos, a entendernos, y será esa una victoria más ante la degradación y la pérdida de valores que amenazan nuestra condición humana. Si no somos capaces de enfrentar lo mal hecho, lo que nos hiere o lastima, no tenemos el derecho de arruinarle a nadie un solo instante de su vida.
Hablar es hermoso, para rugir, están los leones. No permitamos nunca que ellos se alcen en dos patas, y nosotros, comencemos a caminar en cuatro.

Tomado de Granma








Aprender enseñando







Porque gesticulen parecido, o sus ojos, nariz y boca muestren rasgos similares a los de su madre o padre, ello no otorga derecho a los progenitores para imponerles criterios negándoles el espacio a la confrontación de ideas.
 Haberlos traído al mundo no concede patente para gobernarlos a ultranza. Y la experiencia como mamá o papá enseña que, en tanto vayan creciendo quienes una vez fueron parvulitos, más creatividad, lucidez, honestidad, transparencia, indulgencia, solidaridad y comprensión deberán derrochar los mayores, no solo para asistirlos en la toma de decisiones (que al final asumirán en honor a su independencia), sino en aras de preservar la confianza mutua que fortalezca el vínculo afectivo padres-hijos.

Una amiga de la juventud me comentó con cierto tono de queja en su entonación que su única niña —a quien le ha dedicado la vida entera— esgrime un comportamiento evasivo cuando la invita a hablar de determinados temas que le preocupan. Esquiva conversar de asuntos “delicados” y, sin embargo, se los consulta a una vecina igualmente “entrada en años”.
Sin ánimo de quedarme solo con la versión de una de las dos partes, fui al encuentro de la joven —conocida desde que nació— además de haber crecido y estudiado en las mismas escuelas de uno de mis hijos. Sentados en un banco del parque cercano a su casa le pregunté si depositaba toda la confianza del mundo en los criterios y consejos de su madre.
“¡Yo no desconfío de ella, pero cuando me quiere explicar algo emplea un tono de regaño y se contraría si no hago lo que me indica! Así es imposible entendernos. Prefiero no discutir y  evitar encontronazos, por eso me escurro hasta donde vive la vecina, una señora de la misma edad de mi mamá quien —quizá por no tener ningún vínculo sanguíneo conmigo, o por ser más condescendiente— habla con indulgencia hasta darme la vuelta por tal de hacerme entender cómo resolver ciertas cuestiones”, dijo la muchacha, hoy convertida en una universitaria con excelente aprovechamiento académico.
La letra con sangre entra. Así decían antaño quienes amarraban cortico a sus hijos imponiéndoles férreas conductas, cercenándoles sus libertades y en ocasiones frustrándoles sueños, sin que ello —cuando los muchachos entraran en la adolescencia— les garantizara tener allí la simiente de un hombre o una mujer de bien.
No pocos descendientes, ya en la adultez, lejos de experimentar agradecimiento y amor hacia sus padres, abrigan rencores y reproches contra aquellos que los abochornaban en público si hacían algo incorrecto cuando eran pequeños, o porque les pegaban en presencia de otros para corregir determinada falta. La violencia solo engendra violencia.
Desatar la agresividad para intentar reducir a la obediencia a los muchachos —ya sea diciéndoles palabras obscenas, recriminándolos o golpeándolos en presencia de conocidos o no— lejos de contribuir al respeto, conduce a la rebeldía. Y un joven rebelde, que lo niega todo y lo contradice todo porque nunca ha encontrado amor y comprensión, se torna en un problema para la sociedad.
Cualquiera de nosotros, madre o padre, ha enfrentado de­sa­venencias con sus hijos, es natural, máxime si en la convivencia diaria no todos tiran parejo del carro de los deberes hogareños. Quienes hayamos protagonizado algunos de esos enfrentamientos sabremos que el diálogo pausado, capaz de generar confianza mutua para resolver las diferencias, es la única vía de preservar el respeto y el amor para toda la vida.

Tomado de Granma




Sergio George: Estoy aquí por la música cubana…



Esta isla es la madre de la música latina, vengo aquí a aprender, asegura el productor musical que está detrás de los éxitos de artistas como DLG, Marc Anthony, Ricardo Arjona, Gloria Trevi, Bacilos, Oscar de León, Luis Enrique...




Sergio George (segundo de derecha a izquierda), comparte junto a artistas como Leoni Torres y Alexander Abreu. Foto: Cortesía del entrevistado


Pedro Pablo Cruz
29 de Agosto del 2015
En la segunda mitad del siglo XX ganó relevancia una figura que ha devenido clave en los circuitos de creación y comercialización-difusión de la música. Una especie de abogado del diablo, juez y parte que trata de buscar el balance entre los intereses de las disqueras (sean grandes o alternativas), las tendencias del mercado, los patrones de consumo cultural de los diferentes públicos y los artistas. Se nombra: productor musical. Así, este «mago» ha ganado tanta notoriedad como el mejor instrumentista o el cantante que más vende. Es uno de los que mueve los hilos, y en muchos casos define el repertorio, lo que sucede en el estudio y un poco más allá; en otros crea al artista, lo descubre, lo posiciona y recibe igual o mayor cantidad de premios.
Algunos son grandes artistas y no solo comerciantes de arte. Tal es el caso del llamado quinto Beatle, George Martin. O de Simon Cowell, quien han estado tras el éxito de fenómenos de nuestros días como Il Divo y One Direction. Dentro de la música latina, Sergio George resulta, tal vez, el de mayor relevancia en los últimos tiempos. Con él conversamos durante su breve estancia en La Habana, a mediados de enero. Cierto que desde entonces a la fecha, los meses no se han detenido, pero JR considera que nunca es tarde para que nuestros lectores conozcan sobre el quehacer de un grande, que no se esconde para asegurar que ama la cultura cubana, a pesar de que no nos visitaba desde el 2000 o quizá —no lo recuerda con certeza— desde 1999.
«Planeé este viaje porque necesitaba conocer compositores, músicos de acá. He venido básicamente a nutrirme. Veo que la ciudad ha cambiado bastante: hay más vida, se ve excelente. Y siento como siempre el calor humano, eso no va a cambiar nunca», afirmó Sergio George.
«Estoy trabajando con talentos nuevos, por eso he venido a buscar canciones y compositores, porque los mejores están aquí. Musicalmente todo está aquí. Es un viaje relámpago de fin de semana para conocer a gente nueva como Osmani Espinosa, y también para reencontrarme con viejos amigos como Lázarito (Valdés) y Manolito (Simonet)».
—¿Qué lugar tiene la música cubana entre sus referentes?
—Un lugar fundamental. Desde hace 30 años estoy muy al tanto de la música cubana. El fanático de la música o el que es un experto como arreglista no puede dejar de escuchar la música cubana, que siempre está presente en lo que hago, sea con Marc Anthony o cualquier otro artista. Muchas de mis ideas musicales nacieron en Cuba. Estoy muy al tanto de lo que está pasando aquí, de la evolución del son hasta la timba, de la entrada del reguetón y su unión con la propia timba, etc.
«¿Influencias? Desde la Sonora Matancera, el formato charanga, Lilí Martínez en el piano, hasta Manolito Simonet, Lázaro con su Bamboleo, Isaac Delgado, ahora Gente de Zona..., aunque el número uno es para Van Van».
—Un ejemplo de esa cercanía es la inclusión de un tema de Polo Montañez en el disco 3.0, de Marc Anthony…
—El tema de Polo lo escogió Marc y me lo trajo al estudio. Ese es un disco que se hizo sin arreglos, no se escribió nada, ni una nota musical, sino que, por ejemplo, se tarareaban las ideas a los metales. Entonces Marc me enseñó la canción. La quería hacer como un son, respetando el sonido de Polo, y yo estuve de acuerdo porque pensé que iba a tener mejor difusión a nivel global de esa forma. Claro, uniendo otros elementos, enriqueciéndolo, pero teniendo como centro el sabor del son.
—Usted es categórico al afirmar que ya no hay géneros puros…
—El público quiere buena música, muchas veces no sabe si lo que escucha es un reguetón, una salsa o una timba; quiere éxitos. Yo me concentro en hacer música buena y darle un toque de todo. El público general sabe cuándo hay algo diferente.
—Una de sus hazañas como productor con el oído atento a su tiempo y capaz de proponer algo novedoso fue la creación de DLG...
—Puede ser. DLG surgió en 1995, en Nueva York, la ciudad de donde soy. Se definió por hacer salsa con reggae y con rap. Se trataba de un invento al que aún no le puedo poner nombre, pero funcionó. Me gustó mucho porque en ese momento el rap estaba underground y en español apenas se difundía por la radio. No había nada de rap ligado con salsa, fue algo de lo más importante que he hecho en mi carrera.
—Algunas claves para lograr éxitos…
—La base es escuchar lo que el público pide y combinarlo con lo que el cantante quiere hacer artísticamente y lo que me gusta a mí musicalmente. Siempre pienso en lo que el público debería escuchar. Estoy muy al tanto del público viendo noticias, escuchando música, hablando con quienes no son profesionales de este campo, de ellos aprendo mucho más.
—¿Qué debe tener un tema para que funcione en todas partes?
—A mí me encanta la música de Brasil y no hablo portugués, así que tiene que haber melodía, ritmo, filin musical y del cantante, y eso funciona en cualquier lugar, en cualquier idioma. Busco hacer un tema que pueda trascender la barrera idiomática, más allá del inglés o el español, que se entienda musicalmente.
—¿Cómo es trabajar con artistas tan diferentes como Ricardo Arjona, Gloria Trevi, Bacilos, Oscar de León, Luis Enrique…?
—Lo primero es no pensar en lo que hice ayer, pensar en hoy y en mañana. Lo que hice con el que sea ya pasó, pienso en lo que buscan ellos hoy. Aprendo mucho de cada producción y cada artista, porque cada uno de ellos tiene su propio sonido, entonces yo me convierto en un camaleón que cambia para meterse en sus mentes.
—Le propongo intentar definir a algunos de esos artistas con la menor cantidad de palabras posibles: Marc Anthony…
—Gran artista, una de las mayores razones por las que estoy en esta entrevista, en La Habana.
—La India…
—Una de las mejores voces latinas en el mundo.
—Cheo Feliciano…
—Maestro del soneo.
—Andy Montañez…
—Míster Puerto Rico.
—José Alberto «El Canario»…
—Gran showman en tarima.
—Tito Nieves…
—Gran amigo hace más de 30 años.
—Victor Manuelle…
—Uno de los mejores soneros e improvisadores de todos los tiempos.
—Gilberto Santa Rosa…
—Gran caballero y gran sonero.
—Luis Enrique…
—Gran artista, excelente percusionista, un músico completo.
—Los que más lo han marcado…
—Son dos: Tito Nieves y Marc. Porque somos del mismo lugar, del mismo barrio, hablamos inglés primero. También porque el sonido mío les cae como anillo al dedo.
—Usted trabaja mucho porque se respete la música latina. ¿Qué relación guarda esto con el Grammy Latino y el llamado «Grammy americano»?
—El reconocimiento a la música latina ha mejorado por el Grammy Latino. Lo he dicho públicamente, no le veo sentido a una categoría latina en el «Grammy americano», si no le dan el espacio que merecemos, no dicen quién ganó, no lo ponen en el show de televisión. Para mí es mucho más importante el Grammy Latino que una categoría latina en el «Grammy americano».
—Hace unos años en una entrevista afirmó: el público se enamora de la música no de los artistas…
—Así lo creo. Un gran artista marca la diferencia porque es capaz de perdurar para toda la vida. Pero en la mayoría de los casos la gente lo que conoce es una canción; sucede mucho más en la música americana cuando nadie sabe quién canta, solo pega el tema. Claro que también pasa en la música latina. Desafortunadamente no hay mucho talento, o no se han enfocado en calidad, sino en pegar una canción en la radio, y eso está bien, pero no asegura el éxito a largo plazo.
—El proyecto que más le enorgullece…
—Tengo varios favoritos. Uno que no vendió tanto, como uno de los discos de DLG, pero musicalmente me complace mucho. He tenido otros trabajos que artísticamente no eran los mejores pero funcionaron en cuanto a índices de venta.
—¿Qué lugar tiene el Salsa Giants o Los Gigantes de la Salsa?
—Es un disco, más bien una reunión de amigos para un show en vivo que se grabó en Curazao y fue un éxito de ventas. También recibimos el Grammy Latino. Eran temas viejos del repertorio de cada uno de ellos, no había nada nuevo. Pero me enorgullece porque fue, por ejemplo, la última grabación de esa magnitud de un Cheo Feliciano que se lo merecía y mucha gente no lo conocía en el mundo. Me dio mucho orgullo por ellos.
—¿Cómo ocupa su tiempo libre?
—Me gusta ver televisión, noticias y estar con mis hijos. Tengo dos, uno de seis y una de 11. También veo muchos programas de deportes. Yo soy deportista, la verdad es que no quería ser músico, sino pelotero, pero me rompí la muñeca con un fastball y tuve que dejarlo, pero eso era lo mío, no la música. A estas alturas creo que los accidentes no son accidentes.
«Bueno, y claro que escucho mucha música: góspel, brasileña, de todo tipo, incluyendo la de Puerto Rico y Cuba. Y reitero: escucho, porque no bailo nada, tengo swing, creo yo, pero no bailo nada.
—Gracias, Sergio George…
—A ustedes, porque esta isla es la madre de la música latina, de la música tropical, vengo aquí a aprender. Soy un humilde músico, estoy aquí por la música cubana, y tengo que decirle gracias a Cuba, por permitirme ser quien soy.



TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

Que reine la uniformidad


27 de agosto de 2015
Hace unos días Jairon protestaba tras probarse el uniforme escolar. La abuela, al arreglar la prenda, no se había circunscrito a los toques de “modernidad” que este había indicado.
La cara de decepción del adolescente era capaz de conmover al más insensible de los mortales, pues para este resultaba casi una odisea el hecho de “no vestir con la última” al comenzar el octavo grado.
Ella, abuela al fin, casi estaba por ceder ante aquel episodio emocional que Jairon interpretaba como nadie; sin embargo un tercer personaje dio un giro de 180 grados a la historia.
Resulta que la madre, al entrar en escena recordó a los dos primeros protagonistas que el uniforme escolar obedece a un reglamento, por tanto no admite tendencias estéticas; entonces Jairon se tuvo que conformar con los ajustes necesarios de la prenda a su talla, y la obra para él terminó sin aplausos.
Episodios como estos afloran, en toda Cuba, por estos días en los que se viven las horas finales del periodo veraniego y se ultiman los detalles para el inicio del curso escolar 2015-2016; pero lamentablemente, en no pocos casos, el desenlace de la trama es bien distinto al antes retratado.
El escaso ejercicio de la autoridad por parte de muchos padres deja brecha abierta a posiciones permisivas que escasamente ponen freno al desenfado juvenil, que muchas veces entra en contraposición con los reglamentos escolares.
La temática ha sido objeto de varios trabajos periodísticos, pero el fenómeno sigue latente, por ello no deja de ser una preocupación.
Sucede que en la etapa de la pubertad y los inicios de la juventud todos andan en busca de la aceptación grupal; meta que generalmente se proponen alcanzar adoptando tendencias de la moda, que en ocasiones ni siquiera se ajustan con la personalidad del individuo, pero no importa, porque el objetivo primario es “encajar”.
Entonces son cada vez más aquellos que, con tal de llamar la atención, ceden ante los embrujos de los piercing, tatuajes y pelados extravagantes.
En los varones es usual, además, que dejen caer los pantalones por debajo de los glúteos para mostrar las fajas del calzoncillo de marca o sencillamente prefieran las camisas por fuera.
Mientras, las féminas cortan las faldas, entallan las blusas, y acuden al exceso de maquillaje y todo tipo de accesorios.
Esa acrecentada dependencia de los adolescentes y jóvenes hacia las tendencias estéticas, es natural y totalmente comprensible; sin embargo el problema está en que estos no parecen entender del todo que cada cosa tiene su momento y espacio, y definitivamente, la moda, nada tiene que ver con la solemnidad que demanda la escuela.
No por gusto desde tiempos inmemoriales surgieron los uniformes para los centros educativos. En Cuba esa prenda identifica a los alumnos de los distintos niveles de enseñanza.
También el uniforme garantiza una igualdad estética, asegura el respeto hacia las normas de educación formal e impide la proliferación de diferencias entre estudiantes de familias de bajos ingresos y aquellos que viven en abundancia y pueden lucir las prendas más caras.
Se hace entonces necesario transmitirle a cada estudiante el respeto hacia ese traje escolar. La institución educativa, principal interesada en el cumplimiento de sus regulaciones, tiene la mayor responsabilidad en este empeño, pero se necesita el acompañamiento de la familia para el éxito de esta importante tarea, pues es precisamente en el hogar, donde los estudiantes se visten a diario antes de salir a clases.
Por tanto toca a padres y demás tutores de los adolescentes y jóvenes velar por el uso correcto del uniforme y fomentar en estos el respeto hacia el centro educativo al que pertenecen.
Este primero de septiembre las calles se convertirán en un mar de colores. Muchos iniciarán el camino por nuevos niveles de enseñanza, en tanto otros se reencontrarán con los amigos y maestros de cursos anteriores.
Todos cargarán sus mochilas de sueños, ansiosos de multiplicar saberes y asumir nuevos retos; no obstante la euforia de los inicios no puede ser pretexto para la relajación en el uso del uniforme escolar.
Es preciso que la fiesta sea con orden y la uniformidad reine desde el mismo comienzo del curso.
                                                TOMADO DE GRANMA

Alianza Martiana convoca en Miami nuevo acto contra el bloqueo a Cuba



Las organizaciones de la emigración cubana en Miami que integran la coalición Alianza Martiana: la Brigada Antonio Maceo, la Alianza Martiana, como organización individual, la Asociación José Martí, la Asociación de Trabajadores de la Comunidad Cubana, la Asociación de Mujeres Cubanas en Defensa de la Familia, el Círculo Bolivariano de Miami y el Círculo de Intelectuales y Artistas Iberoamericanos, nuevamente convocan a un Acto en contra de la política genocida de Bloqueo por parte de los gobiernos de Estados Unidos en contra del derecho a la vida, la paz y el desarrollo del pueblo cubano.
El Acto tendrá lugar este próximo domingo, 6 de septiembre de 2015, comenzando a la 1 de la tarde en el local de la Alianza Martiana que se encuentra localizado en el 3009 N.W. de la Calle 7 en Miami.
Es imprescindible revocar todas las regulaciones y leyes que conforman este inhumano e inmoral engendro para lograr la normalización de las relaciones entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba, así como las de sus respectivos gobiernos.
Hoy que tenemos la posibilidad real de dar fin a la política de Bloqueo, todos las mujeres y hombres de buena voluntad, cubanos y no cubanos, debemos empeñarnos en lograr su fin lo antes posible.
(Tomado de Cubadabate)



domingo, 23 de agosto de 2015

Elogio de la curiosidad

Foto: Marianela Dufflar.
Por: Graziella Pogolotti  
22 de Agosto del 2015
En aquel hotelito de la Avenue du Maine, en París, se concentró un núcleo de cubanos. Fueron el imán que atrajo a otros, entre ellos, al gran poeta peruano César Vallejo. En los 30 del pasado siglo, eran jóvenes que buscaban en Europa posibilidades de aprendizaje y refugio ante la represión desatada por las tiranías de nuestro continente. Nací en esas circunstancias con un pedazo de pan bajo el brazo, porque ambas ramas de la familia se apresuraron en enviar ayuda monetaria. Por unos meses pudimos disponer de una habitación con cuarto de baño. Allí colocaban mi cuna cuando los amigos se reunían a compartir una comida criolla y luego, intentaban algunos pasos de baile en tan reducido espacio. Al echar una mirada una noche, Carpentier me descubrió con los ojos bien abiertos a través de la cortina corrida por dedos todavía inseguros.
Tanta curiosidad no respondía a mis características personales. Es un rasgo compartido por cuanta criatura viene al mundo y va reconociendo colores, sonidos y las voces de los familiares más cercanos. Más tarde, cuando adquieren el dominio de la palabra, empiezan a formularse los interminables porqués. Impacientes, padres y maestros tienden a apagar la capacidad de interrogar la realidad circundante, fuente primaria de todos los saberes.
Como todo en la vida, el acicate de la curiosidad es una moneda de dos caras. Una de ellas, perversa, alimenta el brete, el chisme, el lleva y trae, tanto como el corre-ve-y-dile. Es el ojo vigilante que atisba el comportamiento de los vecinos, detecta el marido engañado y lleva cuentas del vestuario de cada quien.
La visión mezquina despilfarra una cualidad que compartimos con algunas especies animales, útiles para seguir pistas, detectar peligros y reconocer el entorno familiar. Nuestra ventaja de bípedos con cerebro desarrollado consiste en que nosotros transformamos en cultura lo que para ellos constituye la formación.
Conviene, pues, estimular desde las primeras edades la capacidad de observación y de establecer las debidas conexiones entre los datos recogidos. Los más pequeños empezarán por reconocer objetos y ampliarán su espectro en la medida en que accedan a espacios más anchos. Es un ejercicio que puede desarrollarse en la escuela con prácticas de descripción, narraciones orales y escritas. El entrenamiento puede convertirse en hábito que acompañará en la vida la observación del paisaje, de las construcciones y del movimiento de las ciudades.
Curiosidad y observación favorecen la comprensión y el conocimiento de los seres humanos que nos rodean. Gestos, inflexiones del habla, instantes de silencio y distracción revelan zonas ocultas y favorecen una relación constructiva de respeto y solidaridad. Es la vertiente empírica de la psicología, una disciplina científico-cultural que muchas veces subestimamos.
Como todas las ciencias, la psicología puede ser instrumentalizada en favor del mercado y la manipulación de los individuos. Inscrita en un proyecto de vocación humanista, ofrece una contribución inestimable. Incorporada al saber común, favorece la comprensión del otro y rompe valladares al revelar conflictos y motivaciones en quienes nos rodean. Enseña a formular las preguntas adecuadas. En lugar de la simplona separación entre buenos y malos, induce a descifrar las razones de una conducta impropia, de un acto de violencia o de un proceso de autodestrucción.
Desde un punto de vista pragmático, con fines socialmente beneficiosos, resulta auxiliar eficaz para el cumplimiento de las funciones de dirección en todos los niveles y contextos, porque la organización del trabajo depende de la racionalidad del organigrama y, sobre todo, del compromiso de los integrantes de un colectivo.
Hace años, tuve la oportunidad de examinar regularmente los expedientes de los cuadros. El recuento de una trayectoria poco me decía de la idoneidad de las personas para determinado cargo. Faltaba una valoración cualitativa de su conocimiento y experiencia, de su flexibilidad de análisis para evitar la aplicación mecánica despersonalizada de orientaciones generales, la aptitud para asumir en lo concreto las relaciones humanas. «Hay que emplear las dos manos, la derecha y la izquierda», afirmaba, con la astucia habitual de los hombres vinculados a la tierra y a la observación de la naturaleza, un campesino devenido dirigente de un plan de desarrollo genético en Cumanayagua.
La psicología constituye esencia de la conceptualización y ejecución de las prácticas pedagógicas. En la formación de la personalidad se decide el cumplimiento de los objetivos deseados en la multiplicación del sujeto activo, creador, solidario, responsable. La humanidad descubrió tardíamente esta verdad. Por eso, la psicología es una ciencia joven. Tanta ha sido su demanda que su desarrollo ha superado en velocidad a saberes de más larga antigüedad y prosapia. La vida pasa como un camión sobrecargado de pasajeros que transita por un camino plagado de baches. Con cada tropezón se desprende algún viajero. En la sociedad del éxito, la víctima se suma en la cuenta de los perdedores. Nuestra filosofía es otra, animada por el propósito de reinsertar al que tropieza con un obstáculo y busca refugio en el ejercicio de la violencia, en los paraísos artificiales de los estupefacientes y el alcohol. Para intervenir en estas situaciones, reorientar al que pierde su brújula y prevenir problemas sociales de mayor envergadura, preservar el equilibrio de la familia y la comunidad, se requiere la acción de trabajadores especializados con sólida formación en psicología y sociología.
La curiosidad es virtud cuando estimula el aprendizaje de la realidad social y natural, impone la mirada introspectiva en el conócete a ti mismo, fuente de toda sabiduría, cuando, convertida en cultura, incita a la permanente problematización de los hechos en un mundo nunca perfecto, pero siempre perfectible.
Publicado en Juventud Rebelde