lunes, 11 de abril de 2016

Elito Revé presenta: La salsa tiene mí Son



8 abril 2016
Mantener la popularidad, sonoridad y el sello logrado por su creador, ha sido el principal reto de Elito Revé Duverger, quien en la tarde del jueves presentó a la prensa su nueva producción discográfica titulada “La Salsa tiene mí Son”, que rinde tributo a su padre en el aniversario 60 de la fundación Elio Revé y su Charangón.
El fonograma incluye 13 temas que recorren los mejores momentos de la orquesta en la década de los 90. Entre ellos, algunos antológicos como “Mi salsa tiene sandunga”,”Pupu chan chan”, “Que cuento es ese” y “Muévete pa aquí”.

Acompañan a Elito en este homenaje, intérpretes de la talla de Pablo Milanés, Gilberto Santa Rosa, Issac Delgado, Juan Miguel Díaz “El Indio de la Revé”, José Alberto “El Canario”, Israel Rojas del dúo Buena Fe, Haila María Mompié, Mario Rivera, Paulo Fernández Gallo, Mónica Dueñas “Perú Negro” y Alexander Delgado de Gente de Zona, quienes en su carácter de invitados especiales le imprimen al disco, valores testimoniales y estéticos.
El CD licenciado para el territorio nacional por el sello discográfico Bis Music de ARTex, también será comercializado por la multinacional Soni Music de México.
La presentación de “La Salsa tiene mí Son”, contó con la presencia de importantes directivos del Ministerio de Cultura, del Instituto Cubano de la Música, ARTex, el sello Bis Music, la Agencia Musicalia, fundadores, cantantes y músicos que durante estos 60 años integraron la orquesta, así como entrañables amigos y seguidores de la agrupación que tuvieron la oportunidad de disfrutar de las actuación en vivo de Elito Revé y su Charangón.
Tomado de Cubadebate.
Fotos: Marianela Dufflar

domingo, 10 de abril de 2016

Silvio Rodríguez: “La cultura cubana es invencible, el peligro es la absorción política, no la cultural”



Por Carlos Crespo

Foto. Marianela Dufflar
Quizá como nadie ha sido Silvio Rodríguez capaz de provocar tantas emociones con aparentemente tan poco. Una guitarra acústica, media docena de acordes extraídos de la música popular campesina, su característica voz engolada y aguda y, eso sí, un glosario de letras que trascienden la poesía y el compromiso político y activan inauditos mecanismos de adicción emocional, han sido los argumentos que elevaron al trovador cubano a la categoría de icono. Y hoy, a sus 70 años, a la condición de mito.

-¿Cuál es hoy para usted la Nueva Trova Cubana?
-La misma que hace 50 años. Lo que ocurre es que ahora nosotros somos los viejitos de la nueva trova.

-¿Qué le interesa de la música cubana actual?
-Cuba es un profundo universo musical. Ahora mismo hay un maravilloso trabajo sinfónico y de cámara que impulsan jóvenes figuras. Igualmente hay un riquísimo movimiento autoral en la canción. Las orquestas de música bailable no paran de proliferar. Es asombrosa la cantidad y calidad de jazzistas jóvenes que surgen. Y también expresiones más recientes, como el hip hop, tienen muchos seguidores entre la juventud.

-¿Hasta qué punto le pesa saberse el ideólogo emocional de varias generaciones?
-Tremenda responsabilidad la que usted me otorga. Yo no lo veo tan así. Yo lo que veo es que todos somos hijos de nuestras circunstancias. Aún así creo haber trabajado más con ideas que con ideología. Y si lo que canto ha tocado a varias generaciones, no puede ser por otra cosa que por el tiempo que llevo cantando.

-¿Por qué han ido desapareciendo los contenidos políticos de sus canciones?
-Si se refiere a mi último disco, Amoríos, son canciones compuestas entre 1967 y 1980. Por otra parte, nunca me han motivado los apellidos que a veces se les pone a las canciones. Yo siempre he hecho canciones, a secas.

-La democratización tecnológica ha acarreado una banalización de la cultura. ¿Es un problema de la democratización, de la tecnología o de la cultura?
-La banalización no es culpa de las libertades que han aportado las tecnologías. La banalización empezó mucho antes, cuando eran pocos los que controlaban los mercados. Cuando la posibilidad de difusión llegó a manos de todos se generalizó algo que ya existía. Si las sociedades y los hombres hubiéramos sido de otra forma, lo que usted llama democratización tecnológica habría significado otras cosas.

-Hace cinco años decía en una entrevista que deseaba que en Cuba pasasen más cosas. ¿Han pasado ya?
-Muchos en Cuba, no solo yo, desde hace tiempo veníamos impulsando la idea de cambios, porque tenemos estructuras que jugaron su papel hace tiempo, pero la realidad las ha ido superando. Aquella inercia de la que nos quejábamos empezó a romperse bastante antes de las conversaciones con Estados Unidos. Eso ha sido un acierto.

-¿Hasta qué punto perciben este acercamiento como real? ¿Temen que se trate solo de una maniobra política?
-El gobierno norteamericano ha dicho que tiene el objetivo de que haya continuidad en el acercamiento. Es de esperar que así sea y que se den la mayor cantidad de pasos para levantar totalmente el bloqueo. Posiblemente eso sí que haría irreversible el acercamiento.

-¿Qué desafíos, qué riesgos y qué posibilidades le plantea a la cultura cubana este acercamiento?
-La cultura cubana es invencible. Nosotros vamos a seguir haciendo rumbas y sones. El peligro está en la absorción política, no en la cultural.

-¿Cómo valora los movimientos que ha iniciado en España precisamente una generación a la que se la acusaba de falta de conciencia?
-Por lo visto están dando una buena pelea. Por como los demoniza cierta prensa puede deducirse la puntería de sus planteamientos.

-¿Cómo es hoy su relación con Pablo Milanés, a quien sí tenemos con cierta frecuencia en Galicia?
-Pablo es uno de los más grandes trovadores de todos los tiempos, además con una voz admirable. Nos conocimos cuando éramos jóvenes. Desde entonces, en el plano profesional, mi relación con él siempre ha sido de gratitud.

-Recientemente ha grabado la voz para un tema de un músico gallego, Juan Carlos Cambas. ¿Cómo surgió esa colaboración?
-Juan Carlos venía a Cuba con la maravillosa Dulce Pontes. Trabajamos durante semanas a distancia. Yo le daba detalles y él los sumaba a su idea, que era muy linda. Por último puse la voz en La vida. Fue un placer colaborar con un músico tan sensible.

-Añadámosle hoy un verso a la canción: «Ojalá…»
-Ojalá aprendamos a respetar las diferencias sinceramente, para que siempre intercambiemos pareceres, y nunca más nos discriminemos o nos hagamos la guerra. (Tomado de La Voz de Galicia)

Una escuela en Coruña
Silvio publicó en su blog, Segunda Cita, estas palabras que compartimos también con nuestros lectores:

Ayer fuimos invitados a una escuela primaria de Coruña y, la verdad, pasamos un buen rato. El nombre del plantel es Sanjurjo de Carricarte; fuimos recibidos por una entusiasta directora y algunos maestros, pero fue de la mano de los niños que recorrimos algunas aulas.

Primero nos llevaron a ver a los más pequeños. Para mi asombro, el aula tenía el mismo aroma de lápices y gomas que aquella escuela pública número 5, de San Antonio de los Baños, en la que hace muchas décadas estuve.

Me acordé de que Víctor Casaus una vez me filmó cantando Pioneros a los pioneros de mi escuela. No les pude cantar esa canción a los galleguitos, porque no me acordaba; pero les canté El reparador de sueños. En definitiva los reparadores de sueños son la misma tropa en todas partes.

Otro asombro fue que, mientras entonaba la canción, vi que uno de los pequeños, muy bajito, seguía las estrofas. Hubo dos niñas con mi apellido, muy contentas ellas y yo también. Otra cosa es que, según me pareció, uno de los chicos más activos y felices era de origen árabe.

Ayer fue una de esas veces especiales en que, muy naturalmente, nos parece haber sido premiados por la maravilla.

Gracias infancia; gracias Coruña.

Ahora nos vamos para el concierto.

Tomado de Cubadebate.
 

Brochazos habaneros


Por. Ciro Bianchi Ross 

¿Sabía usted que la Plaza de San Francisco recibió en cierta ocasión el nombre oficial de Plaza de Key West? Pues sí. Ocurrió en 1947, en tiempos del alcalde Nicolás Castellanos Rivero, y aunque se colocó en dicho espacio una tarja con la nueva denominación, los habaneros parecieron no enterarse de ella y continuaron llamándole Plaza de San Francisco.
¿De San Francisco? En sus comienzos no pudo llevar ese nombre, pues la plaza existía antes de 1559 y no fue hasta 1584 cuando comenzó a construirse el convento, un edificio de grandes proporciones cuyas obras concluyeron en 1591, aunque no quedó listo hasta después de una amplia reforma que se extendió entre 1731 y 1738, para ser consagrado al año siguiente.
En 1841 el Gobierno español confiscó los bienes de las comunidades religiosas y los frailes franciscanos debieron abandonarlo; buscaron asiento entonces en Guanabacoa y en la iglesia y convento de San Agustín, hoy, de San Francisco, en la esquina de Cuba y Amargura. El viejo convento, con su templo, pasó a ser depósito de mercancías y desde 1856 funcionaron en sus áreas el Archivo General de la Isla y la Aduana de La Habana. En 1907 fue ocupado por la Dirección de Correos y Telégrafos y, luego de una acertada restauración, albergó la Dirección de Comunicaciones, llamada después Secretaría y luego Ministerio, hasta su traslado a la Plaza Cívica, hoy de la Revolución, en 1957, cuando se inauguró el llamado Palacio de las Comunicaciones.
Después de 1959 se manejó la idea de instalar allí un museo de historia colonial. Nada se hizo en ese sentido y el edificio sirvió de almacén hasta que dio albergue a la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, que lo restauró con esmero.
El 17 de noviembre de 1995 concluyeron las obras de restauración del claustro norte del convento, que le devolvieron su aspecto original. Antes, el 4 de octubre de 1994, terminó la restauración de la Basílica Menor de San Francisco de Asís.
Hoy el convento da albergue al Museo de Arte Sacro, con una valiosa colección que incluye, en lo fundamental, imágenes del siglo XVIII, así como piezas de carácter religioso como las zapatillas y la capa pluvial de Dionisio Rezino y Ormachea, primer Obispo Auxiliar de Cuba, bordadas en México en el siglo XVII, en seda, hilos de oro y piedras preciosas. La muestra tiene importantes piezas de marfil (siglos XVIII y XIX), una colección de hallazgos arqueológicos, procedentes en buena medida de las excavaciones realizadas en el propio edificio, y una amplia representación de la orfebrería y el mobiliario religiosos de épocas pasadas.
La Basílica Menor de San Francisco de Asís, dedicada a la música coral y de cámara, es una de las mejores salas de concierto de la ciudad.

Con el nombre de Céspedes

La Plaza de San Francisco también se llamó, por breve tiempo e igualmente sin éxito, Plaza de Fernando VII. La Plaza de Armas fue originalmente la Plaza de la Iglesia, por la Parroquial Mayor que se asomaba a ella y que ocupaba el espacio donde se erigió después el Palacio de los Capitanes Generales.
A partir de 1581 se hacen sentir las graves diferencias entre Gabriel de Luján, gobernador de la Isla, y Diego Fernández de Quiñones, alcaide del Castillo de la Fuerza, por la supremacía en el mando de la guarnición de la fortaleza, que era ya de 200 elementos. Quiñones ocupó la Plaza de la Iglesia para que la tropa hiciera sus ejercicios militares y el lugar empezó a llamarse Plaza de Armas, con el desconsuelo de la vecinería, que perdió el espacio que dedicaba al comercio y a la recreación.
Fue entonces que el Cabildo decidió la compra de un terreno para el asiento de una nueva plaza, pero la adquisición no se efectuó por falta de dinero. La plaza siguió siendo la de Armas, aun cuando pasado el tiempo, los soldados de la Fuerza dejaron de hacer allí su entrenamiento y del destino a la que la forzó el belicoso Quiñones no quedó más que el nombre.
En 1955 se desalojó del centro de la Plaza de Armas la estatua de Fernando VII, el rey felón, el más odiado de los monarcas españoles, emplazada allí en 1834. En su lugar se colocó la imagen de bulto de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, obra del cubano Sergio López Mesa; una estatua de mármol, de tamaño heroico, en la que el personaje aparece de pie, con la indumentaria de su época y la cabeza descubierta, erigida sobre el mismo pedestal de la estatua del monarca, que se guardó primero en los almacenes del Museo de la Ciudad y se colocó luego en el portal del Palacio del Segundo Cabo, hasta que pasó al portal del mencionado museo.
Céspedes, duele decirlo, no tiene en La Habana el monumento digno de su grandeza. En 1900 se creó la Asociación Pro Monumento a Céspedes y Martí, pero se levantó solo el del Apóstol, en el Parque Central habanero. En 1919, a iniciativa de don Cosme de la Torriente, coronel del Ejército Libertador y canciller de la República, el Congreso votó una ley en la que se consignaban 175 000 pesos para erigirle el monumento. Nada se hizo. En 1923 el Ayuntamiento de La Habana acordó, a propuesta de la revista Cuba Contemporánea, dar el nombre de Carlos Manuel de Céspedes a la Plaza de Armas.

¿Plaza nueva o vieja?

La plaza que nosotros llamamos Vieja fue, en su tiempo, la Plaza Nueva. Se formó, dice el historiador Arrate, en 1559, cuando ya existían la Plaza de la Iglesia y la de San Francisco. El historiador Pérez Beato afirma que fue Plaza Nueva con relación a la de la Iglesia, porque San Francisco no existía. Quizá existiera, comenta otro historiador, Emilio Roig, solo que San Francisco, en sus comienzos, no era más que una pequeña faja de tierra sin edificios. Precisa el autor de La Habana: Apuntes históricos: «una angosta faja de terreno situada entre la calle de los Oficios y la Marina, a modo de playa, faja que se extendía entre el atrio de la iglesia y la calle de la Lamparilla».
Asegura Roig que San Francisco fue el mercado público hasta que este, por petición de los franciscanos, se trasladó a la actual Plaza Vieja. A pesar de haber salido de allí el verdadero mercado, San Francisco fue durante la Colonia el centro de la vida comercial y de toda clase de transacciones, «lugar de espera, carga y descarga de los carretones que acudían al muelle y a los almacenes que rodean aquel lugar; depósito de mercancías y frutos… Por ella desembarcaban también los inmigrantes que venían de la Península a hacer dinero en América o a morir de fiebre amarilla sin haber logrado sus ansias de riqueza».
Como la de San Francisco, también llevó esta el nombre de Fernando VII. En verdad, ha tenido no pocos nombres a lo largo de su dilatada existencia: Plaza Nueva, Plaza Real, Plaza Mayor, Plaza de Roque Gil, Plaza del Mercado, Plaza de la Verdura, Plaza de la Constitución, Plaza de Cristina, Plaza de la Concordia, Plaza Vieja y Parque Juan Bruno Zayas. En 1835 el gobernador Miguel Tacón construyó en el centro de la plaza un edificio cuadrangular de mampostería que se destinaría a mercado: el Mercado de Cristina, en homenaje a la entonces reina española. La Plaza Nueva empezó a ser Vieja cuando a partir de 1640 se construyó la Plaza Nueva del Cristo. Desde 1814 funcionó aquí, de manera extraoficial, un mercado, y en 1836 Tacón dispuso que se llamara Mercado del Cristo al conjunto de casillas que ordenó construir en el lugar.
En San Francisco se localizaba la llamada Casa de Aróstegui, residencia de los gobernadores españoles desde 1763 hasta que se construyó el palacio de los Capitanes Generales. Y en la esquina de Oficios y Amargura se halla el palacete que fue de los sucesores del IV Marqués de San Felipe y Santiago, donde en 1798 se alojó parte de la comitiva de los duques de Orleáns, que más tarde ocuparían el trono de Francia. Hoy es el hotel Marqués de San Felipe y Santiago.

El más rico

No pocas familias principales de la Colonia residieron en la Plaza Vieja. Sobresale entre ellas la de los condes de San Juan de Jaruco. El tercer conde, don Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, fue en su tiempo (1769-1807) el hombre más rico de Cuba. Pero era iluso y poco práctico. Acometió grandes empresas y casi todas fracasaron; pese a que carecía de escrúpulos, su capital decrecía y las deudas aumentaban. Cuando falleció, legó a su hijo mayor la inmensa fortuna, para la época, de nueve millones de pesos, condicionada por una deuda de siete millones que en el testamento le obligaba a honrar. Don Joaquín es el padre de la muy célebre Condesa de Merlin, autora, en 1844, de un libro delicioso, fruto de una breve visita a la Isla, Viaje a La Habana.
En opinión de especialistas, en la Plaza Vieja se edificaron algunas de las más bellas mansiones coloniales. Algunas de ellas resistieron el paso del tiempo. Su armonía constructiva y dignidad arquitectónica bien merecen el trabajo de restauración al que las sometieron en los años de 1990, cuando la demolición de un parque soterrado que allí se construyó en 1952 dio impulso a las labores de remozamiento del centro histórico. Sus vecinos la tuvieron siempre como la principal plaza de la villa.
En ella se hicieron las proclamaciones reales hasta los comienzos del siglo XIX y tuvieron lugar múltiples hechos que matizaron el día de la ciudad. En 1942 se propuso que se erigiera allí un monumento a los masones caídos en las luchas por la independencia, ya que fue ese el espacio donde, en 1820, los miembros de la masonería, portando todos sus atributos, salieron en manifestación a fin de proclamar públicamente su adhesión a la libertad y la justicia.

El Caballero de París

Mucho se ha trabajado en estas plazas. La Plaza de la Catedral queda para una página posterior. En la de Armas acaba de restaurarse el palacio del Segundo Cabo. El hotel Marqués de San Felipe y Santiago de Bejucal abre sus puertas en San Francisco, al igual que el edificio de la Lonja del Comercio, construido en 1909 y transformado en 1996 en un inmueble inteligente, con una superficie rentable de 9 000 metros cuadrados.
El Planetario y la Cámara Oscura, en la Plaza Vieja, entusiasman a grandes y chicos. Allí están además la Fototeca de Cuba y el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, y, en el orden de la restauración, el café El Escorial y la Factoría de Maltas y Cervezas, así como La Victrola, exitoso establecimiento del sector no estatal donde se concilian la buena cocina, un mejor servicio y el buen gusto.
Los restos mortales del Caballero de París, personaje popular de La Habana de siempre, fueron inhumados en el convento de San Francisco. En una de las puertas de ese edificio que da a la calle Oficios, se colocó la escultura en bronce en la que el artista cubano José Villa Soberón atrapó al personaje. Una nueva leyenda le surgió a La Habana Vieja a partir de ella. Se dice que a quien, desde detrás de la estatua, logre tocarle con una mano la punta de la barba y con la otra uno de sus dedos, le sonreirá la fortuna. Parece que no es fácil conseguirlo, pero vale la pena intentarlo.
Tomado de Juventud Rebelde

Vieja y nueva mentalidad

Por Graziella Pogolotti
10 de Abril del 2016
Involucrado en la edificación de una teoría revolucionaria y en la consiguiente práctica política, Carlos Marx fue un excelente padre de familia, según el modelo burgués. No le fue mal. Su esposa y sus hijas fueron sus colaboradoras y mantuvieron fidelidad a la causa. Su amigo, Federico Engels, dotado de sentido del humor, resultó más transgresor en este orden de cosas. Nunca contrajo matrimonio con su compañera que, al parecer, tenía buena mano de repostera. El autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado se convirtió en corresponsal cómplice y solidario de Laura y Pablo Lafargue.
En una de sus cartas a Engels, Lafargue comenta que Marx atribuye a sus lecturas de Fourier y Saint-Simon cierta inclinación a las ideas del socialismo utópico. En verdad, aclara el santiaguero, esos textos resultan reveladores de las características de una mentalidad. Por vía del análisis desprejuiciado y crítico, Lafargue se adelantaba en mucho a los estudios científicos de historiadores que todavía no habían nacido.
Intangible, la mentalidad se remite a una memoria cultural que ofrece claves para entender el comportamiento de grupos sociales o del conjunto de la sociedad. Opera, en ocasiones, a contrapelo de condicionantes objetivas. Territorio de la subjetividad, la manipulación de las masas debilita su capacidad de resistencia. En tiempos de incertidumbre, renacen estereotipos de remotísimas zonas de la memoria.
El ascenso de Hitler al poder contó con la ayuda de la dolorosa humillación sufrida por el pueblo alemán después de la derrota en la Primera Guerra Mundial. En nuestro contexto más inmediato, renacen estereotipos de origen lejano. En la memoria profunda de todos, transmitida de generación en generación, ha quedado el recuerdo de los excelentes actores que pusieron su talento al servicio de la construcción de una imagen de lo que somos. Fijaron el modelo del negrito, el gallego y la mulata. El primero, recuperaba el perfil del pícaro con la bichería criolla, entrenado al vivir sin trabajar esquivando el cumplimiento del deber. En cambio, trabajador y ahorrativo, el gallego desempeñaba el papel de tonto de capirote, mientras la mulata quedaba por siempre asociada al empleo de su sensualidad. El pueblo disfrutaba la broma. Aunque aspirara en realidad, como lo demostró en más de una oportunidad, al rescate de la decencia como fundamento moral de la República. Por ese motivo, la consigna «Vergüenza contra dinero» lanzada por Chibás, tuvo tanto poder de convocatoria.
Con la Revolución, aquellos estereotipos pasaron al olvido. Reaparecieron durante el período especial. No llegaron entonces a convertirse en paradigmas. Los cambios introducidos en la economía del país reclaman necesarias modificaciones en la mentalidad. En zona tan delicada por estar inscrita en la subjetividad humana, hay que evitar errores costosos.
Es necesario incentivar la iniciativa, pero este concepto no puede asociarse a la elemental bichería de antaño complementada con los rasgos discriminatorios evidentes en el diseño del negrito.
El cubano emprendedor no es el traficante de bienes estatales, el ganancioso de las necesidades del pueblo, el acosador de turistas que matan sin saberlo la gallina de los huevos de oro, el minúsculo empresario que chupa ganancias gigantescas, todos aferrados a un ahora que no tiene porvenir, practicante de un individualismo desenfrenado, desconocedor de que en una sociedad todos necesitamos de los demás. Bajo el rostro de una supuesta nueva mentalidad, emerge el perfil de lo viejo.
Sector parasitario, el pícaro no representa el único portador de una vieja mentalidad con máscara de nueva, modernizado a veces con cierto vocabulario empresarial y víctima propiciatoria de algún aventurero de poca monta. Comparte su condición con el corrosivo burocratismo instalado en plantillas todavía hipertrofiadas y extendido en capas superpuestas.
Mientras el pillo exhibe aparente despliegue de iniciativa, el otro hace de la parálisis un instrumento de poder personal. Insensible ante los problemas del demandante, fabricante de obstáculos y dilaciones, la repercusión de su inercia afecta la credibilidad de las instituciones gubernamentales e interviene negativamente en el destino del país. Sus efectos deletéreos tienen consecuencias en lo político y en lo económico. No favorecen el desarrollo de una sicología social socialista, ahogan la participación colectiva en la solución de los problemas y frenan el impulso transformador.
No abordaré el ángulo económico en esferas que están fuera de mi alcance, de mis conocimientos y de mi práctica cotidiana. En tanto que ciudadana común, puedo observar la prepotencia y el abuso de funcionarios de base en relación con muchos pequeños agricultores que, desde su terruño, hacen frente a la demanda nacional de alimentos. Comparto la impotencia ante el despilfarro de bienes tan preciados como el agua, así como la parálisis ante las demandas de higienización de nuestras ciudades, todo lo cual acrecienta los gastos de nuestra salud pública.
En situaciones como estas, vale la pena superar intereses sectoriales para encontrar fórmulas que aseguren lo emergente y garanticen la sistematicidad.
La nueva mentalidad no requiere trámites aduaneros. Sus fuentes se encuentran en las aguas claras de nuestra mejor memoria.

Tomado de Juventud Rebelde



martes, 5 de abril de 2016

La Revolución, la juventud y la memoria



Lic. Julio César García Rodríguez

Dejamos atrás marzo con la visita del presidente de EE. UU., Barack Obama, y aún resuena su llamado a olvidar el pasado y apostar por los jóvenes para «cambiar». Entonces llegan, como mejores respuestas, los cumpleaños de la OPJM y la UJC en este abril de victorias y volvemos juntos a la historia y a los jóvenes.
La llegada de los colonizadores españoles, con sus crueles prácticas, despertaron las primeras expresiones de rebeldía en la Isla. Para imponer su cultura realizaron acciones violentas, despojos y usurpación de tierras, asolaron asentamientos aborígenes y llevaron la esclavitud y el maltrato hasta el exterminio. Entre aquellos nobles indios amantes de la paz, hubo uno, Hatuey, que condujo la rebelión y fue quemado vivo por enfrentar tales injusticias.
Luego, en plena manigua, se forjó la nación cubana. Los criollos de honor, ricos o pobres, esclavos o libres, se levantaron contra la metrópolis española, encabezados por Carlos Manuel de Céspedes, quien tenía 49 años de edad aquella gloriosa madrugada del 10 de octubre de 1868.
Ignacio Agramonte y Loynaz, el Mayor camagüeyano, contaba con 27 años cuando se alzó en el ingenio El Oriente. Y aún forjando sus metales de futuro Titán, Antonio Maceo era apenas un joven de 23 años cuando se irguió como abanderado de las primeras cargas al machete que dirigió el Generalísimo Máximo Gómez.
Así fuimos madurando como pueblo con el estoicismo de la juventud. Nuestro Héroe Nacional José Martí era solo Pepe, un muchacho de 16 años, cuando cumplió prisión y trabajo forzado en las canteras de San Lázaro tras defender las ideas de la Patria por las cuales ofrendó su vida años después.
Miles de biografías, más públicas o más modestas, certifican que la Revolución Cubana es obra de jóvenes. Ahí están Mella, Villena y la Generación del 30, José Antonio y el Directorio Estudiantil 13 de Marzo, la juventud del Partido Socialista Popular. Y está Fidel, nuestro joven eterno, encabezando la Generación del Centenario y el rebeldísimo Ejército de la Sierra junto a Raúl, Camilo, el Che y muchos otros que nos trajeron el Primero de Enero de 1959 el principal cambio: una revolución democrática, antimperialista y socialista.
Su lucha, la nuestra, es una y la misma, desde Céspedes hasta hoy. Así fue también en los batallones que enfrentaron la invasión mercenaria por Playa Girón, los alfabetizadores y los que han cumplido misiones internacionalistas, con uniforme verde olivo y fusil o para enseñar, desarrollar el deporte o salvar vidas humanas en cualquier sitio del mundo.
Los jóvenes que soportaron los años duros del período especial, sin dejar de sonreír, hoy son parte esencial de la actualización de nuestro modelo de desarrollo económico y social. Educan, sanan, combaten, preservan, siembran y mueven las industrias, hacen ciencia, bailan o escriben con hidalguía mayúscula. En muchos sectores representan más del 70 por ciento de la fuerza laboral. No están perdidos, están encontrados en el presente y con el futuro de la nación.
Es cierto que aún enfrentamos actitudes y conductas negativas en un grupo de ellos, relacionadas con el estudio, el trabajo y la sociedad, en cuya solución todos los organismos y organizaciones, junto a la familia, tienen una alta responsabilidad. La Revolución, que nos ha enseñado a no dar a nadie por perdido, cuenta con las herramientas para guiarlos por el mejor camino.
Un niño siempre es una adivinanza de bien. Solo con el tiempo va adquiriendo razón de ser, mediante la instrucción y la educación y toma conciencia de su rol social. Junto al conocimiento deben ir aparejados la formación de valores y principios. Este es el enfoque humano y revolucionario que debemos desarrollar con las nuevas generaciones.
En tiempos de debate ideológico interno y guerra subversiva constante contra el movimiento revolucionario y progresista del mundo, sería bueno que cada cubano, joven de edad o de espíritu, se preguntase a sí mismo: ¿Es justo olvidar el pasado, borrar la Historia?
Como nos dijo el cantautor Silvio Rodríguez, el pasado no pasará. Los cubanos dignos no podemos olvidar a nuestros héroes y mártires; no vamos a tirar por la borda los sacrificios y el esfuerzo de millones para llegar hasta aquí. El bien más preciado del ser humano: su libertad, su dignidad, el fomento de políticas públicas para la formación, educación y participación, ha sido el regalo de la Revolución Cubana a las nuevas generaciones que la nutren constantemente.
Desde la consagración de esos principios en la Constitución de la República y el respaldo de nuestro sistema político a las organizaciones estudiantiles, los movimientos juveniles y su vanguardia, la Unión de Jóvenes Comunistas, hasta el verdadero cumplimiento de las políticas y programas hacia los niños, adolescentes y jóvenes cubanos, demuestran la justeza de nuestro proyecto, reconocido en buena parte del mundo.
Por ejemplo, Cuba se ubica en el lugar 11 a nivel mundial en desarrollo juvenil, según un informe de la Commonwealth acerca del programa denominado Índice de Desarrollo Juvenil. Otro estudio reciente, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), relacionado con el peso de la inversión social en políticas de juventud por los Gobiernos de América Latina, reconoce a nuestro país entre los de más altos índices de gastos sociales del Estado y los organismos e instituciones dirigidos a este segmento poblacional.
En Cuba, el Estado Socialista prioriza el trabajo con los niños, adolescentes y jóvenes, asegura su formación, desarrollo material y espiritual, al mismo tiempo que brinda espacios de diálogo y estimula su participación en la toma de decisiones.
Tomado de Juventud Rebelde.

Desafíos del futuro para la Revolución cubana



Por: Frei Betto


La Habana Vieja, Cuba. Foto: Desmond Boylan / Facebook

El papa Francisco, cuando cumplió sus 78 años, el 17 de diciembre del 2014, hizo un inestimable regalo al continente americano: el comienzo del fin del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.
Ése fue el tema que Francisco priorizó con Obama durante el encuentro que mantuvieron en Roma en mayo de aquel año. Un año antes, al asumir el pontificado, Francisco se enteró de la cuestión cuando recibió a Díaz-Canel, vicepresidente de Cuba.
Obama admitió en la televisión que “el aislamiento no funcionó”. De hecho el bloqueo impuesto a Cuba, contra todas las leyes internacionales, no consiguió siquiera aflojar la autodeterminación cubana tras la caída del muro de Berlín.
Fidel, que cumplirá 90 años en agosto de este año, sobrevive a 8 presidentes de EE.UU., de los cuales enterró a 4; y a más de 20 directores de la CIA.
Los EE.UU. son lerdos para admitir que el mundo no es fruto de sus caprichos. Por eso tardaron 16 años en reconocer a la Unión Soviética; 20 al Vietnam; y 30 a la República Popular de China. Y tuvieron que pasar 53 años para aceptar que Cuba tiene derecho a su autodeterminación, como lo señaló la Asamblea General de la ONU.
De hecho los EE.UU. y Cuba nunca rompieron el diálogo. En Washington funcionó, a lo largo de cinco décadas, una legación cubana, igual que en La Habana el predio de la legación usamericana se yergue majestuoso en el Malecón.
La noticia de esa reaproximación marca el fin definitivo de la Guerra Fría en nuestro continente. Y Cuba sale gananciosa, pues ofrece una estructura turística aceptable, incontaminada y exenta de violencia a un millón de canadienses que, en invierno, a sólo tres horas de vuelo, cambian sus menos 20 grados de frío por los 30 de calor del Caribe.
Con la apertura del mercado cubano a inversores extranjeros los EE.UU., que todo lo ven en cifras, no desean quedarse atrás de la Unión Europea, del Canadá, de México, del Brasil y de Colombia, que ya tienen importantes acuerdos con la isla revolucionaria. “En lugar de aislar a Cuba, estamos aislando sólo a nuestro país, con políticas ultrasuperadas”, le dijeron a Obama en una carta los congresistas estadounidenses Patrick Leahy (demócrata) y Jeff Flake (republicano) al regresar de La Habana.
A cambio de Alan Gross, agente de la CIA detenido en Cuba por acciones terroristas, Obama liberó a tres de los cinco cubanos presos en los EE.UU. desde setiembre de 1998, acusados de terrorismo (dos ya habían sido liberados). Realmente los cinco cubanos trataban de evitar que surgiesen en Florida iniciativas terroristas por parte de grupos anticastristas. Y fueron usados como carne de cañón por el FBI y por grupos de derecha para impedir, en aquella época, la aproximación entre los EE.UU. y Cuba. El tribunal de Atlanta había admitido, por unanimidad, que las sentencias aplicadas a tres de los cinco (Hernández, Labañino y Guerrero, los últimos liberados) carecían de fundamento jurídico: no hubo transmisión de información militar secreta ni pusieron en peligro de la seguridad de los EE.UU.


Bandera cubana en un edificio emblemático de La Habana. Foto: Desmond Boylan/ Facebook


Cuba vive actualmente un momento histórico de grandes transformaciones. Su lógica revolucionaria de desarrollo, centrada en las necesidades y en los derechos de la mayoría de la población, deja de ser estatizante y se abre a las colaboraciones público-privadas. La construcción del puerto de Mariel, el más importante del Caribe, promete nuevas posibilidades al desarrollo cubano.
El sector turismo, incrementado por la excelencia de los servicios – como en el sector médico y el alto nivel educacional de la mano de obra y la protección ambiental -, se amplía como estrategia prometedora de captación de divisas. El gobierno de Cuba se empeña en solventar el problema de la duplicidad de monedas; el peso cubano, utilizado por la población local, y el CUC, moneda convertible, obligatoria para los turistas y accesible a los cubanos en condiciones de pagar 24 pesos por un CUC. En fin, una serie de nuevas medidas está siendo estudiada y planificada para impulsar el desarrollo del país.
Lo que hay de original en la lógica del desarrollo de Cuba es precisamente su capital simbólico fundamentado en valores espirituales, como el sentido de la libertad y la independencia, de cooperación y solidaridad, que marca la historia del país, de la lucha de los esclavos a la implantación del socialismo. Muchos en el exterior ignoran cuán arraigada está en el pueblo cubano esa ética revolucionaria y apuestan a que en breve Cuba será una miniChina, políticamente socialista y económicamente capitalista.
Ese peligro existiría si Cuba abandonase lo que tiene de más precioso: su capital simbólico. El país no tiene muchos bienes materiales, y lo poco que tiene ha sido repartido para asegurar a cada habitante el derecho a la dignidad como ser humano.
Pocas naciones del mundo son tan ricas como Cuba en capital simbólico, encarnado en figuras como Félix Varela, José Martí, Ernesto Che Guevara, Raúl y Fidel Castro. Ese capital simbólico no es sólo procedente de la Revolución victoriosa en 1959. La Revolución lo potencializó. Es consecuencia de siglos de resistencia del pueblo cubano a los dominadores españoles y estadounidenses. Resulta de ese profundo sentido de independencia y soberanía que caracteriza a la cubanidad y marca la gloriosa historia del país.
Ahora bien, si la Revolución cubana tiene el propósito de durar como “sol del mundo moral”, en feliz expresión de Luz y Caballero que da título a la clásica obra de Cintio Vitier sobre la eticidad cubana, y si el desafío es perfeccionar el socialismo, la cuestión ética se vuelve central en los procesos de educación ideológica. Cada cubano debe preguntarse por qué Martí, que vivió casi quince años en los EE.UU., no vendió su alma al imperialismo ascendente. ¿Por qué Fidel y Raúl, hijos de un terrateniente, educados en los mejores colegios de la alta burguesía cubana, no vendieron sus almas al enemigo? ¿Por qué el Che Guevara, médico formado en la Argentina, consagrado como revolucionario en Cuba, ministro de Estado y presidente del Banco Central, osó franciscanamente abandonar todas las honras políticas y las facilidades inherentes al ejercicio de sus función es en el poder para ir a meterse anónimamente en las selvas del Congo y de Bolivia, donde lo encontró la muerte en un estado de completa penuria?
El capitalismo, con su poderosa máquina publicitaria, quiere que la humanidad tenga como sentido el tener, y no el ser. Quiere formar consumistas y no ciudadanos y ciudadanas. Quiere una nación de individuos, no una comunidad nacional de compañeros y compañeras.
El socialismo va en dirección contraria: en él lo personal y lo social son dos caras de la misma moneda. En él cada ser humano, independientemente de su salud, ocupación, color de la piel o condición social, está dotado de dignidad ontológica y, como tal, tiene derecho a la felicidad.
Ésta es la ética que debe ser cultivada para que Cuba, en el futuro, no llegue a ser una nación esquizofrénica, con política socialista y economía capitalista. El socialismo de una nación no se mide por los discursos de sus gobernantes, ni por la ideología del partido en el poder. El socialismo de una nación se mide por la amplitud democrática de su sistema político, emanado efectivamente del pueblo y, sobre todo, de su economía, de modo que todos, ciudadanos y ciudadanas, tengan iguales derechos a compartir los frutos de la naturaleza y del trabajo humano. Por eso yo considero el socialismo como el nombre político del amor.
Niño en chivichana en una calle del Vedado habanero. Foto: Desmond Boylan/ Facebook

La reaproximación de Cuba y los EE.UU. es vista con cautela por los cubanos. En mis visitas a la isla durante los últimos 15 meses, oí decir a cubanos que dicha reaproximación era inevitable. Sin embargo, “queda un largo camino por recorrer”, me dijo Fidel, que continúa lúcido y atento al noticiero. Y muy interesado por todo lo que pasa en el Brasil.
No basta con la nueva retórica de Obama. “Es necesario que los EE.UU. excluyan a Cuba de la lista de los países terroristas”, recalcó Fidel (lo cual sucedió tras el encuentro entre Raúl y Obama en Panamá, en abril del 2015), “y que suspendan el bloqueo”. En la reunión de la CELAC EN Costa Rica, en enero del 2015, Raúl Castro añadió: “Y que devuelvan la base naval de Guantánamo”.
Cuba recibe hoy tres millones de turistas al año. (Para vergüenza nuestra, el Brasil, con todo su inmenso potencial turístico, apenas recibe seis millones). La diferencia con nuestro país está en que Cuba tiene una política de Estado de implementación turística, y promueve turismos ecológicos, científicos y culturales; mientras que el Brasil, aparte de la carencia de una política apropiada para el sector, explota apenas el Carnaval, las playas y las mulatas…
Con la reaproximación entre Cuba y los EE.UU. se prevé que viajarán a Cuba cada año tres millones de estadounidenses. Lo que, por otra parte, es el temor para los cubanos. Además de que por ahora no dispone de la infraestructura adecuada par absorber a tantos visitantes.
Según los cubanos, los canadienses son respetuosos, discretos y de fáciles relaciones con la población local. Mientras que los estadounidenses cargan con tres acentuados defectos: la arrogancia (se creen los dueños del mundo); el consumismo (compran, desde los autos antiguos que aún transitan por las calles de La Habana, hasta mujeres…); y la manía de viajar sin salir de los EE.UU…. (lo que explica la existencia, en cada punto turístico del planeta, de MacDonald´s y redes hoteleras yanquis, como Sheraton, Intercontinental, etc.)
Incluso así, los dólares son bien recibidos en una economía deficitaria, a pesar de que se tenga conciencia de que la aproximación significa el choque del tsunami consumista con la austeridad revolucionaria.
Todo indica que, inicialmente, el flujo mayor de viajeros de los EE.UU. hacia Cuba estará motivado por el llamado “turismo médico”. Para el ciudadano común los tratamientos de salud en los EE.UU. son caros y precarios. Cuba, además de excelencia en esa área, internacionalmente reconocida, posee mucha experiencia en ortopedia. Y actualmente fabrica vacunas eficientes contra varios tipos de cáncer.
Ahora le queda a la Casa Blanca pasar del discurso a la práctica. Como me hizo notar Fidel, “ellos son nuestros enemigos y por tanto es necesario que cambien no sólo los métodos sino sobre todo los objetivos en relación a Cuba”.
Tomado de Cubadebate.