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martes, 4 de septiembre de 2018

Es imposible demostrar lo que no ocurrió y Estados Unidos lo sabe

En declaraciones exclusivas a Granma, Carlos Fernández de Cossío, director de la Dirección general de Estados Unidos de la Cancillería cubana, aseguró que ni siquiera la teoría de las posibles afectaciones provocadas por «microondas» respalda la multiplicidad y diversidad de síntomas que según el Departamento de Estado han sufrido los supuestos afectados y a medida que pasa el tiempo, los hace perder más veracidad




Foto: Archivo
La agenda mediática para mantener a la opinión pública atenta a los polémicos y controversiales argumentos que se tejen una y otra vez sobre los supuestos «incidentes» contra diplomáticos norteamericanos en La Habana, parece estarse cumpliendo cabalmente cada vez que retoman el hilo de esta mentira.
Ahora resulta que se reitera una de las viejas teorías, en la que se habla de posibles afectaciones provocadas por «microondas» y una publicación reciente del diario The New York Times hace referencia a nuevos testigos –sin nombres ni rostros– y hechos: vehículos que merodeaban las viviendas de los diplomáticos, desde los cuales «tal vez» o «posiblemente» se pudo haber emitido ondas que provocaran afectación cerebral.
En declaraciones exclusivas a Granma, Carlos Fernández de Cossío, director de la Dirección general de Estados Unidos de la Cancillería cubana, aseguró que ni siquiera esta teoría respalda la multiplicidad y diversidad de síntomas que según el Departamento de Estado han sufrido los supuestos afectados y a medida que pasa el tiempo, los hace perder más veracidad.
«Comenzaron por la teoría de ataques sónicos que no resistió el análisis de la comunidad científica y de la investigación policial realizada por ambos países. Acudieron entonces durante breve tiempo a la hipótesis de un ataque viral que fue desmontado por falta de sustento. Desde hace meses hablan de una contusión cerebral “sin que una contusión” haya tenido lugar y lo adjudican solo a cuatro de los diplomáticos», rememora Cossío.




Foto: Prensa Latina
Asegura el diplomático cubano que para esta última versión tampoco hay evidencias ni conclusiones apegadas a las ciencias que puedan sostenerse y por tanto, uno de esos medios de comunicación que desde los inicios está abordando el tema, ha sacado ahora la teoría de que pudieran ser «ondas» emitidas por microondas.
«Lo que sí se ha demostrado es lo que científicos de Cuba, Estados Unidos y otros países sostienen y que el Gobierno de la Isla está diciendo desde el principio, es que es falsa la existencia de ataques y eso lo sabe perfectamente el Gobierno norteamericano, porque ha tenido múltiples maneras de comprobarlo», reitera.
Recordó que en ningún momento ellos han permitido el acceso a las historias clínicas de los supuestos afectados ni han hecho referencia a padecimientos anteriores que pudieron haber tenido, ni han examinado las prácticas comunes de esas personas, que quizá podrían explicar en cierta medida los síntomas que según el Departamento de Estado se han reportado.
«No ha existido ni ataque ni acto deliberado contra ninguno de sus diplomáticos y el Departamento de Estado lo sabe. El uso del término “ataque” entraña una manipulación política deliberada que cumple con una agenda predeterminada y perjudica a ambos países», señaló el Director de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
Dijo que han venido acumulándose las teorías y esta se recicla en un momento en que existe una gran discusión sobre la rigurosidad científica del artículo publicado por la revista de la Asociación Médica Estadounidense (Jama, por sus siglas en inglés), sobre este tema e incluso, desde el propio momento en que salió a la luz pública en febrero de este año, los propios editores de la publicación recomiendan «cautela» sobre los resultados a que arriban, por no estar debidamente probados y aclaran que la revista no se responsabiliza por ellos.
Aseguró que al igual que ha ocurrido con todas las teorías que se han ido manejando durante casi un año y la especulación sin fundamentos sobre estos temas, es extremadamente frágil lo que se sustenta en esta ocasión.
«Ninguna teoría sin fundamentos resistirá por mucho tiempo el escrutinio público y científico, y esta se desmoronará por sí misma, como ha pasado hasta ahora», concluyó.

Tomado de Granma

jueves, 14 de junio de 2018

El Che a sus 90

Por: María del Carmen Ariet García
Publicado en: La columna del Che

Volver en continuo renuevo, como enunciara Roa, deviene una expresión certera acerca de cómo y en qué forma se presenta el Che en cada una de las remembranzas que queremos y necesitamos aquilatar. Debemos asumirlo de forma sugerente y con un compromiso inalterable, no con simples frases para dejar constancia de su entrega a las causas justas —que sin dudas supo hacer como nadie?, pues sentimos que el mejor modo de pensarlo en su natalicio es como ese aliento cotidiano, contrario a la manera en que se pretendió borrarlo impunemente.
Cada año se habla del hoy, de su presencia perenne, de su eterna juventud y de sus virtudes éticas, todas expresadas en frases a veces grandilocuentes, aunque en su mayoría respetuosas y conmovedoras. No obstante, nos queda la sensación de no poder alcanzar su verdadera dimensión, o quizás, aun peor, el sentirlo poseedor de una infinitud que bien se sabe no hubiera compartido; por eso, en el 90 aniversario de su natalicio valdría la pena intentar resaltarlo, capaz de interponerse ante la solemnidad impuesta por una muerte salvaje que no mereció y de la que siempre nos vamos a culpar, aun cuando se distancie en el tiempo, en las vivencias y recuerdos particulares.
Así pudieran tejerse y mezclarse a la vez imágenes y pensamientos construidos con el propósito esencial de hacernos un poco mejores. Cuántos sueños, búsquedas y hechos se presentan en la vida y la obra del Che que trasciende y nos trascenderá, consciente de que nada de lo hecho perseguía esos objetivos, solo el disfrute pleno de hacerse a sí mismo para servir a los demás con paciencia a veces, con prisa constante, pero sobre todo con entrega infinita, esa que convence solo de saber que nunca exigió, pidió o realizó lo que no fuera capaz de alcanzar por su tesón y voluntad.
De pronto y de forma abrupta se nos presenta una realidad innegable, de esos 90 que conmemoramos solo vivió 39, que parecen y son pocos para tanto batallar. La cantidad asombra porque de todos los años transcurridos, 51 de ellos pertenecen a la inmortalidad, mas, sin embargo, cuánto aliento, cuánta belleza en su rostro y cuánta presencia vital permanece; indicadores que impulsan a preguntarnos y a respondernos al unísono una verdad incuestionable: solo el buen obrar es capaz de mantener la acción de la entrega.
Para los jóvenes, sobre todo, se escriben estas líneas, para que se sientan estimulados a indagar en una biografía que debe tener como premisa el despojarse de frases ambiguas y estereotipadas, tan molestas e irritantes cuando se alejan del deseo y la ambición de lo cotidiano y de la comprensión del porqué se debe acompañar nuestra vida de una conducta o un anhelo en el que se sienta el renacimiento de las aspiraciones más nobles como seres humanos y por encima de todo, el aprender a valorar conductas que pudieran marcar metas y logros que nos enriquezcan.

1. El joven Ernesto

Cómo se veía y cómo quería o quiso ser, es siempre una pregunta imprescindible cuando se busca aquilatar el verdadero valor de una existencia que se presenta como un paradigma. Estar de acuerdo o no con esas apreciaciones y cómo se deben obtener esas respuestas, es sin dudas la vía más precisa y segura para convencer y actuar. Para cualquier joven inquieto en constante indagación de su entorno y de su yo interior, una simple inspección descubre los momentos y particularidades en que el joven Ernesto trató de satisfacer apetencias e inquietudes, y aunque no se compartan todas, algunas son tentadoras como propuestas de vida.
Al afán de alcanzar un conocimiento mayor surgió, de forma inquisitiva, una avidez por la lectura la que asumió como suya a lo largo de toda la vida y, aunque no se repita en la forma, salvando incluso las distancias de la época y sus costumbres, el método personal y auto-impuesto de lecturas para su placer demuestra la posibilidad real de realizarlo como un reto que va creciendo, como una necesidad espiritual, capaz de ir completando espacios necesarios para responder inquietudes o simples dudas.
Ahí está la presencia de un Cuaderno filosófico que construye para sí a los 17 años y que en diferentes formatos lo extiende a lo largo de su vida, hasta su muerte en Bolivia. No es la obra de un erudito, es la intencionalidad de su elaboración la que sirve de pautas para medir los caminos que los seres humanos somos capaces de construir cuando sentimos el impacto y la fuerza de lo desconocido y aspiramos a alcanzar respuestas consecuentes ante tantas interrogantes.
De esa forma, se suma otra de sus cualidades más sobresalientes que sin la primera no podía haberse producido con la fuerza en que se presenta, la acción práctica para obtener o culminar las respuestas no satisfechas con solo las lecturas. Comienza así la aventura de los viajes, que cambian en objetivos y principios con el tiempo, pero que no dejan de conmover al viajero, aunque la mirada y las complejidades del actuar sean diferentes.
Mirar y comprender fueron fuentes fidedignas para recomponer un mar infinito de preguntas y también para aumentarlas hasta alcanzar las rutas necesarias para estimular el espíritu y comenzar a auscultar el entorno y el sujeto actor de la inmensidad que separa a un neófito de un conocedor en ciernes. Sentir esa necesidad se torna infinita hasta el final de su vida, sabedor de la profundidad y lo escabroso del camino, pero también de la satisfacción de poder alcanzar o al menos intentar acercarse a lo mejor de lo humano por esfuerzo propio, lección que aprendió y asumió como suya desde que, en un viaje en solitario y con bicicleta en mano, se decidiera por un futuro incierto y del que no tuvo retroceso. Una “aventura” indetenible con un agregado sustancial: el compromiso de hacerse mejor.

2. Por caminos de Revolución

Los momentos más conocidos y más divulgados de la vida de Ernesto-Che se encuentran en su presencia y actuar dentro de la Revolución cubana, pero tanto desde el comienzo de la lucha y más tarde a partir del triunfo de la misma, surgían preguntas acerca de las motivaciones que lo llevaron a un camino tan arduo y desconocido, en parte.
Muchas de las posibles respuestas las hallamos en los antecedentes explicados, a través de los cuales encuentra, en primer lugar, un sentimiento comprometido con los seres humanos, aquellos con los que compartió desde lo más simple hasta quimeras aparentemente inalcanzables.
En la vida de Ernesto-Che existe por decisión incuestionable su inmensa vocación humanista, más allá de modos y modas, y lo más importante, acompañada de una dosis profunda de reflexión y pensamiento desde posiciones políticas e ideológicas, cuando asume el marxismo como su filosofía de vida. El que para muchos estas precisiones se escapen o diluyan no indica más que desconocimiento de un proceso ascendente que asume para demostrarse a sí mismo su capacidad y decisión de alcanzar un compromiso con ese ser humano desposeído y explotado, el que lo conduce por los caminos de radicalización y de revolución de manera integral.
Como afirmara en carta a su madre, “el camino fue largo, pero sin retroceso”, demostrado en sus ansias de luchar por hacer de su entorno y del medio algo más justo y de todos. Aun no conocía a profundidad el cómo, dónde y cuándo, pero sí sabía de su decisión irrevocable, más allá de interrogantes; tampoco podía valorar las dificultades y lo escabroso del camino decidido, excepto la necesidad indetenible de enfrentar esos retos.
Por ello, aprendió primero, que para entrar en revolución esta debía ser profunda y radical, al decir de Martí, desde la propia raíz. En ese punto de inflexión comenzó a percatarse que no basta el deseo de cambiar, que si no va acompañada de una decisión mayor de transformación no sería posible alcanzarla, pero además, pudo valorar conceptos y estructuras mentales y materiales que solo logran emplearse, fuera de los textos leídos, cuando se conoce la necesidad de cambiar esquemas acompañadas de un proceso donde el sujeto se convierta en el actor principal de los cambios imprescindibles, si en verdad se está dispuesto a conquistar el porvenir.
Sin adentrarnos en detalles de su enorme capacidad para enfrentarse a tareas y funciones desconocidas, lo que se presenta de forma inmediata es su resistencia, su voluntad y su compromiso para asumir todo lo que realiza con un punto de miras inobjetable, hacer y avanzar para construir un mundo mejor junto con un hombre superior. Es en ese derrotero que se explica el porqué la importancia del estudio profundo y creador para obtener esa meta irrenunciable; así pudo comprender del valor y la determinación de luchar por cambios profundos marcados por la intención de barrer con un poder de dominación inconsecuente y selectivo que excluían a la mayoría. Es ahí, donde se convence y actúa en aras de alcanzar el socialismo como la alternativa posible para construir un sistema capaz de humanizar al mundo y su entorno.
Ese camino de revolución, de manera consecuente y con su propio esfuerzo y tesón lo construyó junto con la vanguardia de la Revolución encabezada por Fidel y con la participación consciente de todo un pueblo dispuesto a conquistar el futuro y así lo hizo. El poder mencionar múltiples hechos y huellas demuestran su constancia, pero cuando se trata de hablar de ejemplo y ética más allá de hechos particulares, lo importante es comprender la dimensión en que se sitúa lo irrevocable, lo que contribuye a comprender el porqué, después de obtener una vida plena en anhelos y logros personales, no bastó y decidió continuar un ascenso complejo y repleto de escollos, a sabiendas de que esta vez se trataba de medir fuerzas contra lo irracional de un poder supremo incapaz de detenerse aun cuando terminara en un holocausto.
¿Sabía y percibía a qué se enfrentaba? Si se puede comprender el valor y el poder de las fuerzas indetenibles que estremecen desde el interior, sin dudas la respuesta es afirmativa, solo que sigue siendo muy difícil de entender a pesar de su humanismo. Resulta doloroso encontrar las palabras precisas para detenerse a pensar en un final que, aunque probable, no es aceptado. Es ahí donde, a pesar del acto definitivo, se produce la encrucijada y la necesidad de interpretar su otra dimensión y su conversión a la inmortalidad.

3. En los 90 y la encrucijada

Cómo sintetizar en un solo ser tanta fuerza y voluntad, traducido en un conocimiento profundo, en amor al prójimo y en entrega total, obliga a un resumen casi inalcanzable, por la manera en que lo hizo para sí y para los demás.
Se abren en una sola visión panorámica los paisajes y los hombres con los que pudo sentir y vibrar desde diversas coyunturas y realidades, pero siempre desde un humanismo pleno que sostenía como principio no establecer diferencias irreconciliables, solo las propias de sus particularidades emanadas de la tradición y la cultura, valores superiores que lo nutren de un pensamiento y acción universales y que, en parte, nos explica el modo en que es apreciado y comprendido en cualquier región del mundo, entre hombres sin distinción de razas, solo con la sensibilidad y la fuerza suficiente para compartir las mismas actitudes y las mismas ansias de vivir en un mundo de justicia y paz en el que todos vivamos sin extorsión y con disfrute pleno a partir de nuestros esfuerzos y voluntad.
Así llegamos a los 90 de un hombre cuya divisa fue y es construir y compartir un mundo mejor entre todos, con la convicción de que se puede y se debe luchar por alcanzarlo aun cuando varíen los métodos y circunstancias, siempre con el deseo de lograr la unión íntegra; solo así se podrá hacer realidad y hablar de un legado que pertenece a todos, pero que se debe conquistar con la fuerza universal de un hombre que por elección decidió llamarse de forma breve: CHE.
(Tomado de Contexto Latinoamericano)

Maceo y Che: paradigmas de la historia cubana

Cada 14 de junio se recuerda en Cuba el natalicio de dos héroes, Antonio Maceo Grajales y Ernesto Che Guevara.
Maceo y Che
(Foto: Tomada de Internet)
Llega el sexto mes del año y los cubanos pensamos en una fecha significativa: el 14 de junio. Ese día, quiso la historia, hacer coincidir el natalicio de dos grandes hombres. Por su talento y rebeldía Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna se igualan en el tiempo, se unen por su lucha a favor de la independencia del pueblo cubano.
Bravura y entereza los distinguen. Aunque llegaron al mundo en siglos diferentes, la fecha resulta propicia para que cada año la Mayor de las Antillas les rinda merecido tributo a estos dos héroes.
Ochenta y tres años separan sus nacimientos, pero muchos son los puntos en contacto entre estos dos hombres. Maceo, urgido por las circunstancias del exilio, recorre varias naciones de América Latina, mientras que el guerrillero cubano-argentino, llevado por su afán de conocimientos y aventuras, también transita por gran parte de la geografía latinoamericana.
Ambos, en su momento y como parte de las luchas por la independencia de Cuba, protagonizaron la invasión de Oriente a Occidente. El Titán de Bronce, junto al Generalísimo Máximo Gómez, evidenció sus cualidades excepcionales de estratega militar durante la epopeya de 1895, y sus gloriosas heridas en combate fueron sus más preciados trofeos de guerra.
Muchos años después, a finales de 1958, el Che reeditó junto a Camilo Cienfuegos otra invasión de Oriente a Occidente durante la guerra de liberación contra la tiranía de Fulgencio Batista.
Profundo sentido de dignidad y humanismo caracterizó a los dos combatientes, que, como detallan los estudiosos de sus vidas, siempre buscaron conocer las inquietudes y anhelos de los soldados bajo su mando.
Tanto Maceo como el Che se preocuparon por la suerte de otros pueblos del mundo. El protagonista de la Protesta de Baraguá expresó su deseo de combatir también por la libertad de Puerto Rico, mientras que Ernesto Guevara partió hacia otras tierras preocupado por la suerte de los más humildes.
La historia se ha encargado de unir a estos dos valerosos y honestos hombres, que dejaron una profunda huella en la contienda de Cuba, pero también de toda América Latina.
De ellos diría el líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz:
«Maceo era ya un personaje legendario cuando el Che vino al mundo. Si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América. Ambos fueron invasores de Oriente a Occidente; ambos murieron en combate; ambos son hoy símbolos insuperables de valor e intransigencia revolucionaria».