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lunes, 10 de abril de 2017

Las lecturas del joven Fidel

 Graziella Pogolotti
Graziella Pogolotti
8 de Abril del 2017 
A veces, escuchando sus discursos se me escapaba una sonrisa cómplice. Reconocía, en alguna cita, las lecturas compartidas en nuestros estudios de bachillerato. Nos separaban pocos años de edad, y el plan de estudios seguía siendo el mismo, con su buena dosis de literatura española del Siglo de Oro, ese maravilloso grito paralelo a un país empobrecido, obligado a entregar a sus acreedores la plata que le venía de las colonias, atrapado por una implacable deuda externa, fuente nutricia del capital originario de los países que emergían en el norte de Europa. Un librito, aparentemente periclitado en el tiempo, nos seguía ofreciendo las cien mejores poesías de la lengua española, desde la simpática y pícara vaquera de la Finojosa, hasta la severa Epístola Moral a Fabio, tan previsora respecto a los peligros que entrañan las ambiciones cortesanas.
Fidel fue desde siempre un lector omnívoro. Tenía que someterse, en razón de trabajo, a aburridísimos informes. Abordó textos científicos relacionados con la naturaleza. Con las prácticas agrícolas, con el origen del universo, con el cambio climático y con el devenir de la historia. Lo hacía de manera eficiente y provechosa. Tal y como ocurría en sus frecuentes diálogos personales, sometía el texto a infinidad de interrogantes. Organizaba la información e interconectaba los hechos, clave de la verdadera cultura, según Alejo Carpentier, porque no se trata de sumar referencias en una acumulación cuantitativa sin término, sino de aventurarse en la búsqueda del sentido de las cosas. Por eso, supo mirar más allá del horizonte y advertir a tiempo los peligros que se cernían sobre el destino de la Isla, tan inevitablemente ligado al de la humanidad toda. Leer es un modo de escuchar voces del ayer, que iluminan los caminos del hoy y del mañana.
Lector de materiales científicos fue, ante todo, un humanista. Tras los libros que devoró aparece el hombre informado que persigue, en última instancia, la permanente e interminable formación, ese proceso de autosuperación que no concluye mientras se conserve la lucidez y el palpitar de la vida, y se revele en la capacidad de sentirnos diferentes en cada amanecer. Porque hasta los sueños que nos acompañan en las noches son fecundantes. Para quien la disfruta, la literatura es un goce  innombrable. Consuela y acompaña. También puede tener propósitos utilitarios. Acrecienta el dominio del idioma en sus infinitos matices. Contribuye a entrar en lo profundo del ser humano. Empresa imposible sería intentar el recuento de cuanto llegó a leer Fidel. Hay, sin embargo, una etapa que ofrece datos reveladores. Son los duros tiempos de la cárcel de Isla de Pinos, reciente todavía la dolorosa experiencia del Moncada. Pero, sobre el pasado, pensaba él, se construye el futuro en un bregar que no tiene pausa, aun en circunstancias dramáticas. Entonces, hay una fuerza que mueve montañas y levanta el ánimo de las personas. Es palabra breve y poderosa, se llama fe. Aunque asociada a creencias religiosas, su origen remoto está en el sentido de la vida. Se traduce en la capacidad de transformar el presente fundando, desde el fondo de una cueva, las bases del porvenir.
De la estancia de Fidel y los moncadistas en la isla, sabemos lo que nos dice su correspondencia. En ella se descubre el estricto plan de estudios al que se sometieron todos, porque el acicate por saber es llama de vida. Por esa vía detectamos, así mismo, las marcas de algunas lecturas de Fidel. Visto el conjunto de las obras mencionadas, diseñó para sí el equivalente de la entonces nombrada carrera de Filosofía y letras. No faltó Marx, pero aparece también, durísimo de tragar, Immanuel Kant. El filósofo alemán es materia de difícil digestión. Hay que leerlo dos veces, explica el joven lector. La primera es un andar entre rocas que se vuelve transparente al regresar sobre ellas.
En aquella singular biblioteca, construida mediante solicitudes a amigos y compañeros, no faltaban textos fundamentales de Derecho. No pude dejar de sonreír al detectar gramáticas griega y latina. El fondo literario era considerable. No faltaban autores hoy preteridos, pero manoseados por los lectores de mi generación, que es la suya. Así ocurre con Anatole France. Abundan los clásicos de todos los tiempos, con énfasis muy particular en Balzac y Dostoyevski. En el listado que tuve entre las manos, muy cerca de este último, pude encontrar a Sigmund Freud. Ante tanta diversidad de autores, me parece comprender que disfrutó las letras, como lo comprobaría más tarde García Márquez. Lo hacía con el interés suplementario por introducirse en los vericuetos más íntimos del alma humana, aquellos que se transparentan ante la mirada atenta y aquellos otros, impredecibles, inexplicables, contradictorios. Es probable que las interrogantes acerca de los misterios del ser contribuyeran a la presencia numerosa del autor de Crimen y castigo. En Fidel la necesidad de entender respondió a una sed nunca apaciguada que tuvo un resultado práctico, esencial para quien se dedica al ejercicio de la política. En última instancia, el imprescindible diálogo con las masas funciona en la medida en que estas últimas no se homogeneizan y compactan en un interlocutor abstracto.  Están formadas por personas concretas, unidas por los múltiples hilos del razonamiento y los pálpitos del corazón. Por eso, un pueblo viril no llora, aferrado como está a preservar su dignidad.
Con permiso de JR, me atrevo a añadir algunas líneas. En esa biblioteca plural, el centro de gravitación estaba ocupado por José Martí. Lo había leído. Lo siguió leyendo siempre.
Libro de cabecera, las marcas dejadas por Fidel en el texto que lo acompañó en esos difíciles días, evidencian rasgos esenciales de la interconexión con el pensar y el sentir del autor intelectual del Moncada.
Vale la pena recoger algunos pasajes seleccionados por Fidel:
«Respetar a un pueblo que nos ama y espera lo mejor de nosotros, es la mayor grandeza». A lo que se añade: «Nuestro país piensa ya mucho y nada podremos en él sin ganarle el pensamiento». Y en otra parte: «en alma perezosa, no se saca fuego por falta de escopeta». Cierro esta fusión de ética y política con la definición de patria: «Patria es comunidad de interés, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas».
TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

martes, 4 de abril de 2017

Fidel Castro: “Sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas”

Fidel Castro en la escuela 6 de agosto de Birán. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro en la escuela 6 de agosto de Birán. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.
La juventud cubana desempeña un papel de extraordinario valor, como no lo ha hecho ninguna otra juventud, en la educación y en la defensa del país. Los jóvenes expresan sus valores de altruismo, valentía, modestia, sacrificio, solidaridad, valores éticos y morales y responsabilidad.
La Unión de Jóvenes Comunistas arriba a su 55 aniversario y la Organización de Pioneros José Martí a sus 56 años de vida. Las nuevas generaciones, llenas de retos y desafíos, buscan lograr marcar una pauta en la historia de Cuba. Los jóvenes cubanos tienen planteada una batalla ideológica fuerte, mantener los logros de la Revolución Cubana en los sectores de la educación, la salud, el aumento progresivo de la economía, entre otros.
En la inauguración del Campamento de pioneros José Martí en Tarará, el 20 de julio de 1975, Fidel expresó:
“Los pioneros están conscientes de la importancia que tiene para la Revolución esta organización, de la importancia que tiene para el futuro del país esta organización”,
El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana siempre tuvo presente a los jóvenes. La interacción entre las nuevas y las viejas generaciones siempre fue fundamental para el desarrollo del país; de ahí que expresara en la entrega de la fortaleza militar al Ministerio de Educación en Holguín, el 24 de febrero de 1960:
“Y en eso es en lo que más debemos pensar: en los niños de hoy, que son el pueblo de mañana.  Hay que cuidarlos y velar por ellos como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil”.
Fidel siempre tuvo fe en los jóvenes y se planteó disímiles objetivos. Uno de ellos es ¿Cómo lograr que esta juventud tuviera valores revolucionarios, altruista, de sacrificio, de una ética y moral elevada? expreso el 13 de marzo de 1962, en el Parque Central de Melena del Sur:
“¿Y qué juventud queremos? ¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¡No! Queremos una juventud que piense (…) una juventud que aprende por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento”.
En Cuba, siempre ha sido prioridad la atención a esta esfera de la sociedad y la confianza que ha depositado Fidel en los jóvenes. En respuesta al Mensaje de la Juventud Comunista, el 4 de abril de 1962, el líder histórico de la Revolución comentó:
“Creer en los jóvenes es ver en ellos, además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la Patria, fe en la Patria! ¡Amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas!”.
Para conocer del ideario y la acción del líder de la Revolución cubana, visite el sitio Fidel Soldado de las Ideas.
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Fidel junto al niño Elián González. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel junto al niño Elián González. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro con pioneros cubanos. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro con pioneros cubanos. Foto tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas.

ARTICULO TOMADO DE CUBADEBATE

lunes, 15 de agosto de 2016

Cuando las ideas desbordan un siglo

Yoerky Sánchez Cuéllar
13 de Agosto del 2016 23:20:04 CDT
La imagen más nítida que guardo de Fidel es la de aquella noche del año 2000 cuando, luego de una intensa jornada de trabajo, departió con un grupo de jóvenes en su oficina del Consejo de Estado.
Eran los inicios de la Batalla de ideas. Y preparábamos una tribuna contra el robo de los fondos cubanos congelados en Estados Unidos. Precisamente, unos días antes el Comandante visitó Naciones Unidas para la Cumbre del Milenio. En su discurso denunció las sucias campañas del imperialismo y su intención de arrasar con los pueblos, aunque para la prensa mundial el clímax de su presencia en Nueva York fuese el breve y cortés saludo con el entonces presidente Clinton, en uno de los pasillos del salón de conferencias.
Con su típico uniforme verde olivo, estaba ahora ante nosotros. Y mientras cada uno de los pioneros, estudiantes de la FEEM y la FEU perfilaba su discurso, Fidel caminaba y caminaba frente a nuestras sillas, hacía preguntas, lanzaba una broma y era uno más en el pequeño equipo juvenil que al día siguiente saldría a un combate con las municiones del pensamiento.
Me impresionaron aquellos pasos de Fidel. Parecía que su desplazamiento de un extremo al otro de la alargada mesa marcaba la velocidad de sus ideas, con un ritmo casi imposible de imitar. Pero el constante crujir de sus botas de guerrilla no le impedía que se concentrara en cada frase, ni entorpecía su disposición al ameno diálogo. Lo noté muy cercano y a la vez como venido de otros siglos, de un espacio reservado a los profetas que dejan huellas y de cuando en cuando las revisitan.
Entonces imaginé al joven que convocó al rescate de la campana de La Demajagua, al que entraba y salía de la casa de Prado 109 para organizar el Movimiento con otros valerosos jóvenes, al que se lanzó a la conquista de un sueño en el Moncada, al que desafió al mar en la épica expedición, al que honró a Martí en el Turquino y lo eternizó en el pueblo. ¿Podría lograrlo con paso entrecortado y lento?
Fidel siempre se ha sentido como el inquieto rebelde de la colina universitaria. Nunca perdió la agilidad y la destreza que requieren las obras grandes, sobre todo, cuando se trata de derribar molinos y enfrentar acechos, con toda una isla sobre los hombros. Y mientras los años pasaban y el cuerpo sentía las marcas del implacable tiempo, Fidel generaba las más renovadoras ideas.
Cómo no recordar sus lecciones a la juventud, cuando en aquella Reflexión titulada Regalo de Reyes, decía: «A los revolucionarios más jóvenes, especialmente, recomiendo exigencia máxima y disciplina férrea, sin ambición de poder, autosuficiencia, ni vanaglorias. Cuidarse de métodos y mecanismos burocráticos. No caer en simples consignas. Ver en los procedimientos burocráticos el peor obstáculo. Usar la ciencia y la computación sin caer en lenguaje tecnicista e ininteligible de élites especializadas. Sed de saber, constancia, ejercicios físicos y también mentales».
Recientemente leía cómo Haydée Santamaría recordaba aquellas zancadas de Fidel, cuando visitaba a Abel en el apartamento donde se fraguaban los planes para la futura epopeya, como si en sus horas —con sus pasos de gigante— se decidiera el porvenir.
Cuando las ideas desbordan un siglo, el tiempo se torna estrecho para el hombre mayúsculo. Y comienza una batalla en la que cada segundo ha de cargarse de hora, y cada hora llenarse de día. La única forma de encauzarlas es, entonces, insuflándole arrestos, para que la victoria mueva las manecillas a su favor y el decursar nos premie con nuevos amaneceres.
Ayer celebramos los 90 del líder rebelde y la alegría de tenerlo entre nosotros como un caudal de amor e inteligencia. Y en los más jóvenes, que sentimos el latir de su uniforme verde olivo, queda la obra que él cultivó desde sus años de estudiante, con la impronta de sus largas zancadas.

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

Reconocidos artistas crean murales en homenaje a Fidel

Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.





















Artex convocó a importantes artistas cubanos, quienes reunieron su creatividad en dos murales dedicados al 90 cumpleaños de Fidel. Las obras fueron develadas este jueves en la sede central de esa entidad y entregadas al secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y miembro del Buro Político, Ulises Guilarte de Nacimiento, quien los hará llegar al líder de la Revolución Cubana en nombre de los artistas y de todos los trabajadores de dicha institución de la cultura cubana.
Fueron un total de 16 los pintores encargados de dar vida a los dos murales. José Luis Fariña y Carlos Guzmán tuvieron en sus pinceles las figuras principales de cada uno, ambas son retratos de Fidel. Luego, otros 14 artistas se hicieron cargo del resto. Ellos son: Eduardo Roca “Choco”, Flora Fong, Ever Fonseca, Alicia Leal,  Maikel Herrera, Roberto D. González , Juan Moreira, Ileana Mulet, Eduardo Abela, Alicia de la Campa, Sinecio Cuétara, Yasbel Pérez y los hijos de Flora: Lian y Li Domínguez.



Jose Luis Fariñas, creador del Fidel que se ve detrás en el mural. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.

Además, Artex, con la producción del sello discográfico Bis Music, tiene un proyecto audiovisual denominado Fidel, Cuba, Revolución, que pretende recoger en un documental todo el proceso de creación detrás de los murales y entrevistas a los artistas. 
Migdalia Torres, vicepresidenta de Artex, fue la encargada de hacer entrega a Ulises Guilarte de ambas obras, para que sea él quien las haga llegar a Fidel.
Eduardo Roca "Choco" durante el proceso de creación de los murales en el Sauce. Foto cortesía de Artex.
Eduardo Roca “Choco” durante el proceso de creación de los murales en el Sauce. Foto: Marianella Dufflar.


En el acto participaron también varios de los autores, Rubén del Valle, director del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Nereida López Labrada, secretaria general del Sindicato de los Trabajadores de la Cultura, entre otras autoridades de la cultura y de la provincia.









Público asistente a la sede de Artex para contemplar la inauguración de las obras. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
Trabajadores e invitados a la sede de Artex para contemplar la inauguración de las obras. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
De izq a der los pintores Maykel Herrera, Alicial Leal y Jorge Pereira, junto a Ulises Guilarte y Rubén del Valle, presidente del Consejo de las Artes Plásticas, develan uno de los murales. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
De izq a der los pintores Maykel Herrera, Alicial Leal y Jorge Pereira, junto a Ulises Guilarte y Rubén del Valle, presidente del Consejo de las Artes Plásticas, develan uno de los murales. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
Ulises Guilarte saluda a Flora Fong, Ever Fonseca y Roberto D. Gonzaález. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
Ulises Guilarte saluda a Flora Fong, Ever Fonseca y Roberto D. Gonzaález. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
De izq. a der. los artistas José Luis Fariñas, Ileana Malut, Maykel Herrera, Alicia Leal, Jorge Pereira y los hermanos Li y Lian Fong. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
De izq. a der. los artistas José Luis Fariñas, Ileana Mulet, Maykel Herrera, Alicia Leal, Juan Moreira y los hermanos Li y Liang Domínguez Fong. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.

  
 Tomado de Cubadebate