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viernes, 25 de septiembre de 2015

El Papa entre Cuba y Estados Unidos



 
La Habana.- La iniciativa de recurrir al papa Francisco para que interviniese en la reanudación de relaciones diplomáticas entre los EE.UU. y Cuba fue del senador estadounidense Patrick Leahy. Católico, demócrata  y amigo de Cuba, envió una carta al papa el año pasado insistiendo en que aprovechase el poco tiempo que le queda a Obama en el poder para lograr la aproximación entre ambos países.
A mediados del 2014 Francisco convocó al Vaticano al cardenal Jaime Ortega, de Cuba, y le confió dos cartas, una para Raúl Castro y otra para Obama, con la propuesta de reconciliación. El papa prefirió no correr el riesgo de recurrir a un cardenal de los EE.UU. para enviar la carta a la Casa Blanca, receloso de que la influencia anticastrista en ese país echara a perder el objetivo de la misión.
Después de entregarle su carta al presidente cubano el cardenal viajó a Washington y, fuera de la agenda oficial, fue recibido por el presidente de los EE.UU., quien dio su aprobación al tenor de la correspondencia. A continuación se iniciaron los encuentros entre delegaciones de ambos países en territorio neutral: Canadá. Todo bajo sigilo, para evitar resonancias negativas, sobre todo entre los “duros” que rodean a Obama.
El 17 de diciembre del 2014 los dos presidentes, a la misma hora, anunciaron la decisión de aproximar a sus países. Un detalle curioso: el 17 de diciembre es la fecha del cumpleaños del papa Francisco y el día de la fiesta religiosa más popular en La Habana: la peregrinación al santuario de San Lázaro, a quien muchos atribuyeron el “milagro” del comienzo de la distensión entre los EE.UU. y Cuba.
De los pronunciamientos del papa en La Habana destacan, en el saludo al desembarcar, el énfasis en que ya nos encontramos “en la tercera guerra mundial, hecha por etapas” y, en la misa campal en la Plaza de la Revolución, su llamado en favor de las negociaciones de paz que se desarrollan en la capital cubana entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Un papa no improvisa. Ni cuando predica un sermón. Considerado infalible en cuestiones de fe y de moral, todos sus pronunciamientos son leídos después de una cuidadosa preparación. Francisco dejó a un lado la regla y la tradición. La tarde del domingo 20 apartó lo que llevaba escrito y, conmovido por el testimonio de una joven religiosa que cuida a portadores de deficiencias, exhortó a los religiosos y al clero a abrazar la pobreza y la misericordia.
Los cardenales de la Curia Romana que le acompañan en este viaje a las Américas deben haber entrado en pánico, imaginando lo que sucedería si el papa dijera algo equivocado o dudoso.
Francisco criticó duramente a los que, en la Iglesia, se apegan al dinero. Declaró que es una bendición de Dios cuando una institución religiosa es tan mal administrada que acaba en déficit. Combatió también el moralismo de los sacerdotes incapaces de perdonar a los penitentes. Me acordé de un pintor amigo a quien encontré en el aeropuerto la noche de mi salida para Cuba, desolado porque decidió ir a confesarse y el sacerdote le había hecho una perorata farisaica al oír que él era casado por segunda vez.
“Sean misericordiosos como Jesús”, dijo Francisco a los sacerdotes. Y recordó la frase de san Ambrosio: “Donde hay misericordia, allí está el Espíritu de Dios. Donde hay rigidez, ahí están  Sus ministros…”
Ahora en los EE.UU. el papa Francisco enfrenta la etapa más difícil de su viaje a las Américas. En plena campaña electoral por la sucesión de Obama, cualquier cosa que diga agradará o desagradará a republicanos y demócratas. Hoy, por primera vez en la historia, un papa hablará en el Congreso de los EE.UU.  Y mañana disertará en la asamblea general de la ONU. Éste deberá ser su pronunciamiento más contundente. El sábado y el domingo, en Filadelfia, enfrentará los polémicos temas de los nuevos perfiles de la familia, el género y la sexualidad.
Juan 23  hizo una revolución en la Iglesia al convocar el concilio Vaticano II (1962-1965).  Francisco la hace en la Iglesia y en el mundo al explicitar la dimensión social, política y económica del mensaje evangélico.
Frei Betto es escritor, autor de la novela policial “Hotel Brasil”, entre otros libros.
TOMADO DE CUBADEBATE


martes, 22 de septiembre de 2015

Lecciones de un domingo



Por: Rolando López del Amo


 El Papa Francisco nos proporcionó este domingo, 20 de septiembre del año 2015, las bendiciones de la sabiduría, que llegaron hasta nuestros hogares gracias a los esfuerzos de la televisión cubana. La esencia de lo enseñado consiste en el papel del diálogo y la solidaridad para construir la amistad social. El proverbio africano que el Papa citó es muy esclarecedor: Si tienes prisa, anda solo. Pero si quieres llegar lejos, anda acompañado. Como dice otro proverbio africano, cada anciano es una biblioteca. La otra gran enseñanza, esta vez cristiana: el servicio al prójimo, especialmente al más necesitado.

José Martí decía que la vida está en la compañía y en el sacrificio. El sabio chino antiguo, Laozi, creía que vivir es estar en relación, porque el ser humano, como descubrió el griego Aristóteles, es un ser social.

Escuchando al Papa Francisco pensé en mi propia vida. Al año de nacido fui bautizado y a los ocho de edad hice, por voluntad propia, la primera comunión, que también fue la última, porque no me aportó lo que había imaginado. Para decepción de mis tías paternas no me incliné a la carrera sacerdotal. Tampoco abracé la fe de mi abuelo materno, quien fuera  presidente de la Sociedad Espírita de Cuba y ganador de un premio literario en una feria iberoamericana de Sevilla con su libro Nuevos Derroteros, en el que explicaba los fundamentos de la doctrina espiritista de Allan Kardec e incluía algunos testimonios cubanos.

Sí ingresé, en mi adolescencia, en la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad , la organización juvenil de la masonería cubana, conocida por sus siglas: AJEF. En 1958 fui electo para presidir la organización, propuesto por mi logia, Baraguá, que habíamos fundado, por iniciativa del combatiente del Movimiento 26 de Julio, Arnold Arafet, como homenaje al 26 de Julio en 1957.

En mi condición de Presidente de los AJEF, me correspondió ser Vicepresidente de la Agrupación Nacional de Organizaciones Juveniles de Cuba, que ese año presidía el representante de la juventud bautista. También formaban parte de la Asociación las organizaciones juveniles católicas y la organización de los niños exploradores.  Cuba  sufría entonces la sangrienta tiranía de Batista y los jóvenes y los mayores, aprendimos la importancia de la unidad, a pesar de algunas diferencias, en el esfuerzo para poner fin a la dolorosa situación que vivía el país.

En mi centro de trabajo, la Estación Terminal de Ferrocarriles, a la actividad  clandestina de la Sección Obrera del Movimiento 26 de Julio, se le unió el aporte del Partido Socialista Popular y surgió un Frente Obrero Nacional. En mi oficina de la Gran Logia de Cuba, me reunía periódicamente, a la vez,  con los representantes de la Sección Estudiantil del Movimiento 26 de Julio y de la Juventud  Socialista para coordinar posiciones y posibles acciones. Ese era trabajo clandestino, pero el trabajo abierto con la Agrupación Nacional de Organizaciones Juveniles nos permitió, por ejemplo, en los momentos en que se levantaba la censura de prensa, hacer declaraciones y denuncias públicas exigiendo la presentación  y garantías de vida de un joven católico y uno ajefista, detenidos ambos por las fuerzas represivas y sin saber su paradero. Y esta unidad contribuyó a salvar sus vidas.

Todo esto recordaba cuando escuché en la tarde de ayer al Papa Francisco hablarle  a una concentración de jóvenes en las afueras del centro Félix Varela. Comentando unas, para mí ambiguas, palabras de  un joven que hablaba a nombre de los presentes, el Papa Francisco  recordó que hoy en Europa hay países en los que casi la mitad de los jóvenes menores de 25 años están desempleados e hizo una anécdota de su vida para ilustrar la importancia de la unidad de lo diverso para trabajar por el bien común. En su Argentina natal, se reunían a trabajar voluntariamente los fines de semana, en una construcción universitaria, jóvenes judíos, comunistas y católicos. Y ahí el Papa lanzó su llamado a los jóvenes: trabajar por la amistad social para construir, entre todos, la patria soñada. Fomentar la enemistad social es fomentar la división, que tiene su peor expresión en la guerra.

Un joven que no sueña está mutilado. Martí decía que el soñador era el único hombre práctico, porque sus sueños de hoy serán las realidades del mañana.

Ya antes, en la misa, el Papa habló del servicio al prójimo en lugar de servirse del prójimo. Y cerró con una frase inolvidable: el que no vive para servir, no sirve para vivir.

Gracias a haber creado la amistad social, la unidad de lo diverso y nuestra vocación de servicio solidaria, hemos resistido durante más de 50 años un cruel bloqueo económico, financiero y comercial y hemos dado a las causas más nobles de otros pueblos necesitados nuestra sangre y nuestro sudor, nuestro acompañamiento fraternal.  El largo camino iniciado en nuestro continente fue creciendo en número de participantes, primro el ALBA, después la CELAC. Construimos la amistad social continental con educación, salud pública, cooperación solidaria en todo lo que estaba a nuestro alcance y no sólo en el entorno más cercano, sino en otros continentes tan urgidos como lejanos.

El Papa Francisco rechazó el culto al dios dinero y exaltó la solidaridad y la misericordia, el gozo en ayudar al desvalido, en la virtud de la pobreza digna del que ama a su prójimo como a sí mismo y, como sello de perfección, al que reparte su riqueza entre los pobres para aumentar el tesoro mayor que un ser humano puede alcanzar: el crecimiento de su espiritualidad.

No soy católico, pero comparto los valores humanistas que el Papa Francisco enarboló ayer. Es un hombre de bien que merece respeto y honor. Su palabra de paz y fraternidad y su ejemplo de modestia y austeridad  son pan que alimenta la esperanza y vino que alegra el corazón de los que buscan la justicia aliada a la misericordia y al amor  agradecido al don de ser y estar.
Publicado por Silvio en su  Blog  Segunda Cita.  7:05 p. m. http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif

En fotos Misa en la Basílica Menor del Santuario Nuestra Señora de la Caridad del Cobre

Por Ismanel Francisco de CUBADEBATE
Este martes el Papa Francisco inició su cuarta y última jornada de visita a Cuba en la que celebró la Santa Misa en la Basílica Menor del Santuario Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. El fotorreportero de Cubadebate Ismael Francisco nos regala momentos de esta ceremonia.




Homilía de la Misa del Papa Francisco en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre






En su cuarto y último día de visita apostólica en Cuba, el Papa Francisco presidió la celebración de la Santa Misa en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba. En su homilía, el Santo Padre alentó a los fieles cubanos a estar “comprometidos con la vida, la cultura, la sociedad, no borrándonos sino caminando con nuestros hermanos”.
A continuación Cubadebate reproduce la Homilía del Papa Francisco en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre:
El Evangelio que escuchamos nos pone de frente al movimiento que genera el Señor cada vez que nos visita: nos saca de casa. Son imágenes que una y otra vez estamos invitados a contemplar. La presencia de Dios en nuestra vida nunca nos deja quietos, siempre nos motiva al movimiento. Cuando Dios visita, siempre nos saca de casa. Visitados para visitar, encontrados para encontrar, amados para amar.
Ahí vemos a María, la primera discípula. Una joven quizás de entre 15 y 17 años, que en una aldea de Palestina fue visitada por el Señor anunciándole que sería la madre del Salvador. Lejos de «creérsela» y pensar que todo el pueblo tenía que venir a atenderla o servirla, ella sale de casa y va a servir. Sale a ayudar a su prima Isabel. La alegría que brota de saber que Dios está con nosotros, con nuestro pueblo, despierta el corazón, pone en movimiento nuestras piernas, «nos saca para afuera», nos lleva a compartir la alegría recibida como servicio, como entrega en todas esas situaciones «embarazosas» que nuestros vecinos o parientes puedan estar viviendo. El Evangelio nos dice que María fue de prisa, paso lento pero constante, pasos que saben a dónde van; pasos que no corren para «llegar» rápido o van demasiado despacio como para no «arribar» jamás. Ni agitada ni adormentada, María va con prisa, a acompañar a su prima embarazada en la vejez.
María, la primera discípula, visitada ha salido a visitar. Y desde ese primer día ha sido siempre su característica particular. Ha sido la mujer que visitó a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes. Ha sabido visitar y acompañar en las dramáticas gestaciones de muchos de nuestros pueblos; protegió la lucha de todos los que han sufrido por defender los derechos de sus hijos. Y ahora, ella todavía no deja de traernos la Palabra de Vida, su Hijo nuestro Señor.
Estas tierras también fueron visitadas por su maternal presencia. La patria cubana nació y creció al calor de la devoción a la Virgen de la Caridad. «Ella ha dado una forma propia y especial al alma cubana –escribían los Obispos de estas tierras– suscitando los mejores ideales de amor a Dios, a la familia y a la Patria en el corazón de los cubanos». También lo expresaron sus compatriotas cien años atrás, cuando le pedían al Papa Benedicto XV que declarara a la Virgen de la Caridad Patrona de Cuba, y escribieron: «Ni las desgracias ni las penurias lograron “apagar” la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen, sino que, en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, como rocío consolador…, la visión de esa Virgen bendita, cubana por excelencia… porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras esposas».
En este Santuario, que guarda la memoria del santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, María es venerada como Madre de la Caridad. Desde aquí Ella custodia nuestras raíces, nuestra identidad, para que no nos perdamos en caminos de desesperanza. El alma del pueblo cubano, como acabamos de escuchar, fue forjada entre dolores, penurias que no lograron apagar la fe, esa fe que se mantuvo viva gracias a tantas abuelas que siguieron haciendo posible, en lo cotidiano del hogar, la presencia viva de Dios; la presencia del Padre que libera, fortalece, sana, da coraje y que es refugio seguro y signo de nueva resurrección. Abuelas, madres, y tantos otros que con ternura y cariño fueron signos de visitación, de valentía, de fe para sus nietos, en sus familias. Mantuvieron abierta una hendija pequeña como un grano de mostaza por donde el Espíritu Santo seguía acompañando el palpitar de este pueblo.
Y «cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño» (Evangelii gaudium, 288). Generación tras generación, día tras día, estamos invitados a renovar nuestra fe. Estamos invitados a vivir la revolución de la ternura como María, Madre de la Caridad. Estamos invitados a «salir de casa», a tener los ojos y el corazón abierto a los demás. Nuestra revolución pasa por la ternura, por la alegría que se hace siempre projimidad, que se hace siempre compasión que no es lástima, es padecer con para liberar; y nos lleva a involucrarnos, para servir, en la vida de los demás. Nuestra fe nos hace salir de casa e ir al encuentro de los otros para compartir gozos y alegrías, esperanzas y frustraciones.
Nuestra fe, nos saca de casa para visitar al enfermo, al preso, al que llora y al que sabe también reír con el que ríe, alegrarse con las alegrías de los vecinos. Como María, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad de un pueblo noble y digno.
Como María, Madre de la Caridad, queremos ser una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación. Como María, queremos ser una Iglesia que sepa acompañar todas las situaciones «embarazosas» de nuestra gente, comprometidos con la vida, la cultura, la sociedad, no borrándonos sino caminando con nuestros hermanos. Todos juntos, sirviendo, ayudando. Todos hijos de Dios, hijos de María, hijos de esta noble tierra cubana.
Este es nuestro cobre más precioso, esta es nuestra mayor riqueza y el mejor legado que podamos dejar: como María, aprender a salir de casa por los senderos de la visitación. Y aprender a orar con María porque su oración es memoriosa, agradecida; es el cántico del Pueblo de Dios que camina en la historia. Es la memoria viva de que Dios va en medio nuestro; es memoria perenne de que Dios ha mirado la humildad de su pueblo, ha auxiliado a su siervo como lo había prometido a nuestros padres y a su descendencia para siempre.
TOMADO DE CUBADEBATE


Tembló la tierra en Santiago con el Papa Francisco









A las 11:00 a.m. del martes 22 de septiembre, la Red de Estaciones del Servicio Sismológico Nacional Cubano registró un sismo perceptible, localizado en las coordenadas  19.93 de Latitud Norte y los –75.51 de Longitud Oeste, a 30 kilómetros al sur-sureste de la ciudad de Santiago de Cuba, con una profundidad de 36 kilómetros y una magnitud de 2.8 en la escala Richter.
Hasta el momento se han recibido reportes de perceptibilidad en el Reparto Versalles, en El Caney y en el aeropuerto de Santiago de Cuba. No se reportan daños humanos ni materiales.
Fuente. CUBADEBATE