martes, 3 de mayo de 2016

“Cuba Libre” para los pasajeros del crucero Adonia






A las 9:00 am, hora de Cuba, asomó su nariz el Adonia en el Puerto de La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
El Adonia trae 561 pasajeros -18 nacieron en Cuba y 405 son tripulantes. Salvo los cuatro oficiales que se ocupan de mover el barco, todos están asomados a babor a las nueve de la mañana en que el crucero de Fathom, empresa de Carnival Corp, penetra la boca de la bahía. Muchas caras no se distinguen porque están detrás de las cámaras o de los teléfonos móviles. Toman la foto de la primera vez, después de medio siglo, en que ciudadanos estadounidenses podrán presumir de La Habana vista desde el mar en esta mañana espléndida de mayo.
Además de histórico, el espectáculo debe ser para ellos alucinante a juzgar por la expresión que traen. Pocas ciudades de cara al océano tiene este planeta tan favorecida por la geografía y el color, tan abigarrada y barroca, tan olorosa. En Islas en el Golfo, Ernest Hemingway narra una Habana que se siente, más que que se ve, desde la bahía. Describe la calle San Isidro, el barrio de Atarés, los muelles del puerto, el barrio de Jesús María, las colinas de Casablanca. “Del otro lado de la bahía -escribe-, vio la antigua iglesia amarilla y el desparramo de las casas de Regla, casas rosadas, verdes y amarillas… y detrás de todo ello, las colinas grises próximas a Cojímar”. El Nobel estadounidense, “americano bueno”, dejó miles de testimonios de cuánto amó a esta ciudad ancha y llana, con el cielo abierto y a la vista, de edificios bajos para que el sol se propague como le venga en ganas.
El capitán del barco, David Box, hizo notar estas escenas a los pasajeros cuando se encontraban a unas 8 millas de la ciudad y La Habana se divisaba en el horizonte, con las primeras luces del día. El Morro, la Catedral, la silueta del Malecón arbolado por faroles y palmas, eran ya claramente visibles. “Nunca olvidaremos este día”, dijo a través de los altoparlantes poco después de las siete de la mañana. Luego, avanzarían por la Bahía y atracarían por la zona norte de la Terminal de Cruceros, de proa a estribor, guiados por el barquito del práctico que al lado del Adonia parece de juguete, en una maniobra que sorteó el canal del túnel asentado en las profundidades de esta ensenada.
Ahora ya han desembarcado los pasajeros y pasan rápidamente por el puesto de migración para salir a la calle, animados por una rumba y un coctel de bienvenida. El Adonia está casi desierto y luce inmenso en su soledad, aunque este es uno de los barcos más pequeños de Carnival, me aclara un oficial del puerto. Aún así, la cantidad de gente que transporta y que acaba de pasar la escalerilla es como si desembarcaran en la Plaza San Francisco, al mismo tiempo, dos Boeing 477 repletos de pasajeros.
A partir de hoy veremos este despliegue cada 15 días. Por supuesto, la primera pregunta que cualquiera se hace frente a esta avalancha es si La Habana Vieja podrá atender a tanta gente y cómo se conectarán las nuevas condiciones de tráfico entre los dos países con la estrategia de desarrollo cubana. Sin una suficiente infraestructura turística, con bloqueo estadounidense aún en pie y muchos otros problemas, el año pasado la Isla recibió casi 20 000 visitantes a bordo de cruceros europeos y las perspectivas para este año son mucho más generosas, a juzgar por el Adonia.
“Quizás todo el que viva por aquí tenga que aprender a servir mojitos y cantar ‘La Guantanamera’”, sugiere Ana María, la mujer que tiene apostado su carrito a un costado de la Lonja del Comercio, frente a la Terminal de Cruceros y que pretende cobrarme por una botella de agua dos CUC (moneda convertible cubana equivalente al dólar). Víctor Veloso Pimienta, presidente de Havanatur que conversa brevemente con los periodistas, lo tiene más claro: “Es una oportunidad para nosotros. Cada negocio que se incorpora a una cartera lleva un estudio de factibilidad. También en Cuba.”
Según fuentes gubernamentales cubanas, la Isla podría aprovechar la capacidad operativa creada para recibir aproximadamente 1 200 000 cruceristas, con más de mil escalas de esos buques en un año. Podrían generarse ingresos por más de 139 millones de dólares.

Llegan pasajeros, no turistas

Oficialmente no es todavía “turismo”. Los que vengan a la Isla desde Estados Unidos solo podrán viajar desde el supuesto de “intercambio cultural, artístico, religioso o humanitario”, como la compañía Carnival, la mayor empresa crucerista del mundo, ha advertido una y otra vez desde que comenzaron las negociaciones para este viaje. Mientras el Congreso de Estados Unidos no levante la prohibición de viajar libremente a Cuba -una de las trabas más controversiales del bloqueo-, ningún estadounidense que visite la Isla puede darse un chapuzón en una playa, salvo si viene como estudioso de los fondos marinos, los caracoles, las algas o algún pretexto que lo salve en su país de una multa de cinco dígitos.


Desde finales de enero de 2015, el Congreso tiene una propuesta de ley bipartidista para acabar con la absurda prohibición. La “Ley de Libertad para Viajar a Cuba 2015”, sin embargo, todavía no ha avanzado lo suficiente en el largo proceso legislativo. En la cámara alta, senadores como el republicano Marco Rubio, ex fracasado candidato presidencial, o el demócrata Bob Menéndez, se oponen ferozmente a cualquier gesto hacia la isla donde nacieron sus padres. “El Congreso debería hacer su trabajo y acabar con la idiota prohibición de los viajes”, reacciona una pasajera sesentona, que lleva en la mano dos banderitas, de Cuba y de Estados Unidos, y que repite una y otra vez, alternando el inglés y el español, para todo el que quiera oírla:  “estoy feliz”, “wonderful”, “buenos días, Cuba”, “I’m very happy”.
Arnaldo (Arnie) Pérez, asesor jurídico de Carnival, es el primero en bajar del barco y acercarse para hacer declaraciones a la prensa, que ha estado recluida tras unas cintas de seguridad a un lado de la entrada de pasajeros de la Terminal. “Soy cubano”, dice emocionado. Llegó a La Habana con su esposa Carmen y su hermana. Pérez se fue de Cuba en brazos de su madre. Tenía 9 meses y no había vuelto hasta que la empresa para la cual trabaja comenzó las negociaciones con el gobierno de la Isla. “Estamos muy orgullosos y honrados de tener esta oportunidad”, y sin soltar la mano de Carmen, admite: “La entrada en La Habana fue muy especial”.
Esta puede ser una relación mutuamente beneficiosa para Cuba y Estados Unidos, reconoce ante los periodistas, y los datos lo corroboran.  A finales de 2015 había 298 cruceros disponibles en todo el mundo, con capacidad para transportar a casi medio millón de pasajeros. El mercado está en manos de tres grandes grupos con sede en Miami: Carnival, Royal Caribbean y Norwegian, que controlan más del 80% del negocio. Para los viajeros de América del Norte, los países del Caribe constituían los principales puertos de destino, con más de 60 millones de días de viaje.
Hay una sensación general de que estamos viviendo un momento importante para Cuba. No solo porque son buenas noticias para la economía y se pone fin a una prohibición absurda y unilateral, sino porque se restituye una condición histórica y geográfica a una Isla que los antiguos viejos navegantes llamaron con toda razón “La llave del Nuevo Mundo” y el “Antemural de las Antillas”. Durante siglos esta llave abría las rutas americanas a las comunicaciones comerciales entre el Norte y Sur. De las costas cubanas salieron en 1539 las naves al mando de Hernando de Soto que conquistaron la Florida para España. La Habana construyó durante siglos los buques para las antiguas colonias norteñas, sin contar que hay más distancia entre La Habana y Pinar del Río, que entre el Malecón y el extremo sur de Cayo Hueso.
“Es bueno para Cuba y es bueno para Estados Unidos esto que está ocurriendo”, añade Arnold W. Donald, presidente de la compañía Carnival en diálogo con los periodistas. “Agradezco al gobierno Cuba y al gobierno de Estados Unidos que mi compañía sea la primera en abrir este puente”.

Arnold W. Donald, presidente de la compañía Carnival, en diálogo con los periodistas. A su lado, Víctor Veloso, presidente de Havanatur. Carnival y las agencias de viaje Havanatur y Celimar tienen un acuerdo para los viajes a la Isla en las categorías autorizadas por el gobierno de EEUU. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Very Happy

Pregunto a los pasajeros qué ocurrió con la famosa flotilla que protestaría en el puerto de Miami al iniciarse el viaje, anuncio de los extremistas que presionaron para evitar que Carnival inaugurara su crucero a Cuba. Shirley Thurman dice que tenía noticias de la protesta en el mar, pero que de ella solo vio un bote que paseó con la palabra “democracia” y por poco tiempo.
Cuando comenzaron los preparativos para el viaje, Carnival tropezó con una norma cubana que impedía el viaje, a bordo de embarcaciones estadounidenses en tránsito a Cuba, de ciudadanos nacidos en la Isla. Varios hechos pesaban en la decisión, según explicó la propia compañía y las autoridades cubanas. La nación caribeña sufrió en este medio siglo centenares de ataques terroristas desde la costa de la Florida y otras localidades, en una gama que ha ido de los sabotajes, los secuestros y los asesinatos, hasta tiroteos desde embarcaciones a hoteles en las costas de La Habana, algunos en fechas no tan lejanas.  La invasión de Playa Girón llegó por mar.  También, la entrada y salida vía marítima de los cubanos facilitó el flujo de la emigración ilegal.
“Son razones históricas las que precipitaron esa ley.  Pero ahora son otros los tiempos.  Los ataques terroristas han desaparecido y aunque la emigración ilegal continua siendo un problema, Cuba ha decidido cambiar la regla y permitir que los cubanos entren a la Isla por mar. En las nuevas condiciones de respeto y sin agresiones, esa política debía ser derogada y se hizo”, afirma a Cubadebate el abogado especializado en inmigración, José Pertierra, cuyo bufete está en Washington.
Así es. Estamos en el 2016 y parece que ha llovido lo suficiente en los últimos 16 meses, desde que los presidentes de ambos países anunciaron el inicio del proceso hacia la normalización. Estados Unidos y Cuba han renovado los lazos diplomáticos, están tratando de forjar una nueva relación en un mar borrascoso y con grandes diferencias, pero en el que ambas partes tienden puentes, entre ellos el servicio de cruceros. Y la verdad es que los pasajeros, los tripulantes y los cientos de habaneros que llegaron al Malecón a saludar al Adonia, están felices. No hubo nadie que no lo expresara a la prensa o con algún gesto evidente: banderas, sonrisas de oreja a oreja, bailes, besos, aplausos.
El capitán David Box se mostró tan contagiado como los demás. Recorrió a pasos largos el puente que une al Adonia con la Terminal, saludó a las autoridades portuarias, tomó el “Cuba Libre” que le brindraron -ese fue el coctel de bienvenida para todos los recién llegados- y lo alzó hasta la altura de sus ojos: “¡Viva Cuba Libre!”, dijo con voz fuerte y en perfecto español. Después, apuró su trago y regresó a su temporalmente deshabitado barco.

Características técnicas del Adonia

  • Propietario: Carnival Corporation & plc (2006-presente)
  • Operador: Fathom (desde el 2016)
  • Ruta: Miami-República Dominicana y Cuba (2016)
  • Constructor: Chantiers de l’Atlantique
  • Bautizado: 2001
  • En servicio: Desde el 2001
  • Distintivo de llamada: ZCDV2
  • Número IMO: 9210220
  • Número MMSI: 310530000
  • Tonelaje: 30 277 t
  • Desplazamiento: 15100 t
  • Longitud: 180,45 m
  • Calado: Max. 5,95 m
  • Propulsión: Dos hélices
  • Velocidad: 18 nudos
  • Capacidad: 777 pasajeros (máx. de capacidad)


El Adonia pasa frente al Cristo de La Habana, que está ubicado en la colina de Casa Blanca. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Adonia, que zarpó de Miami poco antes de las 5 de la tarde del domingo, tardó casi 17 horas en cruzar el Estrecho de Florida. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Este martes el Adonia sigue rumbo a Cienfuegos y luego a Santiago de Cuba, para regresar al puerto de Miami el próximo 8 de mayo. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

La llegada del Adonia a La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Un grupo de niños en la Terminal de Cruceros “Sierra Maestra”. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Presidente de Carnival ofrece declaraciones a la prensa. A su lado, con guayabera blanca, Arnie Pérez, el primer pasajero que bajó del barco: “Estamos muy orgullosos de traer el primer crucero de EEUU a Cuba en 50 años. Esperamos que esta iniciativa pueda acercar más nuestros pueblos de los dos países y que haya en el futuro más conexiones”, dice Pérez. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Una rumba en la Terminal de Cruceros. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Las hermanas Maritza (izquierda) y Teresita de Jesús Torrecillas, cubanas, pasajeras del Adonia, con sus “Cuba Libre” de bienvenida. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El cuentapropismo en acción. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cuba podría aprovechar la capacidad operativa creada para recibir aproximadamente un millón 200 mil cruceristas, con más de mil escalas de esos buques en un año, lo cual generaría ingresos por más de 139 millones de dólares. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Recibimiento a la salida de la Terminal de Cruceros. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

La llegada del Adonia a La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

La gangrena



 


  Graziella Pogolotti
30 de Abril del 2016


Nerón, en rasgo demencial, quiso incendiar a Roma. Sería una señal que anunciaba el derrumbe de un imperio, extendido por Europa y por la cuenca del Mediterráneo. Al implantar colonias en diversidad de territorios, se estaba librando también una batalla cultural. Los conquistadores fueron contaminados por los pueblos vencidos. Hubo emperadores procedentes de la península ibérica. Las religiones se mezclaron y el latín dominante, modelado por los llamados bárbaros, dio lugar al nacimiento de las lenguas modernas.
Bajo el dominio avasallador del capital financiero, se derrumban los restos maltrechos de la democracia representativa burguesa. Los alcances sin precedentes de la corrupción corroen las prácticas políticas. La desregularización de la economía, la contracción del papel del Estado y la filosofía neoliberal se contraponen a los conceptos económicos concebidos otrora para salvar el sistema. La crisis de 1929 condujo a la aplicación de las ideas de Keynes. El Gobierno intervenía para impulsar el crecimiento económico. Programó la realización de gigantescas obras de infraestructura (carreteras y ferrocarriles) requeridas de considerable mano de obra. Los salarios reactivaban el mercado interno cuando la industria tenía un peso determinante en Estados Unidos.
Ahora el mundo es otro. El ejemplo brasileño impone una reflexión. Lacerado por la corrupción, el modelo de Montesquieu, según el cual los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial se equilibraban mutuamente, ha dejado de existir. Los corruptos, con fortunas ocultas en los paraísos fiscales, enjuician a la Presidenta —carente de bienes mal habidos— por sus políticas presupuestarias a favor de los desposeídos. Los tribunales, remisos a impartir justicia, obedecen a los dictados de intereses perversos. Convertida en espectáculo, la política se convierte en un carnaval de golpizas, pierde de vista las consecuencias de sus decisiones en el gran país latinoamericano. Cómplices, los medios filtran falsas informaciones, venden imágenes constituidas en un componente más del espectáculo modelador de conciencias. Emerge un conservadurismo prehistórico. Al decir de Leonardo Boff, violan la ley de Dios al invocar su nombre en vano. El golpe suave anula la voluntad popular emitida a través del sufragio.
Brasil tiene un peso decisivo en el continente por su desarrollo económico, su dimensión y sus enormes potencialidades. Están en juego las reservas de petróleo submarino, la riqueza minera y la que preserva la Amazonia. Su papel internacional ha adquirido mayor importancia en los últimos años. Integra el grupo de los Brics. Es, por tanto, una pieza clave en el ajedrez contemporáneo.
La corrupción ha sobrepasado las prácticas primitivas de antaño, cuando un ministro de Hacienda abría la caja fuerte a su cuidado y empacaba los dólares en sus maletas. Fortunas gigantescas se alimentan del tráfico de armas, de narcóticos y de personas. Los paraísos fiscales preservan el secreto del dinero lavado, de sus fuentes verdaderas y eluden los impuestos que aplican los Estados para implementar políticas sociales menos cruentas. A esta gangrena corruptora se añaden el soborno extendido a todos los niveles de la sociedad, el tráfico de influencias, el nepotismo y los compromisos de los políticos para costear sus campañas electorales. En un toma y daca de enormes proporciones, se anulan los compromisos demagógicos contraídos con los electores. En la práctica, los Gobiernos socialdemócratas abandonan sus promesas y muchas veces endurecen las políticas de ajuste de corte neoliberal.
En los días que corren, ninguna sociedad es inmune a los efectos de la corrupción. Estuvo presente en la decadencia del socialismo real. Asoma también entre nosotros. Sin alcanzar las dimensiones del mundo que nos rodea, se manifiesta de distintas maneras. Tiene que ser atajada por sus consecuencias económicas y, sobre todo, por su reflejo político en la batalla por los valores, en la credibilidad de nuestras instituciones. Su expresión más evidente se observa en la vida cotidiana con el desvío de recursos y el soborno del pequeño funcionario para acelerar trámites y eludir impuestos. También aparece a otros niveles en el pago de comisiones y por otras vías. Por ese motivo, los controles administrativos son insuficientes. Es indispensable implementar progresivamente las vías que estimulen el indispensable control social.
Nuestra memoria cultural conserva dos ideas heredadas de la colonia y de la neocolonia. Una de ellas, venida de España, afirma: «La ley se acata, pero no se cumple». Así ocurrió durante siglos. Los veedores (inspectores de la época) llegaban tardíamente y se contaminaban de inmediato con el medio. Lo he dicho muchas veces: nuestro poema épico clásico, Espejo de paciencia, narra una historia de contrabando. Por esas vías, a través de los corsarios de todas las banderas, se establecieron nuestras redes en el Caribe. De esa manera se construyeron fortunas mediante el monstruoso tráfico ilegal de las llamadas piezas de ébano, los esclavos africanos. Durante la república neocolonial, la compraventa de puestos en el Gobierno fue un refugio ante el desempleo crónico. Pero «El que tiene un amigo tiene un central», se decía entonces y se sigue diciendo todavía. Ahora, más que nunca, hay que rescatar el respeto a la ley y combatir un sociolismo corruptor que enmascara la peligrosa economía sumergida.
Obra colectiva en permanente construcción, orientado hacia la equidad entre los seres humanos y la defensa de la nación, el socialismo se asienta en un complejo tejido de voluntades, aspiraciones y sueños. Como lo creía el Che, sus hacedores crecen mientras lo edifican. Su invulnerabilidad se sostiene sobre la preservación de principios éticos

Tomado de Juventud Rebelde.

 


El beso del hijo suena



Por: Mario Cremata Ferrán














¡Oh qué luz tan distinta/ la de la vida,/ y solo entonces, sí,/ qué luz tan distinta/ la de la muerte!
Fina García Marruz

 

Ella lo intuía, y la intuición de una madre no suele fallar. Este jueves 28 de abril, día de su cumpleaños, estuve a su lado. «José María está de viaje y Sergio lleva varias semanas enfermo. Me dicen que está mejor, pero no estoy segura de ello», me dijo, antes de conducirme frente a la estampa de la virgen: «Hoy cumplo 93 años y, como gozo de una salud formidable, lo único que le pido a ella es que no me haga la maldad de ver morir a un hijo mío».
Este 1ro. de mayo se cumplió la fatídica predicción: recuperándose de sucesivos problemas de salud, Sergio Vitier García Marruz no pudo resistir un accidente cerebrovascular. Tenía 68 años.
Restan pocos días para el segundo domingo de mayo. Ella lo intuía… pero su condición de madre no le permitió prepararse para ese soplo canalla que su religiosa estatura prefiere nombrar súbito ascenso. Ahora, en medio de la desolación mayor, confía en que su sombra hará la eternidad más breve. En definitiva, «Morirse es volverse exterior como la luz».
Vino de una familia tutelar, una legión de humanismo, decoro y cubanía. Le correspondió ser el primogénito. Llevó el nombre del abuelo materno, médico eminente y hombre probo. Descendiente de mambí, no pocos arranques de su carácter podrían considerarse reminiscencias de las cargas al machete que libró en la manigua su bisabuelo, el general José María Bolaños.
No es frecuente que el talento se transmita en heredad. Tampoco la sensibilidad musical. Pero la irradiación de esos dos pilares que continuarán siendo Cintio Vitier y Fina García Marruz bastó para que sus hijos los recibieran, en alto grado, y llegaran a convertirse en virtuosos compositores e intérpretes. Por esa razón el padre no se cansaba de repetir que su mayor orgullo eran sus hijos músicos.
Fue tal la fascinación que produjo en su hermano José María, seis años menor, que el hoy connotado pianista se acercó al universo sonoro atraído por los acordes que las manos de Sergio hacían emanar. Es que la guitarra ha sido, desde siempre, un instrumento inmejorable para noviar, suscribirían ambos, entre cómplices miradas.
Discípulo de dos figuras canónicas como Isaac Nicola y Leo Brouwer, supo imbricar con armonía el legado de la academia con las aportaciones muchas veces preteridas de carácter popular, fruto de la tradición afrocubana. No en balde durante su sepelio resonaron los tambores del Conjunto Folklórico Nacional.
Desde su vinculación al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, el repertorio de sus composiciones para el cine cubano es envidiable. Desprovisto de cualquier asomo elitista, cultivó las más inimaginables amistades y defendió, frente a todo obstáculo, la identidad nacional.
No es exagerado afirmar que nuestra guitarra perdió una de sus cuerdas. El duelo de la música cubana contagió incluso a quienes, ajenos a sus luces totales, admiramos la trayectoria de un genio que ahora conoce esa «extraña lucidez del dormido».
Lejana parece hoy la época dichosa de la infancia en la Víbora, por más que Figueroa 358 entre San Mariano y Vista Alegre aún lo guarde. Vuelve a ser el niño que aparece retratado junto a la arboleda del parque Mendoza, del brazo de su hermanito y con una bicicleta en guindas. En una imagen se ve a Lezama, severo, con la mano puesta en su hombro diminuto. En otras monta a caballo el muchachón que gustaba de las excursiones por parajes agrestes, con la compañía de Samuel Feijóo.
Su huella está en todas partes. Merece décimas, inspira poemas. De hecho, es también el nombre persistente en las dedicatorias de los poetas y ensayistas cercanos a su cuna. Cada libro, cada celebración de la década de 1950, se vieron coronados con su desbordante inocencia. Tanto, que cuesta creer que se marcha uno de los últimos destellos de esa familia de Orígenes, inoculada en su sangre desde su nacimiento.
Un sollozo indecible. Luego un sordo, sobrecogedor silencio. Pareciera que todo el desamparo se ha conjurado en su rostro abatido. Se aproxima, como flotando. Conmueve. Uno se pregunta qué misteriosa fuerza la sostiene y ella, poetisa marchita, solo atina a musitar: «Tan solo el beso/ del hijo suena/ triste, como una musiquilla/ que no vamos a oír/ por mucho tiempo./ Sí, el soplo/ del pánico/ purifica./ Luego se vuelve/ a vivir/ y ya no se sabe/ más que un día/ estuvimos muertos».
Tomado de Juventud Rebelde.



El hechizo de la memoria



Mario Cremata Ferrán
En días recientes, nuestros medios de comunicación han privilegiado la defensa de la memoria histórica. Legítimo empeño que me retrotrajo a 2003 cuando, todavía adolescente, debí pararme por primera vez frente a un aula; mejor dicho, varias, pues fueron siete numerosos grupos de muchachos, apenas dos años menores que yo.
Ante la ausencia de docentes calificados, descarté entonces mi costado timorato y asumí el desafío de impartir dos frecuencias semanales de Historia de Cuba. Aquella era, y sigue siendo, una asignatura poco apetecida. No creo, sin embargo, que la mayoría de los estudiantes subestimen  nuestro pasado, a veces glorioso y siempre apasionante. Me parece más bien que las causas de este lamentable hecho —que afecta al menos a dos generaciones, hijas del período especial— no residen, de modo determinante, en un cambio epocal, sino en un ineficiente programa de formación profesoral.
Recuerdo al temible Oscar Loyola, cuya muerte prematura y absurda lacera a discípulos y a quienes nos consideramos sus deudores. En un banco de la plaza Cadenas, en torno a una mesa en una cancha de Coppelia o en una oficinita de L y 27, tras escucharle bramar sus polémicos enfoques, que contradecían la visión maniquea de cierta historiografía insular, uno salía fortalecido de su sentir patrio.
Él, desacralizador por antonomasia, afirmó que un historiador sin imaginación no es más que un vulgar «datólogo». La máxima pudiera trasplantarse a otras profesiones, fuera del ámbito académico. Tal vez nos está faltando imaginación, y también la pasión indispensable a la hora de transmitir saberes, que no alcanzarán su definición mejor hasta tanto no se sedimenten, convirtiéndose en conocimiento. Perdemos de vista que lo más probable es que la puesta en práctica se dilate, hasta que los egresados chocan con el desinterés, ajeno o propio.
Hace tres años, entre otras funciones, me desempeño como profesor adjunto en la Universidad de La Habana. Un plan de estudios renovado no ha podido despojarse de ceñir, a un semestre, la bicentenaria Historia de la prensa en Cuba. Tampoco de mantenerla en el cuarto año de las carreras de Periodismo y Comunicación Social, en vez de ajustarla a la altura del segundo. Las escasas 14 semanas invariablemente se reducen a diez u 11 encuentros. Aun en perjuicio del programa oficial, más que inventariar concienzudamente hitos en nuestro devenir me complace detenerme en los contextos, sin soslayar las conexiones intertextuales, la interdisciplinariedad a la cual los cientistas sociales estamos, más que abocados, obligados.
Mi aspiración es atrapar al auditorio y favorecer el debate, en el ánimo de restar monotonía a una materia, por fuerza, cargada de fechas. Rehúyo de la visión instrumentalista, por dañina. A veces he llegado incluso a la ruptura del orden cronológico, si el curso de un acontecimiento con implicación posterior requiere anticipar su «metabolización», o merece reflexión colectiva.
La sorpresa nos aguarda, cual reto a la disposición de apostar por lo singular. Un colega aún no sale del azoro que le provocó un alumno, hará dos o tres cursos. Al llegar al aula, acostumbraba él a indagar acerca de las noticias del día. En caso de una fecha significativa, a nivel nacional o internacional, propiciaba una meditación al respecto. Aquella jornada, lastimosamente memorable en el claustro, al inquirir sobre un suceso de relevancia se hizo un silencio, roto al cabo por un imprudente que espetó: «Bueno, profe, hoy es el cumpleaños de Lady Gaga».
Amén del olímpico despiste, la irreverencia o el presunto ánimo de saboteador del victimario, anécdotas de esa naturaleza revelan hasta qué punto una deficiente formación en los niveles secundario y preuniversitario, provoca daños. No por el desconocimiento de la conmemoración de turno o de lo que acontecerá, sino por la ausencia de sentido común, la falta de perspectiva y de hábitos de estudio individual, de horas de lectura por placer y no por necesidad coyuntural.
El otro día una sacudida similar me sirvió para, en tiempos de data show, refrendar mi vocación antediluviana por consumir la tiza en el pizarrón. Como soy de la idea de que no es saludable aniquilar los frutos del azar, me hallé de pronto hablándoles de la visita que en el siglo XIX nos hiciera Sarah Bernhardt, la gran actriz francesa que mereció sentidos elogios de Martí en la prensa. Mi auditorio no tenía la menor idea de quién era ella, a pesar de que por su conducta excéntrica bien pudiera considerarse el equivalente antiguo de la menguada Lady Gaga.
«No debe ser tan famosa como usted dice —me señaló uno, con la mirada clavada en su celular conectado—, porque la que aparece en Wikipedia con ese nombre es una actriz porno española». «No es posible», repuse yo, apresurándome a escribir en letra de molde el nombre de la discordia, que al ser tecleado en el buscador arrojó, como era previsible, la página consagrada al mito universal de la tragedia.
Sin pretender satanizar el apabullante desarrollo tecnológico y sus sinecuras, comprendí que de alguna manera se precisa frenar la dependencia a tanto aparato, en detrimento de otras vías que coadyuvan a un razonamiento de carácter integrador. En este sentido, sería absurdo negar la omnipresencia de la historia. Ella está, aunque no lo percibamos, en cada uno de los actos de nuestra vida como sujetos en sociedad.
La fragilidad de la memoria es cosa cierta. Habrá que seguir atisbando nichos y particularidades en jóvenes que, como decía Raúl Roa, se parecen más a su tiempo que a sus padres. Pero si cada generación enarbola sus referentes, existen algunos que son inamovibles. De cualquier manera, sin menoscabo de la autoridad inmanente a quien educa, no serán ridículas las gratificaciones mientras se comparta y aprenda, en pro de recuperar la curiosidad y el respeto hacia un legado común.
En definitiva, nada de lo que se haga en esta dirección podrá calificarse como estéril. En su defecto, afirmar que es entelequia la forja de humanistas con perspectiva ecuménica, viene a ser la muerte del maestro. Y además de coartar la ilusión que podría reportar una luz perdida en la hilera de pupitres, supone mayúscula insensibilidad el desconocer los poderes de la intuición.
Tomado de Juventud Rebelde.