lunes, 24 de julio de 2017

Película cubana “Esteban” gana Premio Platino al Cine y Educación en Valores






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La película “Esteban”, del cubano Jonál Cosculluela, consiguió el Premio Platino al Cine y Educación en Valores.
El productor Jaume Roures recogió el galardón en nombre de los premiados, de manos de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quien, acompañada por el actor Imanol Arias, dio la bienvenida a los presentes.
Esteban es una coproducción entre RTV Comercial y Mediapro, con la participación del sello discográfico Colibrí y la Asociación Hermanos Saíz. Ha ganado varios premios internacionales desde su estreno el pasado año.
 TOMADO DE CUBADEBATE

domingo, 23 de julio de 2017

Nuestros hijos



Graziella Pogolotti
22 de Julio del 2017 20:34:54 CDT
Cuando nace una criatura, sus rasgos son borrosos. Todos la contemplan, deseosos de reconocer en ella las huellas de un parecido. En su desarrollo, la ciencia ha demostrado que somos portadores de cierto determinismo genético. Sin embargo, la impronta definitiva en términos de hábitos, expectativas y valores habrá de imponerse a través de la vida. Porque lo hemos engendrado, el bebé que dormita en la cuna es nuestra hechura. Habrá de serlo mucho más en el delicado proceso de construcción de su subjetividad, porque la responsabilidad no se limita tan solo a afrontar sus necesidades materiales básicas. La siembra más profunda, aquella que nos acompaña a lo largo de la existencia y nos capacita para afrontar desafíos, desgarramientos y para hacernos de un destino propio, se produce en el fértil terreno de los valores espirituales.
Bajo el aplastante calor veraniego, en medio de los apremios laborales y domésticos, se impone encontrar un instante para meditar acerca del presente y el futuro de nuestros hijos, porque el mañana se nos viene encima en el día que transcurre. De manera natural, en la criatura que traemos al mundo con plena responsabilidad, estamos colocando nuestros sueños. Aspiramos a reconocer en ellos lo mejor de nosotros y buscamos también en la realización personal de cada uno el logro de todo aquello que no pudimos alcanzar en términos de bienestar, y sobre todo, quisiéramos que encontraran la clave de la felicidad. El desafío se  acrecienta cuando la sociedad, nuestro referente inmediato, se transforma rápidamente por la acción simultánea de numerosos factores económicos, sociales y tecnológicos.
En contextos cambiantes, cuando muchos valores parecen tambalearse, cuando las vías de escape se manifiestan en la aparición de adicciones destructivas y los comportamientos al margen de la legalidad proponen caminos peligrosos, hay que defender, desde las edades más tempranas, el espacio sagrado hecho de diálogo y calores de intimidad. La realidad virtual nunca podrá sustituir el apoyo y consuelo de la palabra, el contacto reconfortante de una mano en el hombro en los instantes de angustia y de incertidumbre. La protección ante las trampas que ofrece la vida consiste en formar hombres y mujeres de bien, capaces de autorregularse. La continuidad en el vínculo cercano permite detectar en la difícil etapa de tránsito de la pubertad y la adolescencia las primeras anomalías en gestos y actitudes, síntomas de la aparición de fenómenos indeseados.
Tan rápido se desliza el tiempo, que los crecidos en el período especial han devenido hombres y mujeres actuantes en la vida. Los hijos del nuevo milenio avanzan hacia la pubertad y la juventud, edades siempre complejas en lo sicológico, en las que comienzan a definirse los horizontes del porvenir. Para las generaciones que les precedieron, tuvo peso significativo la posibilidad de acceder, independientemente del origen social, a los más altos niveles de educación. Los padres asistían orgullosos a la graduación del primer universitario de la familia. Ahora, los apremios son otros. Prevalece la necesidad de ingresar desde temprano a empleos mejor remunerados. Palpable en la vida cotidiana, la tendencia se refleja en el descarte de la opción de proseguir estudios en los institutos preuniversitarios.
El problema traspasa el ámbito familiar para convertirse en cuestión que atañe el presente y el futuro de la sociedad. Algunos —los conozco— se apresuran en vincularse a un trabajo remunerado para afrontar necesidades objetivas propias y de sus familias. Otros vacilan por insuficiente información. En este sentido, la orientación profesional tiene que ser más precisa, abarcadora e incluyente para abrir horizontes desde la escuela y a través de los medios de comunicación. Además, habrá que considerar en algún programa de desarrollo vías de rescate y recalificación.
Nuestros hijos son también hijos de su época. En medida diversa, según las particularidades individuales, ambos factores intervienen en la formación de la personalidad y de los sueños que acompañan nuestras vidas. De ese modo, se constituye el perfil generacional. Portadores de historias de vida que consolidaron un hacer y un pensar, los adultos también conservamos rasgos generacionales. Atravesamos etapas de cambios en las que arraigaron convicciones y conductas. Entonces, enjuiciamos con frecuencia a nuestros mayores y fuimos enjuiciados por ellos. Reconocer las razones de las diferencias es un primer paso para viabilizar un diálogo imprescindible, liberado de paternalismo y de intolerancia. En ese camino de encuentro, no podemos andar solos, validos apenas de nuestros sentimientos, de nuestra inteligencia y de nuestra perspicacia para observar el entorno inmediato. A escala social, lo visible, con frecuencia impactante, enmascara realidades más profundas y contradictorias. Ciertas tendencias de la moda nos resultan perturbadoras. La aglomeración de jóvenes en el ocio nocturno de las noches capitalinas sugiere preguntas inquietantes. En ese contexto, las diferencias en las posibilidades de ingreso se tornan más palpables. Sobre esas impresiones surgidas de una realidad parcial concreta se derivan generalizaciones abstractas que conforman juicios acerca de la juventud de ahora. Tras los rasgos generacionales comunes se oculta una multiplicidad derivada de la especificidad de factores ambientales, urbanos y rurales, asentados asimismo en las disparidades de origen de una sociedad cada vez menos homogénea.
Para encontrar la verdad en el complejo territorio sumergido en lo no visible, el auxilio de las ciencias sociales resulta imprescindible en la formulación de las preguntas adecuadas y en el trabajo de campo destinado a tomar el pulso de la realidad palpitante en su mayor cercanía a la base de la pirámide. Sabido es que existen investigadores dedicados a esa tarea. Pero los resultados se socializan de manera insuficiente y con tardanza. Debidamente empleados, pueden constituirse en herramientas al servicio de acciones transformadoras eficaces, ofrecen información para intervenir en la solución de problemas de orden objetivo y en aquellos otros nada desdeñables relacionados con el delicadísimo tema de la subjetividad humana. Pueden iluminar problemas económicos, sociales, y deben ser tenidos en cuenta en el diseño de las políticas de nuestros medios de comunicación. El periodismo renovador al que aspiramos tendrá que contar con ese instrumental.
Tomado de Juventud Rebelde.



Jóvenes revolucionarios ante los desafíos de la contemporaneidad




21 julio 2017
Traigo en el corazón sus doctrinas, su ejemplo vive en cada joven que descubre el alma de la Patria, su obra se siembra y perdura porque su pueblo lo quiere. Nos convoca a un diálogo de civilizaciones en la urgencia de salvar el mundo, de dar vida a la humanidad, de proteger la especie humana como desafío de la contemporaneidad. Su legado es ético porque la cuestión moral que movió su vida devino en esencia de su elección al lado de los humildes; de su lucha por un mundo mejor (sin odios, guerras, explotación, genocidio, barbarie); de la forja de su carácter entero en medio de tanta podredumbre moral, de crisis humanística, de egoísmos. Se declaró martiano en espíritu, hubo de apropiarse de manera creadora de las ideas de Martí y junto a él llevó adelante la obra hermosa de justicia social que ha significado la Revolución para Cuba y el mundo.
Es Fidel un símbolo de la resistencia de un pueblo que ama su libertad y la defiende al precio que sea necesario. Su liderazgo continúa vibrando en el corazón de la Patria Grande; he ahí su condición revolucionaria, fuerza en las ideas y praxis política, desde las armas del pensamiento, con una cultura capaz de hacer buena política. Una vida dada al sacrificio, puesto que lo entendió y tuvo ánimos para hacerlo, de mirar siempre de qué lado está el deber y no del que se vive mejor.
Era un verdadero hombre, de una altura ética trascendental, con profunda vocación de justicia, antiimperialista por esencia, soñador de imposibles y hacedor de realidades para el bien de todos. ¿Cómo no traerlo al hoy de los jóvenes cubanos cuando tan cerca lo tenemos? Es un reto de los jóvenes: salvar la memoria histórica, mantener a buen resguardo las ideas que defendemos, la verdad que nos acompaña como arma imprescindible en esta batalla que es cultural; que se gana con ideas, argumentos y razones.
Para entender el momento que vivimos hay que ir a la historia, son fuertes desafíos los que tenemos delante: la lucha por la paz, por el bien de la humanidad, por los pueblos sufridos del mundo; el enfrentamiento al capitalismo y al imperialismo donde quiera que estén, el combate ideológico y cultural, la batalla de símbolos que define posiciones, el ser revolucionario en el siglo XXI.
La humanidad, desde una contemporaneidad que asusta, donde las muertes no cesan, se incrementan; donde las civilizaciones luchan por mantenerse íntegras y las culturas o se salvan o perderemos pueblos enteros en la subjetividad y la espiritualidad de los seres humanos; presenta desafíos propios de este tiempo: ¿cómo seguir abogando por el equilibrio del mundo, por la unidad de nuestros pueblos; por consolidar procesos revolucionarios progresistas, de izquierda, de justicia social?; ¿cómo mirar a los jóvenes del mundo con los ojos de hoy para que haya un mañana, sin olvidar nunca el ayer?, ¿se puede seguir siendo un soñador y, como Martí, ponernos la camisa al codo, hundir las manos en la masa y levantarla con la levadura de nuestro sudor?, crear como palabra de pase de cada generación.
Eso es ser joven, esa es la condición: crear, porque una juventud que no crea, nos dice el Che, es una anomalía realmente. Fundar, estos son tiempos de fundar; de sembrar ideas, muchas ideas, conciencia y más conciencia. Jóvenes revolucionarios que saben por qué luchan, que le dan sentido a sus vidas, al momento histórico; que están llamados a salir al camino redentor con el ímpetu de los que no se acoquinan ni renuncian a los ideales que los mueven. Retos y desafíos de una juventud que ha de luchar por sueños de justicia, como dice el poeta: aprender que lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. Eso es lo primero, el compromiso adquirido con una causa, con la defensa de ideas, bajo los pivotes éticos de la verdad. Somos hijos de Ariel, elevada condición del ser joven; no anquilosado ni enmohecido (dejaríamos de ser jóvenes); albergadores de esperanzas y anhelos, surtidores de amor y vida futura.
¿Y qué retos tenemos los jóvenes en medio de tanta inmundicia y podredumbre moral?: el enfrentamiento al capitalismo, continuar la lucha por vencer al imperialismo y hacer de la humanidad ese lugar hermoso que merecemos. Hay que descifrar las claves del ser antimperialista, asumir una cultura, porque esta es una guerra cultural, de resistencia y asimilación crítica del momento histórico (es tener sentido del mismo nos enseña Fidel); para así, con las herramientas teóricas y una plataforma ideológica capaz de vencer lo hegemónico de un sistema insostenible como el capitalismo, lograr cambiar lo que deba ser cambiado, transformar la realidad que vivimos, desde la lealtad reflexiva con lo que creemos y la asunción de los códigos nuevos de la actualidad.
Es preciso adecuarnos al momento sin que la adecuación cueste traicionar los principios por los que luchamos. Hay que luchar por la paz de nuestros pueblos; mantener viva la llama de la proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz, eso es imprescindible en la toma de conciencia antimperialista de los jóvenes rebeldes del mundo. La especie humana y el medio ambiente en su conjunto están en peligro, el mayor de todos; cuánta vigencia las palabras de Fidel en la Cumbre de Río en 1992.
Vencer al capitalismo es salvar la especie humana, detener los efectos nocivos del cambio climático, luchar por la vida. La juventud revolucionaria debe vivir intensamente sus procesos, en América Latina y el Caribe defender, como parte de la tradición de nuestros próceres, el ideal de unidad e integración; ello como garantía de triunfo ante el peligro que representan los Estados Unidos de caer, como han hecho en no pocas ocasiones, sobre nuestros pueblos.
José Martí nos arma con su pensamiento emancipador en esta batalla de ideas para vencer al imperialismo dondequiera que esté: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. Enfrentamos una guerra de pensamiento, y sólo con las ideas, su fuerza y verdad, podremos vencer. El pensamiento deviene esencia y reto de los jóvenes que militan por la justicia social; el ejercicio del pensar desafío, medidor constante de cuanto hacemos y cuán efectivos somos en la lucha anticapitalista.
Esta lucha requiere de preparación, de constante superación y formación política; de salvar en primer orden la cultura. “Ser culto es el único modo de ser libres”; hay que desterrar las bases coloniales y neocoloniales de nuestros procesos, dotarlos de una libertad plena que pasa por la defensa de la cultura, por la aplicación de formas cultas de hacer política, desde lo autóctono de nuestros pueblos.
Hemos de abanderarnos con las ideas revolucionadoras del marxismo, ahí están las bases teóricas necesarias (con lo original y propio de cada pueblo y proceso) para elevarnos sobre lo común de la naturaleza humana, y formar el hombre nuevo en la sociedad nueva de que hablaba el Che. De ahí la importancia de la subjetividad humana, lo que puede lograrse con la forja de valores, el cultivo de lo mejor del pensamiento y la praxis revolucionaria (sobre la base de una teoría revolucionaria) en la transformación del mundo: destronar al capitalismo e instaurar el socialismo; ello desde la cosmovisión de Mariátegui; sin calco y sin copia: creación heroica.
Hay que conocer los elementos naturales de un país, sus especificidades y caracteres propios; luego mover los enlaces del cambio necesario. Todos los modelos y ningún modelo: he ahí el modelo; la cultura de hacer política nos permite entender el cómo hacer Revolución, en lo necesario que resulta trabajar con el pensamiento, vivir intensamente el cambio que se advierte, dar el pase generacional desde la creación. Como hijos de Ariel, genio alado de la juventud (de Mella, Mariátegui, Aníbal Ponce, Ingenieros, Rodó, el Che, Fidel, Chávez); andemos en su búsqueda y en la de un ser humano superior que nos arme culturalmente en el enfrentamiento a las diversas formas de agresión que el imperialismo acomete contra nuestras revoluciones.
Es la hora de los hornos, nos dijo Martí, en la que no se ha de ver más que la luz. El cultivo de la cultura y la unidad, la paz y la justicia, el servirle a los demás, el ser bueno; nos llama a ser jóvenes, a reflejar en la alegría el ambiente de la acción, y en el entusiasmo la palanca omnipotente. Llegar a los jóvenes con el acompañamiento de aquellos referentes del arte y la cultura, líderes de opinión, utilizando los nuevos códigos, en lenguaje apropiado y siendo jóvenes; deviene en ejercicio medular para la construcción del socialismo. Nuestras armas seguirán siendo las ideas; somos jóvenes alegres y profundos; no fallaremos, es cuestión de vida, patria o muerte.
Tomado de Cubadebate.

No soy un intelectual independiente



Los seres humanos somos animales de opinión. Una fuerza interna nos impulsa a exponer con vehemencia lo que consideramos verdades; algo que pareciera natural si no fuese por un simple detalle: hasta ahora ningún humano ha demostrado tener la verdad absoluta sobre nada.
Hace unos días salí a la calle y alguien me dijo: “Caramba, muy bueno ese artículo que publicaste. A todo el mundo le ha gustado”. Media cuadra después otra persona me haló por la manga: “Muy malo ese artículo que publicaste. Todo el mundo lo está criticando.” Tras el instante de perplejidad, recordé una máxima de Nietzsche: “El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación”.
Ciertamente, no somos objetos, sino sujetos: por eso somos más subjetivos que objetivos. Ironizo, desde luego, pero tome un cilindro en la mano, colóquelo frente a una luz, y verá que la sombra proyectada alguna vez será un círculo y otra un rectángulo: depende de cómo lo movamos. Semejante espejismo —que en otro nivel de sustancia nos remite a Platón— quizá sea lo que provoque cierto tipo de “anorexia expresiva”. Determinadas proyecciones internas hacen que veamos gorda nuestra opinión aunque esta sea puro esqueleto, y luego, ni siquiera acudiendo a la verdad pura de las matemáticas (kilogramos de peso por centímetros de altura), hay quien pueda convencernos de lo contrario.
Pero los humanos también somos personas juiciosas: quizá por eso hemos inventado tantas filosofías, sociedades, partidos, clubes, congregaciones, castas, gremios, comunidades y religiones. Por alguna razón nos parece que una media verdad dicha por muchos termina por hacerse redonda. Ni siquiera importa que esta sea cuadrada o apenas de cuarto menguante: ay de aquel que se oponga como Galileo.
Naturalmente, si un solo periódico o medio da una opinión, no todos la aceptan; pero si el mismo criterio aparece en varios, aun cuando estos pertenezcan a un mismo dueño —o a otros que en realidad son clones de aquel— para muchas personas lo dicho parecerá un axioma. Esa es la razón por la cual se crean los “Conglomerados Mediáticos”. 
Tengo una alerta de Google para Cuba. De cada noticia en cuyo titular aparezca la palabra Cuba, Google manda un breve resumen a mi correo electrónico. Así puedo ver cómo funcionan determinadas “corrientes de opinión” que, con frecuencia, fomentan campañas con el fin de satanizar a personas e instituciones. En apariencia, las opiniones provienen de distintos medios y usan palabras diferentes —da la impresión de que el mundo ha logrado unanimidad por esa vez… Sin embargo, cuando empiezas a desenredar la madeja, descubres cosas muy interesantes.
Por ejemplo, el Grupo español PRISA, campeón en la orquestación de campañas mediáticas a escala mundial, cuenta con más de 1 250 estaciones de radio en 22 países, cada una con su respectiva versión en la Web. Por si esto fuera poco, también es dueño —o sustancial accionista— de publicaciones globales como El País, As, Cinco días, El Huffington Post, y MeriStation; de editoriales orientadas a la enseñanza como Santillana educación, y Alfaguara infantil y juvenil; o de importantes televisoras como Mediaset, Telecinco o Cuatro en España; TVI en Portugal y V-me en Estados Unidos. Cuando el gerente general de PRISA expresa una opinión personal, esta sí que parece dicha por el mundo.
Una de esas “corrientes de opinión” anuncia que yo aquí —apenas por vivir aquí— no soy un intelectual independiente, y, en consecuencia, tampoco tengo libertad de expresión. Desde luego, yo pudiera argumentar que lo afirman porque quisieran verme repetir las medias verdades suyas en vez de las mías: ¡vaya paradoja de una libertad que pretende esclavizar el pensamiento!
También pudiera decir que nada atenta más contra mi libertad de expresión que una campaña global donde por todas las vías se remacha que por vivir aquí yo no la tengo. Quizá por ahí vaya su real propósito: pretender —mediante la intimidación y la infamia— que no goce de credibilidad la opinión adversa que llegue desde Cuba.
Yo, sin embargo, tengo un criterio muy propio de lo que es independencia intelectual, ¡atiendan a la paradoja!, por eso afirmo no poseerla. Subrayo lo dicho: no soy un intelectual independiente. Y no porque alguien soborne mi palabra o susurre en mi oído lo que debo decir, sino porque mi opinión depende de una ideología, una memoria histórica, una cultura, ciertos principios morales, y lo que entiendo por ética.
No puedo sintetizar un hecho ignorando contextos, fundamentos sociales o procesos dialécticos que lo generan, porque esto sería una inconsecuencia. No puedo reducir a un adjetivo o a un tópico lo que es diverso y complejo en la condición humana, porque esto cosifica a las personas. No puedo pretender que mi juicio sea himno de todos, porque tan solo es una nota en la dinámica del consenso.
Pero también mi opinión depende de una estética, por ello en modo alguno puede ser libre (o tal vez debiera decir libertina). Si lo que importa es altercar y no dialogar, la tarea es fácil; mas no por gusto el homo sapiens recorrió un largo trecho entre el gruñido y la palabra. Tras inventar la alfarería, a seguidas los humanos empezamos a colocar dibujos en las vasijas de barro. ¿Para qué sirven las cenefas en un puchero, si con ello no se protege mejor el alimento? Tal vez el más importante salto evolutivo de nuestra especie fue desarrollar un sentido para la belleza. 
Pero no solo la forma obliga. En esa labor flauberteana también procuro librarme de estereotipos, vanas retóricas, perogrulladas, muletillas, lugares comunes y pobre imaginación. En fin, no doy un sesgo ni acudo a malabáricos verbales para eludir un fenómeno complejo; todo lo contrario: irrumpo en otro igual de controversial. Estoy absolutamente convencido de que uno siempre puede expresar la opinión más polémica. Solo que ardua resulta la palabra cuando se considera al lector, cuando uno mismo se respeta. 
Tomado de la Jiribilla.

Diversidad cultural e identidad cultural: un binomio interactivo (I)



Este trabajo forma parte muy sintetizada de un estudio mayor en proceso dedicado a las Claves para salvaguardar la diversidad cultural y las identidades culturales: interculturalidad vs multiculturalismo, por el alcance mundial del tema y sus particularidades en el contexto nacional.
La globalización fragmentada del sistema-mundo pone en debate las potencialidades de la diversidad cultural y de las identidades como recurso humano de la sabiduría acumulada, el necesario respeto mutuo por expresiones culturales no compartidas, el sentido histórico de la continuidad cultural; así como su valor económico y patrimonial. Sin embargo, la salvaguardia de la diversidad cultural y el reconocimiento de las identidades culturales se relaciona con temas abordados reiteradamente por los estudios antropológicos como las sucesivas aproximaciones a lo identificado como “universales culturales” y las relaciones de convivencia entre grupos humanos con diversas expresiones culturales; también identificado como interculturalidad y multiculturalismo, con una rica y contradictoria gama interpretativa, que podría sintetizarse en la propuesta de la cultura como “manera de vivir juntos” ([1]) o en la actitud hegemónica galopante de “divide y vencerás”,([2]) para garantizar las distancias entre unas expresiones culturales dominantes y otras desfavorecidas, especialmente entre las personas portadoras de estas expresiones.
En un orden general, permite caracterizar el debate antropológico sobre la interculturalidad y el multiculturalismo como recurso epistemológico para identificar los discursos hegemónicos y contrahegemónicos que impiden o facilitan la salvaguardia de la diversidad cultural, las identidades culturales y el derecho de muy variados grupos humanos a coexistir en espacios comunes.
De modo específico, es posible valorar las aproximaciones sucesivas de la antropología sobre los denominados “universales culturales” y sus vínculos con la diversidad cultural y las identidades; caracterizar las tendencias interpretativas sobre la interculturalidad y sus aplicaciones; así como sobre el multiculturalismo y sus implicaciones políticas; y relacionar las diversas tendencias interpretativas anteriores con la salvaguardia de la diversidad cultural y las identidades culturales. ([3])
En el caso de Cuba, cuando culminamos en los años ochenta del siglo pasado dos Atlas culturales, me refiero al Altas de los instrumentos de la música folclórico-popular de Cuba ([4]) y al Atlas etnográfico de Cuba: cultura popular tradicional([5]), junto con la constatación del alto grado de ignorancia que había sobre las peculiaridades locales de muy variadas expresiones culturales saltó a la luz la muy amplia riqueza de la diversidad cultural como núcleo duro caracterizador de la cubanía en su proceso histórico. En este sentido, la unidad nacional ha estado precisamente caracterizada por la riqueza de su diversidad cultural.
A modo de ejemplo, una expresión identitaria que geográficamente abarca todo el país, sin excepción, como el son cubano, arrojó la presencia de 66 tipos de combinaciones de conjuntos instrumentales por provincias a partir de la presencia de 26 instrumentos musicales que se combinan en muy diversos repertorios, lo que abre un amplio diapasón que va de grupos familiar-vecinales compuestos por cuatro instrumentos (tres, guitarra, maraca y marímbula) hasta conjuntos más complejos homologables con los de la música profesional, que se nutre de múltiples expresiones raigales.
Sin embargo, para valorar la interactividad de la diversidad de expresiones culturales y las respectivas identidades, cual sentidos de pertenencia/diferencia, debemos considerar que de manera muy temprana los estudios antropológicos se han ocupado de estudiar tanto la evolución de los humanos como especie biológica y la unidad psíquica de la humanidad, como la presencia de un conjunto de rasgos culturales, con independencia del grado de organización social, que sean comunes a todos los pueblos del orbe como resultado de procesos creativos, difusivos y adaptativos a los más variados contextos, así como para satisfacer diversas necesidades.
Conjuntamente, para justipreciar el muy loable esfuerzo de varias generaciones de investigadores sobre el acercamiento y sistematización de estos rasgos culturales resulta necesario desmontar uno de los mitos más pretenciosos e inverosímiles del ser humano, especialmente de la cultura occidental, al tratar de equiparar la escala humana en la esfera terrestre con el universo en su alcance global. Tal visión antropocéntrica ¾debido a las limitaciones en el desarrollo del conocimiento¾ generaron la noción de “universal” desde una escala extremadamente distante.
Por suerte, el impetuoso desarrollo de la astronomía y del conjunto de  campos científicos que le acompañan ayudan cada vez más a poner en su sitio al ser humano (cual nano partícula pensante) comparable con el tamaño del universo.

Quizá por esta y otras razones fue que Albert Einstein enunció una de sus célebres frases: “Dos cosas son infinitas; la estupidez humana y el universo; y no estoy realmente seguro de lo segundo”.
Recordemos que La Tierra se formó hace solo unos 4550 millones de años y la vida surgió hace unos mil millones de años después. Actualmente es el único cuerpo astronómico (esferoide oblato) donde se conoce la existencia de vida. La circunferencia en el ecuador es solo de 40 091 km y su masa es aproximadamente de 5,98×1024 kg. ([6]) Sin embargo, El universo, según observaciones astronómicas, tiene una edad entre 13 730 y 13 810 millones de años; y una extensión de al menos 93 000 millones de años luz. ([7]) De modo que las diferencias entre la Tierra y el Universo son sencillamente abismales.
En este sentido, han sido muy diversas las aproximaciones a los rasgos identificados como supuestamente “universales de la cultura”, un problema estudiado y desarrollado por la antropología para identificar características comunes a todas las sociedades humanas; desde listados y sus respectivas definiciones hasta síntesis que envuelven los más abarcadores aspectos de la vida humana en sociedad.
El criterio generalizador y pretencioso de lo tenido por universal debe ser sometido a crítica por su amplia polisemia y su contradictoria inconsistencia, hasta su reducción al absurdo. Al mismo tiempo, cuando surge la idea de lo identificado como universal en la antigüedad griega aun había un inmenso desconocimiento de las matemáticas y de otras ciencias naturales para establecer escalas ficticiamente homologables entre el mundo (La Tierra) y el resto del cosmos (Universo). ([8])
En el orden filosófico el denominado “problema de los universales»” envuelve diversos campos como la propia filosofía, la psicología cognitiva, la epistemología, la ontología y la antropología, entre otros. Más allá de su alcance físico (fenoménico), que designa la totalidad del espacio-tiempo, de todas las formas de la materia (conocida y oscura, energía e impulso), las leyes y constantes que las rigen; este también hace referencia al modo en que pensamos y sabemos, y cuáles son las realidades a ser conocidas de modo general.
Históricamente este mito ha operado como una construcción ideológica multidireccional: el universalismo, basado en la idea o la creencia de una supuesta “verdad universal”, objetiva y eterna; es decir, divina, que lo determina todo, y que debe estar por lo tanto, presente en todos los seres humanos por igual. El pensamiento universalista aboga por una verdad única o específica de ver, explicar e interpretar los fenómenos y procesos de la realidad. Lo anterior puede ejemplificarse en el “universalismo religioso y teológico” del cristianismo y el islamismo; el “universalismo moral” derivado de estas cosmovisiones supranaturales; y el “universalismo político” afincado en las relaciones de poder dominantes a nivel global en diversas épocas; entre otros.
Por su alcance, el “universalismo” está sobremanera lastrado por el antropocentrismo (del griego anthropos: hombre y del latín centrum: centro), que si bien se identifica como una concepción filosófica palmariamente errónea “según la cual el ser humano constituye el centro del universo”([9]) este término abarca e implica la interpretación de la realidad exterior solo desde la escala de los valores creados por los humanos y no a partir de las relaciones con la naturaleza, donde el ser humano es un componente más, pero no mayoritario, como son las masas de agua, de tierra, de aire, o del resto de la biota en el orbe. El antropocentrismo también limita valorar con certeza el papel y lugar de los humanos en el medio natural.
Por la razón anterior empleamos una categoría propia de la escala humana como la de rasgos culturales comunes, una vía más expedida para acercarnos de modo sistémico al conjunto de cualidades generalizables a los diversos grupos humanos y cómo varían a partir de ellos su sentido de pertenencia/diferencia. Frente a la evolución de los juicios y valoraciones sobre la imaginada “universalidad”, cual verdades eternas e inmutables, sobremanera lastradas por cosmovisiones e ideologías desde el poder en diversas épocas históricas, la identificación de rasgos culturales comunes es otra vía interpretativa basada en el ser humano en sociedad como escala del análisis. Esta nueva propuesta nos permite identificar las relaciones interactivas entre diversidad cultural e identidad cultural.
 
Tomado de la Jiribilla.

En pro de nuevas experiencias sonoras



Joaquín Borges-Triana • Julio 2017-
Aunque por lo general prevalece una mirada yo diría que reduccionista en torno a la música electrónica, lo cierto es que solo una parte de este tipo de expresión artística se produce y conduce como dance music y hay una abundante creación que, aunque no pensada desde la mirada académica, su objetivo no es el baile ni ser consumida dentro del ámbito de la cultura de club.
En lo concerniente a Cuba, en buena medida por las carencias tecnológicas que ha tenido el país, las corrientes que se reúnen alrededor de la música electrónica y sus dos principales subgéneros, el techno y el house, demoraron en comenzar a desarrollarse. Ahora bien, eventos como el aludido ProElectrónica, o el muy popular y ya desaparecido Festival Rotilla, dejan claro que en el presente resulta significativo el interés que entre los creadores cubanos se está dando por la música electrónica.
Cabría decir que quienes entre nosotros se han orientado hacia esta variante sonora contemporánea, por mucho tiempo han tenido que hacer su obra desde una estética pobre y doméstica, en consecuencia y proporción con las limitaciones tecnológicas propias del contexto cubano.
Todo lo anterior viene a colación a propósito de un muy interesante disco de música electrónica titulado Yongolailan y acreditado al dueto de Carlos y Rafael, una      producción fonográfica en la que se incluyen en total diez temas. Galardonado en 2015 con el Premio Cubadisco, este es un álbum en el que sus protagonistas van más allá de lo meramente bailable, para entregarnos una rica mixtura o hibridación musical.
Así, los integrantes de este dueto no se limitan a trabajar únicamente con máquinas, sino que en un par de cortes de la grabación invitan a dos instrumentistas. De tal suerte, en las piezas En tu balcón y Chinatown Downtown intervienen Yelfris Valdés y Jorge Aragón. Igualmente, el buen gusto de Carlos y Rafael para construir gratas texturas sonoras, cálidos timbres y atmósferas que nos envuelven se perciben a lo largo de cortes como Blue & Vert, Antaño, Malecón 90’s, Promenade dans la baie, Sueño tropical, Blow up, Afuera en el Patio y Serenade for the Moon_Aire de Mar, y donde por momentos escuchamos pinceladas que aluden a los códigos del pop.
Una producción fonográfica como Yongolailan, de Carlos y Rafael, corrobora que nuestros creadores de música electrónica popular, hoy localizables no solo en Cuba sino también fuera del país, han empleado desde el sintetizador en sus distintas generaciones, las ondas martenot y hasta el theremin para la realización de sus ideas, ya sea dentro de lo bailable o en expresiones que persiguen otras miras.
De tales intenciones, entre los recursos que ahora mismo se están utilizando entre nosotros, cabría mencionar el cut and paste (corte y pega), la estética del error, el low fidelity, el ruido y lo atmosférico en cierto grado psicodélico, los loops ya programados o nuevos que se diseñan y el jitter, por solo aludir a algunos.
Además, con la audición de este disco, al menos a mí me queda claro que en la actualidad las nuevas tecnologías desarrolladas fundamentalmente para la producción de músicas para las pistas de baile, mestizadas con todas las influencias sonoras/musicales imaginables, desde el compositor de origen griego Iannis Xenakis a la importantísima banda alemana Kraftwerk, o desde el jazz americano al noise japonés, brindan   la posibilidad de nuevas narrativas (mezclas, collages y bricolages) y de novedosas experiencias sonoras.
Tomado de Juventud Rebelde.

En defensa del patrimonio



 


Joaquín Borges-Triana


28 de Junio del 2017
Lamentablemente entre nosotros todavía no hemos logrado que la relación cultura y gastronomía funcione como un matrimonio estable. Incontables son las historias de proyectos artísticos que han sucumbido en virtud del fracaso en el modo de interactuar entre ambas esferas. De ahí que cuando una iniciativa en dicho orden ha logrado funcionar durante años, hay que felicitar a sus artífices. Tal es el caso de la peña que todos los días de la semana se desarrolla en el patio bar de la Egrem desde 2009.
Por largo tiempo, el espacio ubicado en San Miguel 410 entre Campanario y Lealtad, Centro Habana, solo era usado para la venta de discos, así como para el expendio de fiambres y bebidas. Nunca he sabido con precisión cómo surgió lo que se llama El Jelengue de Areíto. Recuerdo que todo comenzó como parte de las celebraciones por el aniversario 45 de la Egrem, pero no tengo claro si ello se le ocurrió a Jorge Rodríguez, el productor general del espacio.
La semana pasada estuve por allí en un par de ocasiones. Primero, el miércoles, en la peña que la gente de El Caimán Barbudo llevamos en el lugar desde el comienzo del proyecto. En esta oportunidad disfrutamos de un excelente concierto de Gerardo Alfonso, concebido para inaugurar el encuentro de trovadoras organizado por Heidi Igualada y Marta Campos. Mi segunda visita al Jelengue ocurrió el domingo y tengo que decir que recibí una muy grata sorpresa.
Ese día se presenta en el patio bar de la Egrem El Millo e Iyerosun, con una propuesta que abarca tanto el complejo de la rumba como distintas expresiones musicales de origen afrocubano. Para quienes no saben acerca del quehacer de esta agrupación, puedo decirles que Iyerosun fue fundada por su director Esmidio I. Merencio Blanco (El Millo) en el año 2010. El vocablo africano iyerosun significa polvo de adivinación o aché de Orumila. A partir de lo antes expuesto, se deducirá con facilidad que la propuesta de este colectivo tiene como objetivo central la defensa de nuestras raíces patrimoniales de origen yoruba, bantú y abakuá, camino por el cual también asumen como discurso artístico el guaguancó, la columbia y el yambú.
En las funciones que cada domingo El Millo e Iyerosun desarrollan en El Jelengue, con buen gusto ellos interpretan un repertorio con las características descritas, es decir, arman todo un espectáculo durante la primera parte de la función e integran de manera orgánica el canto, los toques, la danza y la actuación. Lo que más me cautivó en dicho sentido es la autenticidad con la que actúan, sin el menor vestigio de ese folclorismo barato y orientado al turismo internacional que tanto encontramos por doquier.
Tras un intermedio en el que los asistentes, si lo desean, pueden bailar al ritmo de música cubana de la mejor de cualquier tiempo, en la segunda parte del espectáculo la agrupación interpreta varios temas del complejo de la rumba. Aquí es cuando la cosa se pone caliente de verdad, al punto de que por momentos el público se enardece más de lo debido y habla demasiado alto, con lo que impide escuchar apropiadamente a los intérpretes.
En ese sentido, añoro que en nuestro contexto alguna vez funcionen las reglas del juego que he apreciado en locales semejantes en otros lugares del mundo y en los que cuando alguien se pone a hablar en voz alta mientras los músicos hacen su trabajo, gentilmente algún representante de la institución se acerca al infractor para solicitarle silencio y en caso de no acatar el pedido, un agente de seguridad conmina al indisciplinado a marcharse del sitio. Ojalá alguna vez ello también funcione así entre nosotros.
Sucede que no es justo que por bulla de unos pocos se perjudique la correcta audición de una propuesta artística como la de El Millo e Iyerosun, sobre todo cuando técnicamente el audio es impecable, como ocurría el pasado domingo, por obra y gracia del quehacer del sonidista José Pérez Lerroy, uno de los fundadores de las peñas de la Egrem desde marzo de 2009.
Otro de los aciertos de la presentación en la Egrem de El Millo e Iyerosun fue que en el segmento de la actuación dedicada a la rumba, ellos incluyeron varios temas del que es su primer fonograma, el álbum titulado Patrimonio. Contentivo de 12 cortes, en el CD, como se dice en una nota promocional al respecto, «abordan esencialmente la rumba a la manera más tradicional».
Un rasgo que me llama la atención es el eficaz modo en que se apropian de conocidos temas de la música popular cubana y los convierten en deliciosas rumbas, a tono con una tradición del género. Tales son los casos de Cuba, qué linda es Cuba (Eduardo Saborit) y Pensamiento (Rafael Gómez, Teofilito).
Con piezas como A los rumberos caídos, Rumbero soy, Suenan los cueros (uno de mis favoritos de la grabación y donde interviene además Emilio Frías, el Niño) o la muy sabrosa columbia Tú descargas pa’tra, recomiendo tanto la adquisición del álbum, así como la visita a la peña que El Millo e Iyerosun desarrollan cada domingo en la Egrem. De seguro, no se van a arrepentir.
 TOMADO DE JUVENTUD REBELDE