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domingo, 23 de julio de 2017

Jóvenes revolucionarios ante los desafíos de la contemporaneidad




21 julio 2017
Traigo en el corazón sus doctrinas, su ejemplo vive en cada joven que descubre el alma de la Patria, su obra se siembra y perdura porque su pueblo lo quiere. Nos convoca a un diálogo de civilizaciones en la urgencia de salvar el mundo, de dar vida a la humanidad, de proteger la especie humana como desafío de la contemporaneidad. Su legado es ético porque la cuestión moral que movió su vida devino en esencia de su elección al lado de los humildes; de su lucha por un mundo mejor (sin odios, guerras, explotación, genocidio, barbarie); de la forja de su carácter entero en medio de tanta podredumbre moral, de crisis humanística, de egoísmos. Se declaró martiano en espíritu, hubo de apropiarse de manera creadora de las ideas de Martí y junto a él llevó adelante la obra hermosa de justicia social que ha significado la Revolución para Cuba y el mundo.
Es Fidel un símbolo de la resistencia de un pueblo que ama su libertad y la defiende al precio que sea necesario. Su liderazgo continúa vibrando en el corazón de la Patria Grande; he ahí su condición revolucionaria, fuerza en las ideas y praxis política, desde las armas del pensamiento, con una cultura capaz de hacer buena política. Una vida dada al sacrificio, puesto que lo entendió y tuvo ánimos para hacerlo, de mirar siempre de qué lado está el deber y no del que se vive mejor.
Era un verdadero hombre, de una altura ética trascendental, con profunda vocación de justicia, antiimperialista por esencia, soñador de imposibles y hacedor de realidades para el bien de todos. ¿Cómo no traerlo al hoy de los jóvenes cubanos cuando tan cerca lo tenemos? Es un reto de los jóvenes: salvar la memoria histórica, mantener a buen resguardo las ideas que defendemos, la verdad que nos acompaña como arma imprescindible en esta batalla que es cultural; que se gana con ideas, argumentos y razones.
Para entender el momento que vivimos hay que ir a la historia, son fuertes desafíos los que tenemos delante: la lucha por la paz, por el bien de la humanidad, por los pueblos sufridos del mundo; el enfrentamiento al capitalismo y al imperialismo donde quiera que estén, el combate ideológico y cultural, la batalla de símbolos que define posiciones, el ser revolucionario en el siglo XXI.
La humanidad, desde una contemporaneidad que asusta, donde las muertes no cesan, se incrementan; donde las civilizaciones luchan por mantenerse íntegras y las culturas o se salvan o perderemos pueblos enteros en la subjetividad y la espiritualidad de los seres humanos; presenta desafíos propios de este tiempo: ¿cómo seguir abogando por el equilibrio del mundo, por la unidad de nuestros pueblos; por consolidar procesos revolucionarios progresistas, de izquierda, de justicia social?; ¿cómo mirar a los jóvenes del mundo con los ojos de hoy para que haya un mañana, sin olvidar nunca el ayer?, ¿se puede seguir siendo un soñador y, como Martí, ponernos la camisa al codo, hundir las manos en la masa y levantarla con la levadura de nuestro sudor?, crear como palabra de pase de cada generación.
Eso es ser joven, esa es la condición: crear, porque una juventud que no crea, nos dice el Che, es una anomalía realmente. Fundar, estos son tiempos de fundar; de sembrar ideas, muchas ideas, conciencia y más conciencia. Jóvenes revolucionarios que saben por qué luchan, que le dan sentido a sus vidas, al momento histórico; que están llamados a salir al camino redentor con el ímpetu de los que no se acoquinan ni renuncian a los ideales que los mueven. Retos y desafíos de una juventud que ha de luchar por sueños de justicia, como dice el poeta: aprender que lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. Eso es lo primero, el compromiso adquirido con una causa, con la defensa de ideas, bajo los pivotes éticos de la verdad. Somos hijos de Ariel, elevada condición del ser joven; no anquilosado ni enmohecido (dejaríamos de ser jóvenes); albergadores de esperanzas y anhelos, surtidores de amor y vida futura.
¿Y qué retos tenemos los jóvenes en medio de tanta inmundicia y podredumbre moral?: el enfrentamiento al capitalismo, continuar la lucha por vencer al imperialismo y hacer de la humanidad ese lugar hermoso que merecemos. Hay que descifrar las claves del ser antimperialista, asumir una cultura, porque esta es una guerra cultural, de resistencia y asimilación crítica del momento histórico (es tener sentido del mismo nos enseña Fidel); para así, con las herramientas teóricas y una plataforma ideológica capaz de vencer lo hegemónico de un sistema insostenible como el capitalismo, lograr cambiar lo que deba ser cambiado, transformar la realidad que vivimos, desde la lealtad reflexiva con lo que creemos y la asunción de los códigos nuevos de la actualidad.
Es preciso adecuarnos al momento sin que la adecuación cueste traicionar los principios por los que luchamos. Hay que luchar por la paz de nuestros pueblos; mantener viva la llama de la proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz, eso es imprescindible en la toma de conciencia antimperialista de los jóvenes rebeldes del mundo. La especie humana y el medio ambiente en su conjunto están en peligro, el mayor de todos; cuánta vigencia las palabras de Fidel en la Cumbre de Río en 1992.
Vencer al capitalismo es salvar la especie humana, detener los efectos nocivos del cambio climático, luchar por la vida. La juventud revolucionaria debe vivir intensamente sus procesos, en América Latina y el Caribe defender, como parte de la tradición de nuestros próceres, el ideal de unidad e integración; ello como garantía de triunfo ante el peligro que representan los Estados Unidos de caer, como han hecho en no pocas ocasiones, sobre nuestros pueblos.
José Martí nos arma con su pensamiento emancipador en esta batalla de ideas para vencer al imperialismo dondequiera que esté: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. Enfrentamos una guerra de pensamiento, y sólo con las ideas, su fuerza y verdad, podremos vencer. El pensamiento deviene esencia y reto de los jóvenes que militan por la justicia social; el ejercicio del pensar desafío, medidor constante de cuanto hacemos y cuán efectivos somos en la lucha anticapitalista.
Esta lucha requiere de preparación, de constante superación y formación política; de salvar en primer orden la cultura. “Ser culto es el único modo de ser libres”; hay que desterrar las bases coloniales y neocoloniales de nuestros procesos, dotarlos de una libertad plena que pasa por la defensa de la cultura, por la aplicación de formas cultas de hacer política, desde lo autóctono de nuestros pueblos.
Hemos de abanderarnos con las ideas revolucionadoras del marxismo, ahí están las bases teóricas necesarias (con lo original y propio de cada pueblo y proceso) para elevarnos sobre lo común de la naturaleza humana, y formar el hombre nuevo en la sociedad nueva de que hablaba el Che. De ahí la importancia de la subjetividad humana, lo que puede lograrse con la forja de valores, el cultivo de lo mejor del pensamiento y la praxis revolucionaria (sobre la base de una teoría revolucionaria) en la transformación del mundo: destronar al capitalismo e instaurar el socialismo; ello desde la cosmovisión de Mariátegui; sin calco y sin copia: creación heroica.
Hay que conocer los elementos naturales de un país, sus especificidades y caracteres propios; luego mover los enlaces del cambio necesario. Todos los modelos y ningún modelo: he ahí el modelo; la cultura de hacer política nos permite entender el cómo hacer Revolución, en lo necesario que resulta trabajar con el pensamiento, vivir intensamente el cambio que se advierte, dar el pase generacional desde la creación. Como hijos de Ariel, genio alado de la juventud (de Mella, Mariátegui, Aníbal Ponce, Ingenieros, Rodó, el Che, Fidel, Chávez); andemos en su búsqueda y en la de un ser humano superior que nos arme culturalmente en el enfrentamiento a las diversas formas de agresión que el imperialismo acomete contra nuestras revoluciones.
Es la hora de los hornos, nos dijo Martí, en la que no se ha de ver más que la luz. El cultivo de la cultura y la unidad, la paz y la justicia, el servirle a los demás, el ser bueno; nos llama a ser jóvenes, a reflejar en la alegría el ambiente de la acción, y en el entusiasmo la palanca omnipotente. Llegar a los jóvenes con el acompañamiento de aquellos referentes del arte y la cultura, líderes de opinión, utilizando los nuevos códigos, en lenguaje apropiado y siendo jóvenes; deviene en ejercicio medular para la construcción del socialismo. Nuestras armas seguirán siendo las ideas; somos jóvenes alegres y profundos; no fallaremos, es cuestión de vida, patria o muerte.
Tomado de Cubadebate.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El Fidel de cada quien.





Por: José Alejandro Rodríguez
30 de Noviembre del 2016 
Fidel es patrimonio popular. Anda repartido entre tantos peregrinos que, silenciosos y conmovidos, blandiendo recuerdos, vienen a tributarle homenaje en filas interminables. Fidel, el Atlas que se echó la patria y el mundo sobre los hombros, imanta amorosamente múltiples destinos y alimenta sueños futuros. Cada quien esgrime su Fidel. Y la única condición a cambio es que siga acompañándonos con su vista preclara, en los complejos y sutiles desafíos que se arremolinan ante la nación.
Confesora Rosabal avanza con dificultad. Su rostro, roturado de surcos peleones por la vida. Sus ojos, dos luciérnagas de tristeza. Perdió a su esposo en los combates de Playa Girón, y pudo criar a sus dos hijos gracias a Fidel y a Celia, que tanto la ayudaron. «Él no ha muerto, porque vivió para los pobres, para los humildes. Su gente son los de abajo», musita y hace una declaración de fe: «En lo que yo pueda, en lo que esté en mis manos, no lo dejaré irse».
La fila sigue incesante: todos los pigmentos y edades. Muchos niños con sus padres. Llorosos y contenidos. En las afueras de la base del Monumento al inmenso, el inspirador de Fidel, la gente deposita flores, carteles y pequeños papeles con caligrafías nerviosas de gratitud, dibujos de niños pletóricos de soles y barcos. Predominan en ellos los vocablos: gracias, te queremos, vives...
¿Qué nos vamos a hacer sin Fidel? Ante la pregunta del periodista, Cosinel del Peso, oficial retirado, fundador de la Escuela de Artillería Base Granma, le señala la multitud silenciosa que viene atrás y dispara como ráfaga: «Olvídese de eso. Lo que él sembró en este pueblo va a ser perdurable».
Miguel Enrique Montero se apoya sobre su bastón. Es proyectista, y un accidente del trabajo lo conminó a jubilarse en 1995. «Siempre lo querré. Lo que más me conmueve de su grandeza es la honestidad y la valentía», confiesa.
Vestido de blanco, con sus collares de la regla de Ocha, Juan Carlos Candó Reyes trae un cartel de cartón que dice: «Fidel, te recordaré por siempre… Mi madre te ama. Gracias, Comandante». Lo deposita entre las flores de la entrada y me cuenta que él nació en 1959 en Contramaestre. Su vieja, Adela Reyes Ramírez, tiene 89 años, y por poco se le va... Le pusieron un marcapasos.
«Ese hombre es muy grande. Es el cimiento, la base de este país. Le di la mano dos veces en Santiago de Cuba, y ya con eso me basta».
Unos periodistas buscan rostros notorios, otros perseguimos seres comunes. Pero si Elián González irrumpe, se complacen los dos grupos. En la efervescencia de la juventud, Elián conserva el rostro tierno de aquel niño que conmovió al mundo, vindicado por el coraje de su padre y la determinación de Fidel, en una de las batallas más difíciles y sentimentales de la Revolución Cubana.
De su relación con Fidel, remarca que «fueron momentos inolvidables que siempre estarán en mi corazón. Pero hay dos muy particulares: el momento en que me llamó su amigo en acto público. Después entendí que no era el amigo de Elián, sino de todos los niños...
«Y un segundo momento fue la última oportunidad que tuve para verlo. Yo estaba en camino de decidir mi futuro, qué profesión estudiar. Y por mucho que traté de que me ayudara a elegir, no lo hizo. Esa fue su mayor educación. Es que Fidel nos prepara, nos da los medios, pero no está ahí para decidir por nosotros. Él nos deja que seamos los protagonistas de nuestra vida, que seamos lo que soñamos...
Alguien, en el enjambre de periodistas, le pregunta cómo imagina los próximos años sin Fidel. Y Elián profesa su fe en los cubanos, porque «él nos preparó para este día, nos enseñó, nos llevó de la mano hasta este momento y ahora nos soltó la mano. Ahora somos millones de cubanos que vamos a alzar nuestra voz y vamos a seguir esas ideas».
Discapacitados físicos, personas en sillas de ruedas o con muletas y ciegos se entreveran con frecuencia en la larga fila. Es la gratitud de muchos seres salvados para la utilidad y la virtud.
Entre varios ciegos, Raúl Martínez, con 60 años, me revela que vio hasta los 18, pero recuerda el rostro de Fidel nítidamente. En un recorrido por obras en construcción en 2002, el Comandante le pasó por el lado y lo vio trabajar. Cuando Raúl le pidió saludarlo y hablar con él, fue que se enteró que aquel trabajador era invidente. Y Fidel no salía de su asombro. «Él nos trajo la luz a muchos ciegos», sentencia Geraldina González.
Tin Cremata avanza por la fila con todos los niños-abeja de La Colmenita. Y me confiesa que siempre ha asociado a Fidel con su padre, a quien perdió en la voladura del avión de Barbados. Recuerda como algo extraordinario en su humanismo, el día en que un coro de niños sordomudos le regaló una interpretación de una canción en lenguaje de señas. Tim evoca que vio muy de cerca dos lágrimas en el rostro de Fidel.
Y Danna Barcia, una «abejita» de cinco años, junto a Tin, le reveló a una reportera que traía pintado en la frente el nombre de Fidel, porque no puede abrirse el corazón para guardarlo allí.
Hay hombres así, que se reparten entre millones y perduran. A partir de ahora, Fidel inicia su largo viaje a la eternidad, sin abandonar a sus hijos. Pedro Morales, un señor grueso de mirada ceñuda, advierte que al igual que el Gigante vaticinara aquel 8 de enero de 1959, lo que viene será más difícil.
Tomado de Juventud Rebelde
 

viernes, 7 de octubre de 2016

Reconquistarnos



Allí, donde una huracanada furia de desamor al natural quiso derribarnos de un tajazo, toca refundar ahora los cimientos de lo posible una vez más
 
Por:Yoelvis L. Moreno Fernández
Octubre del 2016 
Después de la tormenta, después del vendaval, después de la espera larga y la noche oscura, después de tanta lluvia de tristezas, después de todos los después mientras hay vida... siempre nos llega la hora de orear el alma, de quitarnos la vestimenta de lo terrible aunque el paisaje nos obnubile, para tender al aire libre, en el largo cordel de la esperanza, todo cuanto nos ha quedado...
Y con eso que nos ha quedado iremos levantándonos poco a poco, paso a paso, minuto a minuto... Iremos deshaciéndonos de la humedad del desorden, mientras ponemos cada cosa otra vez en su lugar. Y estrecharemos lo que fue la casa a un espacio quizá menor, como desde ya se estrechan los brazos hermanos recién llegados.
Y volveremos a ubicar un espejo, que no será tan grande como el de antes, pero servirá para mirarnos. Y pondremos un reloj, que no será como aquel de pared, pero igual nos hará saber que el tiempo no se nos detiene.
Allí, donde una huracanada furia de desamor al natural quiso derribarnos de un tajazo, toca refundar ahora los cimientos de lo posible una vez más.
Ha llegado la hora de abrigar las certezas que habitan más allá de cualquier suspiro, más allá de cualquier plegaria. Ha llegado la hora de reconquistarnos, de salvarnos en medio de todo cuanto sabemos que habrá que hacer. Ha llegado la hora de escurrir las tristezas para recuperar todos los techos... incluso el del alma.

Tomado de Juventud Rebelde.

lunes, 25 de abril de 2016

Unicornio en plaza de toros

Por Silvio Rodriguez / Tomado de Blog  Segunda Cita


Los camerinos que nos tocaron ayer, en la plaza de toros de Córdoba, fueron los que usan los toreros. Aunque personalmente no sea un amante de la lidia, impresiona conocer los rincones de donde algunos grandes artistas de la tauromaquia salieron a forjar sus leyendas. Acaso un soplo de ese espíritu de gloria nos acompañaba cuando marchábamos a nuestra faena musical, porque sin dudas  fue un concierto inolvidable, marcado por la generosidad de un público amoroso, como el que nos suele acompañar en este periplo por las Españas.

Tarde en la noche, cuando ya nos retirábamos a descansar, escuchamos detrás de un muro los gritos de “Silvio, asómate que hemos encontrao tu unicojnio”… Acudimos prestos a la llamada anunciadora y encontramos todavía más amor en esta tierra de califas.

miércoles, 13 de abril de 2016

Hoy se celebra el Día Internacional del Beso ¿por qué nos besamos?



Una pareja tailandesa se besó durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. Este curioso récord mundial ocurrió un 13 de abril y desde entonces en esta fecha se celebra el Día Internacional del Beso, una jornada dedicada a uno de los actos humanos más sublimes. Usados para transmitir amor, pasión, amistad o el sentimiento que usted prefiera, los ósculos son también una tormenta de bacterias e incluso existe una disciplina dedicada a su estudio. 

Miles de personas en todas las regiones se suman a la celebración en las redes sociales. En Twitter, es la principal tendencia a nivel global. Hasta las 10 am hora de Cuba, unos 85 mil tweet se habían compartido con el hashtag #DiaInternacionaldelBeso.
Aparecen en toda canción de amor o película y la mayoría podemos recordar perfectamente cómo fue nuestro primer beso. Gracias a la filematología (rama de la ciencia que investiga sobre el tema) se sabe que la práctica del beso romántico data de la Antigüedad, se tiene certeza de que los persas y los griegos lo hacían.
Especialistas médicos afirman que los besos reducen las dolencias, refuerzan el sistema inmunitario y ayudan a los seres humanos a pervivir en el tiempo como especie. También es el origen de afecciones tan comunes como los resfriados, el herpes labial o las caries, pero el besar libera endorfinas y hormonas ligadas al cariño y la ternura, como la dopamina y la oxitocina. Cuando besamos podemos mover hasta 36 músculos y el latido de nuestro corazón puede pasar del reposo hasta la agitación en unos breves instantes.
Ahora bien, por qué nos besamos, cuándo empezamos a hacerlo, o si es un comportamiento aprendido o instintivo, siguen siendo un misterio.
No se sabe cómo se originó. Algunos científicos defienden que es una conducta aprendida que surgió hace cientos de miles de años, en nuestros ancestros evolutivos: las madres mascaban la comida y se la pasaban a sus crías desdentadas; puede que incluso cuando éstas tuvieran dientes y pudieran masticar por sí mismos, las madres siguieran colocando sus labios en las mejillas de los hijos, para reconfortarlos.
Además, para reforzar esta idea se solía señalar que en la naturaleza muchos animales siguen conductas similares o comparables al beso para mostrar cariño. Los bonobos se “besan” o unen los labios tras una pelea, pero también para establecer lazos sociales. Los perros olisquean y lamen a sus potenciales parejas y los elefantes enroscan sus trompas e incluso las introducen en la boca del otro.
Los humanos también besamos para fortalecer lazos de unión. Investigadores de Oxford han visto que las parejas que se besan con más frecuencia son más felices y se sienten más satisfechas con su relación, independientemente de la frecuencia con que mantienen relaciones sexuales.
Menos de la mitad de las culturas del mundo practican el beso.




Aunque, ahora bien, el beso –humano- no es, para nada, universal, lo que no tiene sentido alguno si realmente se hubiera originado como un comportamiento en los primeros homínidos. Una investigación de 2015 llevada a cabo por un equipo de antropólogos americanos mostraba que al menos de la mitad de las 168 culturas que estudiaron les gustaba besarse. En concreto, solo el 46% practicaban el besuqueo. En Europa, por ejemplo, de las 10 culturas que analizaron, en solo siete existía el beso romántico.
Y mientras que América del Sur únicamente cuatro de las 33 contempladas (culturas, no países) se daban al intercambio de saliva, en Oriente Medio todas las sociedades analizadas disfrutaban del beso romántico. En general, concluía el estudio, aquellas sociedades que eran más complejas solían besar más, mientras que por ejemplo para las tribus cazadoras-recolectoras era algo desagradable.
Entonces, ¿por qué nos besamos? Una teoría científica que entronca de nuevo con la evolución apunta que es una forma excelente de valorar si la pareja potencial que tenemos delante es o no adecuada para tener una descendencia sana. Al besar a alguien, instintivamente nos dejamos llevar por las feromonas, marcas químicas sutiles que nos dan información acerca del sistema inmunitario de esa persona.
Además, intercambiamos saliva, repleta de bacterias y otras sustancias que nos permiten evaluar de forma rápida si esa persona es o no compatible genéticamente con nosotros.
Existe un conjunto de genes llamado complejo mayor de histocompatibilidad que se encargan de enviar esa información, como si fueran nuestro historial de salud. Cuanto más diversos sean los genes de la pareja, más probabilidades al mezclarse de conseguir un sistema inmunitario más diverso capaz de combatir mejor las enfermedades y, por tanto, de garantizar la supervivencia de la descendencia.

Un cóctel químico




Según la filematología, las antiguas civilizaciones persas y griegas practicaban el beso romántico.


En un beso de 10 segundos intercambiamos, según un estudio de 2014, nada menos que unos 80 millones de bacterias. Por cierto, como la caries están producidas por bacterias, si a quien estamos besando tiene los dientes picados, es más que probable que nos contagie su salud bucal. Como también el resfriado, el virus del herpes o la sífilis.
Desde un punto de vista neurocientífico, el beso es muy interesante. Cuando unimos nuestros labios a los del otro aumenta la presión sanguínea, se movilizan hasta 29 músculos faciales y quemamos unas cuatro calorías por minuto. Al tocarse los labios, más de 100 mil millones de células nerviosas se activan, le envían al cerbero un torrente de información que le ayuda a decidir si queremos continuar y, en ese caso, comienza a liberar endorfinas.
La boca es, de hecho, una de las zonas más erógenas del organismo; tanto la lengua como los labios están repletos de terminaciones nerviosas. Y nuestro cerebro le dedica una gran cantidad de recursos a la sensación procedente de los labios, en comparación con otras partes del cuerpo. También segrega un cóctel químico formado por dopamina, oxitocina y serotonina, que nos hacen sentir más que bien y con ganas de repetir; además, activan el centro del placer del cerebro y nos producen sensación de euforia.
(Tomado de La Vanguardia)



The Kiss” (El Beso) es quizás la fotografía más famosa de dos personas besándose. Fue hecha el 14 de agosto de 1945. Un marine besa apasionadamente a una enfermera, celebrando así el final de la II Guerra Mundial. Foto: Alfred Eisenstaedt/ Life.