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martes, 20 de marzo de 2018

¿Por qué es tan importante la conciencia?

¿Por qué es tan importante la conciencia?



Fragmentos del discurso en la asamblea general de trabajadores  de la Textilera Ariguanabo, el 24 de marzo de 1963
(…) el proletariado no tiene sexo; es el conjunto de todos los hombre y mujeres que, en todos los puestos de trabajo del país, luchan consecuentemente para obtener un fin común.
(…) Muchas cosas quedan por hacer; más aún, sin llevarnos a las tradiciones del pasado anterior al triunfo de la Revolución quedan una serie de tradiciones del pasado posterior, es decir, del pasado que pertenece a nuestra historia prerrevolucionaria.
Las tradiciones de que miembros del Partido, de los sindicatos, de diversas organizaciones de masas, dirijan, orienten, dictaminen pero muchas veces no trabajen. Y eso es algo completamente negativo.
Quien aspire a ser dirigente tiene que poder enfrentarse, o mejor dicho, exponerse al veredicto de las masas, y tener confianza de que ha sido elegido dirigente o se propone como dirigente porque es el mejor entre los buenos, por su trabajo, su espíritu de sacrificio, su constante actitud de vanguardia en todas las luchas que el proletariado debe realizar a diario para la construcción del socialismo.
Eso todavía pesa en nosotros. Todavía nuestras organizaciones no están totalmente exentas de ese pecado que se incorporó a nuestras tradiciones tan jóvenes dentro de la Revolución, y que empezaron a hacer daño. Y también desterrar totalmente todo lo que significa el pensar que se elegido miembro de alguna organización de masas o del partido dirigente de la Revolución -dirigente en alguna de las distintas facetas que toma- le permite a estos compañeros tener la más mínima oportunidad de lograr algo más que el resto del pueblo.
Es decir, esa política de premiar al bueno con bienes materiales, de premiar a quien demostró tener mayor conciencia y mayor espíritu de sacrificio con bienes materiales.
Y éstas son dos cosas que constantemente van chocando y van integrándose dialécticamente en el proceso de construcción del socialismo: por un lado los estímulos materiales necesarios, porque salimos de una sociedad que no pensaba nada más que en estímulos materiales y construimos una sociedad nueva sobre la base de aquella vieja sociedad, con toda una serie de traslados en la conciencia de la gente de aquella vieja sociedad, y porque no tenemos lo suficiente todavía para dar a cada cual según su necesidad.
Por eso el interés material estará presente durante un tiempo en el proceso de construcción del socialismo.
Pero, precisamente, la acción del Partido de vanguardia es la de levantar al máximo la bandera opuesta, la del interés moral, la del estímulo moral, la de los hombres que luchan y se sacrifican y no esperan otra cosa que el reconocimiento de sus compañeros, no esperan otra cosa que la sanción que ustedes hoy han dado a los compañeros eligiéndolos para formar parte del Partido Unido de la Revolución.
El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él.
El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso. Uno está en decidido proceso de ascenso; el otro debe estar en decidido proceso de extinción. El estímulo material no participará en la sociedad nueva que se crea, se extinguirá en el camino y hay que preparar las condiciones para que ese tipo de movilización que hoy es efectiva vaya perdiendo cada vez más su importancia y la vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria.
(…)
El revolucionario cabal, el miembro del Partido dirigente de la Revolución deberá trabajar todas las horas, todos los minutos de su vida, en estos años de lucha tan dura como nos esperan, con un interés siempre renovado y siempre creciente y siempre fresco. Esta es una cualidad fundamental.
Eso significa sentir la Revolución. Eso significa que el hombre es un revolucionario por dentro, que siente como revolucionario. Y entonces el concepto de sacrificio adquiere nuevas modalidades.
(…)
Y las características de nuestra Revolución también son propias. No pueden desligarse de las grandes verdades, no pueden ignorar las verdades absolutas descubiertas por el marxismo, no inventadas, no establecidas como dogmas, sino descubiertas en al análisis del desarrollo de la sociedad. Pero habrá condiciones propias, y los miembros del Partido Unido de la Revolución deberán ser creadores, deberán manejar la teoría y crear la práctica de acuerdo con la teoría y con las condiciones propias de este país en que nos toca vivir y luchar.
Es decir, que la tarea de la construcción del socialismo en Cuba, debe encararse huyendo del mecanismo como de la peste. El mecanismo no conduce sino a formas estereotipadas, no conduce sino a núcleos clandestinos, al favoritismo, y toda una serie de males dentro de la organización revolucionaria. Hay que obrar dialécticamente, apoyarse en las masas, estar siempre en contacto con las masas, dirigirlas mediante su ejemplo, utilizar la ideología marxista, utilizar el materialismo dialéctico y ser creadores en todo momento.
Frente a esto, ¿cómo podríamos definir las tareas más importantes de un miembro del Partido Unido de la Revolución? Hay dos fundamentales, dos que vuelven a repetirse constantemente y que son la base en que está apoyado todo el desarrollo de la sociedad: la producción, el desarrollo de los bienes para el pueblo; y la profundización de la conciencia.
De más está explicarles a ustedes por qué es tan importante la producción. Porque la producción debe ser algo que siempre esté presente en las inquietudes grandes de un miembro del Partido.
El socialismo no es una sociedad de beneficencia, no es un régimen utópico, basado en la bondad del hombre como hombre. El socialismo es un régimen al que se llega históricamente, y que tiene como base la socialización de los bienes fundamentales de producción y la distribución equitativa de todas las riquezas de la sociedad, dentro de un marco en el cual haya producción de tipo social. Es decir, la producción que creó el capitalismo: las grandes fábricas, las grandes haciendas capitalistas, las grandes fincas capitalistas, los lugares donde el trabajo, el trabajo del hombre se hacía en comunidad, en sociedad; pero en aquella época el aprovechamiento del fruto de su trabajo se hacía individualmente por los capitalistas, por la clase explotadora, por la poseedora jurídica de los bienes de producción.
Han cambiado ahora las cosas. Pero el fundamento sigue siendo el mismo: una clase social, una estructura social que llega y se apoya necesariamente en la anterior. Y el proceso de construcción del socialismo, es el proceso de desarrollo de toda nuestra producción.
¿Y por qué la conciencia? Bien, la conciencia es todavía más importante, si cabe. Y es tan importante por las características nuevas que arroja los procesos de desarrollo de las sociedades en este siglo.
Cuando Marx hizo el análisis de las sociedades se conocía y había sociedad primitiva, y una sociedad feudal, y antes, una sociedad esclavista, y se conocía la sociedad capitalista. Lo que hizo Marx fue analizar el por qué de cada una; demostrar que estaba todo relacionado con la producción, que la conciencia del hombre está generada por el medio en que vivía, y ese medio estaba dado por las relaciones de producción. Pero al profundizar en el análisis, Marx hizo algo más importante todavía: demostró que, históricamente, el capitalismo debía desaparecer y dar paso a una nueva sociedad: la sociedad socialista.
Pero pasando el tiempo, Lenin profundizó más el análisis y llegó a la conclusión de que, el paso de una sociedad a otra, no era un paso mecánico, que las condiciones podían acelerarse al máximo, mediante algunos catalizadores, pudiéramos llamar -no es una frase de Lenin, sino mía, pero es la idea, la idea central. Es decir, que si había una vanguardia del proletariado que fuera capaz de tomar las reivindicaciones fundamentales del proletariado, y, tener, además la idea clara de a dónde se debía ir, y tratar de tomar el poder, para ir a establecer la nueva sociedad, se podía avanzar y quemar etapas, y que, además, la sociedad socialista se podía desarrollar en un solo país aislado, aun en las condiciones del más terrible cerco imperialista, como fue el que debió afrontar la Unión Soviética durante los primeros años de la creación del estado soviético, y allí entonces, comienza el por qué es tan importante la conciencia.
Porque nosotros hemos averiguado que el proceso de desarrollo histórico de las sociedades, en determinadas condiciones, pueden abreviarse, y que el Partido de vanguardia es una de las armas fundamentales para abreviarlas.
(…)
La sociedad vieja pesa, los conceptos de la sociedad vieja pesan, constantemente, en la conciencia de los hombres. Y allí es donde el factor de profundización de la conciencia socialista adquiere tanta importancia.
No se llega al socialismo en las condiciones actuales de nuestro país, y en muchos otros que lo han hecho por la explosión de las condiciones sociales anteriores. Es decir, por un cambio mecánico, porque había tantas condiciones objetivas que ya el tránsito al socialismo era, simplemente, una cuestión de forma.
Es decir, que ya en la conciencia de todo el mundo había apuntado la necesidad de una sociedad nueva.
Aquí no, aquí fue la vanguardia la que fue desarrollando, la que fue llevando al pueblo, fue la tarea primerísima de Fidel, dirigiendo a nuestro pueblo, dándole en cada momento la indicación de lo que era más importante hacer, dando las lecciones de dignidad, de espíritu de sacrificio, de bravura, que hemos tenido que dar al mundo entero, en estos cuatro años de Revolución. Y así la gente a veces por motivo emocionales fue ingresando en el proceso de construcción del socialismo, pero siempre quedan rezagados, y nuestra función no es la de liquidar a los rezagados, no es la de aplastarlos y obligarlos a que acaten a una vanguardia armada, sino la de educarlos, la de llevarlos adelante, la de hacer que nos sigan por nuestro ejemplo, la compulsión moral que llamara Fidel una vez. Es decir, que cada hombre se sienta compelido a hacer aquello que no tiene ganas de hacer, que no siente la necesidad de hacer, por el ejemplo de sus mejores compañeros, que lo están haciendo con entusiasmo, con fervor, con alegría día a día.
El ejemplo, el buen ejemplo, como el mal ejemplo, es muy contagioso, y nosotros tenemos que contagiar con buenos ejemplos, trabajar sobre la conciencia de la gente, golpearle la conciencia a la gente, demostrar de lo que somos capaces; demostrar de lo que es capaz una Revolución cuando está en el poder, cuando está segura de su objetivo final, cuando tiene fe en la justicia de sus fines y la línea que ha seguido, y cuando está dispuesta, como estuvo dispuesto nuestro pueblo entero antes de ceder un paso en lo que era nuestro legítimo derecho.
Todo esto tenemos que amalgamarlo, explicarlo y hacerlo carne, en cada uno de los que no lo han entendido, aun en aquellos que todavía no lo sienten como una cosa interna. Ir poco a poco convirtiéndolos a ellos también en una necesidad.
TOMADO DE CUBADEBATE

lunes, 19 de junio de 2017

Que la enseñanza sea el pan de todos los días del pueblo

Dos luminarias de la cultura villaclareña, evocan el momento en que el Che recibió el título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía
El Che durante la entrega del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas Marta Abreu. Foto: Cortesía de los entrevistados
VILLA CLARA. Para un hombre como el Che, acostumbrado a ejercer la pedagogía nacida del contacto con los soldados en los campamentos guerrilleros, era lógico que le resultara extraña aquella convocatoria realizada por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas para entregarle, nada más y nada menos, que el título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía.
La propuesta, surgida del claustro de profesores de la Escuela de Pedagogía, en particular de los doctores Séntola Ribalta y Emilio Plana Ríos, había quedado refrendada por el Consejo Universitario, el cual, en sesión del 1ro. de diciembre de 1959, adoptó el acuerdo 890, mediante el cual se le entregaría tan alto reconocimiento al Héroe de la Batalla de Santa Clara en acto solemne que tendría lugar a fines de ese propio mes.
«[…] HAY QUE PINTARSE DE NEGRO, DE MULATO, DE OBRERO Y DE CAMPESINO […]»
La noche del 28 de diciembre de 1959 cambió para siempre el destino de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, asegura Marta Josefina Anido Gómez-Lubián, profesora, promotora cultural e investigadora de la Cultura Popular Tradicional, quien tuvo el privilegio de participar aquel día en el acto de investidura del Che como Doctor Honoris Causa en Pedagogía.
«Se cumplía exactamente un año de la épica Batalla de Santa Clara, y la capital de la entonces provincia de Las Villas organizaba su Semana de la Liberación, por lo cual se había elaborado un amplio programa de actividades que contenía, entre otros homenajes, la celebración del Día del Soldado Rebelde, previsto para el lunes 28 de diciembre», evoca Marta Josefina, quien recuerda como de manera simultánea tendría lugar allí la Primera Feria Exposición de Industrias Cubanas y Villareñas.
Fue en ese contexto de conmemoraciones que la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas decidió otorgarle al Che –figura cimera de la liberación de Santa Clara y recién nombrado presidente del Banco– tan alto reconocimiento.
A la hora fijada, el Teatro Universitario estaba abarrotado de público y el Consejo Universitario vestía las togas y los birretes propios del solemne momento. La salida al escenario del homenajeado –acompañado por los dos padrinos de rigor– hizo que el público estallara en aplausos, explica Marta, quien perpetúa en su memoria la manera en que vestía el Che con su clásico uniforme verde olivo y la habitual boina negra rematada por una estrella de bronce, además de venir acompañado por el capitán Antonio Núñez Jiménez, profesor de Geografía de dicha universidad, y por el rector doctor Mariano Rodríguez Solveira.
Nadie esperaba reflexiones tan profundas, en una Universidad elitista, a la que por lo general asistían solo los hijos de las clases pudientes; y con grandes vestigios de racismo en su seno, rememora la historiadora, quien señala que el héroe de la Batalla de la Santa Clara impactó al auditorio desde el inicio, en el que dejó claro que aceptaba el homenaje solo como un reconocimiento, no a su persona, sino al Ejército Rebelde que representaba, por lo cual no quiso ponerse la toga negra con alzacuello color azul ultramar, símbolo de la Escuela de Pedagogía; aunque manifestó sentirse honrado de recibir tan alta distinción que le permitía sentarse dentro del claustro de profesores.
El Comandante rebelde comenzó su intervención de manera pausada, en medio de un auditorio que le escuchó preguntarse cómo podría aceptar el título de Doctor Honoris Causa, si toda la pedagogía ejercida por él era la de los campamentos guerrilleros, evoca la doctora Anido con una claridad tal, que al narrar el acontecimiento parece volverlo a vivir.
Aquel día, el héroe recordó cómo en una de sus anteriores visitas había prometido a los alumnos del centro una pequeña charla en la cual pudiera exponer sus ideas sobre la función de la Universidad, algo que haría esa noche, amparado en la condición que acababan de otorgarle.
«Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no solo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba», dijo el Comandante Guevara.
Al escuchar aquellas ideas, la sala se inquietó, hubo murmullos entre los participantes, quienes nos mirábamos asombrados, queriéndonos decir: ¿Qué está diciendo ese hombre, que valor tuvo al decir esas ideas aquí?, invoca la profesora Anido Gómez Lubián.
Mas, eso no fue todo. Como buen gladiador que era, el Che volvió a la carga para sentenciar que si tal reclamo no lo hacía el claustro de profesores, el pueblo, conocedor de su fuerza, rompería las puertas de la Universidad y la pintaría con los colores que le pareciera, relata la actual vicepresidenta de la Uneac en Villa Clara, quien recuerda que cuando el líder guerrillero terminó el vibrante acto oratorio, todos se pusieron de pie y lo vitorearon durante minutos, teniendo como telón de fondo la Marcha del 26 de Julio.
De igual manera, para el también Doctor Honoris Causa en Pedagogía, Juan Virgilio López Palacio, quien estuvo presente en el acto de investidura, resultó admirable el análisis realizado ese día por el Che sobre el pueblo y su papel en la Revolución triunfante, muy en concordancia con el concepto expresado por el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, durante el juicio del Moncada.
A juicio del Premio Nacional de Pedagogía 2003, ver hoy a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas colmada de gente humilde, hijos de obreros, campesinos e intelectuales, un centro por el que han transitado miles de jóvenes de más de 50 naciones, la mayoría del Tercer Mundo, sin distinción de credos, razas, ni procedencia social, lo hace sentir feliz, porque es la culminación de los sueños expresados por Ernesto Guevara aquel 28 de diciembre de 1959.
Aquí se ha cumplido su anhelo de romper los muros de la enseñanza, para que esta no sea, como él dijera «simplemente el privilegio de los que tienen algún dinero, para poder hacer que sus hijos estudien, que la enseñanza sea el pan de todos los días del pueblo de Cuba», sentencia el eminente profesor.

Tomado de Granma.

martes, 2 de mayo de 2017

América Latina 50 años: Gabo y Che

Ernesto Che Guevara Foto: Archivo AP
Ernesto Che Guevara Foto: Archivo AP.
A las justas  conmemoraciones de los 100 años de la Revolución Soviética, se suman, para América Latina, dos fechas decisivas para la identidad del continente.
Son 50 años de la primera edición de Cien años de soledad y la muerte del Che. La imagen de América Latina en el mundo cambió para siempre.
Ya teníamos tres Premios Nobel de Literatura –Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias y Pablo Neruda–, pero la cultura del continente era todavía conocida sólo de manera fragmentada, individualizada, sin que la imagen que tenemos de nosotros mismos fuera difundida por el mundo.
La publicación de Cien años de soledad fue el marco definitivo, sin retorno, de la proyección de la capacidad creativa de los latinoamericanos respecto a su propio mundo.
Gabo no se imaginaba qué destino tendría el paquete que mandó desde el correo de México hacia la Editorial Sudamericana, en Buenos Aires, juntando los pocos pesos que tenían –sólo pudieron mandar la mitad del libro y, por error, siguió la segunda parte. Cuando las ediciones del libro sumaron el primer millón de ejemplares, Gabo se dio cuenta de lo que había pasado con aquel envío por correo.
Como él mismo dijo en el discurso cuando recibió el Nobel de Literatura, el mundo había reconocido la extraordinaria capacidad creativa de América Latina, faltaba reconocer nuestro derecho de, con la misma creatividad, resolver nuestros problemas con nuestras propias soluciones. El realismo mágico o como se pasó a denominar nuestra literatura, proyectó el imaginario latinoamericano en el mundo de forma irreversible, desde hace 50 años.
El Che no alcanzó a leer Cien años de soledad. Cruzando por aeropuertos de Sudamérica, en dirección a Bolivia, no alcanzó a tener acceso a la obra del Gabo. El proyecto del Che era el de coordinar, desde Bolivia, las luchas guerrilleras emergentes en la región. Su muerte proyectó definitivamente su imagen de guerrillero heróico para el continente y para el mundo. Su foto, todavía en Cuba, mirando al barco que explotó en el puerto de La Habana, es la foto más vista en el mundo.
Desde la primera edición de Cien años de soledad y de la muerte del Che, la literatura latinoamericana y su historia, han conquistado definitivamente un lugar en el mundo.
Nuestra literatura se ha consolidado como una de las más importantes de la segunda mitad del siglo XX y nuestra vida política ha previsto experiencias decisivas para la izquierda mundial.
Desde entonces, nuestra literatura ha recibido otros dos Premios Nobel –Octavio Paz y Vargas Llosa–, así como nuestra vida política se ha enriquecido con tantas otras experiencias, de que hay que conmemorar los 50 años.
El nuevo tipo latinoamericano emergió en el Chile de Allende, en la Nicaragua de los sandinistas, en los gobiernos posneoliberales de Hugo Chávez y de Maduro, de Lula y Dilma, de Néstor y Cristina, de Tabaré y ‘Pepe’ Mujica, de Evo, de Rafael Correa, así como surgió adelante en la Cuba de Fidel y de Raúl.
El continente es otro respecto a hace 50 años. Menos injusto y menos desigual donde se ha avanzado en la superación del neoliberalismo. Más integrado y solidario donde se han priorizado los procesos de integración regional.
Un balance de ese medio siglo esencial para nuestro continente, desde el punto de vista político y cultural, debe ser tema de las grandes reflexiones que los dilemas actuales imponen al pensamiento crítico del continente. Volviendo a los Cien años de soledad y al Che, pero contemporáneos de nuestro presente y con los ojos puestos en toda la primera mitad del siglo XXI, cuyos destinos se definen en los enfrentamientos que vive el continente en este mismo momento.
(Tomado de Rebelión)Publicado en Cubadebate.

viernes, 7 de octubre de 2016

El Che en Face the Nation. 7 octubre, 2016 de Iroel Sánchez



El programa de la Televisión Cubana, “La pupila asombrada”, que se transmite los jueves a las diez de la noche por Cubavisión, rescató del olvido una entrevista que ofreció el Comandante Ernesto Che Guevara para el programa “Face the Nation”, de la CBS, el 13 diciembre de 1964.
En el diálogo con los periodistas, transmitido en vivo de costa a costa en Estados Unidos, el Che emitió criterios sobre las relaciones de EEUU-Cuba, de sorprendente actualidad. El Che estaba en Nueva York y había pronunciado, dos días antes, un histórico discurso como representante de la República de Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

“Las relaciones armoniosas con Estados Unidos serían muy buenas para nosotros desde el punto de vista económico más que en cualquier otro campo, porque toda nuestra industria fue establecida por Estados Unidos y las materias primas y los repuestos qué tenemos que hacer con grandes dificultades o traerlos de otras áreas pudieran venir directamente.” El Che en “Face the Nation”. Foto: AP

Como habíamos anunciado, el centro de nuestro programa de televisión La pupila asombrada de este jueves 6 de octubre lo constituyó la entrevista que el Comandante Che Guevara ofreció al programa Face the Nation de la cadena de televisión norteamericana CBS en  diciembre de 1964. 

Formularon preguntas al comandante Guevara, Paul Niven, corresponsal de la C.B.S.; Richard C. Hottelet, corresponsal de la CBS en Naciones Unidas, y Tad Szulc, de la Oficina de Nueva York del “New York Times”.

Sr. Niven: Comandante Guevara, en su discurso de la Asamblea General antes de ayer, usted acusó a Estados Unidos de ayudar a los vecinos de Cuba a preparar nuevas agresiones contra ella. Nosotros, a nuestra vez, hemos acusado frecuentemente a su gobierno de promover la subversión en otros países latinoamericanos. ¿Ve usted alguna salida a esta situación; algún modo de mejorar las relaciones?
Comandante Guevara: Yo creo, con relación a las soluciones, que hay soluciones, y creo que hay sólo una. Hemos dicho repetidas veces al gobierno de Estados Unidos que nosotros queremos nada más que ellos se olviden de nosotros, que no se preocupen de nosotros, ni en bien ni en mal.
Sr. Niven: Comandante Guevara, tenemos otras preguntas acerca de las relaciones de Cuba con este país y con los países comunistas y acerca de su propia situación interna. Comandante Guevara, usted dijo hace un momento que a usted sencillamente le gustaría que nosotros los norteamericanos nos olvidáramos de Cuba. Su discurso del otro día sugiere que usted no puede olvidarse de nosotros; usted nos considera un gobierno hostil a 90 millas. ¿Cómo puede usted esperar que nosotros los olvidemos?
Comandante Guevara: Yo no dije exactamente que tenía la esperanza de que ustedes nos olvidaran. Usted me preguntó por una solución y yo dije cuál es esa solución, en el momento actual. Sí ello es posible o no, ésa es otra pregunta.
Sr. Szulc: Sr. Guevara, en varias oportunidades recientemente el Premier Fidel Castro ha sugerido en entrevistas con periodistas visitantes, y en otras ocasiones que debe hacerse un nuevo esfuerzo por normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, particularmente en el terreno del comercio y el intercambio. Como economista, ¿entiende usted personalmente que la reanudación de relaciones de esta naturaleza sería útil o provechosa para Cuba? En otras palabras, ¿le gustaría ver estas relaciones normalizarse?
Comandante Guevara: No como economista, porque nunca me he considerado un economista, sino como un funcionario del Gobierno Cubano, como un cubano más, creo que las relaciones armoniosas con Estados Unidos serían muy buenas para nosotros desde el punto de vista económico más que en cualquier otro campo, porque toda nuestra industria fue establecida por Estados Unidos y las materias primas y los repuestos qué tenemos que hacer con grandes dificultades o traerlos de otras áreas pudieran venir directamente. Además, el azúcar, para el cual tuvimos tradicionalmente el mercado norteamericano, que está también cercano.

Comandante Guevara: Naturalmente, porque aquéllas eran condiciones distintas. Nosotros vendíamos azúcar bajo condiciones específicas establecidas por compradores norteamericanos, los que a su vez dominaban el mercado y la producción interna de Cuba. Actualmente si vendiésemos azúcar a Estados Unidos sería el gobierno cubano el único que lo vendería y todos los beneficios serían para nuestro pueblo.
Sr. Hottelet: Doctor Guevara: Washington ha dicho que hay dos condiciones políticas para el establecimiento de relaciones normales entre Estados Unidos y Cuba. Una, abandono de sus compromisos militares con la Unión Soviética. La otra; el abandono de la política de exportar revolución a América Latina. ¿Ve usted alguna posibilidad de cambio en cualquiera de estos dos puntos?
Comandante Guevara: En absoluto. No ponemos condición de ninguna clase a Estados Unidos. No queremos que ellos cambien su sistema. No pretendemos que cese la discriminación racial en Estados Unidos. No ponemos condición alguna para el establecimiento de relaciones, pero tampoco aceptamos condiciones…
Sr. Hottelet: Pero mi pregunta es si usted aceptaría estas condiciones establecidas por Estados Unidos para la reanudación de relaciones normales.
Comandante Guevara: No aceptaremos condición alguna de Estados Unidos. No aceptaremos condición alguna impuesta a nosotros por Estados Unidos.
Sr. Hottelet: Pero en el asunto de los proyectiles rusos en Cuba y de las relaciones militares cubanas con la Unión Soviética, ¿cómo puede Estados Unidos estar seguro de que Cuba no será una amenaza estratégica nuevamente? ¿Aceptaría usted la inspección de las Naciones Unidas o la inspección de la Organización de los Estados Americanos en el lugar?
Comandante Guevara: Usted mencionó la Organización de Estados Americanos. Antes de ayer, el delegado colombiano habló: “de la órbita” de la OEA. Eso es en efecto, una órbita alrededor de Estados Unidos. Una inspección por semejantes delegados sería una inspección realizada por Estados Unidos. Usted dice que Estados Unidos no se siente seguro y nosotros le preguntamos a Estados Unidos, ¿podremos nosotros sentirnos seguros de que no existen proyectiles contra Cuba? Entonces, no podemos llegar a una solución armónica a menos que todos los países sean iguales en el mundo. Inspeccionemos todas las bases, las bases atómicas de Estados Unidos, e inspeccionemos también lo que tenemos en Cuba, y si usted lo desea, liquidemos todas las bases atómicas en Cuba y en Estados Unidos y nosotros estaremos en un completo acuerdo con eso.
Sr. Niven: Comandante, ¿están ustedes, en realidad, tratando de exportar su Revolución? ¿Envían ustedes armas todos los días a otros países latinoamericanos? ¿Están ustedes trayendo revolucionarios dé otros países y devolviéndolos a su patria?
Comandante Guevara: También tuve la oportunidad de decirlo en la Asamblea y puedo repetirlo enfáticamente ahora: las revoluciones no se exportan. Las revoluciones son creadas por las condiciones de opresión que los gobiernos latinoamericanos ejercen contra los pueblos y de allí viene la rebelión y después emergen las nuevas Cuba… No somos nosotros los que creamos las revoluciones, es el sistema imperialista y sus aliados, aliados internos, lo que crean las revoluciones.
Comandante Guevara: Absolutamente no. Lo que nosotros consideramos es que el gobierno de Venezuela no es un gobierno izquierdista, no tiene nada de gobierno izquierdista. Es un gobierno opresor. Es criminal. Ha asesinado a los patriotas en las luchas campesinas en la región de Falcón, donde hay asesores militares de Estados Unidos. El gobierno que hoy hay en Venezuela —a pesar de que la prensa norteamericana no lo revela— no es un gobierno izquierdista.
Sr. Niven: ¿Existe algún gobierno en este hemisferio al cual Cuba considere como progresista?
Comandante Guevara: La palabra “progresista” es una palabra ambigua. Hay gobiernos con el cual mantenemos relaciones diplomáticas: el gobierno de México, con el cual tenemos buenas relaciones. Nuestros sistemas son diferentes. Respetamos su sistema. Estamos en completa armonía hasta la fecha y espero que continuemos en la misma forma. Pero si usted me pregunta mi concepto de América Latina, le diré que hay algunos gobiernos que oprimen a sus pueblos, mucho más que otros, y entre los menos opresivos, entre aquéllos con los cuales pudiéramos tener relaciones, sin dificultad alguna, están: Uruguay, Chile, tal vez Costa Rica, pero Estados Unidos no lo permite.
Sr. Hottelet: Pero todos estos países han roto relaciones diplomáticas con Cuba. ¿No se sienten ustedes aislados al no tener amigos en todo el hemisferio?
Comandante Guevara: Tenemos gran cantidad de amigos, pero no entre los gobiernos. Los amigos están en el pueblo y, en última instancia, los pueblos serán quienes gobernarán esos Estados.
Sr. Szulc: Pudiéramos cambiar la escena geográfica de la amistad o no amistad en el mundo. Usted hizo una visita a Moscú en noviembre, el mes pasado, después del cambio de la dirigencia máxima. Hemos tenido la impresión aquí de que el Gobierno de Cuba había adoptado una posición poco definida acerca de las dificultades entre la Unión Soviética y China, ideológicamente. ¿Pudiera usted decirnos, si como consecuencia de su visita, resulta más claro o más difícil para el Gobierno de Cuba adoptar una posición definida en relación con el problema soviético-chino?
Comandante Guevara: Puede que ustedes tengan la impresión de que nuestra actitud no es clara, pero nosotros tenemos la impresión de que nuestra actitud es muy clara.En efecto, hay un conflicto, un conflicto ideológico que todos conocemos. Hemos establecido nuestra posición en el sentido de la unidad entre los Estados socialistas. La unidad es la primera medida y sostenemos siempre que la unidad es necesaria porque la desunión favorece a Estados Unidos, que es nuestro enemigo y todo lo que esté a favor del enemigo debe ser eliminado. He ahí el por qué estamos a favor de la unidad. Creemos que existe la necesidad de fortalecer esta unidad y que ella será fortalecida y que el bloque monolítico de los países socialistas se formará otra vez.
Sr. Szulc: A principios de este año —creo que por primera vez en marzo y de nuevo en junio—, el Gobierno soviético, encabezado entonces por el Premier Jruschov, formuló invitaciones a un número de partidos comunistas o marxista-leninistas del mundo, incluido el Partido Socialista cubano o, más bien, el Partido Cubano de la Revolución Socialista, para que asistieran a una reunión preparatoria de Partidos Comunistas, en Moscú. Según recuerdo el Partido cubano es uno de los pocos que no ha contestado a esa invitación. Vemos hoy que el Gobierno soviético ha reiterado la invitación para una reunión preparatoria de países comunistas o marxistas leninistas en marzo, ¿aceptaría ahora su Gobierno, o su Partido, la invitación soviética?
Comandante Guevara: Eso será estudiado en el momento apropiado y daremos la respuesta. Es ésta una invitación formulada no al Gobierno sino al Partido y es el Partido el que tiene que responder. Yo estoy aquí representando al Gobierno ahora.
Sr. Hottelet: Comandante Guevara, usted es probablemente el más importante exponente de la guerra de guerrillas en el hemisferio occidental y usted ha dicho que los problemas de la Revolución en la América Latina se resolverán con balas más bien que con votos y, en general, su actitud dinámica ante estas cosas parece estar más cerca de la línea comunista china. También, Cuba nunca ha firmado el tratado que proscribe los ensayos nucleares en el espacio ultraterrestre, en la atmósfera y en el mar. Esta es también la posición comunista china. ¿No lo coloca esto a usted, realmente, en términos de su actitud práctica y en política, del lado chino de la cerca comunista?
Comandante Guevara: Bien, hay tres o cuatro preguntas comprendidas en una. Trataré de responder una por una. En primer lugar, hay una afirmación que me gustaría negar, o quizás la traducción no fue correcta. Según yo le oí, usted dijo que soy el exponente de las guerrillas en este hemisferio. Yo no soy el exponente de las guerrillas en este hemisferio. Yo diría que ese exponente lo sería Fidel Castro, líder de nuestra Revolución y quien tiene el papel más importante en la dirección de la lucha revolucionaria, y en la estrategia del Gobierno cubano.
Respecto a las otras dos cuestiones específicas, no tenemos que participar en la controversia porque hay problemas muy específicos. El problema de la transición pacífica al socialismo, nosotros lo discutimos como una cuestión teórica, pero en América es muy difícil y es prácticamente imposible. Por eso es que específicamente nosotros decimos que en América, el camino para la liberación de los pueblos, que será el camino del socialismo, marchará a través de las balas en casi todos los países, y puedo pronosticar con tranquilidad que usted será testigo.
Respecto al problema de firmar el nuevo tratado que proscribe los ensayos nucleares, hemos acogido con beneplácito ese paso como una medida que tiende a prevenir que se agraven las tensiones, pero hemos señalado muy claramente que nosotros, con una base militar norteamericana en nuestro territorio donde pudiera haber toda clase de armas, donde tenemos que sufrir toda clase de provocaciones, tenemos que soportar —resistir— los vuelos sobre nuestro territorio, nosotros no podemos firmar ese tratado porque seria una traición a nuestro pueblo. Esto es independiente del hecho de que recibimos con beneplácito el tratado público no refleja más que la verdad.
Sr. Niven: Comandante, ¿puedo preguntarle qué porcentaje del pueblo de Cuba respalda la Revolución?
Comandante Guevara: Bueno. . .
Sr. Niven: Tenemos diez segundos.
Comandante Guevara: Es muy difícil en diez segundos. En este momento no tenemos elecciones, pero una gran mayoría del pueblo respalda a este Gobierno.
Sr. Niven: Gracias, comandante Guevara, por estar con nosotros en “Face the Nation” (Ante la Nación).

 (La transcripción de esta entrevista aparece en Ha sonado la hora postrera del colonialismo. Intervención del Comandante Ernesto Che Guevara en Naciones Unidas. República de Cuba. Ministerio de Relaciones Exteriores. Dirección de Información)
 Tomado del Blog La Pupila insome y Cubadebate.