lunes, 17 de julio de 2017

La lógica del corazón

Graziella Pogolotti 
Por: Graziella Pogolotti 
15 de Julio del 2017 

Era julio de 1937. Abandonada por sus aliados naturales, las democracias occidentales, la España republicana se enfrentaba a la sublevación franquista, que contaba con el respaldo de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Allá se entrenaba la maquinaria de guerra más moderna y eficiente. Las bombas caían sobre ciudades abiertas. Dejaban un saldo atroz de muertos y heridos entre la población civil. En esas circunstancias, prestigiosísimos intelectuales de Europa y América se reunieron en Valencia con el propósito de defender la cultura de la España asediada. Entre los latinoamericanos, aparecían figuras que muy pronto ocuparían los primeros planos en nuestras letras, como los chilenos Pablo Neruda y Vicente Huidobro, el peruano César Vallejo y el mexicano Octavio Paz. Cuba estuvo representada por Juan Marinello, Nicolás Guillén, Félix Pita Rodríguez, Alejo Carpentier y Leonardo Fernández Sánchez. El Congreso se reunió en Valencia y Madrid. Al trasladarse de una a otra ciudad, calaron en lo más profundo del dolor de España. Testigo de los acontecimientos, Alejo Carpentier publicó en Carteles una serie de reportajes de fuerte impacto en la opinión pública nacional.
«Defiéndannos, ustedes que saben escribir», les había dicho una aldeana analfabeta, toda vestida de negro, rodeada por medio centenar de niños huérfanos de Badajoz. El llamado de aquella mujer sencilla resumía, con más eficiencia que mucha retórica académica, el papel que corresponde a los intelectuales. Entrenados para la comunicación, les toca ser voceros de todos aquellos que no tienen voz para convocar a la solidaridad y señalar los peligros que amenazan a nuestra especie. Ahora, sometidos a una avalancha informativa aplastante en la que todo vale, desconfiados de las ideologías y entrampados en las que se ocultan tras la falsa objetividad, son muchos los que callan.
Más allá de tendencias políticas, los intelectuales que participaron en el congreso de Valencia representaban el pensamiento más lúcido de la época. Sabían que en España se estaba dilucidando el destino de buena parte del mundo. En efecto, la República cayó en la primavera de 1939. A los pocos meses, en el otoño de ese año, se desencadenaba la Segunda Guerra Mundial. No se hablaba entonces de globalización. Pero se vivía ya en un planeta interdependiente, marcado por las rivalidades en el dominio de los mercados.
Alejo Carpentier había contraído un compromiso con el dolor de España, encarnado en los niños huérfanos de Badajoz. Para dar voz a los silenciados, su tarea de hombre y de intelectual se expresó en la necesidad de informar a los cubanos. Lo hizo a través de Carteles, una revista de amplia circulación. No se valió de prédica moralizante. Diseñó lo que habría de denominar estrategia de corazón. Había que mostrar, en su realidad concreta, los hechos, la dimensión de una violencia que se abatía sobre los inocentes en un enfrentamiento que anulaba toda neutralidad ilusoria. La mirada se detiene en los cráteres dejados por las bombas, en las iglesias destruidas, en las fachadas de los edificios que enmascaran el agujero insondable oculto en su vientre. Sobre ese panorama de muerte, se perfilan las siluetas anónimas de un pueblo que resiste, aferrado a una cultura secular, que es razón de vida. Bajo las bombas, los niños vuelven a las escuelas, los hombres y mujeres de la retaguardia se mantienen en los talleres y oficinas, los restauradores se empeñan en rescatar lo recién destruido.
Para protegerse de las bombas, las noches de Madrid permanecen sumergidas en la oscuridad. Momentáneamente, un paseante enciende una linterna de mano. Sin embargo, el ritmo cotidiano de la vida prosigue. Los tranvías andan despaciosos para evitar accidentes. En los límites de la ciudad, se perciben las trincheras enemigas. Los pobladores no han querido evacuarse. Permanecen en sus apartamentos de fachadas derruidas donde, rota la intimidad, las mujeres cocinan a la vista de todos. En uno de ellos, las bombas han arrancado la mitad de un piano, reducido a la clave de sol. Una hermosa joven sonriente sigue tocando en el fragmento mutilado. De vuelta al apartamento que habitara otrora, ocupado ahora por milicianos, Pablo Neruda ha encontrado todas sus pertenencias en perfecto orden. Solo las obras completas del poeta Góngora fueron atravesadas por una bala.
En el periodista Alejo Carpentier está madurando el futuro narrador. Las siluetas anónimas que desfilan por los reportajes de España bajo las bombas, al margen de la dimensión de los combates que se libran en las cercanías, son semejantes a nosotros. En su existir cotidiano abruptamente interrumpido por la violencia, nos identificamos con ellos. Es un aviso sutil, no declarado de manera explícita. En la tozuda continuidad de su quehacer se manifiesta la otra cara de la epopeya, fundada en la voluntad colectiva de resistir, de defender, junto a lo propio, el proyecto de república surgido de la voluntad popular. A pesar de la vecindad del enfrentamiento armado y a pesar del espectáculo de la urbe progresivamente lacerada, no hay derrotismo, porque la cohesión de un pueblo se afianza en una moral y en una cultura.
Apegado a lo concreto, el relato de Carpentier trasciende los contextos locales y temporales. Concierne también al lector de hoy, porque los textos se articulan en el constante contrapunteo entre la vida y la muerte. La presencia de esta última se reconoce en la pavorosa destrucción material y en el saldo de vidas truncas, de cuerpos mutilados, de criaturas condenadas a la orfandad. Bondadosa, la vida prevalece por todas partes. Está en la generosa fecundidad de la naturaleza extendida desde el esplendor mediterráneo hasta la adusta meseta castellana. Subsiste en la múltiple riqueza cultural de la Península y en la fuerza de una memoria popular recuperada a través de las tonadas del Romancero de guerra. La cultura anima también la voluntad de seguir haciendo, de restaurar lo dañado, de salvaguardar los tesoros del Museo del Prado.
Más que entonces, bajo las hermosas imágenes que nos ofrecen los medios, el enfrentamiento entre muerte y vida subyace en el mundo contemporáneo. Las guerras no han cesado. Mientras tanto, la degradación del ambiente se acelera. La ideología neoliberal trasciende el plano de la economía, permea el vocabulario cotidiano y se asume acríticamente. Por eso, evocar la solidaridad de los intelectuales del mundo con la España republicana resulta aleccionador. Lo que ocurría en una parte del mundo concernía a todos. Ahora somos todavía más interdependientes. Corresponde a los intelectuales proseguir la lucha en favor de las verdades que se disimulan tras las apariencias.

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

lunes, 3 de julio de 2017

Soy un mambí incómodo, irredento

Luis Alberto García
1 de Julio del 2017 21:52:59 CDT
Soy un mambí incómodo. Insurrecto. Siempre irredento. Los que me quieren mucho, los que me quieren menos, los que me aborrecen y hasta los que no confían en mí, saben que acierto y yerro, siempre por convicción y no por compulsión. Es lo que hace que a diario ponga la cabeza en la almohada sin arrugas internas.
Si opino acerca de tantas cosas vitales y banales, y comparto aquellas que me mueven el piso en las escasas ocasiones en que consigo planear por Facebook, no quiero ni puedo ahora dejar de decir lo que pienso, sin presiones ni sugerencias y a mi manera, acerca de la obra protagonizada por el actual presidente estadounidense en un teatro de La Florida hace varios días:
No me gustó la locación ni el nombre de la sala ni el casting ni la figuración ni el contenido del libreto ni la dramaturgia ni las actuaciones ni la labor de los asesores históricos (imagino que los hubo) ni la escenografía ni la música. Los departamentos de vestuario y maquillaje funcionaron bien.
Se me antoja desde todo punto de vista, imposible, prestarle atención a un grupo de cubanos que asegura querer lo mejor para su gente y que pretenda hacerlo bajo una bandera y un himno que no son los de su país de origen. Está raro eso. Muy raro. No va conmigo. Hiede a anexionismo a 90 millas de distancia.
Si ese mismo grupo aplaude de manera harto entusiasta que a su gente la sigan hostigando y tratando de rendir por hambre y más miseria, automáticamente no comulgo con él. Y conmigo, una inmensa mayoría que en este archipiélago hemos pasado las verdes, las maduras y las podridas. De igual manera, me consta que hay cientos de miles de compatriotas diseminados por todo el mundo, que quieren que terminen la asfixia y el cerco a sus iguales, que dura ya varias décadas.
Que el grupo de actores y extras en aquel «motivito», además, vitoree la vuelta a la larga noche de bravuconerías y ukases imperiales de Goliat contra David, asusta y lo descalifica por completo en sus esperanzas de incidir en la vida futura de su pueblo. Los pueblos tienen memoria de elefante. Y el odio es mala hierba.
Las cosas iban. Lentas, pero iban. Obama y Raúl respetando y, sobre todo, respetándose, lo consiguieron para bien de dos naciones, de dos pueblos. Pudiera decir que hasta para bien del continente. Más aun, de la Patagonia hasta Alaska.
Ahora nos regresaron al stop motion. Al dominó trancado con los dos equipos llenos de fichas gordas. Porque si Goliat se pone guapo, por muy grande que sea, David no come miedo. Como siempre ha sido.
Hay muchas cosas buenas que me emocionan de mi tierra. Y otras muchas no me agradan del país actual que habito. Peleo, sufro y me desgasto por la vida que quisiera para mí y los míos, desde aquí. Será «la utopía de las utopías» para algunos. O un sueño estúpido. Pero es el mío. Y en ese sueño, equivocado o no, la bandera tiene una sola estrella y suena el Himno de Bayamo. Y en él caben todos los nacidos bajo las palmas reales y sus descendientes, más allá de sus posturas ideológicas o políticas siempre y cuando piensen y defiendan de corazón, con hidalguía y sentido común, lo que será mejor, de verdad, para todos los cubanos. Aquello de «con todos y para el bien de todos» no es letra muerta.
No me gustaría en absoluto que el presidente cubano intentara bailar en casa del Trump. No lo ha hecho. Y no lo hará.
De la misma manera no quiero que el Trump quiera dirigir las coreografías en la casa mía. No tiene clave.
PD: Y ahora, vengan a por mí los talibanes de todas las denominaciones. Estoy listo.
(Tomado de La Jiribilla)

La seducción y el portazo


Graziella Pogolotti 



Graziella Pogolotti
1 de Julio del 2017 
La política se apuntala en el diseño estratégico orientado al dominio o a la emancipación y en el empleo de tácticas ajustadas a las demandas de cada coyuntura. En el siglo XIX, a poco de su nacimiento, Estados Unidos disponían de un inmenso territorio virgen. Desarrollaron entonces  su etapa de colonización y conquista, en un proceso de rápida acumulación de riqueza. En ese contexto, se sembró la imagen del cowboy, el héroe depredador que utilizaba el gatillo sin miramientos. En ese período, fue escasa la participación del país en la arena internacional, aunque se configuraba ya el proyecto expansionista hacia el sur, en los territorios que habían alcanzado su independencia de España y Portugal. Para Cuba, se enunciaba la expectativa de la fruta madura.
Mientras tanto, las potencias europeas proseguían su expansión colonial en Asia y África. Con el amanecer del siglo XX, las contradicciones desembocaron en las guerras más sangrientas que hubiera conocido la humanidad hasta aquel momento. Por su extensión, se llamaron mundiales. Sin recibir rasguño en su territorio, Estados Unidos intervinieron en la primera y en la segunda guerras mundiales. Proporcionaron armas y soldados. Se sentaron a la mesa de negociaciones, como ya lo habían hecho en el conflicto de Cuba con España y establecieron las reglas del juego. En la Europa reconstruida se imbricaron los intereses de unos y otros. Comenzó entonces la Guerra Fría, cuando el llamado a la descolonización recorría gran parte del planeta. En este panorama, emergió la Revolución Cubana.
Intencionalmente, con propósitos propagandísticos, el lenguaje empleado en Miami por el presidente Donald Trump se remite a los tiempos de la Guerra Fría. Es un modo de enmascarar el origen de los conflictos entre Estados Unidos y Cuba, inscritos en proyectos de liberación nacional de larga data. El triunfo y la consolidación de la Revolución Cubana se produjeron de manera autónoma, a partir del creciente compromiso del pueblo que llevó al derrocamiento de la tiranía batistiana. No hubo entonces ayuda exterior de ningún tipo. La raíz de nuestro proyecto se encuentra en la independencia frustrada por la intervención estadounidense en los asuntos internos del país. La plataforma cubana se vincula con las realidades que han marcado el destino de América Latina y de los países históricamente sometidos al dominio colonial. De ahí que, en este debate, el respeto a la soberanía nacional resulte factor clave, fundamento irrenunciable en cualquier negociación. Las evidencias documentales demuestran que esta última nunca ha faltado, aunque sometida a los altibajos propios de las intermitencias de la política norteamericana al respecto.
Cuando concluye la campaña y el presidente electo asume su alta investidura, la nueva circunstancia impone modificaciones sustantivas en el lenguaje y en el comportamiento público. Desde ese momento, quiéralo o no, su proyección internacional se asocia a la imagen del país. Al ocupar el cargo, el presidente Obama tuvo que afrontar, así lo expresaban las encuestas de opinión, un serio descrédito en la visión del papel desempeñado por Estados Unidos, muy lesionado por las consecuencias de la intervención en Iraq y por las violaciones contra los derechos  humanos cometidas en ese contexto. Sin modificar los objetivos estratégicos, en sus iniciales recorridos por el mundo, adoptó un lenguaje que procuraba ejercer influencias mediante la seducción. Preconizó una conducta civilizada, en cumplimiento de las normas establecidas. De esa manera, en el caso específico de Cuba, se encaminaron negociaciones que condujeron al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y reafirmaron las modificaciones tácticas con su breve visita a La Habana. Coherente con su propósito, privilegió la relación con el sector cuentapropista, al que consideró un aliado potencial.
Reflejo de un malestar creciente en la sociedad norteamericana, la elección de Donald Trump señala un retroceso hacia una etapa que se remonta a los días en que Estados Unidos asomaba como potencia emergente. Apareció otra vez la imagen del garrote mondo y lirondo. No se trata tan solo del caso cubano. La ruptura de las normas de convivencia internacional se manifiesta en el abordaje de algunos de los problemas que afectan a la humanidad en su conjunto. Uno de ellos, de singular importancia para la supervivencia de nuestra especie, se vincula con la urgencia de tomar medidas para paliar los efectos del cambio climático. Semejante a lo ocurrido respecto a Cuba, en este tema crucial, la prepotencia ha pasado a ocupar el sitio que corresponde al diálogo. Convertida en espectáculo, la política pasa de la seducción al portazo. El choque con los aliados de la Unión Europea ha sido frontal y ha conducido a la ruptura del diálogo. Similar actitud se ha manifestado respecto al Sumo Pontífice, el Papa Francisco, de indiscutible autoridad moral, atinente a los valores que representa y a su acción en favor del intercambio constructivo entre culturas y creencias religiosas. Este modo de proyectarse de Trump no concuerda con las aspiraciones profundas de la sociedad norteamericana. En un mundo plagado de tensiones e incertidumbres, una chispa puede incendiar el pajar.
Los cubanos hemos construido una cultura de resistencia. Los pronunciamientos de nuestro Gobierno y de nuestro Canciller constituyen una muestra de serenidad y se adhieren al espíritu, ampliamente compartido, de establecer formas de convivencia civilizada, dialogantes y sostenidas en el respeto mutuo, así como a la consideración de las esencias de la dignidad humana. En estas circunstancias nos toca mirarnos hacia adentro y sostener en la práctica concreta la defensa de nuestros valores. Lejos de encerrarnos en el espacio delimitado del territorio que nos corresponde, tenemos que seguir trabajando de conjunto para llevar adelante la tarea mayor. Del trabajo de todos y cada uno, de la lucha por obtener mejores resultados en el orden  cualitativo y de la intransigencia con lo mal hecho, depende paliar las dificultades que afrontamos. En esta tarea común, a cada cual le toca un pedacito, porque de la conjunción de la voluntad y el trabajo en lo pequeño, nace la edificación de lo grande.
 TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

lunes, 26 de junio de 2017

Medios estadounidenses critican la política de Trump hacia Cuba


Varios de las más importantes medios de comunicación estadounidense se han estado pronunciando desde el pasado 16 de junio en contra de las medidas adoptadas contra Cuba por el presidente Donald Trump.

Por: Randy Alonso.
El diario The New York Times, crítico asiduo del mandatario, además de hacerse eco de las declaraciones del Canciller cubano el pasado lunes en Viena, publicó varios artículos contra la decisión de la Casa Blanca, entre ellos uno titulado Moviéndose para hundir el legado de Obama, Donald Trump reprimirá a Cuba.  En el mismo, los articulistas señalan: “Los cambios afectarán a ambos países, haciendo más difícil y costoso para los estadounidenses viajar a y hacer negocios con Cuba. La población de la isla probablemente pagará el mayor precio, particularmente aquellos cubanos cuya forma de vida depende del turismo y las crecientes oportunidades de negocio que ha traído la apertura”
The Tampa Bay Times editorializó sobre el tema en un artículo de su Buró Editorial titulado “Trump da marcha atrás al reloj sobre Cuba”, donde señala los impactos que la nueva política tendrá en Tampa, desde donde salen cruceros para Cuba y hay varios vuelos comerciales, en los que este año han viajado 64 mil pasajeros. “La nueva política hacia Cuba del Presidente Donald Trump es un lazo con los exilados de línea dura del sur de la Florida que afecta a los estadounidenses y a los cubanos, a la vez que disminuye la posibilidad de Washington de impulsar las reformas democráticas y económicas en la isla. El público estadounidense, los empresarios y los gobiernos locales y estatales deben trabajar alrededor de los círculos presidenciales y continuar promoviendo aperturas y relaciones que beneficien a los pueblos de ambos países”, dice el editorial del diario de Tampa.
La revista Newsweek, por su parte, publica un texto bajo el título La nueva política estadounidense hacia Cuba es impopular, tanto como el presidente Trump, en el que hace relatoría de los más diversos sectores políticos, económicos y sociales estadounidenses que se oponen al cambio de política. “A través del país, políticos del propio partido Republicano de Trump, agricultores y líderes religiosos son algunas de las personas que han condenado la decisión presidencial, aduciendo preocupaciones sobre empleos, economía y derechos humanos”, dice la publicación.
Y señala más adelante: “Al anunciar la política, Trump invocó a Dios a ayudar a brindar democracia a Cuba. ´Con la ayuda de Dios una Cuna libre es lo que alcanzaremos pronto´. Pero tanto los líderes católicos como los bautistas no están de acuerdo con la visión del presidente, expresando su descontento con la decisión de desconectarse con Cuba”.
El influyente diario capitalino The Washington Post publicó un artículo bajo el título Cinco cosas que necesita saber sobre la política de Trump hacia Cuba – y a quien afectará en el que detalla las medidas tomadas por la Casa Blanca contra nuestro país y sus probables efectos. En el mismo señala que el objetivo político explicado por Trump es provocar el cambio político en la isla socialista. El camino para lograrlo, según el Post, es debilitar al Estado cubano -privando de dólares a las fuerzas armadas, de seguridad e inteligencia- y a la vez, empoderando a los cubanos comunes enviando esos dólares a los pequeños negocios privados.
“Pero la nueva política hacia Cuba anunciada por Trump está destinada a tener justamente el efecto contrario. Los dueños de los pequeños negocios en Cuba -y los negocios estadounidenses- serán seguramente los que más sufrirán. Y el Estado cubano devendrá aún más fuerte”, asegura The Washington Post.
En la costa oeste, Los Angeles Times dió a conocer el editorial Trump acaba de reabrir la Guerra Fría con Cuba. Su excusa era completamente falsa  en el que cuestiona los argumentos utillizados por la Casa Blanca para retroceder en la política hacia Cuba, especialmente el tema de los derechos humanos, al que califica como falsa excusa, en vista a la actuación de esta administración respecto a otros países.
Otros importantes medios como Foreing Policy, Chicago Tribune, U.S News, Pittsburgh Post Gazette también se han referido al tema en los recientes días

TOMADO DE CUBADEBATE

Una Anacaona negada al olvido





A sus 87 años de edad, Anneris Cánovas, integrante por más de una década de la emblemática agrupación, rememora su amplísima trayectoria profesional a favor de la cultura cubana
Varios Autores
24 de Junio del 2017 
MATANZAS.— Delgada y muy activa, amable en todo su ser, esta matancera nos recibe en su céntrica casa de la calle del Medio. Ya nos esperaba. Subimos la recta y enorme escalera. Nos sentamos en la sala de la vetusta vivienda. Nos brinda café. Se retira y regresa con un valioso álbum de fotos, documentos, periódicos, diplomas y revistas. Enseguida nos llaman la atención las imágenes en las que aparece con trajes largos y llenos de vuelos, cantando o tocando una tumbadora.
«Yo soy una Anacaona olvidada», nos dice mientras ladea su cabeza. La memoria histórica de Anneris Cánovas pervive en esas exclusivas instantáneas, testimonio de cuando viajaba con la famosa orquesta fundada el 17 de febrero de 1932 por Concepción Castro y sus hermanas. En sus inicios fue el primer sexteto femenino de son.
«No pocas veces me han querido comprar las fotografías, parece que tienen valor, pero no las vendo», y vuelve a sonreír.
Al mostrar los numerosos vestidos, todos con diseños diferentes, que guarda de sus presentaciones en su larga historia de artista, exalta la minuciosa labor de su mamá, quien se encargaba de crearle modelos especiales para sus presentaciones:
«Aunque no lo crean, nunca repetí en el escenario el mismo vestido. Mi mamá me los hacía exclusivos para cada actuación. Se inspiraba en el motivo musical, buscaba las telas, cintas o encajes adecuados, y cosía una prenda única».

Su rostro ha cambiado, pero su voz flamea vibrante: «Cuido mucho mis cuerdas vocales, sin hacer disparates, y en eso reside quizá el hecho de que mi voz sea la misma».
Todavía a sus 87 años de edad canta y mantiene la disciplina laboral como directora del Quinteto Anneris y sus muchachos, además de aportar sus conocimientos como profesora del proyecto infantil Maravillas de la Infancia.
No deja de enarbolar con sano orgullo su matanceridad y haber sido una de las principales integrantes, durante 12 años, de las legendarias Anacaona, como cantante-presentadora y tocando varios instrumentos de percusión.
A finales de la década de los años 50 del pasado siglo se unió a esa orquesta como solista, y con ella desplegó su carrera artística internacional, pues su talento fue admirado en Chile, Colombia, Panamá, Brasil y Uruguay, escenario este último donde la agrupación musical femenina tuvo la oportunidad de actuar junto al trío Los Panchos y a Nat King Cole: «Qué orgullo de cubanas recibir elogios de esas personalidades mundiales», confiesa.

Precisamente en Uruguay, Anacaona, acompañada por las autoridades oficiales de dicha nación, le dio la bienvenida en el aeropuerto capitalino a la primera delegación de la Isla que salía al exterior después del triunfo revolucionario de 1959, y que integraba la actriz matancera Violeta Casals, La Voz de la Sierra Maestra, de Radio Rebelde. «Fue emotivo saludar y recibir a los nuestros e interpretar en Montevideo nuestro Himno Nacional», rememora Anneris.
Tras una fructífera etapa de éxitos, Anacaona entró en receso y Anneris volvió para Matanzas, donde comenzó la carrera de solista, lo cual le llevó a actuar en espectáculos y revistas musicales en La Habana. «Es increíble, cuando alguien se entera de que trabajé con Anacaona se asombra. Algunos quieren fotografiarse conmigo y hacen muchas preguntas», nos dice esta mujer, la voz principal de Anacaona en su momento, con una obra y trayectoria profesional amplísima a favor de la cultura nacional.
Nací para cantar
El primer contacto directo de Anneris Cánovas con la música tuvo lugar en la Escuela Superior No. 2, en la ciudad de Matanzas, donde se incorporó a su coro, conducido por el maestro Justo Ojanguren. «El placer por la música ya lo cultivaba desde mi hogar, pues mis abuelos maternos, mientras desarrollaban sus labores, tarareaban e interpretaban canciones en boga por aquel entonces. Nunca se dejó de escuchar en mi casa un programa radial dedicado a María Teresa Vera, todo un ídolo en la época».
La artista cuenta de sus inicios junto al guitarrista-concertista Ildefonso Acosta, con quien formó memorable dúo, ganador del único premio en competencia en el certamen convocado por Televisa Publicidad, en La Habana, en los años 50.

En el año 1955 se graduó de profesora de Economía, Artes y Ciencias Domésticas, en la Escuela del Hogar de Matanzas; sin embargo, su pasión por la música la impulsó a incorporarse, un año después, al capitalino trío Las Sepias, dirigido por Isolina Carrillo, con el que efectuó su primera gira por Haití. A la par, culminó sus estudios de actuación y formó parte, a mediados de los 60, de un grupo de teatro en su ciudad de origen.
Pero era demasiado el embrujo que sobre ella ejercía el canto, por lo tanto con Yoyo Reyes, Matico y Cary Dolet, integró el cuarteto TropiCuba; tiempo después se sumaría a Los Rudys, con Pablo, Rogelio y Rudy Díaz. «Entre mis tesoros guardo con cariño el altísimo honor de haber cantado para los combatientes cubanos en Angola, con la orquesta Yaguarimú, en 1978».
Más adelante se unió a Gustavo Rodríguez y Ricardo Mederos y conformaron el trío que llevó el nombre de sus participantes. Al fallecer el primero, en 1995, cesó esa unión y la perseverante Anneris fundó el cuarteto Santa Cecilia con el que, ampliado a sexteto, se presentó en Francia, en 1998.
Por la obra de la vida recibió el Premio La Bella Cubana, que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el cual han merecido también Celina González, Omara Portuondo, Miriam Ramos, Sara González y Argelia Fragoso.
Destaca su amistad con grandes de la cancionística nacional, como Omara Portuondo, Elena Burke y Esther Borjas, estas dos últimas integrantes del jurado que la evaluó en el Teatro Sauto, con la calificación más alta: «Esther en un aparte me dijo: cantaste muy bien con acompañamiento musical, y después te propusimos que lo hicieras con guitarra. Fue excelente tu interpretación en ambos casos, pero lo tuyo es la guitarra: nunca te separes de ella. Y continúo apegada a esa sugerencia que tanto beneficio le ha traído a mi vida profesional».
Ningún género le es ajeno, como solista, haciendo coro o tocando algún instrumento de percusión: «Pero lo mío es el bolero». Y se despide cerca de la escalera, tarareando una canción, aunque casi en susurro, bajamos cada escalón con La gloria eres tú, de José Antonio Méndez.
Patrimonio Cultural de Cuba
La orquesta Anacaona anda por su 85 cumpleaños y continúa siendo un referente de la cultura cubana y fuente de inspiración para innumerables agrupaciones femeninas de música bailable del mundo.
Anacaona —vocablo indígena que alude a flor de oro— surgió en 1932 como un sexteto femenino de son, formado por Concepción Castro y sus hermanas Ada, Alicia, Ondina, Xiomara, Algimira, Emma, Caridad y Olga. Su debut tuvo lugar el 19 de febrero de ese año, en el Teatro Payret de la capital cubana.
Las hermanas Georgia y Dora Aguirre integran en 1983 la orquesta, bajo la batuta de Alicia Castro. Durante cuatro años se nutren de su experiencia y en diciembre de 1987 Georgia recibe el mando de la agrupación hasta la actualidad.
Declarada Patrimonio Cultural de Cuba en 1989, por ser la agrupación que durante más tiempo actuó de manera ininterrumpida con las mismas integrantes, logra posicionarse en el mercado de la música a través de la distribución de tres discos grabados con la RCA Victor y de su participación en escenarios internacionales con destacadas figuras de la música bailable.

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

Hacer y pensar la nación

 Graziella Pogolotti
Graziella Pogolotti
24 de Junio del 2017
Tan activa y trabajadora era Francisca que la muerte salió a buscarla y terminó su jornada, exhausta, sin haberla  encontrado. Así transcurre un conocidísimo cuento de Onelio Jorge Cardoso. Pero hay temporadas en que la señora de las sombras, a pesar de todo, logra buena cosecha. Acabamos de transitar por una de ellas. La siega ha afectado de manera particular los ámbitos del pensamiento y la cultura.
Durante muchos años, Beatriz Maggi fue profesora de literatura. Dejó su impronta en generaciones de graduados universitarios. Su propósito era ante todo, enseñar a leer,  descubrir, tras la palabra, las intenciones soterradas del texto. Acababa de fallecer cuando salió de la imprenta Las palabras y los días, recopilación de ensayos con el sello de Ediciones Unión, un texto útil para quienes se interesan por conocer su método de trabajo. También dedicado a las letras, Guillermo Rodríguez Rivera, poeta, narrador y ensayista, se proyectó hacia el espacio público como activo partícipe en el debate de ideas, acicateado siempre por definir el contorno de la nación.
La nación se construye con las manos de todos, en el bregar de una cotidianidad compleja, a veces turbulenta y siempre desafiante, porque en ella, a cada momento, se bifurcan caminos y hay que seleccionar la senda mejor. La hacen quienes extraen los frutos de la tierra, quienes se afanan entre el cemento y las cabillas, quienes trabajan en las aulas y quienes prestan asistencia médica. La hacen también los que analizan los conflictos del presente, los sitúan en sus contextos y exploran los antecedentes en la permanente relectura del pasado. Así lo hicieron quienes trabajaron cuesta arriba en los tiempos de la colonia y se lanzaron a la batalla por la independencia. Tuvieron continuadores durante la República Neocolonial, y de ese legado hemos sido seguidores todos cuantos asumimos con lucidez, desde cualquier función, este medio siglo de vivir revolucionario. Por eso, cada pérdida estremece y convida a la reflexión.
En los 60 del pasado siglo, vivimos días y noches de vigilia. Eran tiempos de sobrevivir, consolidar y fundar. La época exigía, así mismo, una intensa producción intelectual. La hubo, aunque muchas veces la hemos olvidado. Los libros que se publicaron y las revistas que entonces aparecieron brindan testimonios de un cruce de ideas que encontró resonancia más allá de los límites de la Isla. Desde la perspectiva revolucionaria, había puntos de vista diversos. El debate fue útil y creativo. En su entorno, surgieron nuevas voces.
Revisitar la historia es una necesidad de primer orden, porque ella constituye un arma de combate. En su batallar incansable, José Martí dedicó tiempo a escribir sobre contemporáneos y predecesores. Era un modo de ir unificando los eslabones de un proceso que daba sentido a su lucha por la independencia. Para él, ante todo, lo impostergable era sumar. Fidel estableció pautas en esta dirección al conmemorarse el centenario de La Demajagua.
Hurgar entre papeles e ir escribiendo en la marcha acelerada que reclamaban los tiempos, fue la tarea que asumió, hasta la hora última de su reciente fallecimiento, el historiador Jorge Ibarra. Con modestia proverbial, casi desde el anonimato, entregó al Minfar su manual de historia de Cuba. Al mismo tiempo, la publicación de su ensayo  Ideología mambisa tenía amplia resonancia.
Jorge Ibarra comprendió que la imprescindible actualización de nuestra epopeya mambisa requería completarse con el estudio de la República Neocolonial, área que no ha recibido la necesaria atención. Sin embargo, ese lapso en el que crecieron varias generaciones de cubanos y se agudizaban las contradicciones de un proceso de formación, representa el eslabón entre el ayer heroico y las circunstancias que condujeron al triunfo de la Revolución. Ahí están nuestros padres y en ese contexto nacimos nosotros. Al desbroce de esa temática, se entregó Ibarra hasta el último instante de su vida. La valoración de su obra debe salir del ámbito reducido de los especialistas. De hacerse resultaría un justo y útil homenaje.
La muerte de Fernando Martínez Heredia ha producido un fuerte impacto dentro y fuera de Cuba. Cayó en plena faena, junto a su computadora. Su formación intelectual se había fraguado en los polémicos 60 del pasado siglo. Entonces, el estudio y la investigación se imbricaban  miembro estrechamente con la acción práctica, en medio del fragor de la construcción revolucionaria. Se aprendía en los libros y en la confrontación cotidiana con los acontecimientos que marcaban, al mismo tiempo, el debate internacional y las tareas del vivir cotidiano. La tradición marxista se asumía como pensamiento vivo, abierto a las perspectivas que imponían las circunstancias del presente: desde la situación específica de Cuba se valoraban la herencia recibida y los nuevos desafíos. El legado histórico cobraba nuevos sentidos en el contexto de la emergencia de los movimientos de liberación nacional. Para los países del sur, nación y revolución se tomaban de la mano. La experiencia cubana corroboraba este modo de entender los procesos históricos que se estaban viviendo.
Por eso, desde su etapa inicial, el pensamiento de Fernando Martínez Heredia se caracterizó por un diálogo intenso con América Latina. Su presencia en este ámbito se acrecentó cuando el derrumbe del campo socialista se reflejó en el desconcierto y el silenciamiento de una zona del pensamiento de izquierda. Entonces, la palabra de Fernando Martínez Heredia siguió convocando al análisis de las realidades y al rediseño de políticas. Se vinculó a los movimientos sociales que se iban configurando. Era un universo heterogéneo, en el que la capacidad de dialogar se tornaba decisiva. Entre tanto ajetreo, confiado en la importancia de las ideas, siguió publicando textos y abriendo espacios para el debate. Ese es su mensaje final. En medio de la tormenta, la lucidez se vuelve imprescindible.
TOMADO DE JUVENTUD REBELDE.

lunes, 19 de junio de 2017

Jamás sacrificaremos nuestro derecho a construir una nación independiente y socialista.



Apoyan la CTC y sus sindicatos Declaración del Gobierno Revolucionario cubano
La Central de Trabajadores de Cuba y sus sindicatos respaldan la Declaración del Gobierno Revolucionario cubano, ante las agresivas palabras del presidente de los Estados Unidos Donald Trump, referidas a las relaciones entre ese país y Cuba, ratifican la convicción de mantenerse firmes en defensa de esta Revolución genuina, construida con y para los trabajadores, bajo el liderazgo de Fidel y Raúl.
Haber escogido para abordar las relaciones con Cuba un escenario vinculado a la invasión por Playa Girón y tratar a los mercenarios como héroes constituye una ofensa para todos aquellos que salidos de las filas más humildes de nuestra nación, muchos de ellos trabajadores, defendieron su patria socialista hasta hacerles morder el polvo de la derrota.
Como expresa el texto emitido por el Gobierno cubano las palabras de Trump constituyen un retroceso en las relaciones entre los dos países, por la amenaza de   aplicar rigurosamente las leyes del bloqueo, condicionando su levantamiento, así como cualquier mejoría en las relaciones bilaterales, a que nuestro país realice cambios inherentes a su ordenamiento constitucional.
Pero esa vuelta atrás no nos intimida. Desde nuestra   trinchera   en   la   producción   y  los servicios, los trabajadores cubanos, con su inteligencia, ingenio y creatividad continuaremos derribando las barreras impuestas por el bloqueo, como ha sucedido durante casi 60 años en que no han podido doblegarnos con ese cerco criminal.
Como siempre seguiremos encontrando salidas a las limitaciones, nos mantendremos fieles al Partido Comunista de Cuba, guía de la obra que construimos, que se fortalece con la actualización del modelo económico cubano que tiene en los trabajadores sus protagonistas fundamentales.
En estas circunstancias nos corresponde potenciar al máximo las reservas   productivas  y  el uso racional de todos los recursos materiales y financieros, lo que incluye disciplina laboral y tecnológica.
Hacemos nuestro el rechazo expresado en la Declaración del Gobierno Revolucionario a la manipulación con fines políticos y el doble rasero en el tratamiento del tema de los derechos humanos. Nos indignamos al escuchar a Trump hablar de derechos humanos para los cubanos, cuando a partir del triunfo de enero de 1959 la Revolución garantizó el derecho al trabajo y a igual remuneración de mujeres y hombres, a la seguridad social, a la salud y la educación universales y gratuitas, a una vida digna y a la tranquilidad ciudadana.  ¿Acaso Trump pretende impedir, con la restricción de las visitas de sus conciudadanos a Cuba, que ellos puedan comprobar el disfrute aquí de esos derechos que en su propio país son irrespetados?
Tenemos una historia de intransigencia revolucionaria, de resistencia y rebeldía,  guiada por las enseñanzas de José Martí, quien conoció al monstruo porque vivió en sus entrañas y ante las pretensiones del gigante ratificó que su honda era la de David, esa que hemos esgrimido durante décadas y contra la cual han fracasado las aspiraciones de retornarnos al pasado neocolonial.
Nuestra rica tradición de lucha nos aporta motivaciones que inspiran   a defender las conquistas alcanzadas y seguir adelante. Lo hemos demostrado con nuestra indeclinable posición de principios ante la agresividad de sucesivas administraciones estadounidenses.
Cada colectivo laboral será un bastión contra las pretensiones   imperiales. Una vez más el gobierno de los Estados Unidos se equivoca con Cuba y sus trabajadores, los que no renunciaremos a nuestra independencia ni a nuestra sólida unidad.
Jamás sacrificaremos nuestro derecho a construir una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.
 Secretariado Nacional de la CTC


Tomado de Granma