martes, 30 de agosto de 2016

La mochila se prepara entre todos

El mes de agosto se despide. Un intenso verano ha transcurrido, sumando alegrías a lo largo y ancho del país; pero se avecina un momento crucial y para él, debemos prepararnos todos.
Aunque en la mayoría de los hogares cubanos donde residen educandos, los preparativos comienzan mucho antes de la llegada de septiembre; casi siempre esos aspectos organizativos se limitan a la compra y arreglo del uniforme, la realización de matrículas o el forrado de la base material de estudio. Sin embargo, el inicio de un nuevo curso representa mucho más, sobre todo en el orden de las subjetividades.
El primer día de clases es solo el paso inaugural de una carrera de diez meses, donde llegar con éxito a la meta depende de la unidad indisoluble de tres factores, comunidad, familia y escuela. Esa trilogía, se sustenta sobre una comunicación constante, un entendimiento mutuo y un acompañamiento que debe romper los límites entre el centro educacional y la casa.
Dicho de esta manera, parece una secuencia muy sencilla, pero en esa concepción simplista radican muchos peligros. Tal vez alguien pudiera pensar, ¿por qué hablar de eso ahora, si el curso aún no comienza?, por una razón impostergable, de un buen comienzo puede depender un buen final y a veces, las pequeñas grietas que aparecen en el camino, si no son selladas a tiempo, pueden convertirse en pozos infranqueables. Ejemplos que respalden esa afirmación existen miles.
En no pocas ocasiones he escuchado a los padres decir, “esa maestra (o) nos tiene locos, quiere que vivamos metidos en la escuela, como si uno no tuviera nada que hacer”. Y qué decir de los que buscan la más mínima justificación para no asistir a las reuniones programadas con la familia, que como objetivo primordial tienen dialogar sobre la situación real de sus hijos. Defiendo la tesis popular de que ningún extremo es bueno, pero algo es seguro, cuando los tutores de un educando se divorcian del proceso docente educativo, las consecuencias pueden ser catastróficas y, al final, de nada sirve ponerse las manos en la cabeza.
Lógicamente, párrafos atrás hablé de trilogía, porque no siempre los escollos en el aprendizaje dependen de la familia.
Aunque sea doloroso decirlo, no existen en nuestras aulas todas las Carmelas (personaje del filme cubano Conducta) que quisiéramos. Eso significa que algunos de los que hoy llevan sobre sus hombros la tarea de educar, olvidan que la vida de un estudiante fuera de la escuela puede determinar en gran medida su rendimiento y actitudes dentro de ella. ¿Cómo es posible que cualquiera de los educadores formados por nuestro sistema social, desconozca la realidad que se esconde tras los rostros que ve cada día en el aula? Ese es un error imperdonable.
Sin embargo, de nada sirve que familia y escuela funcionen al unísono, con líneas y discursos educativos similares, si el entorno en el que se desarrolla el niño, el adolescente o joven le es adverso. Aunque a veces se disminuya su importancia, la comunidad es también un espacio formador de valores, que establece conductas y ejemplos (que en ocasiones no son positivos) para imitar. Lamentablemente, no siempre el miembro más joven del hogar encuentra allí el ambiente propicio, para su pleno crecimiento y desarrollo.
Las reflexiones de estos temas no son nuevas, pero siguen siendo necesarias. La formación plena del ser humano en una sociedad como la nuestra, implica un discurso coherente entre todos los factores que ejercen influencia sobre él. De lo contrario, se genera la contradicción de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, que generalmente desemboca en el “por aquí que es más derecho”, sin demasiada reflexión implícita.
Mucho se ha logrado en función de que el sistema educacional cubano salga del ámbito escolar y que la escuela se convierta en un centro formador de todos aquellos que la circundan, pero aún son muchas las deudas por saldar al respecto y es enorme la responsabilidad de todos para mantener esa conquista innegable de nuestra sociedad.
Dediquemos entonces un espacio a estas cuestiones, y preparemos juntos la mochila que este 5 de septiembre llevará algo más que libros. Echemos en ella el deber sagrado, que tenemos todos con la formación del futuro, en el que cada nuevo curso es un eslabón imprescindible.
 Tomado de Granma

La austeridad, ¿una condena?

 
Cuán estimulante sería no tener que insistir en el tema, pero mucho de lo que se publica evidencia la necesidad de seguir esclareciendo conceptos que a menudo se distorsionan. Si solo fueran deslices formales, merecerían atención, porque el lenguaje es el soporte por excelencia del pensamiento. Pero a menudo son falsificaciones de fondo.
No cabe pasar por alto el mal empleo de humanitario como si fuera sinónimo de humano. Ese uso inunda mensajes emitidos hasta por medios de comunicación masiva relevantes y asociados a las mejores causas, como Telesur. Pero humanitario es lo que beneficia a la humanidad. Ni una desgracia natural ni una crisis económica son humanitarias, ni los genocidios desatados por el imperio y sus secuaces para saquear pueblos.
Ante despropósitos conceptuales de tal relieve se pudiera creer banal detenerse en el uso creciente —hasta por profesionales de la lengua— de dar al traste con como equivalente de favorecer, cuando es todo lo contrario. Los “pequeños descuidos” alimentan malos hábitos, incluso aberraciones, y con estas pueden medrar los poderosos medios de información (o desinformación) que sirven a los intereses de los opresores.
En otros textos el autor del presente artículo se ha referido al manejo avieso de conceptos como estado de bienestar y estado de austeridad. Con el primero de ellos los poderosos se jactaban, como si fuera ciertamente un patrimonio democratizado en el capitalismo, del bienestar que nadie disfrutaba (ni disfruta) como ellos. De paso buscaban contrarrestar los ideales de equidad que llegaban de la URSS y el campo socialista europeo, entonces en pie.
Los poderosos no pierden sus ventajas ni en medio de las crisis del sistema que los representa. Ellas les propician enriquecerse aún más: las utilizan para menguar los salarios y la seguridad social, generar despidos masivos cada vez peor compensados y aun para que el erario público se desangre salvando a los bancos, con los que ellos mantienen atada a la ciudadanía por medio de hipotecas, hasta quitarles las casas a quienes no pueden pagarlas.
Al justificar esas prácticas como políticas necesarias —mientras los grandes fondos para guerras genocidas se mantienen o crecen— logran que la austeridad sea vista como una condena, y así se la imponen a países enteros. Grecia es apenas un ejemplo escandaloso. Las mayorías han llevado siempre modos austeros de vida, aunque a veces enmascarados con las “bondades” del consumismo, que también enriquece a los dueños del capital, cuyas posibles “pérdidas” no pasan de hacerlos un poco menos millonarios, si acaso.
La verdadera austeridad es una virtud que la especie humana necesita para que la salvación del planeta sea posible. Derroche y distribución injusta de lo que se produce son males generados por un sistema que prefiere incinerar productos o botar grandes cantidades de alimentos para que los precios no bajen. Con lo desperdiciado se pudiera al menos aliviar la pobreza y el hambre a millones de personas en el mundo, empezando por niñas y niños.
Demonizar la austeridad es nocivo para la especie humana en su conjunto, pero puede tener implicaciones particularmente dañinas contra los afanes de construir un sistema social basado en la búsqueda de la equidad. El sentido de una economía racional no terminan en el reino de la administración y de la ecología: apunta a requerimientos éticos sin los cuales la especie humana seguirá sin hallar los mejores caminos.
Cuando un pueblo como el cubano es llamado a la tarea, urgente, de alcanzar una economía sustentable y próspera, la convocatoria es justa, y debe consumarse. El deterioro material de la existencia genera desencantos y deformaciones conductuales que conspiran —en unas personas más que en otras, pero con efectos que se generalizan— contra el esfuerzo necesario para edificar el país vivible que la población necesita y merece.
Pero sería erróneo —lo ha señalado Darío Machado en ¿Qué entender por progreso? y La prosperidad en el punto de mira— rendir culto al consumismo y a la tecnología desligada del mejor servicio social. De ese modo se privilegian los valores materiales por encima de la espiritualidad y el sentido justiciero que dan base moral a la convocatoria citada y deben seguir dándosela a la nación en su afán socialista.
Como suele ocurrir con lo importante, ese es un asunto complicado. No puede pensarse al margen de la heterogeneidad característica de los seres humanos, ni ignorando los efectos del barraje propagandístico capitalista que llega por todas partes. No debe sorprender que encuentre eco, caldo de cultivo, en el reconocimiento de que el igualitarismo es inviable y conspira contra la equidad, porque ampara a quienes menos dispuestos están a esforzarse para mantener vivos los ideales justicieros y crear bienes que son necesarios.
Eso es tan cierto como que, si no se hace con todo el cuidado requerido, frenar el posible igualitarismo puede provocar que se desatiendan los reclamos de la justa igualdad. Tales reclamos no funcionan en una sociedad capitalista, pero son una brújula indispensable para lograr un socialismo que todavía no ha triunfado en ningún sitio del mundo, y contra el cual no fallará quien suponga que conspira la mentalidad de los ricos, viejos o nuevos. En la misma Cuba ¿no los hay que alcanzan ya el rango de millonarios?
El socialismo, además de ser un proyecto político, económico y social, ni siquiera como afán estará seguro si no se asume como un hecho cultural en el más abarcador y profundo significado de esa expresión. Solo así la necesaria austeridad puede abrazarse plenamente como convicción, como un hecho natural, no como una desgracia que se acepta en espera de poder dar el salto hacia el enriquecimiento.
La cultura de la austeridad debe vivir en el ejemplo personal de cada quien. Así lo ha reclamado un dirigente revolucionario cuyos noventa años han propiciado ratificar no únicamente la admiración que merece. También han dado pie para insistir en la necesidad de que las nuevas hornadas de dirigentes y funcionarios encarnen la modestia, la decisión de echar su suerte con los pobres de la tierra, lo que significa vivir como estos y para estos. Así lo ejemplificó quien hizo de esa decisión la voluntad cardinal de su existencia.
Se habla de los dirigentes y funcionarios, por el nivel de su responsabilidad en la administración de recursos y en los esfuerzos para mantener vivo el espíritu revolucionario. Su misión los llama a ejercer la mejor influencia en el ámbito de sus prerrogativas, de sus tareas. Pero en ese ámbito, que se extiende por diferentes esferas y caminos de la sociedad, también les corresponde un sitio de especial peso a sus propias familias.
Nada de lo relacionado con su responsabilidad en el terreno ético puede someterse a la mecánica de lo impuesto: demanda convicción, que empieza por el ejemplo mismo que personifique en su entorno familiar, y el nivel de exigencia persuasiva que sea capaz de ejercer en ese ámbito. Cuanto mayor sea su investidura, así será también la importancia de de su afán por cultivar la conciencia necesaria para que su ejemplo prenda en sus familiares e irradie también desde ellos.
El desafío es serio. No siempre los hijos siguen el camino de sus padres, aunque estos se esmeren en lograrlo. Pero las posibilidades de que los hijos tomen un rumbo diferente pueden asociarse a formas de crianza tolerantes o cómplices de “pequeñas” desviaciones que terminan en la ruptura con los valores éticos que la familia revolucionaria debe cultivar. En la sociedad la familia es célula básica, y la educación ha de comenzar en ella.
Si a un pueblo se le piden sacrificios, se sentirá con derecho a exigir que quienes tienen la misión de dirigirlo, y en general también sus familias, mantengan un estilo de vida consecuente con los sacrificios reclamados. Las organizaciones políticas, empezando por el Partido, y las de masas, deben cumplir una función de primer orden en la exigencia necesaria para que un propósito de tan vital importancia se cumpla.
Siempre será preferible una actitud crítica y vigilante —que no significa cacería de brujas—, antes que la indiferencia frente a la opinión pública en ese tema. Si no se debe vivir atado a rumores y comentarios que pueden carecer de base, tampoco se ha de incurrir en la resignación ni ignorar que detrás de comentarios y rumores puede haber distintos grados de realidad indeseable, capaz de prosperar y sustentarse amparada en el mutismo. Una advertencia de más será menos peligrosa que el silencio excesivo, venga este del temor a represalias o de la indiferencia. Si lo propalado es falso, habrá manera de desmentirlo con la verdad de los hechos, no con criterios de autoridad ni dando la callada por respuesta, mecanismos que no sirven más que para fomentar dudas y sombras perniciosas.
Los retos aumentan en la medida en que la asepsia por aislamiento del mundo no es ni posible ni aconsejable. Y al país no solamente llega desde el exterior la propaganda que promueve modos capitalistas de vivir: esa que pinta un mundo en que parecería que todas las personas son millonarias, aunque las riquezas están en pocas manos. En Cuba coexisten diferentes formas y concepciones de vida, y nada resta veracidad al axioma de que, por norma, no se vive como se piensa, sino se piensa como se vive.
La presencia de empresarios capitalistas en el territorio nacional resultará necesaria en la búsqueda de recursos materiales y administrativos para la economía interna. Pero pone en evidencia desigualdades que pueden beneficiar incluso a las representaciones cubanas que participan en la dirección de negocios operados por dichos empresarios o con participación de estos. No por gusto alguna vez se promovió una instrucción que vetaba el desempeño de ciertos cargos empresariales por familiares de dirigentes de alto nivel.
Con formas de vida contrarias a la austeridad se vincula una lacra de efectos letales para los ideales socialistas: la corrupción, que se extiende como una epidemia. Es tal vez el mayor peligro del cual deba salvarse la Revolución Cubana, que —lo ha dicho su máximo guía—puede resultar menos vulnerable a la hostilidad enemiga que a las deformaciones internas. Los sucesos del campo socialista europeo y de la URSS son aleccionadores.
Añádase que el solo anuncio de la posible normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba va teniendo consecuencias visibles, aunque esa normalización, justa para el país que durante más de medio siglo ha sufrido un férreo bloqueo y agresiones armadas y otros actos terroristas, está muy lejos de poder considerarse lograda. Y mientras el imperio apuesta por apoyar el sector privado en Cuba, esta se torna escenario de moda para personas que pueden mostrar otras muchas cualidades, pero no el cultivo de la austeridad.
La imagen de su éxito individual trasmite un mensaje de apoyo al modo de vida capitalista. Y ese mensaje fáctico se une a las limitaciones internas —en las que, aunque no haya sido la única causa, ha tenido gran peso el bloqueo, que sigue en pie— y a la política migratoria implementada por el imperio para debilitar aún más a Cuba. Todo ello puede alimentar en pobladores del país, aunque la mayoría siga abrazando el afán socialista, la idea de que la forma de alcanzar la prosperidad es marcharse para la nación cuyos gobernantes llevan más de medio siglo intentando asfixiar al pueblo cubano para ponerlo contra su gobierno.
Para los fines imperialistas bastaría que, cansados de una larga resistencia, y sin percibir en el horizonte cercano la solución de los problemas que se sufren, cada vez más hijos e hijas de Cuba optaran por una salida harto costosa para ella: emigrar y privarla de los servicios para los cuales los ha formado profesionalmente con un sistema de educación que sigue siendo un ejemplo para el mundo, a pesar de las deficiencias concretas que pueda tener.
Ninguna sociedad es homogénea, y la cubana no es una excepción. El imperio sabe que la diversidad, que además de natural e inevitable puede ser sana en sí misma, abre brechas por donde minar la unidad nacional mayoritaria que ha salvado históricamente a Cuba como nación. Para hacer frente a las maniobras imperiales también se necesita una sólida y consciente cultura de la austeridad, junto con políticas y formas de funcionamiento y dirección social —prensa incluida— lo más inteligentes posible.
Aunque el imperio no existiese, o cambiara radicalmente su actitud hacia Cuba —lo que está por ver, y ciertamente no es una opción afín a su ideología—, la austeridad será indispensable como norma de vida: para ahorrar recursos y saber vivir modestamente, sin obnubilarse por las “maravillas” del derroche consumista y la ostentación. Defender la austeridad no significa rendirle culto a la miseria material, que se proyecta asimismo en el plano moral, y lo daña. Bien entendida y abrazada, la austeridad no es una condena, sino una cultura para el buen funcionamiento de la sociedad que el país necesita perfeccionar.

Tomado de Cubadebate.
 

Cubanidad y cubanía


 
Cuba vista desde el cosmos.



Por: Fernando Ortiz
En este tema, “Los factores humanos de la cubanidad”, hay dos elementos focales y uno de referencia, la cubanidad, lo humano y su relación. Tal parece, pues, en buena lógica, que primero habría que definir la cubanidad y lo humano, para después poder trazar la relación de correspondencia entre ambos términos. Acaso esto no sea una tarea fácil. Sería ocioso entretenemos en definir lo humano, pero parece indispensable tener una idea previa de lo que se ha de entender por “cubanidad”.
¿Qué es la “cubanidad”? Parece sencilla la respuesta. “Cubanidad” es la “calidad de lo cubano”, o sea su manera de ser, su carácter, su índole, su condición distintiva, su individuación dentro de lo universal. Muy bien. Esto es en lo abstracto del lenguaje. Pero vamos a lo concreto. Si la cubanidad es la peculiaridad adjetiva de un sustantivo humano, ¿qué es lo cubano?
Aquí nos encontramos fácilmente con un elemento objetivo que nos sirve de base:
“Cuba”, es decir, un lugar. No es que Cuba sea para todos un concepto igual. Nuestro competente profesor de Geografía nos decía la otra tarde que “Cuba” es una isla; pero también dijo, con igual exactitud, que “Cuba” es un archipiélago, es decir, un conjunto de muchas islas, de centenares de ellas, algunas de las cuales mayores que otras cuyos nombres han resonado en la historia. Además, Cuba no es sólo una isla o un archipiélago. Es también una expresión de sentido internacional que no siempre ha sido aceptada como coincidente con su sentido geográfico.
Recordemos que aun hace pocos lustros era muy sostenida una discusión por estadistas historiadores y geógrafos prehitlerianos acerca de si la Isla de Pinos era o no parte integrante de Cuba, y de si procedía una declaración de “Anchluss” por parte de una potencia vecina, para proteger una minoría irredenta de “sudeten” busfloridanos.
Acaso nos aproximemos al concepto de la cubanidad reconociendo que Cuba es a la vez una tierra y un pueblo; y que lo cubano es lo propio de este país y de su gente. Decir esto podrá satisfacer a muchos, pero nada puede cuando se aspira a la clasificación sociológica, psicológica o etnográfica de lo cubano y de la cubanidad.
Distingamos ahora “cubanidad” de “cubanismo”. El “cubanismo”, en sentido estricto, es el giro o modo de hablar propio de los cubanos. Por ejemplo, pedir
“frutabomba” en un restaurant de Nueva York, como lo he oído, es un cubanismo tan auténtico como alarmante. En sentido más amplio, “cubanismo” es todo carácter propio de los cubanos, aún fuera de su lenguaje. Aparecerse en Washington, como yo he visto, llevando un “cocomacaco” en la diestra es un cubanismo tan genuino como imperdonable. “Cubanismo” será también la tendencia o afición a imitar lo cubano, a quererlo o a servirlo. Un anglosajón puede gustar de los cervantismos y ser cervantista o experimentar “cubanismo” y sentirse “cubanista”, sin que por eso adquiera la genialidad de Cervantes ni la “cubanidad”, ni el estilo cubano ni el cervantismo. La “cubanidad” no puede entenderse como una tendencia ni como un rasgo, sino, diciéndolo a la moda presente, como un complejo de condición o calidad, como una específica cualidad de cubano.
Dando por definido el concepto de “Cuba” y ciñéndonos aquí a lo humano, ¿quién será característica, inequívoca y plenamente cubano? Hay varias maneras de ser cubano, en lenguaje general y corriente: por “residencia”, por “nacionalidad”, por “nacimiento”. Se es cubano por formar parte de este núcleo humano que se llama pueblo o sociedad de Cuba. Pero ¿será físicamente característica esa cubanidad reconocida a quien habita en Cuba? No, porque en Cuba hay mucho habitante que es extranjero. Se es cubano por tener la ciudadanía del Estado que se denomina Cuba; pero ¿será plena y típicamente característica la cubanidad del ciudadano en Cuba? No, porque aquí tenemos una ciudadanía demasiado allegadiza, como ese bello color tostado pero superficial que las bellezas nórdicas vienen a ganarse en Cuba con las quemantes caricias de nuestro sol, ciudadanía más camisa que pellejo; ciudadanía de “llega y pon” como diría nuestro lenguaje popular; y conciudadanos hay en los cuales su cubanidad apenas sobrepasa los bordes de su carta oficial y se esconde solapadamente en el mismo bolsillo de sus dineros.
¿Será cubano el nacido en Cuba? En un sentido primario y estricto; pero con grandes reservas: Porque no son pocos los que nacidos en Cuba se han dispersado luego por otras tierras, adquiriendo costumbres y maneras exóticas y no tienen de cubano más que el haber visto el primer sol en Cuba, ni siquiera el reconocimiento de su patria nativa. Porque no son escasos los cubanos, ciudadanos o no, que nacidos allende los mares, han crecido y formado sus personalidades aquí, en el pueblo cubano, se han integrado, en su masa y son indistinguibles de los nativos; son ya cubanos o como cubanos, más cubanos que otros que sólo son tales por su cuna o por su carta. Son aquellos, como el folklore expresa que están “aplatanados”.
Porque aun entre nosotros los nativos de Cuba, entre nosotros los indígenas cubanos, así los de antaño como los de hogaño, hay tal variedad de maneras, caracteres, temperamentos y figuras que toda individuación de la cubanidad y de su tipismo es tarea harto insegura.
Porque las expresiones del cubano han variado tanto según las épocas y las diversas fluencias etnogénicas, y según las circunstancias económicas que las han movido e inspirado, que apariencias muy ostensibles, un tiempo apreciadas como típicas, pocos lustros después se abandonan como insignificantes; y 5ª, porque rasgos muy marcados en el pueblo cubano no son exclusivos de éste sino que aparecen pueblos de ancestralidad semejante, y hasta en aquellos de razas distintas pero de análoga fermentación social. Al fin, hay que convenir en que, al menos por ahora, la cubanidad no puede definirse sino vagamente como una relación de pertenencia a Cuba. Pero ¿cuál es esa relación?
Ya dijimos que la cubanidad no puede depender simplemente de la tierra cubana donde se nació ni de la ciudadanía política que se goza… y a veces se sufre. En la cubanidad hay algo más que un metro de tierra mojado por el primer lloro de un recién nacido, algo más que unas pulgadas de papel blanco marcadas con sellos y garabatos simbólicos de una autoridad que reconoce una vinculación oficial, verdadera o supositiva.
La cubanidad no la da el engendro, no hay una raza cubana. Y raza pura no hay ninguna. La raza, al fin, no es sino un estado civil firmado por autoridades antropológicas; pero ese estado racial suele ser tan convencional y arbitrario, y a veces tan cambiadizo, como lo es el estado civil que adscribe hombres a tal o cual nacionalidad. La cubanidad para el individuo no está en la sangre, ni en el papel ni en la habitación. La cubanidad es, principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. Dicho en términos corrientes, la cubanidad es condición del alma, es complejo de sentimientos, ideas y actitudes.
Pero todavía hay una cubanidad más plena, diríase que sale de la entraña patria y nos envuelve y penetra como el vaho de creación que brota de nuestra Madre Tierra después de fecundada por la lluvia que le manda el Padre Sol; algo que nos languidece al amor de nuestras brisas y nos arrebata al vértigo de nuestros huracanes; algo que nos atrae y nos enamora como hembra que es para nosotros a la vez una y trina: madre, esposa e hija. Misterio de trinidad cubana, que de ella nacimos, a ella nos damos, a ella poseemos y en ella hemos de sobrevivir.
Hay algo inefable que completa la cubanidad del nacimiento, de la nación, de la
convivencia y aun de la cultura. Hay cubanos que, aun siéndolos con tales razones, no quieren ser cubanos y hasta se avergüenzan y reniegan de serlo. En éstos la cubanidad carece de plenitud, está castrada. No basta para la cubanidad plena tener en Cuba la cuna, la nación, la vida y el porte; aun falta tener la conciencia. La cubanidad plena no consiste meramente en ser cubano por cualesquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser.
Acaso convendría inventar o introducir en nuestro lenguaje una palabra original que sin antecedentes roces impuros pudiera expresar esa plenitud de identificación consciente y ética con lo cubano. Aquel genial español, tan dominador del lenguaje y sensible a las necesidades del espíritu, que se llamó Miguel de Unamuno pensó que de la misma manera que en el hombre habría que distinguir su “humanidad”, condición genérica e involuntaria de su persona, de lo que es en él su “hombría”, condición específica y responsable de su individualidad, así en el campo de las realidades de España convenía diferenciar los conceptos de la “hispanidad” y de la “hispanía”.
Pienso que para nosotros los cubanos nos habría de convenir la distinción de la “cubanidad”, condición genérica del cubano, y la “cubanía”, cubanidad plena, sentida, consciente y deseada; cubanidad responsable, cubanidad con las tres virtudes, dichas teologales, de fe, esperanza y amor.
Hemos dicho que la “cubanidad” en lo humano es sobre todo una condición de cultura. La cubanidad es la pertenencia a la cultura de Cuba. Pero ¿cuál es la cultura característica de Cuba? Para saberlo habría que estudiar un intrincadísimo complejo de elementos emocionales, intelectuales y volitivos. No sólo en las manifestaciones de las individualidades destacadas en la vida cubana por la grandeza de sus personalidades, sino también en todas las sedimentaciones, en las cumbres, en las laderas, en los valles, en las sabanas y hasta en la ciénaga. Toda cultura es esencialmente un hecho social. No sólo en los planos de la vida actual, sino en los de su advenimiento histórico y en los de su devenimiento previsible.
Toda cultura es dinámica. Y no sólo en su trasplantación desde múltiples ambientes extraños al singular de Cuba, sino en sus transformaciones locales. Toda cultura es creadora. Toda cultura es creadora, dinámica y social. Así es la de Cuba, aun cuando no se hayan definido bien sus expresiones características. Por esto es inevitable entender el tema de esta disertación como un concepto vital de fluencia constante; no como una realidad sintética ya formada y conocida sino como la experiencia de los muchos elementos humanos que a esta tierra han venido para fundirse en un pueblo y codeterminar su cultura.
(Tomado de Dialogar-Dialogar) Publicado en Cubadebate.

lunes, 29 de agosto de 2016

Eusebio Leal: “No estoy de acuerdo con que la bandera cubana sea un delantal”



Eusebio Leal en el espacio “Encuentro con…” tocó importantes temas sobre la cultura cubana. Magda Resik fue la moderadora. Foto: Alexis Rodríguez.


Por Thay Roque Arce
Tomado de Cubadebate.

Como si le hubieran esperando toda la vida para oírle hablar, este jueves se reunieron en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba una multitud de personas para escuchar la voz y las palabras de Eusebio Leal Spengler.
El Historiador de la Ciudad de La Habana fue el último entrevistado del espacio Encuentro con… en la temporada de verano. Su interlocutora, la periodista Magda Resik, visiblemente emocionada por su invitado y la reacción de los presentes, expresó: “mientras más veo cuánto se quiere a Eusebio Leal, más orgullosa me siento de los años de trabajo que he vivido a su lado y que viviré”.
La charla comenzó por la ausencia momentánea de Leal en los últimos meses, y que ha generado preocupación en algunos. “¿Cuándo las dolencias del cuerpo lo tensionaron, qué bellezas del espíritu a su alrededor lo hicieron recuperar la fuerza?”, preguntó Resik.
El Historiador explicó que prefirió la incomunicación ante los rumores para evitar, precisamente, las especulaciones: “En medio de ellas surgieron momentos inefables de afecto, de personas muy queridas”. Regresar fue necesario entonces, “sobre todo cuando uno tiene responsabilidades y está acostumbrado a llevarlas al detalle: la lámpara que quedó encendida a las doce del día, el árbol que agoniza, la piedra que no se puso, todo eso es para mí una motivación diaria”.
“Ahora lo importante es volver a las esencias de los problemas de los que me he preocupado durante años. Y comenzar, como si comenzara de nuevo, que es lo más importante. Siempre comenzar de nuevo, cada día”, sentenció Leal.
Sobre la primera vez que se enamoró de La Habana, el Historiador de la Ciudad recordó los años en que la visitó siendo un niño, y aquellos en los que le tocó trabajar transitando sus calles a partir de agosto de 1959.
Cuenta que, de pequeño, entrar en esa parte de la ciudad, era como descubrir un mundo mágico, “en el cual influía la lancha de Regla que era próxima, los vendedores de frituras, los puestos… Me llamaron mucho la atención las proporciones desmesuradas. Cuando volví mayor, más consciente, esas proporciones me fascinaron. La Habana Vieja era la dimensión”.
Eusebio Leal agradeció las muestras de afecto que en la reciente etapa en la que se encontraba enfermo. Foto: Alexis Rodríguez.

Durante ese primer trabajo itinerante como inspector del Ayuntamiento de La Habana, un joven Leal conoció desde las casas de alta alcurnia, los palacios, hasta los barrios más distantes y pequeños, y todo eso le permitió descubrir las bellezas de La Habana toda: “por eso rechazo mucho la idea de estar encerrado en La Habana Vieja como si esa fuera mi única preocupación”.
“Un hombre que tanto ha querido a La Habana, ¿cómo la sueña para nosotros, cómo debiéramos ser para que La Habana sea?”, indagó Resik. “Es un sueño mío, pero compartido con todos los que la quieren, la quisieron y la querrán. Se habla todo el tiempo del velo de decadencia que cubre la ciudad, pero cuando este se rompe deja ver la maravilla, sea en lo que hemos defendido rabiosamente como la línea del Malecón, o en la Casa de las Tejas Verdes”, expresó el Historiador.
“No tenemos idea del valor del suelo. Vivimos en una isla que es pequeña. Siempre esperamos a orillas del mar lo que ha de venir, pero también el espacio que ocupamos es fundamental. Por eso luchamos tanto por defender las cosas, de ahí que es tan importante detener la expropiación sistemática de las personas, sin que por eso me proponga coartar la libertad de los cubanos. Mucho se ha luchado para alcanzar esos espacios”, afirmó.
El Historiador citó el esfuerzo de crear la Plaza Vieja, “un ideal de ciudad”. Hoy el espacio acoge en los anteriores hogares de los vecinos, sólo negocios y emprendimientos particulares. Ante esto, Leal reconoció que está bien que las personas, ante una necesidad, tomen decisiones, pero de no detenerse esa práctica, ante el dinero brutal que la respalda, “lo perderíamos todo”.
En su siguiente pregunta, Magda se refirió a la responsabilidad ciudadana, un llamado constante del Historiador ante el maltrato de monumentos y espacios públicos. Desde la televisión y la radio se ha escuchado su voz hacia el compromiso con el entorno urbano, la arquitectura y el patrimonio cubano.
El también director de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de la Ciudad, reconoció que esa conciencia estaba antes representada en la figura pública, luego en las escuelas, y finalmente ha llegado a esa institución fundamental que es la familia. Pero lo que realmente necesitamos es “conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos”, y para saber hay que indagar no sólo en el pasado de la familia sino también del país.
“Saber quiénes somos y de donde venimos es un ejercicio de conocimiento”; solo así podremos sentir que “tenemos raíces en el suelo, y a partir de ese reconocimiento de nosotros mismos, es posible pensar en el patrimonio común”.
El Dr. Leal llamó a que no se puede vivir pensando que el pasado fue mejor. Tal como existe el límite de aquello que le pertenece a otros, también existe el límite de los que nos pertenece a todos: un parque, un jardín, una estatua o un monumento.
“No estoy de acuerdo con que la bandera cubana sea un delantal”, dijo Eusebio y el público le ovacionó. Foto: Alexis Rodríguez.
En sus palabras recordó el constante debate de la apropiación libre y desmedida de los símbolos nacionales, como es el caso de la bandera. “No estoy de acuerdo con eso”, enfatizó. “No estoy de acuerdo con que la bandera cubana sea un delantal”. Dicho esto, el público presente arrancó en aplausos y ovaciones. El Historiador hacía un llamado a una práctica que hemos tendido a imitar de países industrializados: la mercantilización de nuestros símbolos patrios: “Como voy a pensar que es la misma bandera que reverencian los niños en las escuelas, que cubre el féretro de un intelectual o un soldado, que el deportista levanta cuando alcanza para su patria y su familia un gran logro. No podemos imitar lo que está mal hecho (…) Por esa vulgarización comienza un deterioro de los valores”.
“Cuando hablamos del patrimonio, sea material o intangible, mientras se es más conservador se es más vanguardista. Es en lo único. Hay que tratar de preservar”, afirmó Leal Spengler.
No faltaron las preguntas esenciales, los poemas y las anécdotas, las risas que desbordan algunos de sus comentarios jocosos. Eusebio Leal es un hombre excepcionalmente corriente, amante de la historia y de sus grandes hombres y mujeres, alumno de Emilio Roig de Leuchsenring y como él, develador de misterios, como cuando encontró el diario perdido del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, y descubrió en sus páginas al verdadero héroe, al ser humano.
“En usted representamos mucho de lo que un patriota cubano debería ser”, confesó Magda Resik. “¿Pero qué es ser patriota?”. El Historiador, con su sencillez habitual, respondió: “Es una carga muy pesada arriba de cada uno, porque la cubanía es un sentimiento que puede sentirse en cualquier ángulo de la tierra donde uno enfoca el lar patrio, el lugar donde nació. Una cosa es nuestro país, una tierra, una isla. Lo segundo es el concepto Patria, un poema por el cual tanto se luchó; y lo tercero, una nación, el estado de derecho, los símbolos nacionales, la vida en común, respetándole a cada cual su espacio pero unidos por una convención, un sentimiento de ser una nación”.
“Debemos admitir esa cubanía en sus luces y en sus sombras, en sus defectos y virtudes. El concepto de Patria no admite naufragio ni olvido. Es como la relación del ser humano con la madre, que lo excede todo. El vínculo misterioso que también tenemos con nuestra Patria. Por eso es muy importante la memoria. Cuando se siente amor hacia las piedras mohosas del Valle de Viñales, el Cauto precioso, la filiación hacia lo que es indudablemente nuestro, entonces la Patria es una realidad”, finalizó.

 
Encuentro con…” tuvo lugar en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba. Foto: Alexis Rodríguez.                                                                               

La Fantasía de Los Van Van inicia el camino hacia los Grammy

En declaraciones realizadas a la Televisión Cubana, el actual director de la formación, Samuel Formell, replicó la decisión de la junta sobre su más reciente álbum titulado La Fantasía, convertido a su vez en el disco más vendido este año por la disquera cubana Egrem.


Publicada en diciembre de 2014 con motivo de los 45 años de Los Van Van, también conocidos como el Tren Musical de Cuba, la placa resultó en un suceso musical con ventas agotadas de las casi ocho mil copias sacadas al mercado.

La Fantasía es también un homenaje al desaparecido fundador de la alineación, Juan Formell, quien escogiera a la misma casa productora para la realización de unos 15 fonogramas.

Recientemente, Los Van Van, tuvieron la oportunidad de promocionar temas contenidos en el álbum en un periplo que los llevó por 24 ciudades estadounidenses y por Puerto Rico.

Asentado en este éxito, el director de arte y repertorio de la Egrem, Pedro Pablo Cruz, confirmó la preparación de un disco de Grandes Éxitos de la agrupación como una de las novedades para 2017, año en el que se efectuaría la 59 edición de los Grammy.

Precisamente, ese galardón es otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos en reconocimiento a un logro especialmente destacado de la industria musical.

Tomado de Cubasi.

Cosme Proenza y el Parque de los Tiempos

Cualquiera que sea el visitante, disfrutará de un proyecto acariciado durante un largo periodo por Cos­me

El Parque de los Tiempos, conjunto escultórico inspirado en la obra de Cosme Proenza. Foto: Juan Pablo Carreras
HOLGUÍN.—Transformadas en impactantes esculturas, piezas pictóricas de la serie Los dioses escuchan, de Cos­me Proenza, se erigen como elementos principales del Par­que de los Tiempos, espacio definido como único por su belleza y concepción artísticas.
Cualquiera que sea el visitante, disfrutará de un proyecto acariciado durante un largo periodo por Cos­me, quien se proporciona a sí mis­mo satisfacciones espirituales que siempre decide compartir con sus compatriotas, con preferencia en el te­rruño donde habita.
Concluir el parque ubicado en la capital provincial resultó una tarea compleja, en la que intervino mu­cha gente para solucionar vicisitudes materiales. Por eso es inevitable reconocer el constante apoyo de las principales autoridades políticas y del Gobierno de la provincia.
Pero no hay dudas acerca del protagonismo de los artistas César Sán­chez y Silvio Pérez, quienes de­fendieron como propias las ideas de Cosme y se dejaron guiar por él, exigente y meticuloso en sus contiendas creativas.
Eludiendo cualquier tipo de mol­de, ambos dieron forma definitiva a los singulares arcos y fuentes, que en comunión con los demás elementos, transformaron un área po­co atractiva en plaza que enamora a primera vista, se­gún el también pintor Julio Mén­dez, presidente de la Unión de Es­critores y Artistas de Cuba en la provincia.
Esplendoroso a la luz del día, y con matices mágicos en las noches, cuando las luces inteligentes crean, entre otras cosas, ficticios espejos de agua, el nuevo espacio, parte im­­pres­cindible ya del entorno cultural y referencia hacia otras latitudes, también tiene la virtud de afianzar a Holguín como la Ciudad de los Parques.
Por la sana visión personal de difundir cultura, enriquecer el al­ma de sus contemporáneos y quienes les sucedan, y a la vez seguir demostrando que el arte es inagotable cuando lo alimenta la osadía en hermandad con la modestia, Cos­me Proenza merece que su crea­­ción sea disfrutada am­pliamente y no padezca el ultraje de las indisciplinas sociales que con frecuencia da­ñan los sitios pú­blicos.
Tomado de Granma

Cielos despejados para reapertura de vuelos regulares entre Cuba y EE.UU.

A pesar de los intentos de dinamitar el nue­vo puente entre los dos países, todo parece indicar que los cielos están bien abiertos para el nuevo paso en las relaciones bilaterales.

Por:





Cuando el Airbus A320 de la aerolínea estadounidense JetBlue cubra la ruta entre Fort Lauderdale, Florida, y Santa Clara el próximo miércoles, quedarán restablecidos los vuelos regulares entre Cuba y Estados Unidos tras más de medio siglo de interrupción.
A pesar de los intentos de dinamitar el nue­vo puente entre los dos países por parte de algunos legisladores norteamericanos y sectores contrarios al acercamiento entre La Ha­ba­na y Washington, todo parece indicar que los cielos están bien abiertos para el nuevo paso en las relaciones bilaterales.
Sin mostrar pruebas concretas y obviando el historial de Cuba y los reconocimientos in­ternacionales que ha recibido el país en materia de aeronáutica civil, se intentó mostrar a la Isla como un destino inseguro para los viajeros estadounidenses.
Sin embargo, todas las partes involucradas en las negociaciones para materializar el me­morando de entendimiento firmado en febrero de este año, se han encargo de despejar cualquier nubarrón sobre el compromiso de Cuba con los más altos estándares internacionales.
La directora de Aeropuertos Internacio­na­les de JetBlue, Giselle Cortés, calificó de “excelente” el trabajo de las autoridades cubanas pa­ra materializar el primer vuelo regular desde 1961. “Hemos encontrado completa co­labo­ración a cada nivel”, dijo el pasado sábado en conferencia de prensa en el capitalino Hotel Na­cional.
Cortés reconoció que las leyes estadounidenses aún prohíben que los ciudadanos de su país visiten Cuba como turistas y JetBlue tuvo que aplicar un sistema en su sitio web pa­ra seleccionar una de las 12 categorías de viaje aprobadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros.
Añadió que sus negocios se basan en las re­gulaciones vigentes y operan a través del úni­co banco que actualmente maneja transacciones directas entre los dos países, el Stonegate de la Florida.
Respecto a los comentarios sobre supuestos problemas de seguridad en los aeropuertos cubanos, dijo que son instalaciones “extremadamente seguras, inspeccionadas y certificadas” por las propias autoridades estadounidenses. “No nos ha sorprendido lo serio que se toma la seguridad aquí”.
Cuba es miembro fundador de la Orga­­ni­zación de la Aviación Civil Inter­nacional (OACI) y es reconocida por cumplir con todos los estándares internacionales, dijo el viernes por su parte el viceministro de Desarrollo del Ministerio del Transporte de Cuba (Mitrans), Eduardo Rodríguez Dávila. “Lo avala la trayec­toria de nuestros aeropuertos”.
Tomado de Granma.

Zona +, la antesala necesaria

El nuevo centro comercial minorista especializado de la Corporación Cimex, con productos de gran formato, parece ser el punto de partida de un mercado mayorista en la Mayor de las Antillas, una de las grandes necesidades del sector no estatal
 
Los clientes agradecen el fácil acceso a los productos y su variedad. Foto: Raúl Pupo
Por Yuniel Labacena Romero 
27 de Agosto del 2016 / Tomado de Juventud Rebelde,


Variedad de productos, grandes ofertas, servicio de calidad y atención especializada... Así se presenta Zona +, la nueva tienda de la corporación Cimex con productos de gran formato, que hace casi un mes presta servicios en la capital del país.
Ubicada en 7ma. A, entre 66 y 70, en el municipio de Playa, la nueva unidad responde, en cierta medida, a los múltiples reclamos del sector no estatal en el país, al concentrar en un solo lugar diversas mercancías.
No pocos clientes agradecen esta tienda, pues antes tenían que pasar por siete u ocho para adquirir lo que deseaban, y aquí lo encuentran todo. Así lo confirmó el cuentapropista Jansen Mirabal. «Antes, hacer compras para mi negocio me costaba hasta tres o cuatro horas. Ahora, en menos tiempo resuelvo casi todo aquí. También te ahorras dar varios viajes, pues aquí cargas una o dos veces a la semana».
Yaniel Díaz destacó el fácil acceso a los productos y su variedad, «algo que no sucede en otras tiendas». Y Mario Hernández añadió que una de las cuestiones en que no satisface todavía esta unidad a los compradores es en el precio, pues en este sentido «no hay grandes diferencias entre sus ofertas y otros puntos comerciales. Es necesario que exista una diferenciación», dijo.
Como Mario, numerosos usuarios entrevistados por este diario coincidieron en esa idea de aplicar el descuento por la venta mayorista y la necesidad de que se abran otras tiendas similares. Otras personas, como Juana Díaz, elogiaron la organización de Zona + y la profesionalidad de sus trabajadores, basadas en un servicio casi personalizado desde la llegada hasta la salida.

Hay ofertas, pero faltan

Refresco, cerveza, jugo, licor, ron, chocolate, dulces, harina, leche, agua, levadura, detergente, desincrustante... son algunos de los productos que tienen a su alcance quienes llegan a Zona +, cuentapropistas o no, pues, como explicaron sus directivos, el establecimiento está abierto para todos.
No obstante, algunos de esos productos escasean también allí, como nos contó la trabajadora por cuenta propia Esperanza Herrera, quien alegó que faltan confituras, y que se necesita un local más grande. Ernesto Crespo, quien visita la tienda desde su apertura, dijo que no hay diversidad de productos cárnicos y de vinos. «Los refrescos nacionales han escaseado, al igual que las cervezas», precisó.
Me dijeron que aquí habían bastantes ofertas, pero veo lo mismo que en las demás tiendas. También sucede que hay productos puestos en los listados que luego no aparecen en los estantes, como las diferentes pastas de puré, apuntó Juan Carlos Benítez. Otro cliente, Lisandro Suárez, señaló que al principio la tienda abrió con diversidad en sus propuestas, pero han comenzado a disminuir. Además se necesitan productos como atún, vegetales, aceitunas y otros que disfrutan mucho quienes visitan su restaurante.
Que existieran bajos niveles de venta tuvo en vela a los que pensaron en Zona +. Sin embargo, desde el primer día el centro ha resultado toda una revelación, nos contó Javier Muñoz Govantes, su administrador. Recuerda que el primer día de apertura vendieron más de 9 000 pesos, aun cuando nadie sabía de su existencia. «Desde entonces vendemos más de diez mil pesos por día, y hemos alcanzado hasta una cifra récord de casi 16 mil.
De los productos existentes en Zona +, asegura Muñoz Govantes, los más vendidos son los quesos de 38 y 40 kilogramos, espaguetis y latas de puré de tomate, además de azúcar y bebidas nacionales.
«En los niveles de venta ha sido útil el ajuste de los planes a las demandas del cliente. Con ellos indagamos cuáles son los productos que más necesitan y luego salimos al mercado a comprarlos lo más rápido posible. Eso es un procedimiento nuevo en esta tienda que nos permite no solo identificar qué mercancía quiere el comprador, sino estar más cerca de su demanda y de ellos», señaló.

Llegarán otras tiendas

Gretchen Alfonso Pino, directora de Mercadotecnia de la corporación Cimex, explicó a Juventud Rebelde que Zona + se pensó a partir del proceso de actualización del modelo económico cubano y de reorganización que desarrolla la red comercial de Cimex, con el propósito de especializar algunos segmentos de mercado y las tiendas que posee.
«Tenemos una red minorista amplia de tiendas de cercanías, por departamentos, mixtas y centros comerciales, pero necesitábamos responder también a las necesidades del sector no estatal. Así ha nacido Zona +, como una prueba de mercado. Nuestros clientes meta son los cuentapropistas, en especial quienes se vinculan a las actividades de la gastronomía y los arrendatarios de casas particulares, los que más han crecido en los últimos tiempos».
Alfonso Pino expresó que Zona + no es mayorista; esas tiendas tienen otros sistemas de trabajo, otra manera en la formación de precios. «Se trata de una tienda minorista especializada, que tiene grandes formatos y cantidades, fundamentalmente de la familia de alimentos y aseo. Aunque no se aplica diferenciación de precios, los márgenes comerciales son favorables en mercancías de grandes proporciones, lo que estimula su compra en lugar de hacerlo en pequeñas proporciones».
Según nos contó Muñoz Govantes, piensan llevar el producto hasta la casa de los clientes. «Esta es una oferta que estudiamos para cuando las condiciones logísticas nos lo permitan. Pensamos hacerlo con aquellos usuarios que tengan facturaciones por encima de los mil pesos, pues uno de los elementos que dificulta las grandes compras es la transportación. Eso sería sin costo alguno».
Si algo tienen claro los directivos de Cimex es que «las cosas hay que concebirlas con el pensamiento de que salgan bien y duren en el tiempo». Así lo asegura la Directora de Mercadotecnia, quien agrega que «para la Corporación ha sido un reto, pues no estamos acostumbrados a mantener una tienda con una capacidad cúbica tan grande, donde además  los productos son de muy rápida rotación. Por ello, para su organización, hemos involucrado a las diferentes partes de la cadena y se reorganizó el sistema de reaprovisionamiento».
Significó que la tienda ha venido, en cierta medida, a aliviar al cliente minorista, sobre todo a la población, que tiene que competir en los mercados de cercanía con los mismos productos de alta demanda para el sector no estatal.
—¿Cómo se abastece este tipo de tienda?
—El surtido es diario. En este caso, por la capacidad tan grande que permite solventar un día de venta, decidimos un proceso de abastecimiento directo, sin intermediarios, desde el Almacén Central de La Habana a la tienda. El pedido —que se hace diariamente según los niveles de venta— es automático, no como en las unidades de los territorios, en las que se tramita mediante gestores para luego ir a los almacenes centrales.
—¿Se piensa en otros establecimientos como este?
—Antes de finalizar el año abriremos otras tiendas de este tipo en la capital y una en las cabeceras provinciales, pero todavía no se han evaluado ciudades que tienen grandes poblaciones que se vinculan al cuentapropismo, como Trinidad, por ejemplo. Pensamos crear una red con este tipo de tiendas, y de esta forma extenderlas a otros puntos de la geografía nacional.
«Actualmente continúan las pruebas de mercado, se crean las condiciones y se evalúan el abastecimiento y la logística de acuerdo con la oferta y la demanda. Además, tenemos pensadas otras ofertas de precios, la atención personalizada y estrategias comerciales para los que tengan compras elevadas.
«Todo ello necesita aseguramiento, por eso lo haremos paulatinamente. Pero lo realizaremos con la mayor premura que podamos, pues conocemos que la venta mayorista es una demanda urgente de un segmento de mercado que se expande en el país y que necesita de recursos para ejercer su actividad», concluyó.

El día que la virtud no nos sorprenda

Por: Alina Perera27 de Agosto del 2016 
Si hubiera contado con antelación esta historia a mi querido colega Michel Contreras, él, con su fino y vertiginoso sentido del humor, hubiera dicho en clara alusión a cómo muchas veces termino escribiendo aquello que se salió de lo monótono y me tocó: «Habrá crónica…».
Pues sí, tiene que haberla después de lo que me ha sucedido y que se destaca por bueno. Tiene que haberla, porque así como la maldad duele y nos incita a comentarla y lamentarla, cada gesto de virtud, como uno del cual hace pocos días fui destinataria, alivia y ampara.
La historia es que salí en busca de un servicio a través del cual optimizaría el funcionamiento de la computadora que es herramienta de mi oficio. Del taller, estatal, ubicado en la habanera esquina de Infanta y Zanja, regresé un buen día a casa muy complacida por la calidad del trabajo de reparación. Y a la mañana siguiente recibí una llamada telefónica mediante la cual una muchacha me notificaba la necesidad de regresar al taller, pues debían devolverme un dinero que por error numérico habían cobrado de más.
Una vez allí me explicaron que el precio de las piezas utilizadas ya no era el mismo de otros tiempos, y que yo debía firmar, por segunda ocasión, dos comprobantes de los cuales uno se iría conmigo.
Debo confesar que sentí sorpresa mientras atendía la llamada telefónica. Pensaba —y aquí está el núcleo de la reflexión—, que debemos preocuparnos cuando episodios de la honradez nos resultan, más que naturales, inesperados.
En mi imaginación desfilaron, tras recibir la agradable noticia, diversas variantes de posibles trampas: podrían haber desaparecido los modelos viejos y en su lugar, con la firma que yo había estampado, aparecer otros; podría yo no haberme enterado jamás del error enmendando, y estar feliz por la excelencia del servicio.
Pero la integridad tocó sobre mi hombro. Reparé en cómo por una suerte de reflejo condicionado nos hemos puesto a esperar, al doblar de cada esquina, más por el pillaje que por la rectitud, lo cual es una secuela de estos años difíciles en que el desgaste y las urgencias materiales han alcanzado las dimensiones del alma.
Con mucha frecuencia, entre colegas y amigos, nos hemos preguntado últimamente en nombre de qué muchos de quienes lidian con «recursos», con bienes materiales, tienden a medrar, a sacar cuentas extrañas, a dañar al otro a toda costa. ¿Acaso porque se ha impuesto una infinita cadena de necesidades y hay que resolver de cualquier modo? ¿Acaso porque la vida está cara y va a galope y no hay tiempo de mirar a la decencia, y se impone el desafuero, ya sea detrás de una pesa, o en un almacén, o detrás de un mostrador, o contabilizando y cobrando algún servicio al ciudadano?
Las circunstancias, esas que cada uno de nosotros conoce y vive un día detrás del otro en la Isla, pueden explicar —como dice un colega y maestro— la naturaleza de la conducta, pero no justificarla si en ella va la negación de lo mejor que el ser humano, tras siglos de batalla consigo mismo, ha podido depurar y cultivar.
Pienso que en toda elección que el Hombre hace, en cada camino que toma tras saltar una encrucijada, incluso la más dura, habita un asunto de conciencia. La situación material gravitará con su severo peso, pero siempre habrá un umbral donde nos revelaremos contra lo que nos convierta en rehenes dóciles de los impulsos más básicos.
Es cierto que seremos mejor sociedad cuando el bienestar, sostenible y tangible, abone el terreno donde pueda darse con mejores bríos la flor de la virtud. Mas desde ahora es un deber luchar porque los gestos de honradez, más que rara avis, sean episodios naturales. Cuando ese afán sea una realidad, sí podremos sentir (aunque a la casa le sigan faltando objetos) que hemos crecido donde más importa: las moradas de los sentimientos y de la conciencia.
Tomado de Juventud Rebelde.

Habanera

Por: Graziella Pogolotti .
27 de Agosto del 2016  

 

Corría el año 1939. Ante la neutralidad cómplice de Francia y Gran Bretaña, se derrumbaba la república española. Era el preludio de la gran guerra, la del holocausto, Auschwitz, Stalingrado y el ominoso acto final: Hiroshima y Nagasaki. Junto a su compañera de entonces, la francesa Eva Fréjaville, Alejo Carpentier emprendía el regreso a su Isla. Al cruzar la frontera de Holanda, portadores de un pasaporte sospechoso, fueron conminados a abandonar el tren y dirigirse a un puesto de control. El oficial observaba con cuidado los documentos. Al cabo, empezó a descorrerse el misterio. El visado era cubano, aunque la pareja se dirigía a La Habana. Un maletero preclaro afirmó creer que La Habana era una ciudad de Cuba.
Durante mucho tiempo, el nombre de nuestra capital, asociado a la melodía de las habaneras y al Habano, el tabaco que constituía marca de refinamiento y de poder económico, pareció flotar en algún sitio ignoto del universo. Solo a partir del triunfo de la Revolución, el mundo aprendió a discernir el perfil de la Isla, ahí en la boca del Golfo de México.
Feliz por el reencuentro con su ciudad, después de años de ausencia y de mucho viajar, Carpentier, caminante insaciable, la definió como una urbe siempre inconclusa. Articulada sobre las calzadas que la comunicaron otrora a las zonas rurales colindantes, la capital se desparrama en todas direcciones, salpicada de obras sin terminar o paralizadas durante años. Los problemas se acumulan, como las penas de la canción trovadoresca. Siempre sedienta, con calles llenas de baches, alcantarillado insuficiente y fosas sobrecargadas, los encargados de encontrar soluciones sienten sobre sí un peso abrumador.
De paso, los habaneros adquirimos mala fama.
La Habana tiene sus misterios. Hay que descifrarlos. Tiene su raíz en razones históricas y geográficas que la hicieron, desde remotos tiempos coloniales, dependiente de una economía de servicios. El control monopólico del comercio se ejercía d

esde la capital, al punto de que los palacios suntuosos tenían área para el almacenamiento de mercancías. Como lo describe Ramón Mesa en Mi tío el empleado, se acumuló una burocracia parasitaria y corrupta. La población fue creciendo desde entonces de manera desmesurada. Durante la República Neocolonial, la situación no varió. Todo lo contrario. La deformación estructural de la economía agravó la tragedia rural. Para los más desamparados, La Habana era el imán que podía ofrecer muchas oportunidades. En el imaginario popular ha quedado el recuerdo de los campesinos que, recién llegados, se hacían tomar la foto clásica frente al Capitolio. El clientelismo político (la clásica botella) proporcionaba, entre una y otra elección, un salario fijo. Los tentáculos de la urbe se seguían expandiendo. El peso demográfico de la capital respecto al resto del país se ha acrecentado de manera imparable, impulsado por cada crisis económica.
En su desarrollo, las ciudades generan un centro y una periferia. Salvo Centro Habana, el municipio más densamente poblado del país, el eje más favorecido recorre los  barrios costeros por el rango de sus comercios y la intensidad de su vida cultural. Se asientan en esa zona las ofertas laborales más ventajosas al amparo del cuentapropismo. Sin apelar a cifras comparativas, es obvio que muchos municipios capitalinos sobrepasan en población y en complejidad de problemas a muchas provincias de la Isla. Por ese motivo, en cada territorio las soluciones tienen que analizarse de manera diferenciada.
El diseño de la economía está modificando las funciones tradicionales de la capital. Durante siglos, el puerto determinó el papel de la ciudad e influyó en su composición social. La bahía ha comenzado a limpiarse y, en ese contexto emergerá la singularidad de su entorno, el de Regla y Guanabacoa. Por su ambiente atractivo, por sus valores culturales y patrimoniales, así como por constituir  un libro abierto, contentivo de la historia de cuatro siglos de arquitectura, el turismo crece a un ritmo acelerado. Los cambios requieren un desarrollo tecnológico, además de inversiones en restauración e infraestructura. Se traducirán en significativas modificaciones en el carácter de la composición laboral, cada vez más calificada.
Observados a nivel macro, los problemas adquieren una dimensión aplastante. Vista por René Portocarrero, La Habana es un apretado conjunto de mosaicos, rugoso y colorido. La realidad y la vida están en sus municipios. Cuadros con iniciativa y creatividad pueden adentrarse en esos espacios que la componen, conocer su perfil, su historia, la composición social de quienes la habitan. Encontrarán problemas que no alcanzan a solucionarse de inmediato. Descubrirán también numerosas potencialidades por desarrollar. Cincuenta años de distribución democrática de la vivienda han facilitado la vecindad de obreros y científicos de alta calificación, de artistas y profesionales de las más disímiles especialidades. En el terreno de la ciencia y la cultura hay un extenso saber acumulado que yace en universidades y centros de investigación con patrocinio académico, tanto como de las organizaciones de masas y políticas.
El cruce de esa información proyectará un esbozo del panorama. Utilizada de esta manera, ciencia y cultura ofrecen respuestas económicamente productivas. Los portadores de esos saberes, urbanistas, informantes populares, sociólogos, antropólogos, demógrafos, pueden convertirse en participantes activos en los cambios necesarios.
Voces de poetas, cantores, narradores han exaltado la imagen de La Habana.
Alejo Carpentier le dedicó páginas apasionadas a su arquitectura y a su gente. Es un tesoro que nos toca preservar con la mente y el corazón.

Tomado de Juventud Rebelde.

 

viernes, 26 de agosto de 2016

Quince canciones para la Asociación Hermanos Saíz

En los estudios PM Récords se gesta, por estos días, el fonograma Te doy otra canción, una producción del sello BisMusic que rinde homenaje a la organización de los jóvenes creadores cubanos.




Por :Maya Quiroga
19 de Agosto del 2016
El cantautor cienfueguero Nelson Valdés ha hecho un alto en la grabación de su segundo álbum —que contendrá canciones más maduras, y en el que trabaja con el productor José Manuel García y Eddy Cardosa como arreglista—, para sumarse a las celebraciones por el aniversario 30 de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).
En los estudios PM Récords se gesta, por estos días, el fonograma Te doy otra canción, una producción del sello BisMusic que rinde homenaje a la organización de los jóvenes creadores cubanos. A la par de la grabación se trabaja en un making off y en el diseño del videoclip promocional del tema, compuesto por Nelson originalmente para el fonograma, que da título al disco. Lo más novedoso es que todos los temas serán interpretados por el joven.
A partir de una idea del periodista, investigador y crítico Joaquín Borges-Triana, el cienfueguero Valdés trata de rescatar la obra de un grupo de trovadores cubanos para demostrar que la canción de autor está más viva que nunca en la Antilla Mayor.
«Muchísimos de los autores que tendrán piezas musicales en el disco están trabajando en la Isla. El fonograma hace un recorrido por algunas etapas de la cancionística cubana.
«Considero que es un álbum bastante injusto porque recoge 15 canciones y, por supuesto, faltan muchísimas más en esta compilación. Ojalá podamos concretar la idea de realizar un tríptico para que se haga un poco más de justicia con los autores», explica el músico, integrante de la AHS.
—¿Puedes adelantar algunos de los cantautores que integran la nómina de Te doy otra canción?
—La lista va desde los grandes clásicos como Silvio Rodríguez (por supuesto con su tema Te doy una canción), Pablo Milanés, Noel Nicola, Lázaro García; después pasamos por la obra de consagrados cantautores cubanos como Gerardo Alfonso, Polito Ibáñez, Santiago Feliú; hasta llegar a Ariel Barreiro, Rolando Berrío, Israel Rojas, Alberto Tosca, Eduardo Sosa, Tony Ávila, entre otros. No en todos los casos se seleccionaron canciones de las más conocidas de ellos, aunque también se incluirán algunos clásicos.
—El sello BisMusic es una disquera muy reconocida, en la Mayor de las Antillas, por la calidad de sus producciones. ¿Cómo te sientes al pertenecer a su catálogo?
—Para mí es un honor que la producción general de este disco corra a cargo de José Manuel García. Él es quien ha hecho posible todo lo que está sucediendo. Nosotros se lo agradecemos muchísimo.
«Además, el productor Emilio Vega está trabajando como tecladista y arreglista. También participan muchos de los músicos más importantes del panorama actual: Oliver Valdés, en el drum; Jorge Aragón, en el piano; Yaroldy Abreu, en la percusión menor; el chino Verdecia, en las guitarras. Otros músicos pasarán por el set de grabación y aportarán lo mejor para alcanzar la calidad a que aspiramos».
—¿Cuándo presentarán el disco?
—El 22 de octubre, en el Teatro Mella, cerca de la fecha en que la AHS celebra su aniversario 30, haremos el concierto de presentación. En esa función queremos grabar un DVD, concluye el autor de joyas musicales como Mi ciudad, Labios en cruz y Luna cienfueguera.

Presentan libro sobre Juan Formell y los Van Van

El volumen Juan Formell y los Van Van, la leyenda, del periodista y cronista musical Rafael Lam, detalla la impronta del denominado Tren de Cuba y de su líder fundador.
















Presentan libro sobre Juan Formell y los Van Van. Foto: Roberto Ruiz


Por: Yelanys Hernández Fusté
19 de Agosto del 2016 
Juan Formell y los Van Van, la leyenda, del periodista y cronista musical Rafael Lam, libro que detalla la impronta del denominado Tren de Cuba y de su líder fundador, fue presentado este viernes en La Habana.
El texto, que puede adquirirse en la feria cultural Arte en La Rampa, aborda diferentes etapas creativas de Formell. Al melómano le sorprenderá conocer más de la obra trovadoresca del importante compositor y bajista, su paso por la orquesta Revé y de ese gran proyecto que es Van Van.
En sus palabras de elogio, Edmundo Pina aseguró que el volumen es de obligada consulta para todo el que le interese la historia musical de la Isla. Pina, quien es trombonista desde hace 33 años en la emblemática orquesta, dijo sentirse emocionado al ver hecho posible este «gran homenaje a Juan Formell Cortina y a su grupo, que ya lleva 47 años manteniéndose en la preferencia del público cubano».
Por su parte, Rafael Lam destacó el trabajo de fotografía de Iván Soca y resaltó la valía de escribir sobre las agrupaciones populares, cuyos repertorios son un espejo de sus seguidores y adelantó que tiene entre sus proyectos editoriales escribir sobre Benny Moré.
Juan Formell y los Van Van, la leyenda se suma a una ya apreciable lista de textos relacionados con la música publicados por Ediciones Cubanas —entidad perteneciente a Artex—, entre los que sobresalen volúmenes dedicados a Buena Fe, Eliades Ochoa, Polo Montañez y el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro.

Tomado de Juventud Rebelde.

Tony Ávila

José Luis Estrada Betancourt22 de Agosto del 2016 


Antonio Ávila Bacas, Tony Ávila. Foto: Juventud Rebelde
 
En Marianao, La Habana, nació Antonio Ávila Bacas, Tony Ávila, el 13 de agosto de 1970. Es licenciado en Filosofía e Historia, y realizó sus primeros intentos profesionales dentro de la música con un cuarteto, que llevaba por nombre Clave Cuarta (1996). Dos años después fundó y dirigió el quinteto Agua Tibia. Más tarde crearía Con Clave, agrupación con la cual participa en el 3er. Festival Cultural cubano en Londres (2004).
En la actualidad dirige su propio grupo, con el que ha actuado en escenarios no solo de Cuba, sino de países como Inglaterra, Venezuela, Perú, Brasil, Ecuador, Estados Unidos... Ha compuesto música para el teatro, el cine (Irremediablemente juntos) y la televisión (Santa María del Porvenir).
Su obra, que va de la canción a la guaracha, se acerca a temáticas sociales de la Isla y del mundo. Dentro de su discografía están los álbumes A primera vista, Tiene que haber de to’, Credenciales, En Tierra, que incluye el éxito La choza de Chicha y Chacho; y Timbiriche. En esta edición de ¡De Impacto! le traemos, estimado lector, la letra de su canción Nada más triste.

Nada más triste

Te digo que no hay nada más triste/ que ver una ventana sin luna,/ que ver un corazón sin fortuna,/ un pajarillo, ay, sin alpiste./ Te digo que no hay nada más triste/ que al cielo se le apague una estrella,/ que se marchite la flor más bella,/ que haya que nacer pa’ morirse./ Te digo que no hay nada más triste/ que la tristeza muera de risa,/ que al viento no le bate la brisa/ y sea un huracán para herirte./ Y sea un huracán para herirte.
Te digo que no hay nada más triste/ que al nuevo día no le amanezca,/ que lo que fue semilla no crezca,/ que el fruto que esperabas no existe./ Te digo que no hay nada más triste/ que ver los peces fuera del agua,/ que se detenga la bibijagua,/ que no provoque risa tu chiste./ Te digo que no hay nada más triste/ que el que decía era tu amigo/ hoy sea tu peor enemigo/ y tú tan ciego que no lo viste./ Y tú tan ciego que no lo viste./ Que no viste y por eso… camínalo, camínalo.
Te digo que no hay nada más triste/ que tener una visa perfecta,/ que al muro no se le abra una puerta/ que los caminos sean invisibles./ Te digo que no hay nada más triste/ que a la tina le falte la rosa,/ que no lleguen a ser mariposas toditas las orugas que viste./ Te digo que no hay nada más triste/ que cambie de color la esperanza,/ que sea parte de la matanza/ de toda la alegría que existe./ De toda la alegría que existe./ Te digo que no hay nada más triste…
Te digo que no hay nada más triste./ Yo te aseguro no hay nada más triste./ Te digo.../ Que ver los peces fuera del agua./ Te digo…/ Que se detenga la bibijagua./ Te digo…/ Que no provoque risa tu chiste./ Te digo…/ Que no hay nada más triste./ Te digo.../ Eh, eh, no hay nada más triste./ Te digo que no hay nada... eh, eh, no hay nada más triste./ No hay nada más triste, no hay nada más triste./ Eh, eh, no hay nada más triste./ Que cambie de color la esperanza./ Eh, eh, no hay nada más triste./ Que todo lo ponga sobre una balanza./ Eh, eh, no hay nada más triste./ Que un cerebro vacío y repleta la panza./ Eh, eh, no hay nada más triste./ Nada, nada más triste. Nada./ Eh, eh, no hay nada más triste./ Nada, nada más triste. Nada…


Tomado de Juventud Rebelde.

Reconocen a destacadas agrupaciones con la condición de Vanguardia Nacional

Yelanys Hernández Fusté
digital@juventudrebelde.cu
23 de Agosto del 2016 
 
 
 
 
Georgia Aguirre, a nombre de Anacaona, recibió la condición Vanguardia Nacional. Foto: Roberto Ruiz 



Una felicitación especial a los colectivos artísticos de Artex reconocidos con la condición de Vanguardia Nacional y Distinguidos por la Cultura hizo este martes en el Memorial José Martí de la capital, Nereida López, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.
La dirigente obrera destacó en la ceremonia de entrega de ambos reconocimientos, el trabajo sindical de referencia de esa entidad estatal, perteneciente al Ministerio de Cultura, «que con su quehacer cotidiano ratifica la valía de nuestro proyecto socialista defendiendo lo más valioso del arte y llevando a nuestro pueblo un producto cultural de calidad».
Recibieron la condición de Vanguardia Nacional la agrupación Anacaona, la división comercial Lauros y la agencia de representaciones artísticas Clave Cubana; mientras resultaron nuevamente merecedores de ese galardón las orquestas Van Van, Adalberto Álvarez y su son, NG La Banda, Pupy y los que son son, Yumury y sus hermanos, y Bamboleo, entre otras.
Por su parte, fue otorgado el certificado de Distinguidos por la Cultura a dos noveles agrupaciones: JG y su grupo y Mónika Mesa y su Máquina Perfecta. El diploma también fue entregado al sello discográfico Bis Music y a la casa matriz de Artex.

Historia de los hombres sin historia


Graziella Pogolotti  20 de Agosto del 2016 

Como los egipcios, tenemos nuestras pirámides. Un poderoso sistema de fortificaciones defiende nuestras costas. A la manera de quijadas, el Morro y la Punta intentan cerrar la boca del estrechísimo canal que ingresa en la bahía de La Habana. Hoy todavía, las embarcaciones se detienen a la entrada en espera del pequeño práctico que los conducirá al interior de la bolsa. Eminente ingeniero, Juan Bautista Antonelli dirigió las obras de la fortaleza que nos identifica. Pero me maravilla pensar en las manos que pulieron piedras sobre los duros arrecifes. Alguna vez, en mi infancia, subí a la cúspide. Desde la altura, me espantaron las aletas de los tiburones que merodeaban por el lugar. Supe más tarde que bajo la dictadura de Machado los perseguidos políticos se convirtieron en presas de los terribles escualos hambrientos.
Muchos constructores vinieron de otras partes. Tanta fue la demanda en una ciudad en crecimiento hipertrofiado por el paso de las flotas que transportaron los metales preciosos de América. Aparecieron numerosos oficios. Las velas y el maderamen de las naves exigían reparación. Al cabo surgieron astilleros que proporcionaron buques a la armada invencible de Felipe II. Se formaron albañiles, ebanistas, herreros. Se iba componiendo la trama de una sociedad compleja. Para entender nuestro origen, no basta con conocer los nombres de los sucesivos capitanes generales que gobernaron una colonia constituida en llave del nuevo mundo. Hay que transitar por la historia económica en su interacción con el diseño de una sociedad estratificada, con la progresiva transculturación y con la mentalidad generada por varios factores.
Desde el principio, la mano de obra escaseó en la Isla. Buena parte de los conquistadores se dejó seducir por el atractivo de los metales preciosos que abrigaba el continente. Aprendí en los manuales de historia que, sobre una lenta acumulación inicial, la toma de La Habana por los ingleses propició un cambio y sembró la necesidad de defender la libertad de comercio frente a la monopólica corona española. Estudios posteriores subrayan con razón el papel decisivo desempeñado por la revolución haitiana en lo económico, lo social y lo político. Cuba fue llamada a sustituir a la nación vecina en la producción de azúcar y café. Se estaban sentando las bases de un proceso que nos llevaría al monocultivo y a la dependencia del comercio exterior y, en última instancia, de los rejuegos de las bolsas de valores. Para afrontar esta demanda, la monstruosa trata negrera devino negocio lucrativo. Piezas de ébano privadas de su dignidad, los negros padecían castigos bestiales. Eran dominados, mientras los insumisos cimarrones se apalencaban.
Los esclavos procedían de distintas culturas africanas. Olvidamos con frecuencia que eran personas con rasgos individuales condicionados por la jerarquía que ocupaban en su territorio de origen y, como sucede en todas partes, favorecidos en tanto portadores de talento e inteligencia propias. La Isla no era solamente el habitar de amos y esclavos, de blancos y de negros.
Con el andar del tiempo, se constituyó una capa de negros y mulatos libres que se hicieron cargo de numerosos oficios. Había parteras, dentistas, músicos, sastres que, como lo consignó Villaverde en Cecilia Valdés, servían a la más alta sociedad. Muchos sirvieron en los batallones de pardos y morenos. Aprendieron el manejo de las armas e intervinieron en acciones más allá de la Isla. Comprendieron la importancia de las instituciones jurídicas. Este saber complementó para ellos el alcance de los papeles de libertad. Fueron una iniciación al entendimiento de la importancia de los derechos ciudadanos, todavía inexistentes bajo el dominio de la corona española. Eran reivindicaciones que empezaban a formularse desde abajo, cuando todavía el acceso a los altos niveles de enseñanza permanecía vedado a quienes no pudieran demostrar limpieza de sangre.
Por eso la revolución de Haití tuvo entre nosotros efectos contradictorios en el plano ideológico. Para los criollos adinerados, instauró el terror al negro, que postergó el compromiso con el independiente radical, además de alentar tendencias reformistas y anexionistas. En sentido contrario, para negros y mulatos, inspiró ideales emancipatorios. Las noticias de lo ocurrido en la isla vecina se transmitieron por vía oral a través de los esclavos que acompañaron a sus amos franceses a la zona oriental del país. Luego, el trasiego militar en el puerto de La Habana, punto de conexión entre las Antillas, España y la Luisiana, mantuvieron vivo el interés por lo que estaba ocurriendo al otro lado del Paso de los Vientos.
Tres fechas marcan nuestra historia con hierro candente, 1812, 1844 y 1912. La conspiración de Aponte mostró la evidencia de una amenaza latente. La conspiración de La Escalera hizo palpable la conexión posible entre las dotaciones de esclavos y las capas ilustradas de negros y mestizos. Recordamos esa fecha como el año del cuero. Encabezada por el poeta Plácido, la relación de las víctimas es impresionante. La república neocolonial no saldó la deuda. Como en casos anteriores, la represión de los independientes de color quiso ser ejemplarizante. Mambises, los negros y mulatos adquirieron el derecho al voto, pero no recibieron el reconocimiento debido quienes habían levantado con sus manos la riqueza de la nación y combatieron por ella.

Tomado de Juvetnud Rebelde.

lunes, 15 de agosto de 2016

Cuando las ideas desbordan un siglo

Yoerky Sánchez Cuéllar
13 de Agosto del 2016 23:20:04 CDT
La imagen más nítida que guardo de Fidel es la de aquella noche del año 2000 cuando, luego de una intensa jornada de trabajo, departió con un grupo de jóvenes en su oficina del Consejo de Estado.
Eran los inicios de la Batalla de ideas. Y preparábamos una tribuna contra el robo de los fondos cubanos congelados en Estados Unidos. Precisamente, unos días antes el Comandante visitó Naciones Unidas para la Cumbre del Milenio. En su discurso denunció las sucias campañas del imperialismo y su intención de arrasar con los pueblos, aunque para la prensa mundial el clímax de su presencia en Nueva York fuese el breve y cortés saludo con el entonces presidente Clinton, en uno de los pasillos del salón de conferencias.
Con su típico uniforme verde olivo, estaba ahora ante nosotros. Y mientras cada uno de los pioneros, estudiantes de la FEEM y la FEU perfilaba su discurso, Fidel caminaba y caminaba frente a nuestras sillas, hacía preguntas, lanzaba una broma y era uno más en el pequeño equipo juvenil que al día siguiente saldría a un combate con las municiones del pensamiento.
Me impresionaron aquellos pasos de Fidel. Parecía que su desplazamiento de un extremo al otro de la alargada mesa marcaba la velocidad de sus ideas, con un ritmo casi imposible de imitar. Pero el constante crujir de sus botas de guerrilla no le impedía que se concentrara en cada frase, ni entorpecía su disposición al ameno diálogo. Lo noté muy cercano y a la vez como venido de otros siglos, de un espacio reservado a los profetas que dejan huellas y de cuando en cuando las revisitan.
Entonces imaginé al joven que convocó al rescate de la campana de La Demajagua, al que entraba y salía de la casa de Prado 109 para organizar el Movimiento con otros valerosos jóvenes, al que se lanzó a la conquista de un sueño en el Moncada, al que desafió al mar en la épica expedición, al que honró a Martí en el Turquino y lo eternizó en el pueblo. ¿Podría lograrlo con paso entrecortado y lento?
Fidel siempre se ha sentido como el inquieto rebelde de la colina universitaria. Nunca perdió la agilidad y la destreza que requieren las obras grandes, sobre todo, cuando se trata de derribar molinos y enfrentar acechos, con toda una isla sobre los hombros. Y mientras los años pasaban y el cuerpo sentía las marcas del implacable tiempo, Fidel generaba las más renovadoras ideas.
Cómo no recordar sus lecciones a la juventud, cuando en aquella Reflexión titulada Regalo de Reyes, decía: «A los revolucionarios más jóvenes, especialmente, recomiendo exigencia máxima y disciplina férrea, sin ambición de poder, autosuficiencia, ni vanaglorias. Cuidarse de métodos y mecanismos burocráticos. No caer en simples consignas. Ver en los procedimientos burocráticos el peor obstáculo. Usar la ciencia y la computación sin caer en lenguaje tecnicista e ininteligible de élites especializadas. Sed de saber, constancia, ejercicios físicos y también mentales».
Recientemente leía cómo Haydée Santamaría recordaba aquellas zancadas de Fidel, cuando visitaba a Abel en el apartamento donde se fraguaban los planes para la futura epopeya, como si en sus horas —con sus pasos de gigante— se decidiera el porvenir.
Cuando las ideas desbordan un siglo, el tiempo se torna estrecho para el hombre mayúsculo. Y comienza una batalla en la que cada segundo ha de cargarse de hora, y cada hora llenarse de día. La única forma de encauzarlas es, entonces, insuflándole arrestos, para que la victoria mueva las manecillas a su favor y el decursar nos premie con nuevos amaneceres.
Ayer celebramos los 90 del líder rebelde y la alegría de tenerlo entre nosotros como un caudal de amor e inteligencia. Y en los más jóvenes, que sentimos el latir de su uniforme verde olivo, queda la obra que él cultivó desde sus años de estudiante, con la impronta de sus largas zancadas.

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE