lunes, 10 de diciembre de 2018

Cuba demuestra con orgullo sus avances en derechos humanos (+ Fotos)


El 10 de diciembre se celebrará una vez más el Día de los Derechos Humanos en Cuba, nación que se ha desempeñado como representante de América Latina y del Caribe en el Consejo Internacional de Derechos Humanos


El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó en septiembre de este año que concluye, el informe de Cuba ante el 3er. Ciclo del Examen Periódico Universal (EPU), durante su 39no. período ordinario de sesiones.

En la Sala de Derechos Humanos y Alianza de Civilizaciones del Palacio de las Naciones, en Ginebra, fue abrumador el reconocimiento de Estados y de la sociedad civil a los resultados de Cuba y el rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, según celebraron medios internacionales de prensa.

Con anterioridad, el 16 de mayo, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, había ratificado el compromiso de su país con las garantías para el ejercicio de los derechos humanos, al presentar el informe nacional ante el EPU, y subrayó que era resultado de la implementación de las recomendaciones aceptadas en el segundo examen cumplido por Cuba en 2013.

Tras la adopción del informe, el representante Permanente de Cuba ante la ONU en Ginebra, el embajador Pedro Luis Pedroso, planteó en las observaciones finales que a partir de este momento se abría una nueva etapa «en la que se impone el compromiso de continuar trabajando en el seguimiento a los resultados de este ejercicio y en la aplicación de las recomendaciones que aceptamos».

Puntualizó que el proceso de examen «ha permitido reafirmar la posición del gobierno de Cuba de que solamente una genuina cooperación internacional, basada en el diálogo constructivo y respetuoso, con apego a los principios de objetividad, imparcialidad y no selectividad, constituye la vía eficaz para la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos».

También destacó que «no puede permitirse que este ejercicio se convierta en un espacio utilizado por algunos para lanzar ataques, para escuchar falsas alegaciones de quienes son mercenarios pagados por una potencia extranjera y para formular recomendaciones que contravienen principios inalienables como la soberanía de los Estados o el derecho a la libre determinación».

Pedroso destacó el digno historial cubano en materia de promoción y protección de los derechos humanos de su pueblo, los grandes esfuerzos realizados «en medio de muy difíciles condiciones, y en particular, del impacto del bloqueo genocida de Estados Unidos contra Cuba».

En mayo último el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, presentó en Ginebra, Suiza, el informe nacional de la Isla al tercer ciclo del Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Una vez más Cuba concurre al EPU para ratificar su firme compromiso con las garantías para el ejercicio de los derechos humanos. El informe nacional que presentamos es resultado de un proceso amplio y participativo de consultas que involucró a numerosas instituciones gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil, y de la implementación de las recomendaciones aceptadas en el segundo examen, el 79 por ciento del total formulado, subrayó el ministro Rodríguez Parrilla.

La Revolución cubana, liderada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, transformó nuestra realidad y continúa empeñada en elevar cada vez más la calidad de vida, el bienestar y la justicia social para todo nuestro pueblo, materializando todos los derechos humanos, agregó el Canciller.

Esa voluntad de proteger la dignidad humana, proveer igualdad de oportunidades, y «conquistar toda la justicia», ha sido invariable e inquebrantable hasta hoy, afirmó el canciller cubano, Bruno Rodríguez.

Cuba -acotó Rodríguez Parrilla- ha continuado dando pasos para perfeccionar su modelo de desarrollo económico y social, con el objetivo de construir una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible, por medio del fortalecimiento de la institucionalidad de nuestro sistema político, de carácter genuinamente participativo, con pleno apoyo popular.

Basados en la Constitución, hemos continuado fortaleciendo el marco jurídico-institucional para la protección y promoción de los mismos, con modificaciones y propuestas ajustadas a las necesidades y realidades de la sociedad cubana y los estándares internacionales, enfatizó el jefe de la diplomacia cubana.

Cuba sigue comprometida con una genuina cooperación internacional sustentada en la indivisibilidad de los derechos humanos, la no selectividad y la no politización. Continuamos comprometidos también con la lucha por establecer un orden internacional más justo, democrático y equitativo que elimine los obstáculos a los esfuerzos nacionales para la realización de todos los derechos humanos, indicó el funcionario.

Mantenemos -apuntó- un alto nivel de cooperación e interacción con los procedimientos y mecanismos de Naciones Unidas en derechos humanos de aplicación universal y un diálogo positivo con los órganos creados en virtud de tratados internacionales.

Igualmente en octubre último la representante permanente de Cuba ante la ONU, Anayansi Rodríguez, denunció la creciente politización en el tratamiento de la cuestión de los derechos humanos, en particular contra países del Sur.

A la vez criticó las campañas difamatorias contra la isla, que constituyen un ultraje a la soberanía del pueblo cubano y un irrespeto a su libre determinación, recalcó la diplomática en la Segunda Comisión de la ONU.







Estafadores vía sms: ¿impunes?


Hace pocos días me llamaron a mi móvil con cobro revertido (*99) para intentar estafarme y extorsionarme. La persona me pidió que le pasara dinero de mi teléfono, pues me había hecho una transferencia de saldo equivocada.
Al chequear el SMS de notificación –falso, claro está– me comuniqué con la empresa proveedora del servicio, Cubacel, para reportar el número del estafador, el SMS (prueba fehaciente con el número del remitente/delincuente) y denunciarlo.
Me dijeron que no podían hacer nada, que era tema de la Policía. Insistí, y atónito volví a preguntar cómo era que no podían, que si revisaban mi estado de llamadas y SMS de los últimos diez minutos verían que alguien me había mandado un SMS haciéndose pasar por la empresa desde un número existente y real, y que me estaba llamando constantemente para chantajearme y extorsionarme.
La ejecutiva me reiteró que no podían hacer nada y que llamara a la Policía. Llamé a la PNR y el proceso no podía hacerse por teléfono ni con la rapidez que nuestra sociedad tal vez requiere en estos casos.
Hablando con amigos me explicaron que también habían sido víctimas de tales artimañas y que intentaron alertar a Cubacel, para que al menos bloquease el número de los estafadores e iniciase una querella por extorsión, intento de estafa, acoso y perjurio, pero fue en vano.
¿Cómo es posible que no se pueda hacer nada si en las bases de datos y demás mecanismos deben quedar almacenados los SMS y rastros de llamadas que como cliente quiero denunciar?
Pero existe otro dato importante y peligroso que me aportaron mis colegas y que me anima a todo esto: esas llamadas y SMS de extorsión aparentemente no llegan a todos los móviles, sino a personas que sí tenemos «coincidentemente» la cantidad de dinero que piden los delincuentes, ¿pura casualidad?
Si a ello le sumamos que «alguien» filtró hace tiempo la base de datos de todos los clientes de líneas fijas y celulares de Cuba, conteniendo datos confidenciales como dirección particular, números de identidad, edad, etc., el asunto es digno de un análisis serio y de tipo legal.
No acuso, son solo raras coincidencias. Por ello pienso que hay que robustecer la seguridad de los clientes y brindar una adecuada confianza –no solo de nuestros datos privados ya en posesión de cualquiera que instale la famosa APK en manos de particulares– y de abogar por una verdadera y eficaz  protección al consumidor.
Mis datos confidenciales depositados mediante contrato con Cubacel no tienen por qué estar en manos de cualquiera,
y es tal la iniciativa sin frenos, que para IOS ya se inventó y patentó lo mismo que existe para Android, e imagino que sin permiso legal de Cubacel.
Pienso que no es igual una guía telefónica impresa y editada por la empresa que contenga datos no confidenciales, a estas aplicaciones para móviles que poseen algo tan privado y delicado como nuestros números de identidad, lo cual puede prestarse para fraudes o falsificaciones en otras áreas, inclusive de tipo bancario, de evasión de impuestos, multas o quién sabe.
Pero lo más doloroso es que siguen actualizándose estas aplicaciones con bases de datos del año en curso, y se siguen incorporando a las APK datos de clientes recientes de Etecsa, ¿cómo sucede? ¿No sería eso un escándalo por filtración de datos, penado por la ley?
También contrasta el hecho del uso de logos y colores de Etecsa en talleres de particulares, ajenos a la empresa, me imagino, pero que pululan por la ciudad de La Habana (no sé en el resto del país).
Si hemos librado batallas legales por el reconocimiento de nuestras marcas y logos a nivel internacional, ¿cómo no hacerlo de manera interna? Esto debería debatirse: derechos, deberes y protección al consumidor, y así ir introduciendo una cultura de legalidad y respeto, de confianza en nuestras empresas y, de ser posible ante ineficiencias o malos manejos, demandarlas para proteger al cubano trabajador y honrado que vive de su salario y que bajo sacrificios inmensos se siente vulnerable ante fallas como esta, o el robo de crédito en tarjetas nauta de internet.
Como ejemplo de denuncias y rapidez puedo citar uno que nos atañe a los cubanos en el uso de redes sociales como Twitter y Facebook, donde libramos una batalla campal por hacer que el mundo conozca la verdad sobre nuestro proyecto social y político.
En varias ocasiones han bloqueado de forma temporal perfiles de muchos de nosotros cuando subimos fotos y publicaciones de nuestros médicos en Brasil o contra el bloqueo. ¿Cómo? Estas redes brindan la opción de denunciar perfiles que difundan terrorismo, pornografía, abuso sexual, acoso y más: solo basta que algún enemigo de la Revolución nos «denuncie» bajo una de esas categorías para que automáticamente los programadores de estas plataformas digitales nos bloqueen, hasta que investigan y luego son restablecidas nuestras cuentas pues comprueban que no incurrimos en ninguna de las falsas denuncias.
Pero el mecanismo es lo que importa: ante una denuncia de cualquier usuario porque supuestamente otro infringe las normativas de la red social, se bloquea la cuenta o se cancela si procede.
Y así, o de forma parecida, podrían ser algunas de las políticas que se implementen en nuestro entorno digital para mayor confiabilidad, donde no nos sintamos abandonados a nuestra suerte y que los estafadores sepan qué les espera con solo atreverse a extorsionar a alguien vía SMS.

El color de diciembre

Probable señal del cambio climático que se cierne sobre el planeta, el frío de nuestro invierno tropical demora cada vez más en llegar. Las temperaturas bajan en un breve parpadeo, aunque los días son más secos y persiste la particular transparencia del aire con su característica luminosidad que matiza el color de diciembre, definido también en el plano de la subjetividad por las expectativas  del asueto en el año que termina. Se formulan proyectos, variables según las edades, los grupos sociales y los rasgos individuales.
Hay hábitos que se transmiten por tradición. Los puntos cardinales se sitúan en extremos no excluyentes como la búsqueda de la euforia y la evasión en los festejos sobrecargados de alcohol y el reencuentro en el terreno más íntimo del grupo familiar, apremiante en los  provincianos que habitan la capital y regresan a su lugar de origen.
Pero el mundo es más ancho de lo que parece. Ofrece otras opciones de disfrute que requieren un proceso de aprendizaje que debiera comenzar por la familia y la escuela y sostenerse en una política informativa orientada en esa dirección.
Semana tras semana existen numerosas propuestas musicales, de espectáculos, muestras de nuestras artes visuales, presentaciones de libros novedosos. Las carteleras, necesarias, se limitan a nombrar las cosas. Son útiles para el destinatario informado, quien busca en ellas lo ya conocido, lo que le interesa de antemano.
Poco ofrece al que carece de las referencias indispensables.
Múltiples y diversos, los públicos se construyen mediante un trabajo sistemático de difusión. Lo demostró el ballet, arte de minorías en gran parte del mundo por el alto precio de las entradas y por el empleo de un lenguaje cuyos códigos y valores demandan un entrenamiento para ser descifrados. Los visitantes de otros países se asombran al observar en Cuba la presencia  de un extenso público, capaz de reaccionar con entusiasmo ante el virtuosismo de los intérpretes.
Para  animar la zona de nuestra espiritualidad y contribuir al desarrollo de nuevos espectadores, es imprescindible informar y seducir. Más allá de nombrar el hecho en forma escueta, hay que definir sus contornos y establecer las coordenadas que sirvan de referencia por la valía del autor, la novedad de la presentación, por su vínculo con algún componente de su imaginario.
Las reseñas, las críticas y la polémica no pueden aparecer tardíamente, cuando el acontecimiento ha desaparecido de los escenarios. Sabido es que corresponde a la escuela la iniciación en el aprendizaje de los códigos que abren el camino a la incorporación del disfrute del arte en nuestro vivir cotidiano. No concedemos la atención necesaria al influjo determinante de un medioambiente sonoro y visual que nos acompaña desde que despertamos a la vida.
El proceso de formación de nuestra cultura nos ha convertido en un pueblo particularmente dotado para la música. Podemos desencadenar una improvisación rítmica con el uso de cualquier objeto disponible en el hogar. Pero  esa manifestación artística no debe convertirse en estruendo avasallante que viole nuestra intimidad con las bocinas del vecindario, se expanda a través de la calles, acreciente la irritabilidad en los medios de transporte urbano atiborrados de pasajeros y socave los fundamentos elementales de la convivencia. Porque pertenece a todos y cada uno, el empleo del espacio público tiene que estar sometido a regulaciones de obligatorio cumplimiento.
El empeño mancomunado de las instituciones y los medios de comunicación tiene que difundir la pluralidad de opciones existentes para satisfacer el interés del público múltiple, formar gustos, incentivar el interés de los que están naciendo y actuar como contrapeso ante la saturación invasiva de un número restringido de expresiones dominantes.
El bailable anima los festejos. Tiene una función liberadora y participativa. Disponemos de una extensa tradición cancionística viviente en el ahora mismo, guardada en la memoria de todos, asociadas a experiencias  personales con su sabor nostálgico, sumergido en lo más íntimo del sujeto.
Contamos con excelentes agrupaciones corales, con distintos formatos de música de concierto. Están ahí, en plena actividad, sin que su resonancia traspase el umbral  de sus recintos. No podemos levantar muros de separación entre lo culto y lo popular.
Hace años, rodaba yo en un ómnibus por una carretera de México. De repente, me asaltó a través de la radio una melodía familiar, algo tan distante que lo daba por olvidado. Me estremecí bajo el impacto de los recuerdos que regresaban como si el tiempo no hubiera transcurrido. Era la vieja victrola del bar Cabañas, toda una infancia con su olor a salitre y el perfume de las mariposas.
La identidad se reconoce y perdura en un universo tan  insondable como el decursar de la vida. No puede reducirse a unas pocas señales. Sus raíces se hunden en la imbricación con el acontecer histórico, en el color del paisaje, en la experiencia del vivir y en las multifacéticas expresiones del arte.

«Necesitamos crear símbolos desde una perspectiva humana»

Inocencia, película de Alejandro Gil que narra el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871, es una de las tres cintas de ficción cubanas que optan por un coral
El director Alejandro Gil junto a uno de los cuadros que integra la exposición fotográfica sobre el filme en el cine Chaplin. Foto: de la autora
Cuando el último crédito atravesó la enorme pantalla del cine, aún la sala estaba llena y los aplausos del público acompañaban los acordes finales de la banda sonora. A la salida, no fue difícil encontrar rostros marcados por las lágrimas.
La dolorosa historia que acabábamos de presenciar fue el mejor homenaje posible a los protagonistas del lamentable suceso que se diera en La Habana de la colonia: Inocencia, la ya popular cinta de Alejandro Gil estrenada en el cine Chaplin el pasado 27 de noviembre.
De entre tantos eventos en la historia patria, Gil escogió precisamente este y el motor impulsor no podía ser otro que el historiador de la ciudad, Eusebio Leal. Él participó de la serie Historia del Arte militar en Cuba, y su pasión al contar los sucesos que 147 años atrás, por un absurdo político, truncaran la vida de los ocho jóvenes aspirantes a médicos impresionó de tal manera a Alejandro que no dejó de perseguir el afán de llevarlos a la gran pantalla.
«Cuando hizo un aparte en 1871 nos dejó a todos con la boca abierta, fue impactante la manera en que abordó ese año», comenta el cineasta. Pero las condiciones del momento, en pleno periodo especial, solo le permitieron realizar un documental en 1992.
Finalmente, en el 2017 su proyecto dejó de ser un anhelo y comenzó el rodaje de Inocencia, una producción –recalca– «de inversión ciento por ciento cubana», auspiciada por el Icaic, el Ministerio de Cultura y la indispensable colaboración de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
–¿Cómo mantener la expectación en una historia cuyo final es conocido?
–Es una película difícil, porque cuando entras a la sala sabes que tus protagonistas van a morir. Había una gran cantidad de información nueva que tiene un andamiaje sólido dentro de la construcción y el análisis de los hechos. Justamente porque hay muchas zonas de silencio, que no se dan en las escuelas, y son las que visten los sucesos, como el intento de rescate de los abakuá. Recuerdo que uno de los actores me decía que cuando estaba leyendo el guion le parecía que se iban a salvar, que al final no iban a morir.
Su vocación periodística le allanó el camino en la investigación que lo llevó a consultar el libro de Leroy Gálvez, las cartas de despedida de los muchachos fusilados y el libro que tantas noches de desvelo costara a Fermín Valdés Domínguez.
–¿Por qué elige la figura de Fermín como hilo conductor de la historia?
–Teníamos la intención también de reivindicar la imagen y memoria de Fermín, un poco al margen, que se ha sostenido solo por ser el amigo del alma de Martí. Es el hombre que simboliza la perseverancia, que se obsesionó por encontrar los cuerpos y lo hizo. Pocos saben que Fermín fue parte de eso, que era del aula y que podía haber muerto.
–¿Qué buscó a la hora de hacer el casting para los ocho protagonistas?
–Primero el nivel de responsabilidad y de sensibilidad que podían tener como actores. Además, que fueran individualmente distintos, pero que grupalmente tuvieran una poética visual única y como grupo una dinámica que dialogara con el público. Les pedimos a los actores que les pusieran su propia personalidad, no hay nada escrito sobre estos ocho muchachos, solo rasgos que salen de la apreciación de otros y de sus cartas de despedida.
De esas cartas precisamente surgió la historia de amor de Lola y Anacleto, uno de los pasajes que más acerca la historia a los espectadores y fundamentalmente a los jóvenes. «La manera de Claudia Tomás de ofrecer ese sentimiento nos llevó a la escena final de la cinta, su agradecimiento a Fermín. Además, Lola representa el amor, la juventud, era el espacio propicio para crear sonrisas».
–¿Cree que Inocencia logre cambiar la percepción que se tiene en el país sobre este hecho y el modo de enseñarlo?
–Ojalá. La intención de la película es hablar desde lo humano, porque esa esencia es la que realmente establece el diálogo con la gente. Necesitamos crear símbolos que puedan ser seguidos desde una perspectiva humana, sin tanto cliché y solemnidad que ensombrecen el pensamiento y lo hacen estático. Sería bueno que impulse cambios en la manera de estudiar la historia, que cualquier mirada hacia atrás tenga la responsabilidad de mostrar todas sus aristas y sus cualidades humanas, porque la historia está hecha por seres humanos.
–El estreno fue a sala llena y los aplausos se extendieron más de lo habitual, ¿se lo esperaba?
–No, eso no lo espera nadie. Que la gente se haya quedado hasta el último crédito, para mí, ya es el premio. Es lo mejor que le puede pasar a alguien al mostrar por primera vez su película, que la gente se haya emocionado. Si lo que ocurrió el 27 se repite con ese nivel de aceptación espontánea del público, si responde así, creo que hemos hecho la película con la utilidad que queríamos.
–Del filme, Eusebio Leal dijo que «es el más profundo acercamiento a la verdad que jamás se ha llevado a una obra de arte», ¿qué significa viniendo de él?
–Es un regalo.
 
TOMADO DE GRANMA

Carnicería de Trump al interior de su gobierno Por: José R. Oro




El presidente de los EE.UU. Donald Trump está (más calladamente que antes) una nueva carnicería dentro del gobierno, después de las elecciones intermedias. Las destituciones y renuncias forzosas estaban planeadas desde antes, pero fueron demoradas para no impactar negativamente a los candidatos republicanos. A mi juicio, las motivaciones son:
1. Necesidad egocéntrica de incondicionalidad y de demostrar su poder absoluto, a cualquier nivel y en cualquier lugar, por parte del presidente.
2. Tratar de intimidar a líderes políticos y sociales sobre todo dentro de su partido para garantizar su apoyo más decidido, ahora y en una eventual re – elección.
3. Ocultar o desaparecer actividades económicas o fiscales ilegales, pagos a prostitutas a cambio de silencio, etc., y en general cualquier acto cuestionable o ilícito del presidente y sus familiares cercanos
4. Disimular su incompetencia para el cargo de presidente de los Estados Unidos.
Donald Trump se ha caracterizado por una exigua lealtad con sus asociados políticos y en sus primeros 22 meses de gobierno efectuó una continua “fiebre de expulsiones” dentro de su gabinete, enviando un mensaje de que está dispuesto a desprenderse de sus asesores y coequiperos más leales para obtener respeto a través del miedo.
Al mismo tiempo, durante los meses de octubre y primeros días de noviembre hizo una fortísima campaña, para promover directamente a 72 candidatos del partido republicano, en unas elecciones intermedias que muchos (incluyéndome) apreciaban también como un plebiscito del desempeño del presidente. Sin el gran esfuerzo personal de Trump, en varios estados los resultados le hubieran perjudicado más.
Quiero hacer una salvedad, importante a mi juicio. Donald Trump es más cuidadoso cuando con funcionarios electos por el voto popular se trata. Su furia saturnina se dirige en lo fundamental a aquellos nombrados por el mismo, muchos de ellos localizados en la Casa Blanca. Ya han sido afectados, entre muchos otros:
:
1. Steve Bannon: El polémico Jefe de Estrategia del presidente. Devenido asesor del ahora presidente electo de Brasil Jair M. Bolsonaro.
2. Tom Price, Secretario de Salud y Servicios Sociales: El 29 de septiembre de 2017 renunció al cargo.
3. Reince Priebus: El Jefe de Gabinete estuvo 189 días en el cargo y fue sustituido por el Gen (ret) John Kelly.
4. Michael Short: El portavoz de prensa de la Casa Blanca renunció el 25 de julio de 2017, reemplazado por Anthony Scaramucci, quien solo duró en el cargo 11 días.
5. Sean Spicer: El 21 de julio de 2017 renunció el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, quien estuvo en el puesto durante 183 días.
6. Michael Flynn: Una de las salidas de la Casa Blanca más controversiales fue la del consejero en temas de seguridad del presidente Trump.
7. James Comey: Estuvo al frente del FBI (Buro Federal de Investigaciones) desde el 2013 pero solo duró 110 días durante la administración de Trump.
8. Mike Dubke: Estuvo tan solo 86 días como Director de Comunicaciones de la Casa Blanca.
9. Sally Yates: La Fiscal General trabajó solo 11 días en el gobierno de Trump, fue la primera en caer
10. H.R. McMaster: Sacado de su puesto como Asesor de Seguridad para hacerle espacio a John Bolton
11. Rex Tillerson: Ex – Secretario de Estado. Separado de su cargo por no estar 100% de acuerdo con Trump en algunos elementos de su política exterior, sustituido por Mike Pompeo.
12. Gary Cohn: El Asesor Principal de Economía renunció en oposición a la política de proteccionismo de Trump.
Después de las elecciones intermedias el presidente Trump inauguró una segunda fase de despidos de funcionarios con “insuficiente lealtad”. En la lista de los posibles “tronados” en Washington DC, en esta segunda fase, se encontraban, el Fiscal General, Jeff Sessions (ya renunció por órdenes del presidente), y su Vice Fiscal General Rod J. Rosenstein (brutalmente pasado por arriba en la sucesión reglamentaria por el favorito del presidente Matt Whitaker), y están bien “en remojo” Kirstjen Nielsen, secretaria (ministra) de Seguridad Nacional (Homeland Security), Jim Mattis, Secretario de Defensa, Ryan Zinke, Secretario del Interior, Wilbur Ross, Secretario de Comercio, Sarah Sanders, Secretaria de Prensa, Justin Clark, jefe de la Oficina de Relaciones Publicas de la Casa Blanca, y varios otros altos funcionarios.
Este “baño de sangre” administrativo está auspiciado directamente por el presidente y por su súper – asesor de Seguridad Nacional John Bolton. El principal enfrentamiento de ambos hoy día es con el general (ret) John F. Kelly, Jefe del Gabinete del presidente Trump, enfrentado a muerte con John Bolton en una viciosa lucha por el poder. Ambos tocayos no se diferencian mucho en estrategias o posiciones políticas, su enfrentamiento esta fundamentalmente basado en control, influencia y poder dentro de la administración Trump. Es ver quién “manda más”, simple y llanamente. Ya Trump anunció que Kelly se va antes del fin del 2018.
Quizás lo sustituya el Jefe de Equipo del vice – presidente Pence, “Nick” Ayers, no menos enfrentado a Bolton por las mismas razones, pero que se le mantiene como un acto de balance dentro del partido republicano.
Otra trama en la cual el presidente Trump si actuó para evitar una “guerra abierta” en el GOP (partido republicano), envolvió a Bolton y al secretario de Estado Mike Pompeo. El sustituto para Nikki Haley en la ONU. Bolton sugirió al presidente Trump Richard Grennel, actual embajador en Alemania. Evitando enfrentamientos entre Pompeo y Bolton, Trump anunció que nombrará a Heather Nauert, la vocera del Departamento de Estado, para ese cargo. Su mayor trayectoria ha sido como presentadora de las cadenas ABC y Fox (esta última en la practica la representación directa de Trump en los medios).
Estas acciones pueden afectar muy fuertemente el apoyo para la re –elección de Trump dentro de las filas de su propio partido en el 2020, se vienen precisando tres posiciones:
1. Pro – Trump, una parte del partido, incluyendo importantes bases del mismo en el Sur y Suroeste de los EE.UU.
2. Los que soportarían a Trump aunque no les guste, si este les garantiza que el partido continúe en el poder.
3. Anti – Trump. Tres sectores principales que se oponen a la re-elección del presidente:
a. Altos jerarcas republicanos tradicionales quienes consideran que las políticas de Donald Trump contradicen los principios de ese partido. Desearían candidatos del tipo de Jeff Flake, Mitt Romney u otros en línea con la tradición republicana normal
b. Otro sector piensa que intentar la re-elección de Trump puede provocar una catástrofe en el prestigio y apoyo popular a los republicanos, significativamente en estados del Noreste, Oeste y la región de los Grandes Lagos.
c. El tercer grupo está constituido por el considerable colectivo de republicanos destacados que han sido cesados en sus cargos por Trump, y que están fuertemente resentidos contra el presidente.
TOMADO DE CUBADEBATE

Fidel en el Diálogo del 78: “nos sentiremos siempre satisfechos de este esfuerzo que en común hemos realizado”

Asistentes al diálogo de 1978 aplauden a Fidel. Foto: LASA
Palabras del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, al finalizar la Segunda Reunión celebrada el 8 de diciembre de 1978 con miembros de la comunidad cubana en el exterior
Ya se firmó todo, ¿no?
Decía, que quiero que me excusen por no hacer un discurso formal, protocolar, para terminar esta reunión. Solo quiero decirles que estamos conscientes todos, de que hemos trabajado duro, tesoneramente, para alcanzar estos resultados. Y estamos conscientes también, de que no era tarea fácil. Y nosotros sabemos perfectamente bien, que ustedes han tenido que enfrentar incomprensiones, incluso riesgos.
La vez anterior dije que habían tenido el valor de enfrentar esos riesgos. Creo que para cada uno de ustedes es una importante prueba de valentía moral. Yo también a veces veo un periódico de esos que se editan allí, a veces he visto alguno que otro casete de las cosas y comprendemos perfectamente bien que amargo es a veces enfrentarse a una tarea como esta, dentro de ese clima.
Pero si no fuera difícil en ese sentido, creo que no tendría ningún mérito lo que ustedes han hecho. Se bien que es difícil y que se necesita convicción, se necesita decisión para desafiar todas esas apariencias, porque se tratan de apariencias, todos esos fuegos artificiales, que los enemigos de este esfuerzo han realizado. Como sé que es difícil, que eso requiere valentía, por eso aprecio muchísimo el mérito de ustedes.
Desde luego, nosotros hicimos nuestros planteamientos el 6 de septiembre. Y estábamos tan decididos como ustedes a llevar adelante la idea, a pesar de las dificultades.
Considero que lo que hemos hecho se va a traducir en beneficio para muchas personas, pero créannos que también nosotros hemos necesitado una dosis alta de valentía moral para hacerlo, puesto que no transcurren en balde 20 años como los que trascurrieron en medio de grandes incomprensiones y de grandes hostilidades e importantes acontecimientos. Pero nosotros, sobre todo, hemos puesto a prueba la convicción, la solidez de nuestro pueblo del lado de acá, de la comunidad que radica aquí en la isla, que se caracteriza por el apasionamiento, se caracteriza por el ardor con que ha luchado durante todos estos años, la convicción y la forma tan digna, tan elevada, tan valiente con que ha enfrentado las amenazas, los bloqueos, las agresiones, todo. No hay que olvidarse que esta comunidad que esta radicando en la isla tuvo que atravesar por experiencias, incluso, como la Crisis de Octubre, que fue un momento realmente dramático, extraordinariamente arriesgado. Y no sé si ustedes saben que una de las cosas que caracterizo a nuestro pueblo en esos momentos tan difíciles, que posiblemente es uno de los más difíciles, uno de los más arriesgados, uno de los más peligrosos que ha vivido el mundo, y donde nuestro país fue centro de esa crisis, nuestro pueblo se caracterizó por la serenidad, por la ecuanimidad y por la decisión de afrontar cualquier riesgo con una dignidad realmente increíble.
Hablo de las características estas que definen a nuestro pueblo, y para nuestro pueblo tampoco era fácil comprender todo esto. Nosotros, sin embargo, confiamos. Confiamos, en primer lugar, en su confianza. Confiamos en la confianza del pueblo en la Revolución, en la seguridad que ha tenido siempre de la dirección de la Revolución ha actuado correctamente y honestamente, seriamente y revolucionariamente.
Yo creo, sinceramente, que esto que hemos hecho y que estamos haciendo es revolucionario. Si nos hubiésemos dejado llevar por la rutina, por las cosas más fáciles, entonces no habríamos emprendido esto que estamos haciendo. Creo firmemente que no lo haríamos si no fuéramos revolucionarios. Creo que lo hacemos porque somos revolucionarios.
Ser revolucionario, en nuestro concepto, implica desafiar la rutina, desechar los caminos fáciles y, muchas veces, emprender caminos difíciles. Pero nosotros no tenemos ninguna duda de que lo que estamos haciendo es altamente positivo, es altamente constructivo, es altamente moral, y que ello se traducirá en beneficio de todos los cubanos: de la comunidad cubana en el interior y de la comunidad cubana en el exterior.
Creo que cualesquiera que sean las incomprensiones de ahora, las dudas, el futuro consignará con reconocimiento esto que estamos haciendo.
No quiero ser grandilocuente ni emplear frases muy grandilocuentes, porque si uno las emplea dice y dice, como dije yo, que aunque no nos proponíamos escribir una página de la historia, tal vez la estábamos escribiendo –porque algunos de ustedes dijeron que estaba escribiendo una página de la historia, y yo coincidí con eso, porque tal vez lo estábamos haciendo-, los hombres no deben actuar para escribir páginas en la historia. Eso no tiene sentido. Pero siempre la historia consigna las cosas que tienen algún valor humano, social, político, y nosotros creemos que esto tiene valor, un alto valor humano, social y político.
Esta no es una reunión para que nosotros nos hiciéramos propaganda, ni ustedes ni nosotros. No era una reunión para que nosotros simuláramos ser que somos de una forma o de otra. En realidad, en esta reunión, creo que ustedes han sido como son, y nosotros hemos sido como somos. Y hemos discutido nosotros y ustedes con absoluta sinceridad, con absoluta honradez, con absoluta libertad, con absoluta confianza. Creemos que si no se actúa así, nada tiene éxito, y creemos, además, que si no hubiéramos actuado siempre así la, la Revolución no existiría, la Revolución habría sido derrotada. Creemos que lo que lo que le ha dado fuerza a nuestra Revolución, por encima de las maravillas de la tecnología, de las riquezas, del poder militar y político de nuestros adversarios, ha sido esa profundidad moral y esa honestidad que la ha caracterizado. Y así han sido estas reuniones, así han sido los resultados. Nuestro interés primordial, de ahora en adelante, es que todo lo que hemos acordado se cumpla hasta la última palabra, la última como y el último punto, y que no se pueda decir que nosotros, puesto que nos corresponde la mayor parte ahora de la tarea, dejemos de cumplir absolutamente nada, y lo cumplamos con absoluta pulcritud.
No saben la pena que me dio ese error mecanográfico como lo llamaron aquí; pero yo creo que fue más error de precipitación y de varias gentes trabajando en máquinas de escribir diferentes y haciendo listas. Y me dio una inmensa pena ese pequeño detallito, si, ese detallito de que apareciera un nombre dos veces, puesto que nosotros nos proponemos cumplir con la más absoluta pulcritud y honestidad lo que hemos acordado.
Y creo, estoy seguro de que aunque hemos tenido que trabajar duramente, y aunque ustedes han tenido que abandonar sus ocupaciones habituales, viajar, gastar de sus escasos recursos, para arribar a estos resultados, los frutos realmente lo justifican.
No se desalienten por la mala fe de alguien. No se desalienten jamás por las campañas, las intrigas, las mentiras, los insultos. Sosténganse en la convicción de que han hecho algo absolutamente correcto, lo más correcto que puede hacerse. Y estoy seguro de que ningún resentimiento, ninguna mala fe, ninguna envidia podrá arrojar ninguna mancha sobre lo que ustedes han hecho. Y estoy seguro de que tanto ustedes, como nosotros, nos sentiremos siempre satisfechos de este esfuerzo que en común hemos realizado.
Muchas gracias.

A 40 años del primer diálogo con la emigración Por: Elier Ramírez Cañedo


Ofenda floral al Apóstol por parte de Juan José Arron – fallecido y destacado profesor de la Universidad de Yale, fundador de LASA- y Mariana Gastón, en diciembre de 1978. Foto: Archivo de Maura Juanpere

El contexto y los móviles del Diálogo

Cualquier estudio que se proponga abordar la política de los Estados Unidos hacia la Revolución Cubana, debe tomar en cuenta el papel de la comunidad de origen cubano en ese país, pues esta ha tenido hasta hoy niveles de influencia para nada despreciables en la toma de decisiones de Washington con relación a Cuba. Pero ese papel ha correspondido generalmente a la extrema derecha de esa comunidad que, al mismo tiempo, ha sido utilizada como una pieza funcional de las distintas administraciones estadounidenses en su política agresiva contra la Isla. Sin embargo, durante la administración de James Carter (1977-1981), la extrema derecha de la comunidad no tuvo la fuerza, el nivel de organicidad, ni el respaldo del gobierno de los Estados Unidos, que tendría después al llegar Ronald Reagan a la Casa Blanca (1981-1989). De esta manera, durante los años del mandatario demócrata la extrema derecha de la comunidad cubana en los Estados Unidos no sería la única con un rostro público, pues también iría ganando espacio una tendencia favorable a la normalización o a la mejoría de las relaciones con su patria de origen.
Por estas razones, se puede decir que el período de la administración Carter no fue solo singular porque los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba lograron discutir los tópicos que estaban afectando las relaciones bilaterales entre ambos países, sino también porque por primera vez desde el triunfo de la Revolución Cubana, se logró establecer un diálogo entre el gobierno cubano y un grupo de representativos de la comunidad cubana, pertenecientes a una tendencia que se distanciaba de las posturas más extremistas y hostiles.
Esto solo fue posible, entre otros factores, debido al cambio de actitud que mostró la administración Carter al eliminar el apoyo a los grupos terroristas que operaban contra Cuba desde el territorio estadounidense. Así lo reconocería Fidel en conferencia de prensa el 21 de noviembre de 1978: “Esto no se pudo hacer antes, ¡ni pensarlo!, porque había una situación de Estados Unidos muy grave en la época en que la CIA y el gobierno de Estados Unidos preparaban el asesinato de los dirigentes de la Revolución, los sabotajes, la contrarrevolución, los desembarcos de armas, que sostenían una guerra activa contra la Revolución Cubana”.
En una encuesta realizada por el Miami Herald en diciembre de 1975, el 53% de los entrevistados había manifestado su rechazo al restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, mientras el 47% estaba de acuerdo con la normalización de las mismas.
La frustración de las organizaciones contrarrevolucionarias, incapaces de cohesionar a la masa emigrada, el auge del terrorismo como expresión del fracaso de la política anticubana desarrollada por los diferentes grupos y organizaciones creadas para esos fines, condujeron a que otras corrientes se opusieran a esta práctica.
Las vertientes que comenzaron a apartarse de las posiciones tradicionales de la comunidad cubana en los Estados Unidos en relación con Cuba, se hicieron visibles sobre todo a inicios de la década de los 70; en lo fundamental, entre esos jóvenes que habían salido siendo niños de la Isla y que en los Estados Unidos se habían formado en un contexto caracterizado por la oposición a la guerra de Viet Nam y la lucha por los derechos civiles, a lo que se le unió el deseo de buscar sus raíces culturales y la necesidad de conocer la verdad del proceso revolucionario cubano. En Puerto Rico, parte de esos jóvenes, habían crecido vinculados al movimiento independentista de la Isla caribeña.
Entre las organizaciones que surgieron por aquellos años estuvo Juventud Cubana Socialista (JSC), que se caracterizó por ser bastante radical y se dio a conocer con la consigna “no todos los cubanos son gusanos” y en ella se agruparon un número considerable de jóvenes. La JSC tuvo una vida efímera, pero constituyó la cantera fundamental de las futuras organizaciones de izquierda y de algunos de sus más egregios líderes. La segunda vertiente de este movimiento la integraron aquellos jóvenes que llegaron a la izquierda después de haber transitado el camino de la contrarrevolución. Se trató de un grupo políticamente más experimentado, en el cual Lourdes Casal descolló por sus dotes intelectuales.
En 1974, estas dos vertientes, bastante informales orgánicamente, fundaron la revista Areíto, la cual tuvo una importante repercusión en los medios intelectuales de los Estados Unidos, América Latina y Cuba, y contribuyó a delinear muy bien que la comunidad cubana en los Estados Unidos no era monolítica, así como a lograr los contactos entre el gobierno cubano y sus emigrados.
Casi al mismo tiempo que Areíto, surgió la revista Joven Cuba. Sus editores fueron un grupo de jóvenes vinculados con el movimiento radical estadounidense y ansioso por conocer a fondo sus raíces cubanas.
Muchos de los vinculados a las revistas Areíto y Joven Cuba abrazaron otros proyectos, entre estos, el más destacado resultó ser la Brigada Antonio Maceo, a la que se integraron cientos de jóvenes. Su primer viaje a la Isla, a finales de 1977, tuvo un gran impacto político, tanto en los Estados Unidos como en la Mayor de las Antillas, y abrió una nueva etapa en las relaciones entre los emigrados y la sociedad cubana, la cual los recibió con simpatías y solidaridad. Como gesto de solidaridad, los integrantes de la brigada trabajaron la primera semana en la construcción de viviendas obreras; después recorrieron gran parte del país y se entrevistaron con varios dirigentes, entre ellos Carlos Rafael Rodríguez, Vilma Espín, Armando Hart Dávalos y Ramón Castro, hermano mayor de Fidel que dirigía un plan de desarrollo agrícola. También sostuvieron intercambios con figuras relevantes de la cultura cubana como Alicia Alonso, Miguel Barnet y Roberto Fernández Retamar. La visita de los 55 jóvenes integrantes de la Brigada Antonio Maceo tuvo como colofón un encuentro con Fidel Castro, el 13 de enero de 1978, el cual dejó para la posteridad la frase “la patria ha crecido”. Este viaje constituyó la primera ocasión en que una organización de emigrados visitaba el país después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y también los primeros que se reunieron con Fidel.Posteriormente otros sucesos culturales incidieron en las relaciones de acercamiento entre gran parte de los cubanos emigrados y su patria de origen, como fue la aparición del filme documental Cincuenta y cinco hermanos -sobre la experiencia vivida por los jóvenes de la Brigada Antonio Maceo durante su visita a Cuba- y el libro testimonial Contra viento y marea, este último merecedor en 1978 de uno de los premios Casa de las Américas y donde se compilan casi 50 testimonios de jóvenes cubanos de la emigración, defensores del diálogo y el reencuentro con la Isla, en su gran mayoría vinculados al grupo de Areíto.
Sobre el impacto de la visita de la Brigada Antonio Maceo expresaría Fidel:
“(Yo) no te puedo decir cómo surgió eso, yo no recuerdo. Sé que un día algunos compañeros nos plantearon que existía la posibilidad de que viniera una brigada de hijos de emigrados. Eso era una cosa rara, digamos. Incluso, bueno, ¿se entenderá esto? —fue lo primero que nos planteamos nosotros. Algunos compañeros eran partidarios: que sí, que vengan. Pero, ¿lo entenderá el pueblo? ¿Cómo recibirá el pueblo esto? Porque digo que había un clima de hostilidad y de lucha, pero un clima muy difícil. Una de las cosas que a nosotros nos preocupaba era, ¿lo entenderá el pueblo, que venga una brigada, cuando ha existido un antagonismo tan grande, ha existido esa hostilidad?
Bueno, pues, fue una prueba. Digamos que fue una prueba. Entonces, por dondequiera, desde el primer momento, ellos se entrevistaron con todo el mundo aquí, en todas partes. Y con muchos dirigentes también. Yo me reuní con ellos también al final. Pero yo venía observando que todas las personas, los cuadros políticos, los dirigentes, todos los que se entrevistaban con ellos, recibían una gran impresión, y se emocionaban. Eran emocionantes las reuniones. Y a los pocos días en el tiempo en que estuvieron aquí, en el trabajo trabajaron bien, el gesto de ayudar a construir una obra social determinada, eso fue creando un ambiente siempre muy favorable a ellos, muy favorable.
Bueno, al final se convirtió en un acontecimiento, y una de las cosas que más ha impresionado”.
Otro movimiento que conmocionó a la comunidad cubana y que también se apartó del discurso tradicional fue la corriente coexistencialista, la cual abogaba por la solución pacífica y negociada del problema de la reunificación familiar y los contactos con la Isla. El grupo coexistencialista más conocido de esa etapa fue el que dirigió el reverendo Manuel Espinosa, “en realidad un personaje tragicómico de la farándula política de Miami”. Siguiendo la línea histórica predominante en la emigración cubana más recalcitrante, su objetivo fue ganar dinero y celebridad, hoyando los bolsillos de los cándidos que creían en su retórica. Esto fue la causa fundamental por la que el movimiento coexistencialista se corrompió y se desvirtuaron sus metas.
Otra variante del coexistencialismo que cobró fuerza en la comunidad cubana, fue la que desarrollaron distintos sectores de la intelectualidad emigrada. Ella se manifestó por una aproximación distinta en el análisis y las relaciones con la sociedad cubana. El grupo fue heterogéneo política e ideológicamente como era de esperarse, pero se distinguió del resto por el nivel de elaboración de su discurso, el impacto de sus integrantes en la opinión pública y su influencia en la política de los Estados Unidos hacia Cuba. También porque su respaldo al diálogo debilitaba el basamento teórico-práctico de la contrarrevolución. Aunque no fue un grupo muy organizado, sus integrantes se nuclearon de cierta forma alrededor del Instituto de Estudios Cubanos, asociación creada en 1971, por iniciativa de la profesora María Cristina Herrera.
Lo cierto es que, el reconocimiento por parte del gobierno cubano de una tendencia dentro de la comunidad cubana en los Estados Unidos propensa al acercamiento pacífico y constructivo, así como los vínculos establecidos con elementos representativos de la misma; la consolidación de la revolución cubana; los cambios de la política estadounidense hacia Cuba; el impacto que produjo en la Isla la visita de la “Brigada Antonio Maceo” -integrada por jóvenes cubanos residentes en los Estados Unidos que habían sido sacados de Cuba cuando aún eran niños o adolescentes-; las gestiones realizadas ante el gobierno cubano por Bernardo Benes y Carlos Dascal y otros miembros y grupos de la comunidad cubana en el exterior; fueron los elementos que, de conjunto, estimularon a que la máxima dirección de la Isla decidiera apostar por el Diálogo, en pos de solucionar problemas más acuciantes que afectaban tanto a la comunidad cubana en los Estados Unidos como a la propia Cuba; entre ellos la liberación de los prisioneros, la reunificación familiar y las visitas en ambas direcciones. Ello a sabiendas de que este Diálogo no iba a ser del todo comprendido a lo interno de la sociedad cubana. “Yo recuerdo –señala Jesús Arboleya- incluso que la política del diálogo y la de los viajes fueron de las más cuestionadas en este país, hasta el punto de que Fidel Castro tuvo que reunir a todos los cuadros revolucionarios en el teatro Karl Marx, y dijo que los enemigos de esa política eran solo los conservadores de allá y de aquí, y que –nunca se me olvidará esa frase- “la ciencia de la Revolución era convertir a los enemigos en amigos, y que esta era esa política”.
Convocatoria al Diálogo
La propuesta cubana de conversar sobre estos temas se trasmitió el 6 de septiembre de 1978, cuando en conferencia de prensa con periodistas vinculados con la comunidad cubana en los Estados Unidos –casi todos de origen cubano-, Fidel Castro invitó a representativos de dicha comunidad a participar en un diálogo directo. La única condición excluyente que fijó Fidel para la selección de los participantes de la comunidad fue que no podían asistir “cabecillas de la contrarrevolución”. Cualquier otra persona representativa, independientemente de su orientación ideológica, si estaba dispuesta a trabajar con seriedad por la solución de los problemas que afectaban las relaciones entre el gobierno cubano y la comunidad cubana en los Estados Unidos, podía participar en las conversaciones.
En el encuentro, Fidel señaló que, aunque había grupos que llevaban años trabajando en esta dirección, y obviamente debían estar representados en las conversaciones, esta tenía que ser amplia, es decir, incluir un amplio espectro de la comunidad respecto a los límites de lo negociable. Además, Fidel expresó que las cuestiones de los presos políticos y la reunificación familiar eran discutibles, excepto en cuanto a la posibilidad de liberar, antes de cumplir sus sentencias, a los presos condenados por crímenes durante la tiranía de Batista y los que mantenían vínculos con grupos terroristas activos. Específicamente en torno a Hubert Matos manifestó que no estaba excluido de las negociaciones y de la posibilidad de ser excarcelado antes de cumplir el término de su sentencia en 1979. Por otro lado, el líder de la Revolución Cubana informó a los participantes que se había decidido liberar a 48 presos y que se habían entregado las listas a los Estados Unidos donde se estaban estudiando.
A su vez, el Comandante en Jefe hizo énfasis en que sólo discutiría estas cuestiones con la comunidad emigrada, porque eran asuntos que le preocupaban a ambas partes, pero no con el gobierno de los Estados Unidos, al que no le incumbían. Asimismo, el líder cubano recalcó que la materialización del diálogo era posible sin que ello representara una concesión de principios frente al gobierno de Washington.
El 21 de octubre de 1978 llegó el primer vuelo a territorio estadounidense con 48 presos contrarrevolucionarios recién liberados en Cuba y 33 familiares. La burocracia norteamericana retrasó la entrada al país de otros cientos de ex reclusos y presos contrarrevolucionarios que Cuba estaba dispuesta a enviar a los Estados Unidos y cuyos nombres aparecían en varias listas que el gobierno cubano había hecho llegar al Departamento de Estado. Ese mismo día, Fidel se había reunido con una comisión de 6 miembros de la Comunidad Cubana en los Estados Unidos que tenía la responsabilidad de trasladar a los presos liberados al territorio estadounidense. En dicho encuentro el jefe de la Revolución exclamó:
“No se vayan a creer ustedes que para nosotros era fácil. Para nosotros significa también un gesto valiente, porque nosotros hemos tenido que explicarle al pueblo esto, al pueblo que ha estado casi 20 años en una lucha y en un hábito de pensar. No era fácil para nosotros. No era fácil para nosotros. Porque nosotros tenemos que lograr, primero que nada, que nuestro pueblo entienda. Y si no logramos eso, pues es un fracaso. El mero hecho de plantearlo, de plantearlo aquí, incluso sin una cierta preparación previa, es una muestra de confianza en el pueblo; pero también es un acto de valentía política por nuestra parte […].
[…]
Quizás requiere más valentía por parte de ustedes, porque ustedes tienen elementos allí que pueden hacer, incluso, agresiones de tipo física contra personas que discrepen de los criterios esos; pero en el caso nuestro no tenemos ese peligro, digamos de tipo físico. Pero para nosotros los riesgos morales son más importantes que los riesgos físicos, incluso el riesgo moral de que no se entendiera aquí por la población nuestra”.
En esa reunión el Comandante en Jefe hizo referencia a los elementos que habían contribuido a que el gobierno cubano tomara esa decisión trascendental. Entre ellos: la consolidación de la Revolución Cubana, el cese de la política hostil del gobierno de los Estados Unidos, la clara percepción del deseo de muchos cubanos de la comunidad de buscar sus raíces, de defender su idioma y su cultura, así como los propios contactos con esos cubanos. Sobre este último aspecto, destacó Fidel:
“…hemos tenido contactos con cubanos y esos contactos nos han enseñado. Y lo digo de verdad. Los contactos con los muchachos de la brigada Antonio Maceo fue tremendo y eso causó tremendo impacto aquí”.
“De manera que yo estoy muy consciente –continuó Fidel- de que esto que estamos haciendo lo hacemos porque creemos que es lo que debemos hacer. Eso es lo correcto que debemos hacer. ¿Por qué dejar abandonada a la Comunidad? ¿Por qué no tomarla en cuenta?
[…]
Ahora, indiscutiblemente que si estos problemas son resueltos por la Comunidad, la Comunidad habrá resuelto lo que Estados Unidos con todo su poder, y todo su ejército y todo su dinero no pudo resolver: el problema de las visitas, el problema de los presos, todos esos problemas.
Así que nosotros estamos conscientes de lo que estamos haciendo. Sí, le estamos prestando un servicio a la Comunidad. Yo no lo voy a decir públicamente, porque no tengo por qué decir eso. Pero el hecho este es un gesto que beneficia a la Comunidad. Y a la Comunidad hay que respetarla. La Comunidad existe. La Comunidad es una fuerza y a la Comunidad se le toma en cuenta”.
Finalmente el líder cubano expresó la disposición de Cuba en discutir tres temas fundamentales con la Comunidad Cubana en el exterior: la cuestión de los presos, la cuestión de la reunificación y la cuestión del derecho de viajar a Cuba.
La primera reacción del gobierno norteamericano fue una declaración pública acogiendo positivamente el diálogo, aunque cautelosa y moderada en su tono. Privadamente los funcionarios de la administración se dedicaron a tratar de obtener información a fin de precisar los objetivos que perseguía el gobierno cubano. El presidente Carter hizo una declaración en la que definió la actitud norteamericana de no entender el Diálogo como un gesto cubano hacia los Estados Unidos y por ende expresó que no era necesario reciprocar la acción cubana. El tono de las declaraciones de Carter evidenció un frío y obligado reconocimiento, aunque analistas del Departamento de Estado señalaban que los resultados del Diálogo podían ser beneficiosos para los objetivos de ambos países, así lo expresaba el 13 de septiembre Peter Tarnoff, secretario Ejecutivo, en memorándum enviado al asesor para Asuntos de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski. Vale la pena citar en extenso esta valoración de Tarnoff para acercarnos a cuál era la visión en Washington sobre el Diálogo:
“La entrevista de Castro con periodistas cubanoamericanos el 6 de septiembre ofreció la evidencia más fuerte hasta la fecha de una táctica cubana que ha estado ganando impulso durante varios meses: una jugada para algunos 600,000 cubanoamericanos y cubanos exiliados en los Estados Unidos con la esperanza de reducir su apoyo al terrorismo anticastrista y eventualmente persuadirlos para que ejerzan presión sobre nosotros para levantar el embargo y tomar otras medidas buscadas por La Habana.
Esto marca un fuerte cambio de ritmo por parte de La Habana. Desde hace un año, cuando se abrieron las secciones de intereses en las dos capitales, el oficialismo cubano consideraba a la comunidad cubanoamericana aquí como su peor enemigo y consistentemente lo describió como compuesto de “gusanos contrarrevolucionarios”. Los exiliados que tuvieron la temeridad de postularse en la Sección Cubana de Intereses para la autorización de regresar a Cuba para visitar a sus familias a menudo fueron rechazados abruptamente y sin explicación.
El hecho de que Castro se haya alejado de tales actitudes sin sentido y tácticas es un tributo a su perspicacia política. Desde hace algunos meses, La Habana ha permitido que un creciente número de residentes cubanos aquí regresen a Cuba para visitar a sus familiares. El contacto ha sido establecido con varios representantes de la Comunidad y un diálogo iniciado sobre la liberación de prisioneros y varios otros asuntos.
Lo que La Habana tiene en mente fue visto claramente en la observación de un diplomático cubano aquí hace algunos meses; él expresó admiración e interés por el éxito del gobierno israelí al utilizar la comunidad judía estadounidense como un grupo de presión. La dirección en la cual La Habana desearía canalizar tales presiones está indicada por el hecho que los exiliados que se postulan para visitar a las familias en Cuba a menudo son cortésmente denegados con la declaración de que todos pueden viajar libremente si Washington levantase el embargo comercial. Los diplomáticos cubanos aquí también han comentado que cuanto más la comunidad cubanoamericana se involucra en la reunificación familiar, etc., menos estarán dispuestos a apoyar a las organizaciones terroristas en el exilio.
La obra de Castro para la comunidad cubanoamericana puede convencer a un número creciente de sus miembros para que soliciten nuevos pasos hacia la normalización de las relaciones entre Washington y La Habana. Ni las estratagemas ni sus efectos son necesariamente antitéticos a nuestros propios objetivos e intereses; sin embargo, los nuevos canales de comunicación que
han surgido en el proceso son útiles, y las acciones que Castro ofrece como incentivo para la comunidad cubanoamericana (liberación de presos, aumento de las visitas familiares, etc.) cumplen tanto nuestros objetivos como el suyo. Castro puede decir que está liberando prisioneros como un gesto hacia los cubanos en el extranjero, en lugar de como resultado de la política de derechos humanos del presidente Carter, pero los resultados son los mismos. El control del terrorismo en el exilio es un objetivo que compartimos con La Habana.
Tampoco parece haber ningún peligro real de que Castro pudiera llevar las cosas tan lejos como para convertir a la comunidad cubano-americana en una fuerza pro-Castro contra nosotros. Los resentimientos de casi 20 años difícilmente morirán, si es que alguna vez mueren. Si algunos de los cubanos que están aquí ahora quisieran tratar con Castro, eso no implicaría ninguna afición por él o la aceptación del sistema que ha impuesto; más bien, reflejaría un pragmatismo de su parte que es típicamente cubano. Han llegado a la conclusión de que si las familias deben reunirse y liberarse a los presos, lo harán solo a través de un diálogo con el gobierno actual. Su apertura a La Habana, entonces, se basa en consideraciones similares a aquellas que motivaron las nuestras. El momento llegará cuando ellos quieran avanzar más rápido de lo que se adaptan a nuestros propósitos. Los cubanos aquí están interesados en visitar a sus familias y sacarlas de Cuba, no en las tropas de Castro en África o en compensación por la propiedad nacionalizada de los EE. UU. Pero incluso si comienzan a adelantarse a nosotros, esto no debería ser un problema serio. Como grupo de presión, la relativamente pequeña, comunidad cubanoamericana tiene límites definidos. Estamos de acuerdo con la apertura del proceso de normalización a pesar de sus objeciones; debemos ser capaces de controlar su ritmo, incluso si urgiera uno más rápido.
En el análisis final, una mutilación de hostilidades entre La Habana y la comunidad cubana aquí debería beneficiar a todas las partes”.
Una página en la historia
Las primeras pláticas entre representativos de la comunidad y el gobierno cubano se celebraron en La Habana los días 20 y 21 de noviembre de 1978 y en ellas estuvieron presentes 75 miembros de la comunidad cubana en los Estados Unidos. Unos días después, el 8 de diciembre, se celebró el segundo momento del diálogo, y en esta ocasión la cifra de integrantes de la Comunidad llegó a 140. Entre los participantes había 30 representantes de la izquierda; 34 intelectuales de diversas profesiones y tendencias ideológicas; 19 dirigentes de organizaciones coexistencialistas; 5 religiosos de varias congregaciones; ex personeros del gobierno de Batista sobre los que no pesaban acusaciones de crímenes durante la dictadura, ex presos contrarrevolucionarios, así como algunos que habían pertenecido a organizaciones contrarrevolucionarias o participado en la invasión por Playa Girón.
Desde el inicio del encuentro Fidel resaltó que no se trataba de una política oportunista, sino que la Revolución buscaba una política constructiva donde se tomaban en cuenta los intereses de la Comunidad:
“Es cierto que esta nueva política —no les oculto— puede ser de resultados positivos para nuestro país, sencillamente porque se trata de una política constructiva; pero nosotros nunca hemos seguido una política constructiva para buscar determinados beneficios u objetivos, sino que todo lo que nosotros hacemos, o creemos que hemos hecho y creemos que hacemos y creemos que haremos será teniendo por objetivo una política constructiva. Es decir, la política construc¬tiva no es un instrumento de la Revolución, es un objetivo de la Revolución. Y siempre que hay una política constructiva en cualquier sentido, es útil para el país, y así será útil para nosotros.
Pero tampoco les oculto que en nuestra actitud han estado presentes los intereses de la comunidad cu¬bana en el exterior, por paradójico que parezca des¬pués de tantos años de hostilidad, de aparente hostilidad, porque había un error tal vez incluso de ambas partes, puesto que nosotros mirábamos como un todo a esa comunidad y no lo era; y además, podía haber tenido una actitud en un momento, otra actitud en otro; nosotros nos habíamos percatado de los cambios. Además, de una manera o de otra, por distintas vías, habíamos llegado ya a tomar conciencia de los problemas de la comunidad cubana en el exterior, de su deseo de mantener su identidad, de su deseo de preservar sus valores morales, sus valores culturales; en fin, un esfuerzo de identidad, problemas lógicos en una comunidad de latinos dentro de Estados Unidos, cualesquiera que hayan sido los éxitos de esa comunidad. Esos problemas los tienen casi todos los latinos en Estados Unidos, y nosotros en definitiva hemos estado preocu¬pándonos por los latinos en Estados Unidos, como principio, con más razón teníamos que hacerlo, o te¬níamos el deber moral de hacerlo, de preocuparnos, de tomar conciencia de las cosas que pudieran interesar¬le a esa comunidad”.
Aunque había tres puntos fundamentales planteados como agenda del Diálogo, las propuestas realizadas por diversos representativos de la Comunidad fueron mucho más lejos, entre ellas: posibilidad de crear un organismo Estatal o alguna institución en Cuba para atender los asuntos de la Comunidad; revisión del problema del artículo 32 de la constitución sobre el no reconocimiento de la doble ciudanía; derecho a la repatriación; promoción de viajes a Cuba de jóvenes de la Comunidad para el intercambio educacional, cultural, deportivo y científico; posibilidad de participar en las elecciones y otros procesos políticos importantes del país; derecho al voto, elegir y ser elegido; derecho a participar de alguna manera en las organizaciones políticas y de masas; derecho a la posesión del carné de identidad; considerar la posibilidad de una publicación dirigida a la comunidad en el exterior; viabilizar contribución de técnicos, científicos, profesionales, y obreros calificados residentes en el exterior, al desarrollo económico de Cuba, así como de trabajadores intelectuales y culturales residentes en el exterior, al desarrollo cultural y educacional en Cuba; campamentos de verano, escuelas, becas de estudio en Cuba para hijos de cubanos residentes en el exterior; crear algún tipo de mecanismo para institucionalizar el diálogo; entre muchas otras propuestas audaces para aquel contexto histórico. Estas iniciativas fueron recibidas con interés por el gobierno cubano.
Con gran visión Lourdes Casal, hizo una de las intervenciones más brillantes del encuentro cuando solicitó que las organizaciones presentes en el Diálogo o sus integrantes individualmente se sumaran al Comité Pro Normalización de Relaciones entre Estados Unidos y Cuba: “¿Por qué planteo esto? Porque yo creo que la solución a largo plazo de los problemas planteados por el incre-mento de visitas, por la cuestión de los retiros, por la cuestión de los presos, por la cuestión de las visi¬tas familiares, por la cuestión de envíos de paquetes, por la cuestión de envíos de dinero, hasta la cuestión de envíos de cadáveres, que a nosotros alguien nos ha planteado: yo quiero que me entierren en Cuba. Bueno, lo que sea, llevado hasta lo más extremo. Y no lo digo a manera de chiste, es verdad, eso se ha planteado. Si todos estos problemas van a tener alguna solución, realmente permanente, que no requiera medidas ad hoc cada vez que haya que resolver una de ellas, va a estar pendiente de que se resuelva el problema de las rela¬ciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Yo sé que el gobierno cubano no quiere negociar estas cosas con Estados Unidos. No estoy planteando eso. Me estoy dirigiendo ahora aquí a la comunidad, aprovechando la oportunidad —creo, única en la historia— de que estamos todos aquí reunidos. Yo creo que es esen¬cial que nosotros entendamos que la solución permanente de muchos de estos problemas depende de que se encua¬dren dentro de ese restablecimiento de relaciones. Y a esos fines insto a que la gente se integre a ese Comité Pro Normalización, que ya existe, ya digo, individualmente o incluso colectivamente en las asociaciones que están aquí presentes”.
Hubo también no pocos pronunciamientos contra el bloqueo, pero se valoró que no era táctico incorporar ese tema dentro del acta de la reunión. Al respecto expresó Fidel: “Pedir que Estados Unidos suspenda el bloqueo. Esa es también una cosa de ustedes, pero yo sé que sobre eso hay criterios variados, y habría que analizar realmente cuál es el momento más táctico para hacer una petición de esa naturaleza. Puede haber, en cierto sentido, un propósito, un deseo. Hay que analizar si tácticamente conviene en este momento, cuando hay muchas gestiones por realizar, que ustedes se manifiesten colectivamente en contra del bloqueo y parezca que nos están haciendo concesiones a nosotros. Nosotros les agradecemos infinitamente la lucha contra el bloqueo, pero ni siquiera les hemos puesto nosotros a ustedes la condición de que para que lleguemos a determinados acuerdos tienen que hacer una campaña contra el bloqueo. Ayer hablé amplio de eso, y dije que ese problema se lo podíamos pedir nosotros a Estados Unidos, pero con Estados Unidos no estamos negociando con ellos, y no queremos ponerles condiciones a ustedes de esta índole; por lo tanto, ustedes mismos deben analizar qué deben hacer y cuándo es más conveniente hacerlo con relación al bloqueo, aunque es cierto —absolutamente cierto— que la existencia del bloqueo conspira contra los objetivos en el terreno práctico, en la realidad conspira contra los objetivos que estamos persiguiendo”.
Como resultado de las conversaciones, ambas partes acordaron la liberación de los 3 000 sancionados a prisión por delitos contra la seguridad del Estado Cubano y 600 más que habían violado las leyes de emigración, a razón de 400 por mes. También la liberación de todas las mujeres sancionadas sin excepción. Asimismo, la parte cubana expresó que, continuando con su política de solucionar la situación personal, social y familiar de numerosas personas que fueron arrastradas a la contrarrevolución por las distintas administraciones estadounidenses, se autorizaría la salida del país junto a sus familiares más cercanos de los sancionados por delitos contra la seguridad del estado que ya habían cumplido sus sanciones. Por su parte, los representativos de la comunidad cubana en el exterior se comprometieron a realizar las gestiones necesarias con las autoridades del gobierno de los Estados Unidos para conseguir las visas de entrada a ese país para los ex reclusos y sus familiares, así como para los actuales reclusos y familiares que desearan hacerlo.
Otro acuerdo rubricado, dirigido a contribuir a la reunificación familiar, planteaba que Cuba autorizaría la salida permanente hacia los Estados Unidos u otras naciones por razones humanitarias justificadas, de aquellas personas que tenían un vínculo familiar directo con ciudadanos o personas de origen cubano residentes en dichos países. Además, el gobierno de Cuba señaló que, a partir del mes de enero de 1979, permitiría las visitas a la Isla de cubanos residentes en el exterior, aunque podían quedar excluidos de dichas prerrogativas determinadas personas por sus antecedentes y conducta.
Al concluir el encuentro del día 21 de noviembre expresó Fidel:
“Siempre he partido del criterio de que estas banderas que estamos discutiendo aquí son banderas muy buenas y son banderas invencibles.
(…)
No hicimos esto para escribir una página en la historia, pero tal vez sin pensar la estamos escribiendo”.
Días después, al concluir la reunión del 8 de diciembre destacaría también el líder de la Revolución: “Yo creo, sinceramente, que esto que hemos hecho y que estamos haciendo es revolucionario. Si nos hubiésemos dejado llevar por la rutina, por las cosas más fáciles, entonces no habríamos emprendido esto que estamos haciendo. Creo firmemente que no lo haríamos si no fuéramos revolucionarios. Creo que lo hacemos porque somos revolucionarios.
(…)
“No se desalienten por la mala fe de alguien. No se desalienten jamás por las campañas, las intrigas, las mentiras, los insultos. Sosténganse en la convicción de que han hecho algo absolutamente correcto, lo más correcto que puede hacerse. Y estoy seguro de que ningún resentimiento, ninguna mala fe, ninguna envidia podrá arrojar ninguna mancha sobre lo que ustedes han hecho. Y estoy seguro de que tanto ustedes, como nosotros, nos sentiremos siempre satisfechos de este esfuerzo que en común hemos realizado”.
A partir de entonces, la polarización de la comunidad se hizo palmaria entre aquellos quienes se aferraban al statu quo, y aquellos que, aun no siendo simpatizantes del proceso revolucionario cubano se manifestaban a favor del diálogo con el gobierno cubano. En lo que respecta a los primeros, cada vez más aislados, tanto por el sentimiento generalizado de la comunidad como por la pérdida de apoyo del gobierno norteamericano, incrementaron sus actividades realizando amenazas y atentados contra la vida de los participantes en el diálogo.
Con relación al segundo grupo -pro diálogo-, este empezó a presionar al gobierno norteamericano para la rápida aceptación de los prisioneros liberados y el levantamiento del “embargo”. El comité de los 75 -que había participado en el primer diálogo- decidió crear un grupo de 9 personas para informar al presidente Carter lo sucedido. También en ese sentido, el recién liberado Tony Cuesta criticó a su llegada a los Estados Unidos, las medidas dilatorias del Departamento de Justicia en recibir a los prisioneros puestos en libertad y señaló que, ante la medida tomada por Fidel Castro, la administración demócrata debería responder con el mejoramiento de relaciones. El traslado de los presos y sus familiares comenzó a implementarse mediante un programa llamado Operación Reunificación Cubana, dirigido por Albor Ruiz. Por esta vía saldría de Cuba unas 12.000 personas.
Por lo que se refiere al levantamiento del bloqueo, el Comité Cubano Americano pro-normalización de relaciones, creado por integrantes de la comunidad, llegó a reunir 10 000 firmas de cubanos residentes en los Estados Unidos a favor de la normalización en una carta abierta al presidente Carter, entregada también al Departamento de Estado y al Congreso de ese país. Asimismo, los integrantes del Comité desplegaron una intensa campaña política a través de conferencias y entrevistas con congresistas norteamericanos.
Lo expuesto hasta aquí da cuenta de que el diálogo no solo sirvió para resolver los problemas existentes entre los cubanos de Cuba y los radicados en los Estados Unidos, o para crear conciencia del pluralismo político dentro de la comunidad, sino también porque Cuba eliminó unilateralmente, sin que fuera parte de una negociación con los Estados Unidos, la cuestión de los “presos políticos”. El gobierno de Washington solo intervendría en la autorización y forma de entrada a su territorio. Los resultados del Diálogo situaron a la emigración cubana en el exterior, fundamentalmente en los Estados Unidos, como un factor a favor del cambio de la política de los Estados Unidos hacia Cuba y crearon un clima favorable a mejoramiento de las relaciones, que luego sería empañado por la llamada “crisis” de los MIG-23.
Al mismo tiempo, el Diálogo colocó a Washington en una situación difícil y apremiante, pues si uno de sus reclamos fundamentales a Cuba, bajo su retórica de los derechos humanos, había sido la excarcelación de los presos políticos cubanos y la reunificación de las familias cubanas divididas; entonces no podía negarse, ni siquiera actuar con reticencia, ante los acuerdos formalizados entre la comunidad cubana en el exterior y el gobierno de la Isla, pues de hecho, estos satisfacían esta aspiración. Cualquier acción en ese sentido podía restar credibilidad a la administración demócrata, especialmente al presidente Carter, frente a la opinión pública doméstica e internacional, sobre todo ante la comunidad cubana en los Estados Unidos.
Reacciones de la extrema derecha
Desde los primeros meses del arribo de la administración Carter a la Casa Blanca, la extrema derecha de origen cubano en los Estados Unidos se manifestó en contra tanto del proceso de normalización de las relaciones entre ambos gobiernos, como entre el gobierno cubano y su emigración. Estos sectores vieron por primera vez amenazada su base social en la comunidad. Por tales motivos, recurrieron a la más espantosa violencia y campaña propagandística para frustrar el proceso de mejoramiento de las relaciones entre ambos países y el diálogo. Ya desde finales de febrero de 1977, en una reunión con el secretario de Estado, Cyrus Vance, y el secretario Adjunto para Asuntos Interamericanos, Terence Todman, figuras conocidas de la contrarrevolución como: Carlos Prío y Andrés Rivero Agüero, acompañados por otros representantes de la extrema derecha de la comunidad cubana, expresaron su rechazo a un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba. A finales de abril y principios de mayo de 1977, individuos de esta tendencia conservadora de la comunidad cubana protestaron en manifestaciones callejeras por la presencia de 15 funcionarios cubanos que habían viajado a Miami a participar en una Conferencia Mundial sobre Productos Cítricos. También numerosas organizaciones anticubanas expresaron su rechazo a la medida tomada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de facilitar informaciones al gobierno de Cuba sobre posibles actividades terroristas. Asimismo, organizaciones contrarrevolucionarias como Omega 7 y Alpha 66 sembraron el terror en esos años con el objetivo de frenar cualquier manifestación en la comunidad cubana que reflejara un cambio en la manera de ver a Cuba y a su gobierno.
En esos años que comprendieron a la administración Carter, el 68% de las acciones desarrolladas por los grupos terroristas anticubanos ocurrió en los Estados Unidos, constituyendo según el FBI la red terrorista más peligrosa de las que actuaban en ese momento en territorio estadounidense. Este sector de extrema derecha no dejó de hacer todo lo posible por torpedear cualquier posibilidad de avance de una mejor relación entre los Estados Unidos y Cuba, y en alguna medida fue un escollo más en el proceso de normalización de las relaciones con Cuba. Sobre todo, cuando comenzó a establecer sus conexiones con la nueva derecha neoconservadora que con estridencia avanzaba en el Congreso, los medios académicos y en los medios de difusión masiva. Además, ejerció fuertes presiones sobre las principales figuras del ejecutivo estadounidense y sobre numerosos congresistas, manifestando su desacuerdo con la posibilidad de mejorar las relaciones con la Isla. El propio presidente Carter recibió numerosas cartas de estos grupos reaccionarios donde lo urgían a adoptar una política hostil hacia la Isla.
Los defensores y participantes en el Diálogo con el gobierno cubano, sufrirían todo tipo de represalias. Al respecto señala Jesús Arboleya: “El periodista cubano Manuel de Dios Unanue, asesinado más tarde, fue censanteado de El Diario La Prensa de New York; al reverendo bautista José Reyes, designado por los asistentes como presidente del Comité de los 75, lo expulsaron de su iglesia. Igual suerte corrieron en la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos (Brigada 2506) su ex presidente Salvador Madruga Otero, y los miembros José Napoleón Vilaboa, Miguel González Pando, José Roblejo Lorié y Francisco González Muñiz”.
En la tarde del 28 de abril de 1979, cuando se dirigía en un auto a casa de su madre, Carlos Muñiz Varela, miembro de la brigada Venceremos y fundador de la agencia de viajes Varadero, en San Juan, Puerto Rico, recibió varios impactos de bala. Después de treinta y seis horas de agonía, con apenas 25 años, fallecía como consecuencia de las heridas recibidas. La organización terrorista Comando Cero se adjudicó el crimen, pero las investigaciones más recientes indican que se trató de una bien urdida conspiración terrorista con ramificaciones en Puerto Rico y varias ciudades de los Estados Unidos. Todavía hoy el gobierno de los Estados Unidos obstaculiza el acceso a los documentos que pudieran develar completamente los nombres y apellidos de todos los asesinos. Meses después, el 25 de noviembre de 1979 sería asesinado en Union City, New Jersey, José Eulalio Negrín Santos. Lo ultimaron a balazos en un restaurante a plena luz del día y en presencia de su hijo de 12 años. La organización terrorista Omega 7 se adjudicó la responsabilidad del hecho. Cumpliendo los deseos de Negrín, sus restos fueron trasladados a Cuba en 1983 y sepultados en su terruño matancero.
El 11 de septiembre de 1980, fue asesinado en las calles de Nueva York el diplomático cubano Félix García, miembro de la misión cubana en Naciones Unidas, por un integrante de la organización terrorista Omega 7, precisamente un día antes de una importante reunión secreta programada entre Peter Tarnoff, ayudante del Secretario de Estado de Estados Unidos, y Fidel Castro, en La Habana. El hecho pudo haber hecho fracasar la posibilidad de diálogo y de entendimiento que se derivó de ese contacto. Solo la inteligencia con la que ambos gobiernos reaccionaron ante el hecho pudo salvar la situación.
A modo de epílogo
Lamentablemente la hostilidad contra Cuba sostenida por la administración de Ronald Reagan y su continuador George Bush (padre) –ambos gobiernos dieron absoluto apoyo a los sectores más reaccionarios de la comunidad cubana, incluyendo a los terroristas- obstaculizaron en ese momento la posibilidad de continuar avanzando en el camino emprendido hacia la normalización de los vínculos entre la nación cubana y su emigración, no obstante, en 1989 se puso en marcha un programa de “turismo de salud”, mediante el cual los emigrados podían recibir tratamiento médico en Cuba si se costeaban los gastos y a partir de los años 90, se lograría retomar con mayor fuerza la ruta trazada por el Diálogo del 78. En 1992 se eliminó la barrera que prohibía la entrada al país a los emigrados después de 1978, una medida concebida para los “marielitos” pero luego extendida a otros. Varias convocatorias a la continuidad del proceso de diálogo pudieron materializarse a través de los eventos “La Nación y la Emigración”.
La primera conferencia tendría lugar en el Palacio de las Convenciones los días 22, 23 y 24 de abril de 1994, con la presencia de más de 200 cubanos residentes en 77 países.
Como resultado de esta reunión el gobierno cubano aprobó y puso en práctica las siguientes medidas:
-Creación de la Dirección de Atención a los Cubanos Residentes en el exterior adscrita el Ministerio de Relaciones Exteriores. Luego tomaría el nombre de Dirección de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior. (DACCRE)
-Se elimina el requisito de esperar 5 años para poder visitar la Isla a cubanos que habían emigrado legalmente.
-Autorización a jóvenes cubanos que residen en el exterior a cursar estudios de postgrado en Cuba.
-Publicación de la Revista “Correo de Cuba” dirigida a los cubanos residentes en el exterior.
-Se elimina la obligatoriedad de hospedarse en hoteles a los emigrados que visitaban familiares en Cuba.
Con posterioridad y en el propio año 1994, el gobierno cubano adopta otras medidas de flexibilización de su política migratoria:
-Disminución hasta 18 años la edad mínima para realizar viajes temporales al exterior por razones personales.
-Ampliación de 6 a 11 meses el tiempo de estancia para visitas temporales al exterior.
-Flexibilización de las causales para la repatriación o regreso definitivo al país a personas mayores de 60 años, así como menores de 16 años desvalidos o sin amparo filial.
-Eliminación del Permiso de Entrada para los poseedores de Permiso de Residencia en el Exterior (PRE). Esa categoría había sido establecida en 1984 para los cubanos que contraían matrimonio con ciudadanos extranjeros y fijaban residencia temporalmente en el país del cónyuge.
-Se adoptaron disposiciones también que ampliaban las causales por las cuales se permitía la residencia temporal en el exterior a los cubanos, tanto por razones personales como de trabajo.
En noviembre de 1995 se celebraría una Segunda Conferencia, con la presencia de 332 invitados de 34 países. En ese contexto se introdujo por las autoridades cubanas la llamada Vigencia de Viaje, la cual constituía un permiso de entrada múltiple que permitía a sus portadores entrar y salir del país sin necesidad de pedir ningún nuevo permiso en un año. Además se autorizó la posibilidad de que jóvenes residentes en el exterior pudieran realizar estudios universitarios compensados en Cuba.
En ese propio año la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la Ley de Inversiones Extranjeras, en la que se incluyó la posibilidad de que los cubanos residentes en el exterior invirtieran en Cuba, aunque en la práctica no han sido mucho los beneficiados con esta medida. Los residentes en Estados Unidos han sido los que han encontrado más obstáculos debido al entramado de leyes que conforman el bloqueo, tienen prohibido invertir en la Isla.
Asimismo se adoptaron criterios más flexibles para intelectuales y artistas que cumplían contratos en el extranjero e, incluso, se estableció una moratoria de cinco años para la entrada de aquellos cubanos que habían abandonada misiones oficiales y a los cuales, hasta entonces, no se les permitía regresar a Cuba.
En el mes de mayo de 2004 tendría lugar la Tercera Conferencia con la asistencia de 521 delegados de origen cubano, residentes en 49 países. En esta reunión se anunciaron varias medidas como: la entrada en vigor –había sido anunciada desde septiembre de 2003- de la eliminación del llamado Permiso de Entrada para ingresar al país, lo que permitiría a los emigrados cubanos entrar al a la Isla a partir del 1ro de septiembre de 2004 con un pasaporte habilitado cuantas veces los desearan, sin necesidad de ningún otro trámite, y permanecer en el mismo 30 días, prorrogables a otros 30; la creación de una nueva oficina, adscrita al MINREX, para atender a los cubanos residentes en el exterior, con funciones y atribuciones más amplias que las que tenía en ese momento la Dirección de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior; la decisión de otorgar becas universitarias para hijos de emigrantes cubanos; la creación de un programa de cursos de verano de idioma español, historia y cultura cubanas, especialmente diseñado para descendientes de cubanos residentes en el exterior y la adopción de nuevas medidas para hacer más expedito y seguro los procedimientos aduanales a los residentes cubanos en el exterior a la hora de entrar al país, incluyendo el sistema de valoración por peso del equipaje. En el marco de esta conferencia tuvo lugar también el Acto de Restitución de la Ciudadanía Cubana a siete ex integrantes de la Brigada Invasora de Playa Girón, quienes posteriormente habían mantenido durante años una conducta dirigida a la defensa de la soberanía de Cuba y su integridad territorial y a favor de la normalización de las relaciones entre la Nación y la emigración, así como de apego a su nacionalidad de origen.
El 16 de octubre de 2012 fue emitido el Decreto-Ley No.302, el cual modificó sustancialmente La Ley de Migración de 1976. “Las nuevas medidas migratorias anunciadas por decisión soberana del Estado cubano -explicaba la nota oficial del Granma- , no constituyen un hecho aislado, sino que se inscriben dentro del proceso irreversible de normalización de las relaciones de la emigración con su patria”. En ese sentido, entre las medidas más importantes comprendidas en la nueva ley se encuentran:
-Los cubanos pueden salir del país y permanecer por 24 meses en el extranjero sin perder su condición de residente en la Mayor de las Antillas. También pueden renovar su estancia en el exterior mediante el trámite correspondiente en los consulados cubanos y el pago de una tarifa mensual. Los que viajan bajo esta condición conservan todos sus derechos y propiedades en Cuba, incluido el puesto de trabajo durante el tiempo que estipula la ley o la pensión si fuese jubilado.
-Los titulares de pasaporte corriente no requieren permiso de salida del país ni carta de invitación por parte de las autoridades cubanas.
-Un grupo minoritario de personas quedó sujeto a regulaciones especiales para su salida del país, lo cual no implica una prohibición, sino que deben recibir la autorización correspondiente.
-Se aumentaron las causales de repatriación a las personas que salieron con menos de 16 años y los que hayan mantenido una posición consecuente de lucha contra el bloqueo y otras acciones a favor de la Patria. También se incluyen casos por razones humanitarias.
-Se extendió de 60 a 90 días el tiempo de permanencia temporal de los emigrados cubanos que visiten el país.
-Se permite la entrada al país para aquellos que salieron ilegalmente después de 1994, si llevan más de 8 años fuera, incluidos médicos y atletas que abandonaron sus misiones y equipos.
-Se derogó la Ley 989 que establecía el decomiso de los bienes de los que emigraban de manera definitiva, favoreciendo la fórmula ya establecida de permitir los traspasos de titularidad mediante venta cesión.
Como destaca Jesús Arboleya: “…se trata de un cambio trascendental respecto a lo establecido en el pasado. En primer lugar, porque elimina el concepto de “emigración definitiva” para definir este estatus, lo que abre la posibilidad de su modificación al menos hipotéticamente y, en segundo lugar, porque a partir de ahora nadie abandona el país en calidad de “emigrado definitivo”, como ocurría anteriormente, sino que este estatus solo puede asumirse por decisión propia, cuando una persona decida no cumplir con las reglamentaciones establecidas”. De esta manera la política migratoria cubana se acerca más a la llamada “emigración de circular o de retorno”, la cual puede llegar a convertirse en un espaldarazo para el desarrollo económico, científico y cultural del país.
Posteriormente, cumpliendo con lo planteado a partir del anuncio de la nueva política migratoria, de que se seguirían dando pasos en la actualización de la misma, el gobierno de Cuba anunció que a partir del 26 de abril de 2016, los cubanos, con independencia de su condición migratoria, podrán enrolarse como pasajeros y tripulantes en buques mercantes y cruceros para entrar y salir del territorio nacional.
Por su parte, el 28 de octubre de 2017, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, en el cuarto encuentro de cubanos residentes en Estados Unidos celebrado en Washington dio a conocer nuevas disposiciones:
-Eliminación del requisito de habilitación del pasaporte para los emigrados que viajen a Cuba
-Autorización de la entrada y salida a la mayor de las Antillas de ciudadanos cubanos residentes en el extranjero en embarcaciones de recreo, a través de las marinas turísticas internacionales Hemingway, en La Habana, y Gaviota Varadero, lo que se ampliará a otros puertos cuando estén creadas las condiciones.
-Permiso de entrada a Cuba de ciudadanos cubanos que salieron ilegalmente del país, con la excepción de aquellos que lo hicieron a través del territorio ocupado ilegalmente por EE.UU en Guantánamo.
-Eliminación del requisito de avecindamiento para que los hijos de cubanos residentes en otros países y que hayan nacido en el extranjero, puedan obtener la ciudadanía cubana y su documento de identidad.
Recientemente –en un hecho inédito en la Historia de la Revolución- se hizo pública la decisión de que los residentes cubanos en el exterior podrán participar en la consulta popular del proyecto de nueva Constitución para Cuba.
Todo lo antes señalado demuestra que el esfuerzo realizado, los riesgos corridos y la sangre derramada como la de Muñiz, Negrín y otros, como parte del proceso de diálogo de 1978 bajo el liderazgo del Comandante en Jefe, Fidel Castro, no fueron en vano. La patria sigue creciendo.
TOMADO DE CUBADEBATE

Yuli: La gran sensación del 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano




La escritura ayudó a la estrella cubana del ballet, Carlos Acosta, a escapar de la realidad y volver a su infancia, familia y pueblo natal, reflejados en una película cuya proyección en el 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano genera una aglomeración de público ansioso.
Tal es el aura del filme Yuli, cuya primera presentación en Cuba hace dos días dejó afuera del Teatro Karl Marx, de esta capital, a un auditorio tan numeroso como el de adentro, una escena típica dentro de los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano cuando el programa anuncia una obra reconocida.
A juzgar por la crítica, el nuevo largometraje de la cineasta española Iciar Bollaín clasifica entre las grandes realizaciones del año en el mundo, con esta pieza el dramaturgo británico Paul Laverty ganó el premio de guion en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, España.
Para este filme en particular, Laverty se basó en el libro autobiográfico del bailarín, No Way Home (Sin mirar atrás), aunque la película se enfoca principalmente en la relación entre un padre y un hijo.
De acuerdo con Santiago Alfonso, la película es un gran homenaje a su personaje, Pedro Acosta, el humilde descendiente de esclavos que se empeñó en convertir a su hijo en un bailarín del más alto nivel.
El talento resulta importante pero la disciplina deviene fundamental en esta carrera y eso es una enseñanza de nuestros maestros: Ramiro Guerra, Fernando Alonso, subrayó el Premio Nacional de Danza 2006 en conferencia de prensa.
Alfonso, bailarín de profesión y director de espectáculos musicales, agradeció la oportunidad de hacer cine y los consejos para afrontar este reto de trabajo a sus casi 80 años de edad, lo mismo a la directora y el guionista que a sus colegas de reparto Laura De la Uz, Yerlín Pérez y Andrea Doimeadiós.
Esta última interpreta a Bertha, una de las hermanas de Acosta, mientras Pérez encarna a la madre y De la Uz a Cheri, como le llaman todos a Ramona de Sáa, la maestra que supo ver y moldear el talento del joven aspirante a bailarín.
Una mujer mucho más inmensa de lo que yo creía, con una visión para ver el talento de los demás, con una fortaleza y una ternura admirable, así la describe de intérprete, una actriz de numerosos premios.
Según De la Uz, cerca de la hora del rodaje aún se sentía incapaz de representar a un ser humano que había colocado en un pedestal y porque asumir a un personaje real vivo entraña varias complicaciones, sobre todo porque la creación enfrentará luego el juicio de esa misma persona y de sus conocidos.
Por otra parte, Acosta contó que empezó a escribir un libro sobre su vida en un momento de depresión en Londres, cuando era primer bailarín del Royal Ballet pero no lo ponían a bailar tanto y le sobraba el tiempo.
En aquella etapa, los cielos grises y la lluvia típica de la capital británica le opacaban los ánimos, sin embargo, escribir en los momentos libres lo ayudaba a escaparse a su soleada Cuba, con los cielos azules y calores del Caribe.
Gracias a eso todo el mundo se me iluminaba, comentó tras relatar el desafío de un amigo al principio que le aconsejó dedicarse solo a bailar y dejarle la escritura a los escritores.
El hijo de Pedro Acosta aprendió bien de su padre a luchar contra las vicisitudes y el proceso de 10 años de elaboración de un texto definitivo valió la pena, el libro no solo triunfó como obra sino que además se convirtió en una película cuya puesta amenaza ahora la integridad de los cristales de los cines, hoy los del Yara.
(Con información de PL)