martes, 22 de septiembre de 2015

Lecciones de un domingo



Por: Rolando López del Amo


 El Papa Francisco nos proporcionó este domingo, 20 de septiembre del año 2015, las bendiciones de la sabiduría, que llegaron hasta nuestros hogares gracias a los esfuerzos de la televisión cubana. La esencia de lo enseñado consiste en el papel del diálogo y la solidaridad para construir la amistad social. El proverbio africano que el Papa citó es muy esclarecedor: Si tienes prisa, anda solo. Pero si quieres llegar lejos, anda acompañado. Como dice otro proverbio africano, cada anciano es una biblioteca. La otra gran enseñanza, esta vez cristiana: el servicio al prójimo, especialmente al más necesitado.

José Martí decía que la vida está en la compañía y en el sacrificio. El sabio chino antiguo, Laozi, creía que vivir es estar en relación, porque el ser humano, como descubrió el griego Aristóteles, es un ser social.

Escuchando al Papa Francisco pensé en mi propia vida. Al año de nacido fui bautizado y a los ocho de edad hice, por voluntad propia, la primera comunión, que también fue la última, porque no me aportó lo que había imaginado. Para decepción de mis tías paternas no me incliné a la carrera sacerdotal. Tampoco abracé la fe de mi abuelo materno, quien fuera  presidente de la Sociedad Espírita de Cuba y ganador de un premio literario en una feria iberoamericana de Sevilla con su libro Nuevos Derroteros, en el que explicaba los fundamentos de la doctrina espiritista de Allan Kardec e incluía algunos testimonios cubanos.

Sí ingresé, en mi adolescencia, en la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad , la organización juvenil de la masonería cubana, conocida por sus siglas: AJEF. En 1958 fui electo para presidir la organización, propuesto por mi logia, Baraguá, que habíamos fundado, por iniciativa del combatiente del Movimiento 26 de Julio, Arnold Arafet, como homenaje al 26 de Julio en 1957.

En mi condición de Presidente de los AJEF, me correspondió ser Vicepresidente de la Agrupación Nacional de Organizaciones Juveniles de Cuba, que ese año presidía el representante de la juventud bautista. También formaban parte de la Asociación las organizaciones juveniles católicas y la organización de los niños exploradores.  Cuba  sufría entonces la sangrienta tiranía de Batista y los jóvenes y los mayores, aprendimos la importancia de la unidad, a pesar de algunas diferencias, en el esfuerzo para poner fin a la dolorosa situación que vivía el país.

En mi centro de trabajo, la Estación Terminal de Ferrocarriles, a la actividad  clandestina de la Sección Obrera del Movimiento 26 de Julio, se le unió el aporte del Partido Socialista Popular y surgió un Frente Obrero Nacional. En mi oficina de la Gran Logia de Cuba, me reunía periódicamente, a la vez,  con los representantes de la Sección Estudiantil del Movimiento 26 de Julio y de la Juventud  Socialista para coordinar posiciones y posibles acciones. Ese era trabajo clandestino, pero el trabajo abierto con la Agrupación Nacional de Organizaciones Juveniles nos permitió, por ejemplo, en los momentos en que se levantaba la censura de prensa, hacer declaraciones y denuncias públicas exigiendo la presentación  y garantías de vida de un joven católico y uno ajefista, detenidos ambos por las fuerzas represivas y sin saber su paradero. Y esta unidad contribuyó a salvar sus vidas.

Todo esto recordaba cuando escuché en la tarde de ayer al Papa Francisco hablarle  a una concentración de jóvenes en las afueras del centro Félix Varela. Comentando unas, para mí ambiguas, palabras de  un joven que hablaba a nombre de los presentes, el Papa Francisco  recordó que hoy en Europa hay países en los que casi la mitad de los jóvenes menores de 25 años están desempleados e hizo una anécdota de su vida para ilustrar la importancia de la unidad de lo diverso para trabajar por el bien común. En su Argentina natal, se reunían a trabajar voluntariamente los fines de semana, en una construcción universitaria, jóvenes judíos, comunistas y católicos. Y ahí el Papa lanzó su llamado a los jóvenes: trabajar por la amistad social para construir, entre todos, la patria soñada. Fomentar la enemistad social es fomentar la división, que tiene su peor expresión en la guerra.

Un joven que no sueña está mutilado. Martí decía que el soñador era el único hombre práctico, porque sus sueños de hoy serán las realidades del mañana.

Ya antes, en la misa, el Papa habló del servicio al prójimo en lugar de servirse del prójimo. Y cerró con una frase inolvidable: el que no vive para servir, no sirve para vivir.

Gracias a haber creado la amistad social, la unidad de lo diverso y nuestra vocación de servicio solidaria, hemos resistido durante más de 50 años un cruel bloqueo económico, financiero y comercial y hemos dado a las causas más nobles de otros pueblos necesitados nuestra sangre y nuestro sudor, nuestro acompañamiento fraternal.  El largo camino iniciado en nuestro continente fue creciendo en número de participantes, primro el ALBA, después la CELAC. Construimos la amistad social continental con educación, salud pública, cooperación solidaria en todo lo que estaba a nuestro alcance y no sólo en el entorno más cercano, sino en otros continentes tan urgidos como lejanos.

El Papa Francisco rechazó el culto al dios dinero y exaltó la solidaridad y la misericordia, el gozo en ayudar al desvalido, en la virtud de la pobreza digna del que ama a su prójimo como a sí mismo y, como sello de perfección, al que reparte su riqueza entre los pobres para aumentar el tesoro mayor que un ser humano puede alcanzar: el crecimiento de su espiritualidad.

No soy católico, pero comparto los valores humanistas que el Papa Francisco enarboló ayer. Es un hombre de bien que merece respeto y honor. Su palabra de paz y fraternidad y su ejemplo de modestia y austeridad  son pan que alimenta la esperanza y vino que alegra el corazón de los que buscan la justicia aliada a la misericordia y al amor  agradecido al don de ser y estar.
Publicado por Silvio en su  Blog  Segunda Cita.  7:05 p. m. http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif

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