viernes, 29 de enero de 2016

El Trigal, mercado mayorista de productos del campo.






El Trigal, mercado mayorista de productos del campo. Foto: Darío Alejandro Alemán / Cubadebate.

Cuando en diciembre de 2013 abrió en La Habana el primer mercado mayorista agropecuario, El Trigal, uno de sus objetivos era que se redujera el precio de los alimentos del campo y que estos llegaran a los hogares sin intermediarios. Amparado por el Decreto 318 (839 Kb en PDF) de noviembre de ese año, la cooperativa concentradora se constituyó con 10 socios en un área de 16 mil metros cuadrados y 292 espacios para que los productores, luego de cumplir con sus compromisos con el Estado, comercializaran su mercancía. Sin embargo, su función no contempla establecer precios, sino que se limita al alquiler de espacios y servicios a los pequeños agricultores, a las cooperativas (con sus vendedores) y a los vendedores mayoristas de productos agropecuarios que hacen uso de la instalación (compradores/vendedores que van por los campos comprando a los campesinos y lo traen a vender aquí, con los precios más caros), explica Tatiana Oliva, vicepresidenta de la cooperativa. “No participamos de la comercialización, de hecho no tenemos nada que ver con el precio, que se da por oferta y demanda. Desde la base, es la cooperativa o el pequeño agricultor quien fija el precio de su mercancía. Aquí lo regulan según la cantidad de productos. Ellos van midiendo. A medida que avanza la jornada puede bajar un poco, según el nivel de oferta y demanda. La mercancía se trae y se vende en el día”, agrega. Las tarifas por la renta del espacio son de 120 CUP en el andén, en el borde de la nave; y 100 CUP en el área interior. También alquilan montacarga, a vendedores o compradores, a 1 CUP el minuto. Las carretillas, por su parte, se cobran a 60 pesos. “Artemisa y Mayabeque son los que más vienen para acá, si bien tenemos clientes desde la Isla de la Juventud hasta Guantánamo. Este es un lugar que concentra a todos los vendedores, administrado por nuestra cooperativa de servicios que estamos en la puerta, el montacarga, las áreas, las oficinas, las carretillas…; pero el encarecimiento del producto no está dado por el hecho de estar en El Trigal. De los 120 pesos que cuesta el alquiler, solo de un camión de mercancía puede salir en un centavo por libra aproximadamente. Son los vendedores quienes se comunican entre ellos y fijan un precio. Sabemos que hay problemas con la lluvia de estas semanas y eso encarece muchos productos. La malanga y el tomate, por ejemplo. No intervenimos ni en la cantidad de productos ni en su precio.” Este no es un tema nuevo en la economía. En 1959 una de las primeras misiones del gobierno revolucionario fue la de erradicar los intermediarios y especuladores que se dedicaban a la comercialización de los productos agropecuarios. La ley de la oferta y la demanda imperaba y permitía el enriquecimiento de algunos con la necesidad de otros. Las medidas que se llevaron a cabo entonces hicieron evidente la necesidad de organizar el aparato estatal de manera que existiera un espacio para la comercialización de las producciones a precios justos y estables. Hoy no se trata de eliminar la figura del intermediario, sino de refrenar los intentos de especular con los precios a costilla del bolsillo nada abultado de la población.
Mercados Mayoristas: del mundo a El Trigal
Los mercados mayoristas funcionan en varias partes del mundo, generan empleo y posibilitan el acceso a alimentos a una gran cantidad de personas que no reside cerca de los puntos de producción. En njuestra región resaltan por su antigüedad y eficiencia experiencias como las de Argentina, con la FENAOMFRA (Federación Nacional de Productores y Operadores de Mercados Fruti-Hortícolas); Brasil, con ABRACEN; España, con MERCASA; Francia, con los MIN (Mercados de Interés Nacional) y México, con el CEDA (Central de Abastos de la Ciudad de México). A El Trigal pueden acudir a comprar todas las personas naturales y jurídicas, entidades del sector turístico, centros educacionales, hospitalarios, laborales, etc. El acceso al lugar cuesta tres pesos (moneda nacional). Todos los servicios los controla la cooperativa, que tiene bien identificados, con pullovers y chalecos, tanto a carretilleros como a cobradores de entradas. Si bien la cooperativa no actúa en la compraventa ni fija precios, sí vela que no se vendan productos no autorizados como carne de ganado equino, vacuno y bufalino, leche fresca y sus derivados, miel de abejas, tabaco, café, cacao y sus derivados ni otros rubros subsidiados por el estado y que no reportan excedentes. ¿Quién tiene entonces la responsabilidad por los altos precios?

Aunque la culpa de los altos precios la siguen pagando los camioneros y productores cuyas mercancías transportan, lo cierto es que con el crecimiento del turismo y las nuevas formas de comercialización no estatal, la demanda de alimentos ha crecido. Además, la producción nacional de algunos de los productos más encarecidos sigue siendo insuficiente. Para colmo, en 2015 esta declinó en algunos renglones y por lo general los rendimientos que se obtienen están muy alejados de la media internacional y de nuestras necesidades.
e acuerdo con una productora que vende su cosecha en El Trigal, y que pidió no ser identificada, es posible que el mismo producto tenga precios diferenciados en el propio mercado, o que varíen en el día. La campesina comenta que el transporte de la mercancía supone un gasto de al menos 1000 CUP, en su caso desde Mayabeque. Varios vendedores declinaron hacer algún comentario sobre el funcionamiento de la cadena. Producto del desabastecimiento reciente y el malestar por los altos precios, han sido foco de atención y ninguno quiere comprometer su trabajo, dicen.
Así, los precios son expresión final de los altos costos de producción, circulación y comercialización, más los beneficios correspondientes a cada uno de los segmentos de la cadena. Es urgente la aplicación de medidas que regulen los precios, establezcan tope a los productos fundamentales, teniendo en cuenta que los productores son autónomos, y asumen sus costos de producción, que no son, por mucho, bajos.
La opinión de un destacado productor:

“El Trigal fue una entidad creada con un objetivo muy positivo de concentrar todas las producciones provenientes de Artemisa y Mayabeque para que luego fueran distribuidas en La Habana. Pero realmente la cooperativa mía no tiene nada que hacer en el Trigal, ni lo tuvo cuando empezó, ni lo tiene ahora. Ese establecimiento dejó de ser hace un tiempo para lo que fue creado y se ha convertido en un antro de perdición en todos los aspectos. Los precios son abusivos, es por hoy un negocio de muchos cuentapropistas para enriquecerse y donde se desvían las producciones para otros destinos que no son los recomendables”. Abelardo Álvarez Silva, Presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicio (CCS) Antero Regalado.

Tomado de Cubadebate.


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